Santiago en mi

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(en foto) Acentos paisajísticos del Cementerio Santa Ifigenia

Cementerio Santa Ifigenia de la ciudad de Santiago de Cuba

Mausoleo del Héroe Nacional de Cuba, José Martí

tumba de Don Emilio Bacardí, primer alcalde de Santiago de Cuba, y su esposa Elvira Cape

Homenaje del pueblo de Cuba a Perucho Figueredo

Santiago de Cuba, 17 ago. La entonación hoy del Himno Nacional en el panteón donde descansan los restos mortales de Perucho Figueredo, fue el mejor homenaje de los cubanos al creador de este símbolo patrio, un canto de exhortación al combate.

La jornada incluyó el depósito de una ofrenda floral a nombre del pueblo de Cuba, muestra de respeto al General y destacado patriota de la guerra de independencia y a los mártires del vapor Virginius.

En su tumba, ubicada en el cementerio Santa Ifigenia, lo acompañan las palmas y la Enseña Nacional, símbolos de la nacionalidad cubana.

El 17 de agosto de 1870 Figueredo fue fusilado en los muros del antiguo matadero, y antes guardó prisión en la Real Cárcel de Santiago de Cuba, conocida después como VIVAC, edificación declarada Monumento Nacional y que ahora acoge las sedes de la Oficina del Historiador de la Ciudad y del Archivo Histórico Provincial.

Hasta en esa hora difícil supo Perucho ser consecuente con el verso vibrante del Himno de la Patria, pues parado firme ante el pelotón de fusilamiento exclamó: «Morir por la Patria es vivir».

Muro del antiguo matadero de Santiago de Cuba, lugar donde fue fusilado Perucho Figueredo, creador del Himno Nacional de Cuba

Ubicado frente a la estación ferroviaria, en el lugar existe un gran cartel que recuerda la frase y se erige una tarja dedicada a su memoria.

En la céntrica Plaza de Marte de esta ciudad existe un obelisco como tributo a su memoria, lugar donde tradicionalmente se entonan las notas del himno de Bayamo en homenaje al hombre que no escatimó sacrificios para ver libre a la Patria.

Santiago de Cuba y su monumentalidad (I)

Les regalo esta serie de trabajos publicados en el sitio digital el semanario Sierra Maestra bajo la firma de Joel Mourlot Mercaderes.

Santiago de Cuba y su monumentalidad (I)

Recorrer esta ciudad de casi cinco siglos de existencia suele resultar un paseo impresionante, lo mismo para propios que para foráneos, si se hace con miradas escrutadoras. Nacionales y extranjeros conocedores de su enaltecedor pasado, creen que aquí deberían abundar más las estatuas, los bustos, las tarjas y otras formas de rendir homenaje a los próceres y valores del pasado.

No hay un sitio de esta urbe caribeña, efectivamente, que no nos revele algo de interés y/o trascendencia, allá o acá, en las prominencias de las numerosas colinas o en los recovecos de tantos hondones, sobre los cuales ella se asienta; en la majestuosidad o en la modestia de sus obras públicas, que en memoria de sus muchos héroes, o de sobradas acciones gloriosas o por algún otro valor singular, hacen de Santiago de Cuba, en sí misma, una ciudad monumento.

Es verdad, no son todas las que merecidamente pudiera haber; sin embargo, las que existen hoy llenan de sano orgullo a la mayor parte de los santiagueros.

PRINCIPALES MONUMENTOS DE SANTIAGO DE CUBA

Por su imponente majestuosidad, los monumentos que más sobresalen en la capital oriental son:

1.- El complejo escultórico de la Plaza de la Revolución (1991), con el conjunto de de piezas metálicas colosales, evocando los machetes redentores mambises, y, sobre un pequeño promontorio, la figura ecuestre del mayor general Antonio dela Caridad Maceo Grajales, lugarteniente general del Ejército Libertador (obra del escultor santiaguero Alberto Lescay), y un escenario general que ya es historia significativa, en su corta vida de 21 años de existencia, por sus multitudinarias concentraciones populares -muchas veces presididas por los máximos líderes de la Revolución , Fidel y Raúl- y las dos masivas misas, la de 1998, con su santidad Juan Pablo II, y la reciente, el 26 de marzo pasado, con el también pontífice Benedicto XVI.

Mausoleo a Martí en Santiago de Cuba 19512.- Cementerio de Santa Ifigenia (julio de 1868), donde reposan los restos de muchos ilustres personajes de nuestra historia y multitud de personas comunes, a cuyas memorias se han erigido allí desde suntuosos sepulcros personales y panteones, hasta las íntimas dedicaciones, no exentas en muchos casos, sin embargo, de notables y diversas esculturas, que hacen de este campo santo una verdadera y distinguida necrópolis.

