Santiago en mí

Archivar para el mes “junio, 2015”

José Aquiles y su pasión por Santiago de Cuba | Tomado de CMKC

José Aquiles Vierelles y la Peña del Menú

José Aquiles Virelles y la Peña del Menú

José Aquiles Vireyes ha colocado en el mercado internacional su nuevo disco al calor de las celebraciones por el medio milenio de su ciudad Santiago de Cuba, por eso y más, hoy la CMKC se complace en proponerle esta entrevista con el muy laureado compositor y trovador, devenido en un magnífico promotor cultural y comunicador a través de su tradicional y muy concurrida La Peña del Menú, con sede en el Centro Cultural Francisco Prat Puig de esta urbe oriental. ¿Por qué un hombre decide aferrase a la guitarra y a los versos? ¿Por qué se queda en Santiago de Cuba, lejos de esa Habana abarcadora y que seduce? ¿ Por qué si eso puede dejarlo fuera del círculo en el que se inscriben los que ganan la «gloria»?

Habrá que preguntarle a José Aquiles, ese trovador intenso y profundo y otra vez trovador, que ha llenado las noches y las mañanas y todas las horas de Santiago con sus canciones. Un hombre fiel a su música y a su tiempo, que aun cuando está lejos de su ciudad no deja de regalarle sus mejores melodías.

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Rayao

Por: Juan Antonio Tejera

Ahora queremos comentar sobre toda una serie de elementos que giran alrededor de los rayaeros, es decir, esas personas que nos enfrían si no el alma, el cuerpo con uno de esos productos fríos que en algún momento de transitar por esta caliente ciudad, necesitamos. Lo primero es que, desde nuestro punto de vista, ha cambiado el universo de los usuarios del rayado, vamos a decirlo correctamente aunque lo popular sea válido. Sí porque si bien el rayado ha existido desde tiempo inmemoriales en nuestra ciudad, antes era un privilegio de los vejigos. También antes los vendedores tenían como un itinerario con un horario fijo y en cada cuadra se sabía a qué hora iban a cruzar. Por supuesto, los muchachos, inteligentes al fin y al cabo, ya conocían del momento en el que el rayado iba a estar a su alcance y minutos antes ya estaban solicitando el quilo para sí, eso dije: Quilo. ¡Eso era lo que costaba un rayado! ¡Y no hagamos comparaciones! Además, se daban el lujo, me refiero a los fiñes, de detenerse unos segundo mirando las coloraciones de los ¡jugos de frutas! que llevaba el rayaero. ¿Tengo que repetirlo? ¡Jugos de mango, de guayaba, de mamoncillo, de zapote, de marañón, en fin, de frutas! Y ello a pesar de que ya se habían inventado los refrescos instantáneos. Muchos recuerdan la famosa invasión del Kool Aid, un polvito muy semejante a los que existen en la actualidad, como el tal Piñata. Pero volviendo al tema, eran muy pocas las madres que de forma evidente, adquirían un rayao, ¡y muchos menos un padre, un varón! Y es que los universos estaban muy bien definidos y cada cual sabía el espacio que le correspondía, al contrario de los que sucede hoy que casi es extraño ver a un fiñe frente a un rayaero, que de ese modo nos desarrollamos en esta ciudad de maravillas.

Lila y Dalila: sin choque de trenes

Entrevista a Dalila Carcasés Ortíz: la payasita Lila

Confiesa no haber visto un solo payaso durante su infancia. Ahora tiene 21 años; trabaja intensamente en la preparación de lo que será su tesis de diploma para obtener el título de Licenciada en Letras, por la Universidad de Oriente; y desde hace poco más de dos años, anda por Santiago de Cuba haciendo payasadas. Se llama Dalila Carcasés Ortíz, pero en ocasiones parece olvidarlo y entonces habla Lila, la payasita.

Lila es una payasita de muchos, muchos colores; muy traviesa: le gusta hacer maldades a los magos, porque le gusta la magia y a veces les roba los números y ella también hace magia. A Lila le gusta jugar mucho con los niños; a los que se portan bien los premia; a los que no., pues no. A Lila le gusta bailar, baila mucho. ¡Ah, sí!, Lila es azulita, tiene el pelo azul y llora muchocuando se molesta moja a todo el mundo.

Con el orgullo de una madre, así define Dalila a su payasita; mientras recuerda aquellos tiempo cuando, aun cursando el duodécimo grado, comenzó a trabajar «en este mundo de los teatros», con la compañía Variedades Santiago. Fue allí donde descubrió el mundo de los payasos, aunque todavía estaría lejos de encarnar el papel de uno.

