Santiago en mí

Fachada

El pasado 25 de julio los santiagueros pudimos viajar en el tiempo. No fue mérito de la gala artística por los 500 años de la fundación de la otrora villa; es más, el viaje no fue hacia esos tiempos fundacionales, sino al futuro.

Como leen. El 25 de julio pudimos ver cómo lucirá el lobby del Hotel Imperial una vez que (algún día) termine su restauración. Como por arte de magia, o deberíamos decir, gracias al trabajo de cientos de hombres que, como hormigas, doblaron turnos, día y noche para cumplir con una fecha (el 25-7) que a todos resultaba en extremo optimista.

Pero, como para acallar comentarios o aplicar decisión salomónica, el 25 de julio allí estaba el hotel, con su fachada totalmente remozada, luciendo nuevos colores y un lobby con todos sus oropeles: sus lámparas (incluidas unas majestuosas lámparas de araña), sus mesas de madera, sus cristales y espejos con grabados, sus plantas; sus brillos y esmaltes.

Desaparecieron las cercas que limitaban el paso en la intersección de las calles Enramadas y Santo Tomás; y detrás de sendas (y enormes) lonas ilustradas, desaparecieron los espacios aledaños al hotel, que aún no podían mostrar iguales galas.

Ah, claro, también desaparecieron los cientos de trabajadores y, otra vez como sacado de la chistera, aparecieron los custodios, con sus sillas y sus periódicos.

Pero pasó el 25 de julio, y el 26. Pasaron varios días, los carnavales. Y la ilusión del futuro siguió allí. No por mucho tiempo más.

Ya regresaron las cercas. Ya se quitaron las lonas. Ya volvió el ladrillo, el acero, la mezcla. Ya el lobby se pierde sobre capas de polvo y nada de las mesas, las lámparas, las plantas. La pintura de la fachada muestra sus heridas y algunos balcones se han tapizado con láminas de metal o madera.

Por supuesto, también regresaron los obreros; pero ya no son cientos ni trabajan a toda máquina. Apenas se ven pequeños grupos, concentrados en pocas áreas. El apuro inicial se ha perdido. No es posible ver el cartel que en su momento anunció la fecha de terminación. Hemos regresado al presente (con vistos de otro pasado, mucho tiempo después de ese al que fuimos el 25 de julio, cuando el Hotel vuelva a ser devorado por el tiempo y la desidia).

Todavía se camina con dificultad por la intersección de las calles Enramadas y Santo Tomás. La gente pasa y sigue alzando la vista. Quizás todavía se pregunten, cuándo terminarán.

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Un pensamiento en “Fachada

  1. rafaymechy en dijo:

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