Santiago en mí

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Alí

No lo conozco ni en fotos; aunque he llegado a pensar que no me hace falta: bastaría mirarme al espejo. Por n-ésima vez me confunden con él. Justo hoy, un hombre, a unos escasos metros de mí, me llama por su nombre: Alí. Sabedor del equívoco le aclaro, tal como hice con la señora que una vez me preguntó por una joven, dueña, seguramente, de los afectos de Alí.

He asumido andar por la vida como si él fuera mi sombra (o yo la suya). He sido blanco de miradas curiosas, incrédulas, de sorpresa. Me han saludado con sincera simpatía, para luego asistir a la turbación ajena. He compartido, incluso, con personas que también compartieron su trato. Todos, de una forma u otra, me lo confirman: somos muy (muy, recalco) parecidos.

Hasta ahora sólo sé que vive fuera de Cuba. Que pocos años atrás estuvo otra vez en Santiago de Cuba, de visita. Que, al parecer, era (es) una buena persona (al menos, nadie me ha agredido bajo el pretexto de su nombre).

No sé, sin embargo, si alguna vez lo han confundido conmigo. Si es consciente de esta similitud. Si en algo lo afecta, o le divierte. Si también a través de la empatía con otros que tal vez le sean ajenos, llegue a la conclusión sobre mis valores humanos.

Así andamos, Alí y yo, Yo y Alí, por estos mundos. Jugarreta de la vida. Me pregunto: ¿cuántos más llevarán a cuesta nuestros rostros?

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Lila y Dalila: sin choque de trenes

Entrevista a Dalila Carcasés Ortíz: la payasita Lila

Confiesa no haber visto un solo payaso durante su infancia. Ahora tiene 21 años; trabaja intensamente en la preparación de lo que será su tesis de diploma para obtener el título de Licenciada en Letras, por la Universidad de Oriente; y desde hace poco más de dos años, anda por Santiago de Cuba haciendo payasadas. Se llama Dalila Carcasés Ortíz, pero en ocasiones parece olvidarlo y entonces habla Lila, la payasita.

Lila es una payasita de muchos, muchos colores; muy traviesa: le gusta hacer maldades a los magos, porque le gusta la magia y a veces les roba los números y ella también hace magia. A Lila le gusta jugar mucho con los niños; a los que se portan bien los premia; a los que no., pues no. A Lila le gusta bailar, baila mucho. ¡Ah, sí!, Lila es azulita, tiene el pelo azul y llora muchocuando se molesta moja a todo el mundo.

Con el orgullo de una madre, así define Dalila a su payasita; mientras recuerda aquellos tiempo cuando, aun cursando el duodécimo grado, comenzó a trabajar «en este mundo de los teatros», con la compañía Variedades Santiago. Fue allí donde descubrió el mundo de los payasos, aunque todavía estaría lejos de encarnar el papel de uno.

«Comencé como un esperpento», dice, mientras explica que así les llaman a uno de esos muñecos a tamaño natural, similar a los usados como mascotas en algunos equipos de béisbol y otros deportes. En esa piel acompañaba al mago Gascó, la payasita Suxa y al payaso Rasputín.

«La payasita Suxa para mí una de las mejores que tiene Santiago, y el payaso Rasputín, que es uno de los más ancianitos en el mundo de las payasadas, además de que pasó la Escuela de Payasos; fueron los que me dieron una luz de cómo debía ser un payaso; de cómo actuar en un cumpleaños, matutino, actividades culturales y otros, donde todo es muy rápido y te aplasta si no te creces; y del teatro, donde todo es más preparado, más pensado y que tienes la posibilidad de crear.»

A pesar de este «despertar» que significó para Dalila el ver en acción a los payasos de Variedades Santiago; su papel dentro de la compañía no es exactamente el hacer payasadas, sino magia; impulsada por su esposo (el mago Alejandro), su suegro (el mago Gascó) y el decano de la magia en Cuba: el príncipe Alberto, recientemente fallecido; quienes «vieron algo» en ella y comenzaron a entrenarla. Fueron ellos también quienes descubrieron «ciertas dotes para ser payasita» en Dalila, y la convidaron a seguir ese camino, por lo cual les está eternamente agradecida, y los reconoce como «fuente de mi energía».

«Conseguí el traje de payaso y empecé a buscar un repertorio. Al principio todo fue pésimo; estaba en pañales y me dio mucha pena la primera vez que me enfrenté a un público. Querían ver una payasita y lo que vieron fueno sé ni con qué compararlo: alguien vestido de payaso que quería parecerse a uno.»