«Comencé como un esperpento», dice, mientras explica que así les llaman a uno de esos muñecos a tamaño natural, similar a los usados como mascotas en algunos equipos de béisbol y otros deportes. En esa piel acompañaba al mago Gascó, la payasita Suxa y al payaso Rasputín.

«La payasita Suxa para mí una de las mejores que tiene Santiago, y el payaso Rasputín, que es uno de los más ancianitos en el mundo de las payasadas, además de que pasó la Escuela de Payasos; fueron los que me dieron una luz de cómo debía ser un payaso; de cómo actuar en un cumpleaños, matutino, actividades culturales y otros, donde todo es muy rápido y te aplasta si no te creces; y del teatro, donde todo es más preparado, más pensado y que tienes la posibilidad de crear.»

A pesar de este «despertar» que significó para Dalila el ver en acción a los payasos de Variedades Santiago; su papel dentro de la compañía no es exactamente el hacer payasadas, sino magia; impulsada por su esposo (el mago Alejandro), su suegro (el mago Gascó) y el decano de la magia en Cuba: el príncipe Alberto, recientemente fallecido; quienes «vieron algo» en ella y comenzaron a entrenarla. Fueron ellos también quienes descubrieron «ciertas dotes para ser payasita» en Dalila, y la convidaron a seguir ese camino, por lo cual les está eternamente agradecida, y los reconoce como «fuente de mi energía».

«Conseguí el traje de payaso y empecé a buscar un repertorio. Al principio todo fue pésimo; estaba en pañales y me dio mucha pena la primera vez que me enfrenté a un público. Querían ver una payasita y lo que vieron fueno sé ni con qué compararlo: alguien vestido de payaso que quería parecerse a uno.»

Este primer fiasco no la desanimó. Siguió su trabajo como maga junto a la compañía Variedades Santiago, bajo la dirección artística del mago Gascó; a esta compañía, dice, le debe mucho pues: «me enseñaron todo lo que son los movimientos escénicos, cómo uno debe comportarse a la hora de tomar un objeto, o con la música; todo lo que tiene que ver con el mundo del teatro, lo poco que sé me lo ha enseñado Variedades y con ellos he descubierto este mundo.»

Ese aprendizaje le permitió tomar confianza y retomar a Lila.

«La retomé de donde la tenía y le he empecé a formar un repertorio, haciendo consultas al mago Gascó y bebiendo de muchas aguas, fundamentalmente de la Compañía Variedades Santiago: de los payasos Suxa Rasputín, Raulín, Florecita y otros cuyos trabajos que me han gustado».

Sobre ese proceso de preparación del personaje de Lila, abunda un poco más:

A mí me gusta mucho el Circo del Sol, es muy creativo y los payasos también lo son porque la mayoría no hablan y utilizan mucho lo que es los recursos miméticos y la música, los efectos sonoros. Eso me gustó, jugar también con lo que es la mímica. Lo otro es ver muchas cosas, porque de cualquier lugar viene una idea, uno ve una cosa y la va soñando, la va imaginando de otra forma porque eso es el arte, tomar algo que ya esté hecho y hacerlo mejor, más grande. Es la asimilación de todo lo que pueda llegar.

Pero la preparación física y técnica a veces no lo es todo. Lila, como otras payasitas, debe enfrentarse a un escenario tradicionalmente dominado por los hombres; «el público está acostumbrado a ver payasos hombres; he llegado a un lugar y me han dicho ay, yo pensaba que era un payaso; incluso, cuando van a presentar dicen: ahora viene el payaso.»

Esto tampoco la amilana, como no lo hace el tener que llevar a la par su arte como payasita y las exigencias de los estudios universitarios. Todo lo contrario. Dalila ha participado en los Festivales de Artistas Aficionados de la FEU, alcanzando Diploma de Plata a nivel nacional. «Yo no divido las cosas () en mi grupo todos manejan que soy payasita y mi carácter, mis profesores también y no tienen ningún tipo de problemas. Convive la Dalila de Letras con la payasita Lila. No hay choque de trenes.»

Sin embargo, a veces le resulta complicada esa convivencia de dos en un mismo cuerpo:

Una de las contradicciones que tuve cuando comencé a hacer a Lila es que la voz de Dalila se me iba y de momento volvía. Uno tiene que mantener la voz, por al menos una hora, como Cenicienta, debes mantenerlo. Fue muy difícil, a veces está Dalila hablando y veo a una persona y entonces [imita la voz de Lila] ay, qué sé yo, y qué y empiezo a hablar así como Lila [retoma la voz de
Dalila] y vuelvo y se mezclan, es una cosa de lo más graciosa porque a veces mis amistades me tiene que decir Dalila eres tú, no Lila.

En realidad ambas se complementan: «yo descargo en Lila cosas que Dalila no haría normalmente; en cambio, de Dalila, Lila tiene entonces, por ejemplo, la magia, el gusto por el arte.»

