Santiago en mí

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Otra página abierta…

Con Cedeño en su Página Abierta

Con Cedeño en su Página Abierta

¡Y sucedió! Confieso que tenía algo de temor, pues a veces la fértil imaginación de Reinaldo Cedeño, puede poner en aprietos al más sagaz de los entrevistados. Pero afortunadamente parece que pasé el examen, y Santiago en mí tuvo su página abierta este viernes 19; para hablar del sitio, su origen e intenciones.

Honor doble. Primero, por haber sido escogido por Cedeño para inaugurar el acápite de la página digital, antes que otras tantos proyectos de mayor relevancia; y segundo, por compartir esa deferencia con Nereyda Barceló, autora de Senda Interior y destacada periodista santiaguera con quien, hasta ayer, no había tenido el placer de conversar, y ya hoy, y gracias a Cedeño, estamos en contacto para futuras colaboraciones.

Así que, desde Santiago en mí, las gracias a Cedeño y los organizadores de Página Abierta.

Página para los historiadores

A la historia y las letras dedicó Reinaldo Cedeño la más reciente edición de su Página Abierta; ocasión para la que invitó a Damaris Torres, Presidenta de la Unión de Historiadores de Cuba, en esta provincia; y al destacado historiador santiaguero Israel Escalona.

La primera abordó aspectos referentes a la vida (llena de confusiones históricas) de María Magdalena Cabrales, la esposa de Antonio Maceo.

Por su parte, Israel Escalona fue interrogado por Cedeño, entre otros aspectos de su obra, acerca del vínculo historia literatura y la mejor forma de llevar el conocimiento histórico al público general.

El espacio contó además con sus secciones habituales (y muy gustadas) el Panel de la Sabiduría (donde ¡al fin! pude hacerme de un libro) y la página del lector.

El acápite musical estuvo a cargo del guitarrista concertista Aquiles Jorge, quien regaló dos piezas musicales de su autoría, una de ellas dedicada a las manos de Martí.

Por su parte, Cedeño aprovechó la ocasión para leer una de sus admirables crónicas y el poema “¿Quiénes son ellos?”, curiosamente estrenado por su autor, en una de las ediciones de Café Concert, peña cultural que organiza Aquiles Jorge.

Así cerró una nueva edición este libro especial que regala Cedeño. El encuentro queda marcado, como siempre, para el último viernes de cada mes…

Página abierta a los niños

¿Cuánto nos queda dentro del niño que fuimos? ¿Cuánto hemos crecido —que no madurado— para que no nos emocionen las mismas cosas que se convierten en maravilla a los ojos de los más pequeños? ¿Cuánto dejamos en los apuros del día: sonrisa, timidez, inocencia…?

Entonces cuánto se agradece un remanso, esa página de libro que nos invita a recordar a los que escriben para niños y jóvenes; que nos adentra, casi que sin permiso, en esos mundos que creímos olvidados y donde los protagonistas no levantan un cuarta del piso; donde los protagonistas somos todos porque también la niñez se contagia; encuentra tierra fértil en los sitios más áridos y crece allí; aunque sea por una hora que se pierde en las campanadas seculares de la catedral.

Y ese hombre de risa pícara, que entrecierra los ojos cuando ríe, cómo si mirara al pasado y al futuro al mismo tiempo, o acaso al interior de un público que se da cita cada último viernes para leer esas páginas hipertextuales que regala, quien no parece haber perdido la imaginación con la que nació. Ese hombre es en sí un niño, el más grande todos, y ha escrito un libro conmovedor, un libro de tantas páginas que guarda en sí la actuación de la joven cantante Giselle Lage y Alejandro Duany en la guitarra; los cuentos de Mirna Figueredo; la impresionante actuación de una muy joven narradora oral, cuyo nombre se escurre entre mis neuronas pre-seniles; la experiencia de la escritora Gisela de la Torre Montoya; los versos de José Orpí

¿Qué magia inextricable tienen los niños, que cuanto lleva su sello conmueve, aún cuando se conformen con alzar una mano tímida, mirar con ojos tan asombrados como los míos —cansados de ver tanto y nada— a esos personajes de la radio, hoy de carne y hueso, aterrizados a una imaginación más refinada, de cambiar sus rostros por los que durante hemos forjado en nuestras simpatías?

Tanto y mucho tuvo este libro que todavía no me repongo de las emociones; justo hoy, cuando las calles de esta ciudad acogerán a otros niños, que tal vez mezclen su risa con otras “atracciones” de tan corta valía que más se valora lo vivido ayer.