Este primer fiasco no la desanimó. Siguió su trabajo como maga junto a la compañía Variedades Santiago, bajo la dirección artística del mago Gascó; a esta compañía, dice, le debe mucho pues: «me enseñaron todo lo que son los movimientos escénicos, cómo uno debe comportarse a la hora de tomar un objeto, o con la música; todo lo que tiene que ver con el mundo del teatro, lo poco que sé me lo ha enseñado Variedades y con ellos he descubierto este mundo.»

Ese aprendizaje le permitió tomar confianza y retomar a Lila.

«La retomé de donde la tenía y le he empecé a formar un repertorio, haciendo consultas al mago Gascó y bebiendo de muchas aguas, fundamentalmente de la Compañía Variedades Santiago: de los payasos Suxa Rasputín, Raulín, Florecita y otros cuyos trabajos que me han gustado».

Sobre ese proceso de preparación del personaje de Lila, abunda un poco más:

A mí me gusta mucho el Circo del Sol, es muy creativo y los payasos también lo son porque la mayoría no hablan y utilizan mucho lo que es los recursos miméticos y la música, los efectos sonoros. Eso me gustó, jugar también con lo que es la mímica. Lo otro es ver muchas cosas, porque de cualquier lugar viene una idea, uno ve una cosa y la va soñando, la va imaginando de otra forma porque eso es el arte, tomar algo que ya esté hecho y hacerlo mejor, más grande. Es la asimilación de todo lo que pueda llegar.

Pero la preparación física y técnica a veces no lo es todo. Lila, como otras payasitas, debe enfrentarse a un escenario tradicionalmente dominado por los hombres; «el público está acostumbrado a ver payasos hombres; he llegado a un lugar y me han dicho ay, yo pensaba que era un payaso; incluso, cuando van a presentar dicen: ahora viene el payaso.»

Esto tampoco la amilana, como no lo hace el tener que llevar a la par su arte como payasita y las exigencias de los estudios universitarios. Todo lo contrario. Dalila ha participado en los Festivales de Artistas Aficionados de la FEU, alcanzando Diploma de Plata a nivel nacional. «Yo no divido las cosas () en mi grupo todos manejan que soy payasita y mi carácter, mis profesores también y no tienen ningún tipo de problemas. Convive la Dalila de Letras con la payasita Lila. No hay choque de trenes.»

Sin embargo, a veces le resulta complicada esa convivencia de dos en un mismo cuerpo:

Una de las contradicciones que tuve cuando comencé a hacer a Lila es que la voz de Dalila se me iba y de momento volvía. Uno tiene que mantener la voz, por al menos una hora, como Cenicienta, debes mantenerlo. Fue muy difícil, a veces está Dalila hablando y veo a una persona y entonces [imita la voz de Lila] ay, qué sé yo, y qué y empiezo a hablar así como Lila [retoma la voz de
Dalila] y vuelvo y se mezclan, es una cosa de lo más graciosa porque a veces mis amistades me tiene que decir Dalila eres tú, no Lila.

En realidad ambas se complementan: «yo descargo en Lila cosas que Dalila no haría normalmente; en cambio, de Dalila, Lila tiene entonces, por ejemplo, la magia, el gusto por el arte.»

Así andan Dalila/Lila, por las calles de Santiago. Una y otra muy jóvenes, pero con muchas ganas de hacer. A Dalila, búsquela hurgando en los archivos de la biblioteca universitaria; y Lilapuede que le sorprenda en cualquier esquina, o en una camioneta, camino a un nuevo cumpleaños, una peña, actividades escolares, o a ese espacio que viernes, sábados y domingos, mantiene la compañía Variedades Santiago, en el cine Trocha; eso sí, cuídese mucho de disgustarla si no quiere terminar totalmente mojado.

La noche más larga, finalmente llegó…

El poeta, periodista y escritor Reinaldo Cedeño durante la presentación del libro “La Noche más Larga. Memorias del Huracán Sandy”. Foto Jorge Luis Guibert (Sierra Maestra)

En mi aún corta vida, pocas veces he presenciado que un libro cause tanta curiosidad y ansias por ser leído y poseído. La Edad de Oro y Cien Horas con Fidel, son, quizás, las excepciones, y repito, en mi breve existencia…

Así sucedió también en Santiago de Cuba con “La noche más larga. Memorias del huracán Sandy”, un texto que muchos quisieran tener en sus manos, y desconozco si lo lograrán…

¿Por qué revivir la experiencia más lamentable de las últimas décadas en Santiago de Cuba? ¿Acaso una suerte de sentimiento colectivo de autoflagelación invade mi ciudad?

Confieso que la primera noticia que recibí del libro, y mira que ha sido bastante publicitado, causó en mí un inicial sentimiento de rechazo, ¿qué necesidad había de rememorar ese momento?