Por supuesto, resaltan en todo este conjunto funerario: en primer término, el mausoleo donde reposan los restos de José Martí, obra del arquitecto Mario Santi (1951), tercera tumba dedicada al Héroe Nacional de Cuba en el propio cementerio, tras su enterramiento en 1895, y su posterior exhumación e inhumación, en un nuevo nicho, inaugurado el 7 de diciembre de 1907; también, los respectivos panteones dedicados a los héroes del ataque al Moncada, a los internacionalistas cubanos caídos en Angola, a los combatientes de nuestras guerras de independencia (el “Retablo de los Héroes”), el de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el más modesto de éstos: el dedicado a la veintena de mártires de San Juan de Wilson (febrero de 1870), y, en el plano individual: las tumbas de Carlos Manuel de Céspedes (10 de octubre de 1907), segunda dedicada al Padre de la Patria en el lugar; del expresidente dela República Tomás Estrada Palma y su esposa, la “pirámide” que guardan los restos de Emilio Bacardí, y el busto del general mambíRafael Portuondo Tamayo, entre un sinnúmero de obras funerarias más.

3.- Uno de los más impactantes monumentos santiagueros es el complejo Morro-La Estrella, en el cual predomina el Castillo del Morro, construido hacia 1639 por Don Pedro de la Roca para defender la boca de la bahía de la ciudad, y el litoral cercano ala fortaleza. Erael punto clave de todo un sistema defensivo, compuesto, además, por los fuertes de La Estrella , Ciudamar y La Socapa , entre otros más distantes, para enfrentar y repeler los ataques fuerzas foráneas (mayormente corsarios y piratas), y cuya imagen bella, colosal, como emergida de la elevación escarpada donde está enclavada, es, hoy por hoy, de un atractivo y una significación extraordinarios, al punto de haber sido declarado Patrimonio de la Humanidad.

Tomado de Sierra Maestra

A pesar de la lluvia…Café Concert

Alrededor de las cinco y media de la tarde llegué al antiguo Ayuntamiento de la ciudad; bajo una lluvia impertinente que a ratos adquiría matices torrenciales. Por segunda vez, desde que asisto a la cita de cada último viernes de mes conla Peña CaféConcert“Virtud y Conciencia”, del guitarrista concertista Aquiles Jorge, las inclemencias meteorológicas atentan contra la realización de la misma en su escenario natural: el patio interior de la hermosa edificación santiaguera, hoy Gobierno Popular Municipal.

Pero, quien conoce a este inmenso pequeño hombre, sabe que siempre logra lo que se propone, de ahí que bastó preguntar por la nueva locación de la Peña para que nos indicaran subir a la segunda planta del edificio. Desde ese mismo momento sentí que esta nueva edición de la también llamada Peña Mambisa, iba a resultar especial.

El nuevo escenario escogido para escapar de los humores grises de la tarde resultó, en definitiva, el mejor posible: un amplio y extraordinariamente bello salón, presidido por la bandera y el escudo nacional. Quizás el Café Concert ha encontrado un lugar que resalta, como ningún otro, su verdadera naturaleza, su intencionalidad de rescatar los valores patrióticos del santiaguero. ¡Suerte de lluvia que nos regaló esta oportunidad! ¡Lástima que sólo sea coyuntural!

Café Concert 27 de abril

Vista del Salón que sirvió de sede temporal al Café Concert

Así, en el ambiente histórico de ese salón, con un necesario retraso en espera de los fieles que burlaron las travesuras de la lluvia y con las notas de la pieza musical Himnos, del anfitrión de la Peña; comenzó el Café Concert del 27 de abril de 2012, dedicado en esta ocasión, al Aniversario 50 de la Fundación del Instituto Cubano del Arte yla Industria Cinematográfica (ICAIC).

En este sentido, momentos especiales fueron los dedicados a reseñar parte de la historia de la televisión y el cine en Santiago de Cuba, a través de la experiencia de hombres como Isauro Salas, destacado diseñador de esta ciudad, y de lo técnicos “Murgado” e Ismael (como todos los conocen). El primero de ellos dio a conocer cómo se trabajaban los dibujos animados en los inicios de la televisión en esta ciudad, con una cámara Cine-Kodak de fabricación canadiense (de 1938), muy similar a una de las que, gracias al Museo de la Imagen, pudo se apreciada por los presentes.

