Santiago en mí

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Instrucción artística…a lo santiaguero

Banda Municipal de conciertosEl Parque “Céspedes”, en pleno corazón de la ciudad de Santiago de Cuba, es un centro neurálgico para no pocos habitantes de esta ciudad que se encamina al aniversario quinientos de su fundación.

Cada habitante de la segunda urbe del país, guarda algún que otro recuerdo de su estancia en esta céntrica plaza. Yo, entre ellos, guardo incluso un extravío durante mi infancia, cuando todo a nuestro alrededor se magnifica desde nuestra estatura.

Uno de sus atractivos (como si el estar rodeado de edificaciones emblemáticas como la Catedral, el Museo del Ambiente Histórico –más conocido como la Casa de Diego Velázquez, aunque las dudas aun hagan sombras sobre ese apelativo- y el antiguo Ayuntamiento de la ciudad; no fueran ya de por sí, suficientes encantos) siempre ha sido las retretas dela Banda Municipalde Concierto.

Justo a las ocho de la noche, luego de las campanadas de rigor que impone la presencia de la catedral santiaguera; los músicos de la Banda, sentados en sitios que se me antojan ya eternos (¿acaso los mosaicos de ese pedazo de plaza llevarán sobre sí las marcas de las sillas que durante años se ajustan a la perfección en su espacio?), ejecutan el Himno Nacional y abren así su concierto, hasta poco antes que las campanas de la iglesia marquen el transcurrir de una hora.

Si bien para los pocos entendidos, o los que visitan por vez primera la ciudad, incluso para aquellos santiagueros asiduos al parque que no son tan exigentes, las retretas dela Banda Municipal de Concierto son algo llamativo; sucedía que, cuando escuchabas durante dos fines de semana seguidos el mismo Programa musical, la labor de los músicos perdía interés e incluso, se hacía centro de no pocas críticas y de la lacerante jocosidad del cubano.

Pero digo sucedía pues (afortunadamente) en los últimos meses los conciertos de la Banda de Música reclaman la atención hasta de los más recalcitrantes con un Programa novedoso, que muestra una evolución en la intencionalidad de su director. Blues, Jazz, Sones, Guarachas, montunos, y las siempre acostumbradas versiones de temas del repertorio musical cubano, hacen de las retretas semanales un espectáculo sumamente interesante y sorprendente.

Pero si les digo que el motivo de estas líneas no es precisamentela Banda Municipalde Conciertos, habrán de perdonarme el desvarío (creo que les debía a estos músicos que cada fin de semana amenizan una hora de la noche santiaguera, al menos el reconocimiento muy personal por su labor).

Ahora sí les comento la historia que motivó este escrito. Sucede que este fin de semana disfrutaba, en uno de los bancos del parque Céspedes, de un buen descanso, una buena compañía y el variado fondo musical de la Banda (al final sí forma parte de la historia ¿no?).

De pronto, como salido de la nada, vi a un hombre negro, con su torso desnudo pintado de figuras blancas, parado inmóvil a un lado de los músicos. Casi inadvertido para muchos, esta estatua humana permanecía impasible ante los acordes musicales que brotaban de los instrumentos cercanos. En dos oportunidades cambió de posición, pero siempre muy lentamente, como si quisiera que sus movimientos no fueran advertidos.

Cuando iba a advertir a mi acompañante sobre el hecho, me percaté que unos metros más lejos de esta primera figura, habían otras dos: uno con similares imágenes pintadas de blanco sobre su cuerpo negro; el otro, totalmente pintado de azul, con algunas figuras blancas completando el lienzo de su piel. Estos dos usaban unas pelucas muy raras que, desde mi distancia, parecían hechas de recortes de plástico. Estos sí se movían más decididamente por delante de los integrantes de la Banda, aunque con movimientos igual de pausados, hasta ubicarse casi en el mismo centro del populoso parque.

“Un performance”, advirtió de inmediato mi pareja y, como si sus palabras hubieran sido señal, varias personas comenzaron de inmediato a rodear a los personajes, contribuyendo con su curiosidad (quizás sin proponérselo), a darle forma a la acción artística.

Absortos como estábamos todos en la evolución de los extraños personajes, apenas nos percatamos del fin de la retreta: la música había cedido el bastón de la atención a las artes escénicas.

Por un espacio limitado del parque se movían lentamente tres imágenes. Hacían gestos ora comprensibles, ora misteriosos, en otros casos tal vez casuales.