Así andan Dalila/Lila, por las calles de Santiago. Una y otra muy jóvenes, pero con muchas ganas de hacer. A Dalila, búsquela hurgando en los archivos de la biblioteca universitaria; y Lilapuede que le sorprenda en cualquier esquina, o en una camioneta, camino a un nuevo cumpleaños, una peña, actividades escolares, o a ese espacio que viernes, sábados y domingos, mantiene la compañía Variedades Santiago, en el cine Trocha; eso sí, cuídese mucho de disgustarla si no quiere terminar totalmente mojado.

Esperando por las cascadas

La primera vez que escuché hablar del proyecto fue a manera de queja. Mucho después el tema ha salido a relucir, una y otra vez, en diferentes oportunidades, escenarios, y de boca de diferentes personas; pero siempre mantuvo el tono de reproche. ¿Una nueva fuente y una cascada de agua en Santiago de Cuba; con esta sequía?

Hasta hoy me había abstenido de emitir criterio alguno. En primer lugar porque he seguido el proceso de construcción de ambas obras como algo ajeno, que veo crecer, de un día a otro, entre las barandas de las camionetas en las que paso rumbo a (o desde) Plaza de Marte. En segundo lugar, porque cuanto sabía del mismo era fruto de los comentarios de la gente en la calle; por un motivo u otro no había accedido a la información oficial sobre el proyecto en ejecución.

Ahora aparece en la edición digital del semanario Sierra Maestra, un detallado artículo sobre estas «cascadas de agua en el centro de Santiago de Cuba». Entre los muchos aspectos técnicos expresados en el mismo, el artículo explica: «El proyecto lleva una cisterna para alimentar los surtidores, que impulsarán el agua que luego descenderá por entre las piedras hasta un receptor que la enviará nuevamente a la cisterna, para reciclarla».

El resaltado es mío. La palabra, creo, es clave: reciclaje; al menos me parece que esa fue la intención. Por sí sola debería calmar los ánimos: no se gastará agua en exceso, con unos pocos metros cúbicos bastará, siempre será la misma agua. Tal vez.

Lo cierto es que habrá que esperar a ver en marcha las tan mentadas fuentes y cascadas para apreciar mejor lo que hasta el momento es ladrillos, rocas y cemento. Llegará el momento de mirar con asombro esta obra de ingeniería y, por qué no, sentirnos orgullosos de nuestros constructores, proyectistas, ingenieros, etc. Habrá que esperar.

No obstante, este nuevo proyecto, de los tantos y tan achacados al quinientos aniversario de la ciudad deja, al menos para mí, una lección. ¿Se le consultó a las personas si estarían de acuerdo con la realización del mismo?. ¿Acaso no son los que día a día pasan por esta céntrica intersección, los que viven cerca, todos los santiagueros, los principales usuarios de esta obra? Me gustaría pensar que de haberse hecho tal consulta, la respuesta hubiera sido «sí, hágase»; porque me gustaría creer que los gestores del proyecto habrían tenido la capacidad, los argumentos, la paciencia, para convercerlos.

Tal vez así, cuando un transeúnte protestara ante las nuevas fuentes y cascadas, que hoy, en medio de esta sequía se erigen, quizás, como la típica soga en casa del ahorcado, o el pan en casa del hambriento; otro le sabría explicar de qué va todo, con capacidad, argumentos y paciencia.

Eso sí, espero que una vez en marcha nunca, nunca, les falte el agua y pasen a ser, como suele ser la la tan cercana fuente del Parque Abel Santamaría, otras moles de cemento reverberando bajo el bochornoso verano santiaguero.

Obras de las cascadas de Garzón. Foto: Sierra Maestra

Reinaldo Cedeño Pineda: otra amistad peligrosa

El periodista, poeta, cronista y bloguero Reinaldo Cedeño Pineda, será el invitado de la nueva edición de la peña Las amistades peligrosas, que tendrá lugar el próximo domingo 7 de junio, en la Librería Ateneo Amado ramón Sánchez.

El autor de textos ya emblemáticos como A capa y espada y El hueso en el papel compartirá con Rodolfo Tamayo y Noel Pérez, anfitriones del espacio, sobre diversos aspectos relativos a la literatura y en especial al libro y la lectura.

Reconocido también por su trabajo en la promoción literaria, Cedeño es el coordinador del Concurso Caridad Pineda in Memoriam, donde, como dice el slogan, el lector se vuelve protagonista. Sobre la evolución de este proyecto, también se conversará este domingo.

Las amistades peligrosas es un espacio dirigido, fundamentalmente, a promover el hábito de la lectura, a partir de esos libros, autores, que han formado al hombre (o mujer) y profesional que son los invitados de la peña.

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