Cámara Cine Kodac 1938

Cámara Cine Kodac 1938

Por su parte, Murgado e Ismael, con más de cuarenta años de trabajo en el ICAIC (motivo por el cual fueron reconocidos durante la Peña por la Dirección Provincialde Cine), narraron las peripecias vividas para mantener en activo proyectores de 16 mmcon los cuales se llevó el cine hasta los más intrincado rincones de la serranía santiaguera. Uno de estos proyectores al cual, “cariñosamente”, apodan Frankenstein, fue el mejor testigo de la labor de estos hombres, al demostrar, ya al final de la Peña, su buen estado de conservación con la proyección de un fragmento de 15 minutos del Noticiero ICAIC Latioamericano del 2 de diciembre de 1976, de la autoría del destacado documentalista y cineasta Santiago Álvarez.

En esta ocasión, sin embargo, se extrañó la presencia del narrador oral santiaguero José Antonio Tejera, quien de seguro cuenta en su arsenal de crónicas, alguna relacionada con el séptimo arte, o el desarrollo de la televisión en esta ciudad.

En su lugar, el espacio dedicado al rescate de historias y tradiciones santiagueras fue ocupado magistralmente por Miguel Ronald Moncada López (Miguelito Moncada), “un verdadero santiaguero”, como le denomina Aquiles, quien hizo un recorrido por la historiografía de los cementerios de esta ciudad, apoyado por la proyección de imágenes de gran valor histórico.

Asimismo, de historia se conversó con Amauri Hechavarría, miembro de la Junta Nacionalde la Sociedad Cultural José Martí, invitado a nuestra ciudad por su homóloga provincial; quien comentó de la necesidad de rescatarla Ruta Martiana, desde su llegada a Playitas de Cajobabo, el 11 de abril de 1895, hasta el descanso eterno de sus restos en el Mausoleo del Cementerio Santa Ifigenia, en 1951.

En el orden musical, la tarde deparó excelentes actuaciones. Primero disfrutamos nuevamente de la joven cantante Giselle Lage, quien tan buena impresión causara en su anterior presentación en esta Peña, y que en esta ocasión vino acompañada a la guitarra por el joven trovador santiaguero Fernando Guerrero (recientemente ganador del concurso provincial de guitarra popular, celebrado en el marco del evento Cubadisco 2012) e interpretó los temas La gloria eres tú, de José Antonio Méndez, y Cómo fue, de Ernesto Duarte.

Giselle Lage  y Fernando Guerrero

Giselle Lage y el ganador del concurso provincial de guitarra popular (Cubadisco 2012), Fernando Guerrero

A continuación actuó el quinteto vocal Adalias quienes interpretaron En nosotros, de la autoría de Tania Castellanos, y una hermosa versión de Alfonsina y el mar, con texto de Felix Luna; acompañadas en esta ocasión por el laúd de la también muy joven Milagros (Milagrito) Albear.

No sé en qué instante la lluvia cesó, acaso rendida ante la perseverancia de los que se empeñan en hacer. O quizás porque todo cuanto aconteció en ese singular escenario de la segunda planta del Ayuntamiento de la ciudad, captó por completo nuestra atención y borró, momentáneamente, el resto de la ciudad.

Mis felicitaciones para Aquiles Jorge y sus invitados que lograron imponerse a las adversidades y nos regalaron una hermosa e inolvidable tarde.

Desempolvando muertes y cementerio

Hay un dicho popular que reza que el cubano es el único pueblo que ríe de sus propias desgracias. No sé, por razones obvias, si la afirmación se trata de una mera exageración, hija de un chovinismo criollo (permitido por demás), o si, en efecto, somos los “afortunados” propietarios de tan curiosa cualidad para algunos quizás reprobable, pero, inobjetablemente, fuente de no pocas soluciones que impulsan el diario de cada cubano.

Quizás por esta razón, no resultó sorprendente el que se dedicara un espacio cultural como la séptima edición de “Desempolvando” al tema de la muerte, el cementerio y las costumbres y tradiciones mortuorias en esta ciudad. Un tema que, como tempranamente advirtiera Pini, director artístico y conductor del espacio, no representa necesariamente para el santiaguero (me atrevería decir, el cubano) tristeza o calamidad pues, ¿no es acaso en las funerarias donde suelen contarse los mejores chistes? La propia tradición nacida con el devenir de los procesos funerarios, con su comparsa de personajes y anécdotas, llenan nuestra historia de simpáticos acontecimientos que giran alrededor de un difunto; de ellos también se habló y actuó en esta nueva cita en el patio del Archivo Histórico Provincial.