Los adultos pronto perdían interés y retomaban sus conversaciones muy cercas de las esculturas humanas. Los niños, en cambio, parecían renovar curiosidades y corrían de un lado al otro, como antiguos mensajeros pasando el mensaje del suceso a sus congéneres, con el tono con que hablan los que creen saberlo todo: “hasta puedes ‘tirarte’ fotos con ellos”, decían. Algunos se aventuraban a tocar cautelosamente los brazos de los artistas, quienes permanecían ajenos a los rostros asombrados de los infantes, que los miraban como si acabaran de descubrir que esos seres pintados y de movimientos lentos eran de carne y hueso.

Mientras disfrutábamos de la interacción de los actores con el público, escuchamos a nuestras espaldas una breve pero contundente clase de educación artística. Un pequeño preguntó a su mamá qué era eso que hacían en el parque, y ella, con una seriedad de espanto le respondió:

“Esos son unos hombres haciendo payasadas.”

 

Santiago de Cuba y su monumentalidad (IV)

Palacio Municipal de Santiago de Cuba 1955Quizás los santiagueros no lo hayamos descubierto aún, pero este lugar es, realmente, el recinto más espectacular de nuestra añeja ciudad: una revelación de grandes y significativas obras, por valor propio, integradas, a la vez, a los sentimientos y quehaceres de un mundo de gente, que se muestra a cuantos vienen y van por las cuatro vías por las que se pueden acceder a ella. (I, II y III)

Vieja, querida y coqueta –cuya faz ha renovado muchas veces-, y a la que todavía cortejan esbeltos, vetustos y eternos pretendientes, la Plaza de Arma de Santiago de Cuba, o el parque Céspedes, como todos acá le llamamos, constituye, sin lugar a duda, uno de los conjuntos monumentales más atractivos y, absolutamente, en el que más interactúan propios y foráneos; sede de incontables citas de múltiples amores, de peñas fervorosas sobre los temas más polémicos, en la que, las más de las ocasiones, el amor propio lleva ventaja a la razón; bancadas de relatos hiperbólicos y de glorias ficticias, que ganan verosimilitud con la fuerza con que son contadas; áreas de recreos infantiles, añorado escenario, en fin, de varias generaciones, en cuya parte central, un original monumento, erigido en 1953, rinde tributo de recordación perenne a la gesta del 10 de octubre de 1868, al máximo héroe de aquella gesta y Padre de la Patria cubana, a Carlos Manuel de Céspedes.

Mirando al sur, sobre el escaque que marcan las calles Heredia, al frente; Lacret (San Pedro) y Félix Pena (Santo Tomás), por los laterales, y Bartolomé Masó (San Basilio), al fondo, se alza predominante, sobre un promontorio aplanado,la Santa Basílica Metropolitana, cercana ya a los 350 años en este propio sitio (anteriormente, desde 1522, en otros puntos de la ciudad), en la que resaltan no sólo sus altas torre-campanarios y su gran cúpula central, sus puertas enormes, el amplio y acogedor atrio, en forma de U, con su balaustrada de madera torneada, y sus bajos –también en U, en toda la extensión de la lonja, con sus activas entidades culturales y comerciales.

Su aspecto actual, de sobria expresión neoclásica, es obra del eminente arquitecto y urbanista santiaguero Carlos Segrera Fernández, a quien también debe el populoso centro de solaz, los dos edificios que copan todo el lado oriental del recinto citadino: el hotel Casa Granda -activo y con elevada demanda, por supuesto, a solo meses de su centenaria existencia- y la versión moderna del otrora Club San Carlos, hoy sala de conciertos Esteban Salas (altos) y galería de artes Oriente (bajos); obras de las que, por sus estilos y funciones, la ciudad siente especial orgullo; cual lo sintió por otra creación de Segrera: el anterior hotel Venus, abatido por el terremoto de 1932, en cuya área hoy se levanta el moderno edificio del BANDEC, antiguo Banco Nacional de Cuba.

Si de orgullo hablamos, contiguo a esa entidad financiera, abarcando entre ambos todo el segmento dela calle Félix Pena, desde Heredia a Aguilera, se muestra la edificación más antigua de América, con casi 500 años de existencia, lo que fuera la Casa delAdelantado Diego Velázquez, ahora Museo de Ambiente Colonial, rescate glorioso del profesor catalán –santiaguero por amor y condición- Francisco Prat Puig; autor principal –es oportuno decir- del proyecto que hace unos 60 años se materializó en el nuevo Ayuntamiento de Santiago de Cuba, único en su expresión, como síntesis evocadora de la modesta pero valiosa arquitectura colonial santiaguera, rival fraterno, en majestuosidad, de la catedral, a la que mira de frente.

