Santiago en mí

Animales

Tarde en la noche me entero que era el Día Mundial de los Animales. Entonces pensé otra vez en ese pequeño perro, más sarna que perro, de la Plaza de Marte. Un ovillo obre la escalera, entre tantos pies insensibles. Un parque lleno de gente como pocas veces, como tantas veces desde el Wi-Fi; y un pequeño perro cada día más ajeno al mundo humano que en algún lugar, y gracias al nacimiento de algún santo, decidió dedicarle un día del que nunca sabrá nada. Y yo de manos atadas, de tantas maneras atadas, me avergüenzo de no (poder) hacer más que irme, huir de lo que causa malestar, como si fuera posible, como si no me fuera a enterar en la comodidad de mi cuarto, que estábamos viviendo el Día Mundial de los Animales y hay tanto que no se hace por ellos.

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