Ahora mismo, no quisiera estar en la piel de Reynaldo Cedeño, pues una pregunta me viene a la mente: ¿cómo superar esto? Pero es, más que una pregunta, un reto. Sé que el último jueves de junio, tal vez me vea obligado a otra crónica cómo esta.

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La desafiante Iglesia Catedral de Santiago de Cuba (+fotos)

Destruida por las llamas en varias ocasiones, codiciada por corsarios y piratas, víctima de terremotos y azotada por los huracanes, se erige hoy la Catedral de Santiago de Cuba como uno de los lugares más bellos y antiguos de nuestra ciudad.

Considerada una joya de la arquitectura de nuestra urbe, no siempre mostró la cara que hoy conocemos. Y ello se debe a que a lo largo de sus casi 500 años de existencia, ha sido reconstruida en cuatro ocasiones distintas.

La ambición de corsarios y piratas que rondaban por el Caribe hizo que fuese reconstruida durante los años 1666 y 1670. Posteriormente, durante los terremotos de 1678, 1766, 1852 y 1932, trajeron como consecuencia que quedase parcial o totalmente destruida. Y es que la Catedral de Santiago de Cuba ostenta el no deseado record de ser la edificación de su tipo que más veces ha sido reconstruida y remodelada en nuestra ciudad.

Ubicada en el parque Céspedes, posee un inconfundible estilo que la hace paradigma de la arquitectura eclecticista de Santiago de Cuba. Esto se debe a que la fachada que en la actualidad muestra, es fruto del talento del arquitecto Carlos Segrera, quien mantuvo detalles del neoclasicismo y añadió algunos elementos de la arquitectura clásica: columnas de orden coríntio, arcos y torres.

Completan la fachada principal dos esculturas de mármol: una del Padre de las Casas y la segunda del primer descubridor de Cuba, Cristóbal Colón.

Aunque estas modificaciones se realizaron entre los años 1916 y 1922, existe una curiosidad, y es que Segrera decidió mantener el diseño original de una de las fachadas del inmueble, la que corresponde con la parte del fondo.

La Catedral de Santiago de Cuba es una obra de arte que atesora en su interior verdaderas obras de arte: la pintura del Santo Ecce Homo, tablilla de 330 mm de altura y considerada como la más antigua del país; obras pictóricas de los siglos XVII y XVIII y el Coro de los Canónigos, que es una obra exquisita de ebanistería, y muchas más.

La Iglesia Catedral de Santiago de Cuba, Consagrada Santa Basílica Metropolitana desde 1879 por el Papa Pío IX, embellece nuestra ciudad con un estilo arquitectónico de inigualable belleza y ofrece a quien la visita, una de las vistas más fabulosas del casco histórico.

El recorrido culminó con una misa al aire abierto en la Catedral santiaguera….

Miguelnoa's Weblog

La Virgen de la Caridad del Cobre que fuera declarada patrona de Cuba en 1916 y que constituye un símbolo de nacionalidad y patriotismo por sus vínculos con las luchas independentistas, este 8 de septiembre recorrió las calles de Santiago de Cuba desde el Arzobispado hasta la Catedral.

La Virgen de la Caridad o Virgen Mambisa como también se le conoce celebra este año el 400 aniversario del hallazgo de su imagen en la Bahía de Nipe por los indios Juan y Rodrigo de Hoyos y el negro esclavo Juan Moreno.

Con el apoyo de las autoridades y organizaciones políticas del municipio y la provincia la procesión se desarrolló exitosamente y culminó en la catedral santiaguera.

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Instrucción artística…a lo santiaguero

Banda Municipal de conciertosEl Parque “Céspedes”, en pleno corazón de la ciudad de Santiago de Cuba, es un centro neurálgico para no pocos habitantes de esta ciudad que se encamina al aniversario quinientos de su fundación.

Cada habitante de la segunda urbe del país, guarda algún que otro recuerdo de su estancia en esta céntrica plaza. Yo, entre ellos, guardo incluso un extravío durante mi infancia, cuando todo a nuestro alrededor se magnifica desde nuestra estatura.

Uno de sus atractivos (como si el estar rodeado de edificaciones emblemáticas como la Catedral, el Museo del Ambiente Histórico –más conocido como la Casa de Diego Velázquez, aunque las dudas aun hagan sombras sobre ese apelativo- y el antiguo Ayuntamiento de la ciudad; no fueran ya de por sí, suficientes encantos) siempre ha sido las retretas dela Banda Municipalde Concierto.