Tomado de Sierra Maestra

Café Concert… con prisas

Caminamos con prisa Enramadas abajo. Ya el reloj no ha avisado que llegaremos tarde; aún así, nos detenemos un momento a comprar una pizza: luego de una jornada de trabajo, y cuando todavía falta para llegar a casa, el estómago agradece estas deferencias.

Sobre las seis y media de la tarde atravesamos el umbral del edificio que acoge la sede del Poder Popular Municipal en Santiago de Cuba, el antiguo Ayuntamiento de la ciudad. Desde su patio interior nos llegan los acordes finales de una canción. Los aplausos que aprueban la actuación del trovador (esta vez les debo el nombre) también nos dan la bienvenida.

Nos sentamos en las dos únicas sillas disponibles y es entonces que comienza para nosotros el Café Concert, peña que cada último viernes de mes acoge este magnífico escenario, bajo la guía del guitarrista concertista Aquiles Jorge.

Un fugaz vistazo me permite descubrir entre el público asistente a no pocos fieles, rostros que ya se me van haciendo comunes cada mes, santiagueros con los que, al cruzarme alguna vez en las sinuosidades de la ciudad, sepa que compartimos algo en común y, tal vez, un guiño cómplice nos una en el secreto.

Todos permanecen atentos a las palabras del anfitrión (al descubrirnos entre los presentes nos dedica una sonrisa de bienvenida). Para ellos quizás (quizás no) se trata de un nuevo encuentro, otro más (sin que por eso deje de ser trascendente) con la historia, la buena música, la crónica oportuna y la tradición; aspectos en los que el Café Concert suele resultar inigualable.

Sin embargo, para nosotros esta edición de la peña tiene un carácter especial: celebramos nuestros primeros seis meses de noviazgo justo en el sitio donde por primera vez la vi.

El escenario improvisado en el patio del Ayuntamiento lo domina casi en su totalidad la Banda Municipalde Conciertos. Me alegro mucho, pues desde hace ya un buen tiempo me debía una de las retretas que cada fin de semana ofrecen en el cercano “Parque Céspedes”.

Cinco fueron en total las obras ejecutadas por la Banda Municipal entre las que se destacaron: La Comparsa, de Ernesto Lecuona; La tarde, de Sindo Garay (que gentilmente, y en un gesto extraordinariamente hermoso, Aquiles Jorge nos dedicó por nuestro “cumplemeses”) y (no podría faltar en una Peña de genealogía mambisa) el Himno Invasor, acompañado de la crónica de su gestación, allá por los años de lucha en las maniguas cubanas.

Todavía tuvimos tiempo también de disfrutar de la muy personal forma de narrar la historia de Juan Antonio Tejera, cronista excepcional, quien tomó como pretexto la actualidad santiaguera entorno a las modificaciones que van sufriendo los bajos de la catedral, para hacernos un recorrido por el surgimiento y la historia de esos establecimientos que ya son parte indisoluble de la arquidiócesis de esta ciudad.

Antes de terminar, como en las mejores novelas, Aquiles brindó un adelanto de lo que será (o pretende que sea) la edición del Café Concert el próximo 29 de junio. Ese día, se cumple un nuevo aniversario de que fueran velados, durante 24 horas, en el edificio del gobierno provincial, los restos de José Martí, antes de ser llevados para su último y definitivo enterramiento en el Mausoleo que para ese efecto se erigió en el Cementerio Santa Ifigenia. Entonces, con ese pretexto, la peña se trasladará hacia el Salón de los Vitrales del Gobierno Provincial y una vez más, al sonido de los acordes de Himnos (pieza musical que da inicio a cada Café…) Santiago de Cuba y su historia se convertirá en protagonista de la tarde.

A pesar de la lluvia…Café Concert

Alrededor de las cinco y media de la tarde llegué al antiguo Ayuntamiento de la ciudad; bajo una lluvia impertinente que a ratos adquiría matices torrenciales. Por segunda vez, desde que asisto a la cita de cada último viernes de mes conla Peña CaféConcert“Virtud y Conciencia”, del guitarrista concertista Aquiles Jorge, las inclemencias meteorológicas atentan contra la realización de la misma en su escenario natural: el patio interior de la hermosa edificación santiaguera, hoy Gobierno Popular Municipal.

