Santiago en mí

Crónicas para una narradora oral

La distingue la elegancia, la sonrisa que aflora sin demoras, como brazos abiertos a la amistad. Siempre dispuesta se le ve por cuantas peñas y espacios culturales la reclaman. Se ha hecho imprescindible. La sola mención de su nombre conjura aplausos y gestos de aprobación. Georgina Soler; narradora oral.

Georgina Soler

Georgina Soler

Mucho ha pasado desde la primera vez que hizo gala de su picardía, de su gracia, en “Crónicas de mi ciudad”. Desde entonces su presencia es habitual, ora en el público, ora complaciendo peticiones con alguno de sus simpáticos monólogos. No era de extrañar entonces que un día (quizás debió haber sido mucho antes), la peña le dedicara un homenaje. Ese día fue este viernes 9 de octubre.

Giselle Lage, anfitriona del espacio, cedió el protagonismo a Georgina en el inicio de la peña. Luego, la conversación, las revelaciones de una mujer que vio en la jubilación otro inicio. Campesina, maestra, y hasta cantante, Georgina Soler no ha pasado inadvertida por la vida.

Habla con añoranza de su niñez, de su madre, quien le enseñara los primeros cuentos que, tiempo después, por uno de esos azares concurrentes, la iniciarían por el mundo de la narración oral. Habla de la docencia, de sus alumnos, de todo el amor del magisterio. Y habla, por supuesto, de la narración oral, de esos primeros pasos, de su continua investigación en la biblioteca “Elvira Cape” por nuevas historias, de la ayuda brindada por la instructora de teatro de la Casa de Cultura.

Habla y los ojos le brillan, le desbordan una vitalidad que la lleva a desandar la ciudad, de un extremo al otro, para cumplir con todos los que le llaman, le reclaman sus cuentos, le piden por este o aquel. No importan cuántas veces lo hace, siempre parece sorprender, siempre arranca risas, aplausos, ovaciones. Porque no es el cuento, es la cuentista, es Georgina Soler, una mujer extraordinaria.

Y para ella fue la peña, humilde regalo de agradecimiento por tanto que nos ha regalado. Para ella fueron las canciones de Luis Rodríguez y Rodulfo Mendoza, jóvenes trovadores de la ciudad. Y de manera especial la actuación del Dúo Leyendas (Yoan, guitarra y Jorge, violín), siempre bienvenidos y aclamados por la exquisitez de su quehacer.

Y su presencia, la de Georgina, marcó la impronta de la tarde, dedicada a la mujer creadora. De ahí la complicidad de las crónicas de Jacquelin Feratton, dedicadas en esta oportunidad a las calles santiagueras. Y también el que en la sección del comentario literario se presentara (y rifara) la novela Las voces y los ecos (Editorial Oriente, 2014), de Aida Bahr; y que también la mujer fuera protagonista de los libros que acompañaron la sección ¿Qué sabe Ud. de Santiago?, esta vez con nuevo formato.

Pero quizás la mayor sorpresa la guardaba precisamente Giselle quien, por primera vez, se acompañaba a sí misma al piano al interpretar Escribiendo sobre lo mojado, un hermoso tema de la autoría de Carlos Javier Álvarez, integrante del Dúo Estocada, con quienes cerró por todo lo alto una peña emotiva, dedicada a una de esas personas que día a día, hacen de Santiago de Cuba, un lugar singular.

 

Giselle se acompaña al piano

Giselle se acompaña al piano

El cierre de la peña a cargo de Giselle y Carlos Javier

El cierre de la peña a cargo de Giselle y Carlos Javier

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