Santiago en mí

Esperando por las cascadas

La primera vez que escuché hablar del proyecto fue a manera de queja. Mucho después el tema ha salido a relucir, una y otra vez, en diferentes oportunidades, escenarios, y de boca de diferentes personas; pero siempre mantuvo el tono de reproche. ¿Una nueva fuente y una cascada de agua en Santiago de Cuba; con esta sequía?

Hasta hoy me había abstenido de emitir criterio alguno. En primer lugar porque he seguido el proceso de construcción de ambas obras como algo ajeno, que veo crecer, de un día a otro, entre las barandas de las camionetas en las que paso rumbo a (o desde) Plaza de Marte. En segundo lugar, porque cuanto sabía del mismo era fruto de los comentarios de la gente en la calle; por un motivo u otro no había accedido a la información oficial sobre el proyecto en ejecución.

Ahora aparece en la edición digital del semanario Sierra Maestra, un detallado artículo sobre estas «cascadas de agua en el centro de Santiago de Cuba». Entre los muchos aspectos técnicos expresados en el mismo, el artículo explica: «El proyecto lleva una cisterna para alimentar los surtidores, que impulsarán el agua que luego descenderá por entre las piedras hasta un receptor que la enviará nuevamente a la cisterna, para reciclarla».

El resaltado es mío. La palabra, creo, es clave: reciclaje; al menos me parece que esa fue la intención. Por sí sola debería calmar los ánimos: no se gastará agua en exceso, con unos pocos metros cúbicos bastará, siempre será la misma agua. Tal vez.

Lo cierto es que habrá que esperar a ver en marcha las tan mentadas fuentes y cascadas para apreciar mejor lo que hasta el momento es ladrillos, rocas y cemento. Llegará el momento de mirar con asombro esta obra de ingeniería y, por qué no, sentirnos orgullosos de nuestros constructores, proyectistas, ingenieros, etc. Habrá que esperar.

No obstante, este nuevo proyecto, de los tantos y tan achacados al quinientos aniversario de la ciudad deja, al menos para mí, una lección. ¿Se le consultó a las personas si estarían de acuerdo con la realización del mismo?. ¿Acaso no son los que día a día pasan por esta céntrica intersección, los que viven cerca, todos los santiagueros, los principales usuarios de esta obra? Me gustaría pensar que de haberse hecho tal consulta, la respuesta hubiera sido «sí, hágase»; porque me gustaría creer que los gestores del proyecto habrían tenido la capacidad, los argumentos, la paciencia, para convercerlos.

Tal vez así, cuando un transeúnte protestara ante las nuevas fuentes y cascadas, que hoy, en medio de esta sequía se erigen, quizás, como la típica soga en casa del ahorcado, o el pan en casa del hambriento; otro le sabría explicar de qué va todo, con capacidad, argumentos y paciencia.

Eso sí, espero que una vez en marcha nunca, nunca, les falte el agua y pasen a ser, como suele ser la la tan cercana fuente del Parque Abel Santamaría, otras moles de cemento reverberando bajo el bochornoso verano santiaguero.

Obras de las cascadas de Garzón. Foto: Sierra Maestra

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