Invitados de lujo nos deparó la tarde: desde la sobrecogedora danza del bailarín Yanosky Sánchez, capaz de atraer sobre la ciudad, al menos en ese cuadrado de cielo que enmarcan las paredes del Archivo…, nubes grises y vientos de un aliento extrañamente fríos para las tardes de verano que por estos días se viven en la ciudad (tendré que convencerme de cierto misticismo que ronda estos encuentros de viernes, en los que se “juega” y domina al clima al antojo de la temática tratada, dejando sobre los asistentes, en esta oportunidad, una atmósfera plomiza, de constante amenaza de lluvia que, por suerte no hizo presencia); el canto a Oyá, danzado por una bailarina del emblemático Conjunto Folclórico Kutumba; hasta las actuaciones de integrantes del grupo de teatro Macubá, quienes con su representación de fragmentos de Francisca y la Muerte y una versión muy cubana de Las plañideras, hicieron las delicias de los presentes.

En medio de estas pinceladas artísticas, no faltó el abordaje histórico del tema central de la jornada: la muerte y los cementerios en Santiago de Cuba. En esta ocasión, de las manos del verbo animado de las Máster Martha Hernández y Beatriz Morales, especialistas del Cementerio Santa Ifigenia, recorrimos las artes funerarias de esta ciudad desde su prehistoria de enterramientos aborígenes, los entierros coloniales en las iglesias, hasta las intermitencias de cementerio de la ciudad hasta su actual enclave y nombre.

Santa Efigenia

Asistimos también al redescubrimiento de detalles como el origen etíope del nombre Santa Efigenia (Ifigenia), el mismo que ostentara el primer camposanto santiaguero que, por estar ubicado cerca de los terrenos de la ermita de Santa Ana, ha pasado a la memoria popular con éste último nombre y no por el que realmente le corresponde; mientras que, misterios y avatares de la historia, el actual cementerio Santa Ifigenia fue nombrado durante mucho tiempo en toda la documentación “oficial” como: Cementerio General, resultado (hipótesis de las especialistas) de los desencuentros que la construcción de la necrópolis trajo entre la iglesia y el poder civil de la provincia, hasta ser “renombrado” en 1917 por el entonces alcalde de la ciudad, Camacho Padró, quien asegura en sus memorias: “le puse nombre al cementerio”.

La etapa republicana trajo nuevos matices al arte funerario en esta ciudad. La aparición de personajes como los “buquenques” y los encargados de las despedidas de duelo, pusieron no pocas notas simpáticas al acto luctuoso. Los primeros eran personajes de las distintas “casas funerarias” que “rondaban” a los enfermos para, una vez fallecidos, ofrecer a los dolientes los servicios funerarios que ellos representaban. Tal llegaba a ser el asedio de estos personajes que en una ocasión protagonizaron un escándalo por lograr brindar los servicios a la familia de un acaudalado campesino que había fallecido, evento que el Diario de Cuba recogió en un artículo de sentencioso titular: “Las tiñosas de Santiago de Cuba”.

Por su parte, las despedidas de duelo gestaron curiosos personajes. Más allá de grandes oradores como Emilio Bacardí o el Licenciado Bravo Correoso, autores de encendidos discursos no pocas veces elogiados por sus contemporáneos, como el periodista Carlos E. Forment en sus Crónicas de Santiago de Cuba; otros se dedicaron a brindar en alquiler sus dotes oratorias para despedir cuanto duelo fuera posible. Se recuerda el caso de uno de estos personajes al que apodaron “el sinsonte” quien, aún sin conocer al occiso, era capaz de hilvanar un brillante discurso durante 20 minutos sobre la vida y obra del difunto.

Y ya que mencionamos una vez más (cómo no hacerlo) a la figura de Don Emilio Bacardí, emocionante fue el conocer un curioso hecho acontecido durante las honras fúnebres del primer alcalde de la ciudad.

Cuenta la especialista Beatriz Morales que luego del velatorio realizado en la casa de la familia Bacardí-Cape en las afueras de la ciudad, los restos mortales del patriota fueron trasladados hasta el frente del Ayuntamiento donde, en homenaje, se arrió la bandera cubana, acto durante el cual, y para sorpresas de todos, la enseña nacional cayó suavemente sobre el féretro que guardaba a Bacardí, justo hacia el lado donde estaría su rostro, suceso que desde entonces se conoció como “el beso de la bandera”, quizás póstumo agradecimiento al promotor de tan singular espectáculo que cada fin de año reúne a miles de santiagueros frente al Ayuntamiento de la ciudad a celebrarla “Fiesta de la Bandera”.

Siete son ya las ediciones de esta Peña y, comoquiera que se anuncia un merecido descanso en el mes de octubre, valga el momento para agradecerle a sus organizadores por lo hecho hasta ahora, y confiarles el reencuentro el próximo noviembre, momento en el cual, de seguro, volverán a cubrir expectativas y darán muestras de que el espacio se va consolidando como una excelente opción cultural para los santiagueros.

 

 

 

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