Justo a las ocho de la noche, luego de las campanadas de rigor que impone la presencia de la catedral santiaguera; los músicos de la Banda, sentados en sitios que se me antojan ya eternos (¿acaso los mosaicos de ese pedazo de plaza llevarán sobre sí las marcas de las sillas que durante años se ajustan a la perfección en su espacio?), ejecutan el Himno Nacional y abren así su concierto, hasta poco antes que las campanas de la iglesia marquen el transcurrir de una hora.

Si bien para los pocos entendidos, o los que visitan por vez primera la ciudad, incluso para aquellos santiagueros asiduos al parque que no son tan exigentes, las retretas dela Banda Municipal de Concierto son algo llamativo; sucedía que, cuando escuchabas durante dos fines de semana seguidos el mismo Programa musical, la labor de los músicos perdía interés e incluso, se hacía centro de no pocas críticas y de la lacerante jocosidad del cubano.

Pero digo sucedía pues (afortunadamente) en los últimos meses los conciertos de la Banda de Música reclaman la atención hasta de los más recalcitrantes con un Programa novedoso, que muestra una evolución en la intencionalidad de su director. Blues, Jazz, Sones, Guarachas, montunos, y las siempre acostumbradas versiones de temas del repertorio musical cubano, hacen de las retretas semanales un espectáculo sumamente interesante y sorprendente.

Pero si les digo que el motivo de estas líneas no es precisamentela Banda Municipalde Conciertos, habrán de perdonarme el desvarío (creo que les debía a estos músicos que cada fin de semana amenizan una hora de la noche santiaguera, al menos el reconocimiento muy personal por su labor).

Ahora sí les comento la historia que motivó este escrito. Sucede que este fin de semana disfrutaba, en uno de los bancos del parque Céspedes, de un buen descanso, una buena compañía y el variado fondo musical de la Banda (al final sí forma parte de la historia ¿no?).

De pronto, como salido de la nada, vi a un hombre negro, con su torso desnudo pintado de figuras blancas, parado inmóvil a un lado de los músicos. Casi inadvertido para muchos, esta estatua humana permanecía impasible ante los acordes musicales que brotaban de los instrumentos cercanos. En dos oportunidades cambió de posición, pero siempre muy lentamente, como si quisiera que sus movimientos no fueran advertidos.

Cuando iba a advertir a mi acompañante sobre el hecho, me percaté que unos metros más lejos de esta primera figura, habían otras dos: uno con similares imágenes pintadas de blanco sobre su cuerpo negro; el otro, totalmente pintado de azul, con algunas figuras blancas completando el lienzo de su piel. Estos dos usaban unas pelucas muy raras que, desde mi distancia, parecían hechas de recortes de plástico. Estos sí se movían más decididamente por delante de los integrantes de la Banda, aunque con movimientos igual de pausados, hasta ubicarse casi en el mismo centro del populoso parque.

“Un performance”, advirtió de inmediato mi pareja y, como si sus palabras hubieran sido señal, varias personas comenzaron de inmediato a rodear a los personajes, contribuyendo con su curiosidad (quizás sin proponérselo), a darle forma a la acción artística.

Absortos como estábamos todos en la evolución de los extraños personajes, apenas nos percatamos del fin de la retreta: la música había cedido el bastón de la atención a las artes escénicas.

Por un espacio limitado del parque se movían lentamente tres imágenes. Hacían gestos ora comprensibles, ora misteriosos, en otros casos tal vez casuales.

Los adultos pronto perdían interés y retomaban sus conversaciones muy cercas de las esculturas humanas. Los niños, en cambio, parecían renovar curiosidades y corrían de un lado al otro, como antiguos mensajeros pasando el mensaje del suceso a sus congéneres, con el tono con que hablan los que creen saberlo todo: “hasta puedes ‘tirarte’ fotos con ellos”, decían. Algunos se aventuraban a tocar cautelosamente los brazos de los artistas, quienes permanecían ajenos a los rostros asombrados de los infantes, que los miraban como si acabaran de descubrir que esos seres pintados y de movimientos lentos eran de carne y hueso.

Mientras disfrutábamos de la interacción de los actores con el público, escuchamos a nuestras espaldas una breve pero contundente clase de educación artística. Un pequeño preguntó a su mamá qué era eso que hacían en el parque, y ella, con una seriedad de espanto le respondió:

“Esos son unos hombres haciendo payasadas.”

 

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