Pero, quien conoce a este inmenso pequeño hombre, sabe que siempre logra lo que se propone, de ahí que bastó preguntar por la nueva locación de la Peña para que nos indicaran subir a la segunda planta del edificio. Desde ese mismo momento sentí que esta nueva edición de la también llamada Peña Mambisa, iba a resultar especial.

El nuevo escenario escogido para escapar de los humores grises de la tarde resultó, en definitiva, el mejor posible: un amplio y extraordinariamente bello salón, presidido por la bandera y el escudo nacional. Quizás el Café Concert ha encontrado un lugar que resalta, como ningún otro, su verdadera naturaleza, su intencionalidad de rescatar los valores patrióticos del santiaguero. ¡Suerte de lluvia que nos regaló esta oportunidad! ¡Lástima que sólo sea coyuntural!

Café Concert 27 de abril

Vista del Salón que sirvió de sede temporal al Café Concert

Así, en el ambiente histórico de ese salón, con un necesario retraso en espera de los fieles que burlaron las travesuras de la lluvia y con las notas de la pieza musical Himnos, del anfitrión de la Peña; comenzó el Café Concert del 27 de abril de 2012, dedicado en esta ocasión, al Aniversario 50 de la Fundación del Instituto Cubano del Arte yla Industria Cinematográfica (ICAIC).

En este sentido, momentos especiales fueron los dedicados a reseñar parte de la historia de la televisión y el cine en Santiago de Cuba, a través de la experiencia de hombres como Isauro Salas, destacado diseñador de esta ciudad, y de lo técnicos “Murgado” e Ismael (como todos los conocen). El primero de ellos dio a conocer cómo se trabajaban los dibujos animados en los inicios de la televisión en esta ciudad, con una cámara Cine-Kodak de fabricación canadiense (de 1938), muy similar a una de las que, gracias al Museo de la Imagen, pudo se apreciada por los presentes.

Cámara Cine Kodac 1938

Cámara Cine Kodac 1938

Por su parte, Murgado e Ismael, con más de cuarenta años de trabajo en el ICAIC (motivo por el cual fueron reconocidos durante la Peña por la Dirección Provincialde Cine), narraron las peripecias vividas para mantener en activo proyectores de 16 mmcon los cuales se llevó el cine hasta los más intrincado rincones de la serranía santiaguera. Uno de estos proyectores al cual, “cariñosamente”, apodan Frankenstein, fue el mejor testigo de la labor de estos hombres, al demostrar, ya al final de la Peña, su buen estado de conservación con la proyección de un fragmento de 15 minutos del Noticiero ICAIC Latioamericano del 2 de diciembre de 1976, de la autoría del destacado documentalista y cineasta Santiago Álvarez.

En esta ocasión, sin embargo, se extrañó la presencia del narrador oral santiaguero José Antonio Tejera, quien de seguro cuenta en su arsenal de crónicas, alguna relacionada con el séptimo arte, o el desarrollo de la televisión en esta ciudad.

En su lugar, el espacio dedicado al rescate de historias y tradiciones santiagueras fue ocupado magistralmente por Miguel Ronald Moncada López (Miguelito Moncada), “un verdadero santiaguero”, como le denomina Aquiles, quien hizo un recorrido por la historiografía de los cementerios de esta ciudad, apoyado por la proyección de imágenes de gran valor histórico.

Asimismo, de historia se conversó con Amauri Hechavarría, miembro de la Junta Nacionalde la Sociedad Cultural José Martí, invitado a nuestra ciudad por su homóloga provincial; quien comentó de la necesidad de rescatarla Ruta Martiana, desde su llegada a Playitas de Cajobabo, el 11 de abril de 1895, hasta el descanso eterno de sus restos en el Mausoleo del Cementerio Santa Ifigenia, en 1951.

En el orden musical, la tarde deparó excelentes actuaciones. Primero disfrutamos nuevamente de la joven cantante Giselle Lage, quien tan buena impresión causara en su anterior presentación en esta Peña, y que en esta ocasión vino acompañada a la guitarra por el joven trovador santiaguero Fernando Guerrero (recientemente ganador del concurso provincial de guitarra popular, celebrado en el marco del evento Cubadisco 2012) e interpretó los temas La gloria eres tú, de José Antonio Méndez, y Cómo fue, de Ernesto Duarte.

Giselle Lage  y Fernando Guerrero

Giselle Lage y el ganador del concurso provincial de guitarra popular (Cubadisco 2012), Fernando Guerrero

A continuación actuó el quinteto vocal Adalias quienes interpretaron En nosotros, de la autoría de Tania Castellanos, y una hermosa versión de Alfonsina y el mar, con texto de Felix Luna; acompañadas en esta ocasión por el laúd de la también muy joven Milagros (Milagrito) Albear.

