Santiago en mí

Fechas límites

Entre el ruido y el hollín del abundante tránsito en la esquina de Aguilera y San Félix; el polvo de la construcción se eleva, cae por todas partes, en todas las narices, se prende de las paredes, minúscula y persistente erosión que borra poco a poco, hace ininteligible el cartel donde se anuncia que la obra sería entregada el 30 de mayo. Ya estamos en julio y aún falta para que los trazos informativos desaparezcan bajo una nueva capa de pintura que oculte para siempre su ineficiencia.

Más abajo falta el cartel que informe, pero algo dice que otra fecha se incumplirá. No hará ni un mes que el Hotel Bayamo, ha sido desmantelado para una (nueva) reconstrucción. Una cerca perimetral lo rodea, el polvo se confunde con otros polvos. Los constructores se mueven con una laboriosidad de cámara lenta.

En otra esquina, Santo Tomás y Enramadas, el mítico Hotel Imperial. Imponente aun cuando era ruinas, desdén, nostalgias de una ciudad. No deja impasible al transeúnte. Su fachada rejuvenece. Los detalles se perfilan nuevos y el blanco de la pintura les da aliento. Todos alzan la cabeza cuando pasan a su lado, por el estrecho margen que deja otra cerca perimetral. Todos miran, todos sacan cuentas. El cartel anuncia la entrega del inmueble para el 25 de julio, fecha de celebraciones, la ciudad cumple 500 años y el Hotel Imperial deberá ser el lazo del regalo. Pero muchos dudan. Faltan poco más de diez días. El plazo tiembla.

Es la costumbre. Cada nueva construcción (o remodelación) lleva su fecha límite o fechas de entrega. En grandes letras a veces, lanzan a los ojos la confianza: ¡Cumpliremos! En otras, lo dicen en voz más baja, pero en la prensa, en la radio. Es la costumbre. Una fecha relevante por algún motivo, casi siempre histórico, se convierte en meta. El peso mayor lo suelen llevar el 26 de julio y el 30 de noviembre. Ahora le correspondió al 25 de julio, a los 500 años de fundada la otrora villa de Santiago de Cuba.

Ahora todo: la casa de Aguilera y San Félix, la de San Félix y Heredia (La casa del queso), el Hotel Bayamo, el Hotel Imperial, la Alameda y el nuevo Malecón, la Galería Oriente, y más, mucho más que a veces escapa a la vista de ese centro histórico; todo, deberá inaugurarse para el 25 de julio. Vaya día con tamaña responsabilidad.

El conteo regresivo se hace con las campanadas de la Catedral (otra que aún levanta polvos constructivos). Cada golpe del badajo es un día menos, una tachadura en el almanaque, una cinta que alista para ser cortada, sin la certeza de dar paso a algo más que una fachada.

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