Reinaldo Cedeño, compilador de la obra, tuvo a su cargo la titánica labor de recoger la mayor cantidad de experiencias y aristas posibles sobre el devastador efecto de Sandy en Santiago de Cuba. Entre persuasiones, persecuciones y hasta aplicación de fuerza coercitiva, jajaja, se valió este multipremiado y talentoso periodista y poeta para entrar en la vida de las personas y que estas accedieran a desnudarse y contar sus vivencias personales sobre esa noche-madrugada.

Es increíble lo que se logró, pues poetas, investigadores, intelectuales, fotógrafos, periodistas cogieron en sus manos plumas, bolígrafos, teclados, y lograron despojarse de sus profesiones para relatar, desde lo personal, sus visiones sobre Sandy, antes, durante y después.

¿Valió la pena? “La noche más larga. Memorias del huracán Sandy” no es un libro para llorar. Tampoco es un texto de autocomplacencia, despojado de conflictos. Es una construcción colectiva que, como bien me confesara Cedeño en una ocasión, no captura la realidad (eso es imposible) pero sí un mosaico bastante colorido y diverso, y muy completo, me arriesgaría a firmar yo, pues refleja una impresionante cantidad detalles relacionados con el paso del meteoro.

No faltan las alusiones a los mitos de la invulnerabilidad ciclónica de Santiago de Cuba, tampoco las desgarradoras descripciones, las historias anónimas de verdaderos héroes, nacidos de personas comunes (historias que a veces ignoramos sean capaces de existir en nuestro patio…), tampoco están ausentes los conmovedores poemas que nacieron inspirados en este ciclón, y como cubanos al fin, igualmente está presenten las aristas de comicidad que salen de cualquier situación, siempre como ventanas entreabiertas que dejan entrever realidades no siempre agradables….

Es este, sin lugar a dudas, un libro muy sincero, contado tal cual sucedió: la poca o mucha preparación previa, la confianza o desconfianza de las personas en la recuperación, las bolas (chismes) que circulaban a toda velocidad por la población, los puntos de venta de alimentos que de pronto aparecieron en las calles como flores de una estación, las vicisitudes para recargar móviles, lámparas, en aquellas interminables horas de oscuridad…nada, o casi nada de aquellas primeras horas o días, escaparon de las páginas de este libro.

También están las imágenes, nacidas de lentes profesionales o amateurs, pero cargados de una indiscutible intencionalidad documental. Ellas hablan por sí solas.

Es una obra incompleta, ¿cuál no lo es? Pero esta, aunque se amplíe, se reedite, se enriquezca, siempre será incompleta, porque todos los que sufrieron aquella noche-madrugada tendrán algo que decir.

“La noche más larga” no dejará que Sandy se pierda en la memoria de los santiagueros, aunque como Flora, muchos vaticinamos que se convertirá en un mito en este suroriental territorio, que parecía haber sido olvidado por el paso de los ciclones.

Tomado del blog Cosas del Chago

Fox trot en Vista Alegre

Por Juan Antonio Tejera

La ciudad no es sólo, una verdad de Perogrullo, el llamado casco histórico, que por no haber existido a tiempo una acción realmente conservadora, queda del mismo, tal vez un poco de mala idea. En realidad existen numerosos repartos y barrios periféricos que son los que conforman lo que debía ser llamado Gran Santiago, aunque de todos modos, por nuestra historia, somos grandes.

Nos referimos a sitios como Dessy, Veguita de Galo, Municipal, un reparto muy curioso porque sus calles llevan nombres de alcaldes santiagueros, la Risueña, 30 de Noviembre, Flores, Portuondo, Sueño o Fomento, Los Olmos, Marimón, Altamira, Van Van, Alta Habana, Chicharrones, Mariana la Torre, Rajayoga y aún quedan más. Por ejemplo, Vista Alegre, el que fue considerado el más aristocrático de los repartos.

Concebido precisamente para la gente pudiente de la ciudad, sin embargo se convirtió en uno de los centros culturales de la misma gracias a la existencia de un teatro que llevó su nombre, amén de que el Club que también Vista Alegre, realizaba actividades como la del 16 de mayo de mil novecientos diecinueve cuando tuvo lugar un baile que terminó a la una de la mañana y fue amenizado por la orquesta de Díaz Páez que interpretó, presten atención y tendrán una idea concreta de la época, danzas, one step (uan estip) y fox trot que eran al decir de los cronistas los bailes predilectos del mundo elegante.

Pero lo más interesante desde mi punto de vista fue que en la tarde de dicho día, se había inaugurado la doble vía de tranvías. Hasta ese momento subían y bajaban por una sola línea a lo largo de la Avenida, República en aquel momento. A Partir de ese entonces, subían por calle ocho hasta diecisiete y bajaban por calle seis. Pero, no se impresiones porque se decía del reparto calificado de “elegante”, que era un caballero de saco y corbata con alpargatas, pues a pesar de las residencias construidas, sus calles estaban llenas de polvo y baches, que así eran las cosas en esta ciudad de maravillas.