No sé en qué instante la lluvia cesó, acaso rendida ante la perseverancia de los que se empeñan en hacer. O quizás porque todo cuanto aconteció en ese singular escenario de la segunda planta del Ayuntamiento de la ciudad, captó por completo nuestra atención y borró, momentáneamente, el resto de la ciudad.

Mis felicitaciones para Aquiles Jorge y sus invitados que lograron imponerse a las adversidades y nos regalaron una hermosa e inolvidable tarde.

Un nuevo encuentro con en la Peña Mambisa

A veces Santiago parece hacer mutis y se adentra en una inactividad agobiante, como si se hubiera quedado sin ideas y se resignara a seguir envejeciendo entre montañas hasta el fin de los días. En otras ocasiones hierve de actividad y entonces se vuelve un verdadero dolor de cabeza seguirle el paso a ese movimiento cultural que desborda un fin de semana.

Sin embargo, y por suerte, en medio de ese vaivén la ciudad mantiene espacios culturales habituales que se han ganado un público fiel, a fuerza de calidad, de fidelidad por defender lo mejor de la cultura santiaguera.

Uno de esos espacios es Café Concert, rebautizado por sus fieles como Peña Mambisa, del guitarrista concertista Aquiles Jorge, que cada último viernes de mes acoge el hermoso patio interior del Gobierno Municipal, antiguo Ayuntamiento de la ciudad.

ceremonia de la bandera. Café concertSe trata de una peña que apuesta por la defensa de los mejores valores patrióticos; el rescate de tradiciones; de aspectos poco conocido de nuestras gestas emancipadoras; el homenaje a santiagueros ilustres, rescatados del olvido y la desidia, devueltos a la dimensión humana que los caracteriza.

Y no puede ser de otra forma cuando el anfitrión es un enamorado de la historia, de una herencia familiar mambisa, que reúne a su alrededor a historiadores, cronistas, museólogos y otros apasionados por la historiografía local y nacional.

El pasado viernes 30 de marzo, el Café Concert estuvo especialmente dedicado a los maestros normalistas de Santiago de Cuba, menudos cabellos canosos que agradecieron emocionados el homenaje, ya con palabras temblorosas, ya con poemas declamados con octogenaria pasión.

Para el homenaje, Aquiles se rodeó, como es costumbre, de buenos amigos e invitados de calidad extraordinaria. Los trovadores Alexander Milian y Fernando (lamento no recordar su apellido), rescataron canciones de una de las peñas que en los noventa protagonizaron el acontecer musical santiaguero, desde los salones de la tradicional Casa de la Trova. El cronista José Antonio Tejera (casi un co-anfitrión de la peña), decidió cambiar la crónica que tenía previamente preparada para comentar sobre su relación con la Escuela Normal para Maestros de Santiago de Cuba. Por último, Aquiles presentó a la joven Giselle Lage, pianista acompañante del conjunto Lírico de la ciudad, quien en esta ocasión sorprendió agradablemente a los presentes con una voz extraordinaria, interpretando tres canciones (“Sabor a mí”, “Alfonsina y el mar” y “Cómo fue”) bajo el acompañamiento musical del maestro guitarrista Hermes; especial colofón para la noche que ya caía sobre la ciudad.

Giselle Lage. Café Concert

Todavía la noche guardaría espacios para otros homenajes, en esta ocasión dedicado precisamente al anfitrión de la Peña. La directora de la Editorial Oriente entregó a nombre de todos sus trabajadores, un ejemplar del texto “El ingenio del mambí”, especial regalo que de seguro no hallará mejores manos que la de Aquiles Jorge. Y para confirmar esto, desde ya se adelantaron algunas de las sorpresas que guardará la edición del mes de mayo: la presencia de Hugo Crombet, nieto del General mambí de igual apellido, y la muestra de restos del vestuario que usaba José Martí en su caída en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895.

Hasta entonces, otros eventos culturales colmarán el protagonismo de la ciudad, pero el último viernes de mayo, justo a las seis de la tarde, cuando las cuerdas de la guitarra de Aquiles Jorge canten una nueva versión de su composición “Himnos” (pieza musical que da inicio a cada peña, luego de la ceremonia de arriado de la bandera), entonces será el tiempo de los mambises del siglo XXI; para entonces, solo espero que no tener que aguardar hasta el lunes de la semana siguiente para comentar todo cuanto allí aconteció.

Aquiles jorge. Café Concert

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