Con nuevos atractivos el entorno de la Plaza de Marte (+fotos)

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Rumbo a las celebraciones por los 500 años de fundada la villa de Santiago de Cuba, en la ciudad se reaniman los principales entornos con valores patrimoniales, entre ellos el Centro Histórico, una demarcación que combina emblemáticos sitios de la arquitectura cubana, visuales sugerentes que seducen a los transeúntes, además de inmuebles y calles históricos, y edificaciones con atractivas y novedosas ofertas.

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El vino ya tiene su casa en Santiago de Cuba

Con la reciente apertura de la Casa del Vino en el entorno de la Plaza de Marte –espacio público considerado la entrada a la parte más antigua de la ciudad de Santiago de Cuba- el Centro Histórico de la urbe, Monumento nacional desde el año 1978,  adquiere nuevos atractivos.

A precios muy asequibles, se puede llevar a casa una botella de la aromática bebida, fabricada artesanalmente a partir de frutas exóticas y autóctonas de la región como lo son el marañón, la uva y el tamarindo. Otras producciones, a partir de la remolacha, la piña, la carambola, el boniato, el tomate, la manzana y la uva pasa, desafían el paladar y la imaginación de cualquier persona que quiera disfrutar del sabroso líquido.

La fabricación de estos vinos corren a cargo de los miembros del Club Siboney, integrado por una decena de miembros y cada uno con su propia mini industria, que tienen como objetivo rescatar el arte de crear la bebida, a la vez que experimentan con las más disímiles materias primas presentes en la región oriental del país, y siempre a la búsqueda de nuevos sabores.

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Chocolatera y licorera, lugar que gozará de la preferencia entre santiagueros

Día a día los santiagueros que a diario trasmitan por la Plaza de Marte, han visto que frente a esta plaza se convierte un antiguo local, que data de 1909, en la primera chocolatera y licorera de la ciudad.

La unidad se especializará en la elaboración y el expendio de esos productos y sus derivados del chocolate y licores, estará ubicada en la intersección de las calles Paraíso y Aguilera, y contará, además, con un área expositiva en el lobby y servicios en el patio y salón climatizado.

Esta obra, que se prevé abra al público dentro del jolgorio por el aniversario 60 del asalto al Moncada, implicó complicados trabajos de rehabilitación, que incluyeron la colocación de un soporte metálico para colocarle encima el entrepiso, y luego, las losas del piso, el enchape y el resane.

tienda de instrumentos musicales sindo garay

Tienda de instrumentos musicales “Sindo Garay”

Muy pronto abrirá la tienda “Sindo Garay”, también frente a la Plaza de Marte, que ofrecerá la oportunidad al público santiaguero y visitante, en especial a los artistas profesionales y aficionados del territorio, de contar con nuevas y variadas ofertas de este tipo cumpliendo un viejo anhelo de años.

En el inmueble se comercializarán instrumentos como las guitarras de estudio y personalizadas, el tres, laúd, otros de percusión, el bongó, güiro, claves, y maracas; y otros de pequeño y mediano formato destinados al público infantil.

Los productos que podrán ser adquiridos por los interesados serán construidos en la Fábrica Sindo Garay, encargada de abastecer la enseñanza artística santiaguera y nacional, y que se distingue por la calidad de sus piezas.

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Plaza de Marte, la entrada al Centro Histórico de Santiago de Cuba

Impresionante resulta la cantidad de personas que a diario transitan por la Plaza de Marte, lugar que constituye el nexo entre la parte más antigua y moderna de la urbe, siendo la calle Enramadas una gran autopista de los transeúntes.

Previo a las celebraciones por el medio milenio de la ciudad de Santiago de Cuba, se realizan trabajos en algunos lugares que valores patrimoniales y de importancia para los pobladores del territorio.

Uno de ellos es este entorno, el de la Plaza de Marte, que desde hace algunos años ha visto incrementar sus atractivos con la apertura de varios centros gastronómicos y culturales, que sin lugar a dudas revitalizan la zona.

Entre ellos está el Iris Jazz Club, considerado por muchos artistas de renombre nacional como uno de los mejores lugares para disfrutar ese ritmo en el país, también el Café Mama Inés, que ofrece la posibilidad de degustar el té y el sabrosa café en varias modalidades –con queso, cappuccino, con ron, entre otros-, con el atractivo singular de acompañarse de la música del inigualable Bola de Nieve, además de La Avispa, unidad abierta recientemente y que comercializa productos derivados de frutas y vegetales.

Actualmente se trabaja en la reparación de un local para ser convertido en un centro destinado al expendio de frutas y jugos naturales y se continúa en las labores del conservación del Hotel Rex, donde se alojaron un grupo de asaltantes al cuartel Moncada horas antes del 26 de julio de 1953.

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