Santiago en mí

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A sala llena y público de pie concluyó la XXV edición del Festival Boleros en Santiago.

Otra gala extraordinaria tuvo lugar en la Sala Dolores de esta ciudad, que desde muy temprano en la tarde vio cubierta sus capacidades, y terminó con los pasillos casi copados, de un público que siguió cada presentación de los artistas del patio e invitados; con una fidelidad que augura todavía larga vida al bolero.

Si cayéramos en la trampa de comparar, tendría que decir que la gala de clausura quedó algo por debajo de la inaugural, pero no por ello dejó de reservar momentos muy especiales que, afortunadamente, fueron capaces de borrar algunos deslices que pudieron acabar con el esfuerzo de muchos en tan poco tiempo.

Destacar una vez más la actuación de Coco Freeman, con una voz potente que eriza la piel, y deja con esas ganas de escucharla toda la noche y más, como pidió el público presente; la presencia explosiva de Esperancita Ibis, incombustible y jocosa; la familiaridad de Ernesto Roel, quien canta como en casa rodeados de amigos; y por supuesto, lo que fue durante cada jornada de Festival el plato fuerte, la actuación de Farah María.

Una Farah que fue creciendo cada día, como si calentara motores para regalar, en esta jornada de cierre, un alarde de virtuosismo, sensualidad y energía, agradecido por los presentes con ovaciones y baile, como si el “No te bañes en el Malecón” (no podía faltar), estuviera todavía en el número uno de las listas de éxitos nacionales. Una Farah que se llevó todos los halagos y el amor de un pueblo que parece tenerla en la piel.

Suele decirse de eventos y festivales, que el más reciente es el mejor de todos; y so pena de caer en lo retórico, debo decir que en este caso es así. Por dos años consecutivos he asistido a gran parte de las jornadas de los Festivales de Bolero en Santiago de Cuba, pero este se sintió diferente. No sabría decir qué marcó la diferencia; es algo que está más allá de estadísticas, de salas y patios llenos; lo cierto es que resulta muy agradable ver cómo el género sale airoso en el tiempo, contra ostracismos mediáticos y el empuje de lo banal.

Ojalá Santiago de Cuba, se mantenga como este baluarte para el bolero. Ojalá, y algún día, le devolvamos también esos lugares que, como el Teatro Oriente, marcaron época en las ediciones de este Festival.

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Gala de lujo para un bolero

A veces quisiera poder emitir un criterio profesional sobre el quehacer cultural en Santiago de Cuba; pero mi formación no lo permite, y debo conformarme con esa percepción muy personal de los sucesos que se viven en el ámbito artístico santiaguero. Pero a veces eso basta.

Festival Boleros en Santiago de CubaPor ejemplo, para decir cuánto disfruté de la Gala Inaugural de la XXV edición del Festival Boleros en Santiago, que abarrotó ayer una (en ocasiones demasiado pequeña) Sala Dolores de esta ciudad.

La disfruté, más que todo, por la sencillez, sobriedad y calidad de la misma. Al fin, una Gala rechaza cualquier estridencia y destaca, por sobre todo, la música y la interpretación; con los parlamentos justos y necesarios; sin grandes rimbombancias que alerten bostezos en los presentes.

Con la presencia de Mirtha Arencibia y Eddy Álvarez, dos de los boleristas a los que se dedica esta edición del Festival; y de Lázaro Expósito, Primer Secretario del Partido en Santiago de Cuba, la Gala tuvo un excelente equilibrio entre artistas del patio y nacionales (si contamos entre éstos a los que, aún de estas tierras, han desarrollado su trabajo en la capital del país: dígase Coco Freeman, Ernesto Roel y Ángel Bonne).

Interpretaciones de lujo, desde el mismo inicio espectacular de Eva Griñán (emocionando a todos, al desdeñar el micrófono para mostrar el poderío de su voz) hasta la esperada presentación de Farah María (que todavía mueve comentarios y halagos entre el público); pasando por la presencia del Orfeón Santiago y su mano a mano con varios de los invitados, Joel Leyva, Marilys González; la presencia constante de César Portillo de la Luz y un final con todos los aristas en escena y el público cantando a coro “Quiéreme mucho”.

Música, voz, alma, complicidad, una noche de bolero como no recordaba (ni tampoco mi novia, ella sí en el mundo musical) en Santiago de Cuba; que siguió hasta poco antes de la medianoche, en las descargas bolerísticas en el patio de la UNEAC santiaguera. Pero de ellas, tal vez haya tiempo para hablar en otra oportunidad.

Festival de Bolero en los barrios

Festival Boleros en Santiago de CubaComenzó la XXV Edición de Boleros en Santiago (me pregunto todavía si no se trata de otro eufemismo antinostálgico por los Boleros de Oro, que marcaron hitos en el hoy —aún— marchito Teatro Oriente).

Este año, como nunca, tuve la oportunidad de convertirme casi en protagonista de la jornada inicial. Más allá de la habitual complicidad que significa participar en las galas programadas; viví de cerca, junto a parte de los músicos que conformarán el talento artístico de las jornadas por venir, los trajines y sacrificios que estos amantes del bolero hacen por defender, contra viento, marea y reguetton, este género cubano desde sus raíces.

Dedicado en esta edición a Mirtha Arencibia, Minín Flores, Ana Potrié y Eddy Álvarez; la primera jornada de este Festival se celebró, precisamente, en los barrios donde viven estos boleristas.

Hasta sitios tan lejanos como el distrito José Martí, o el Centro Urbano Abel Santamaría (El salao) llegó el bolero y los artistas.

Y entonces emocionaba ver a esos cantantes de sesenta o más, sufriendo los resabios de una guagua que daba más patadas que un caballo cerrero, algunos sin haber probado un bocado, dependiendo del buffet que pronosticaba cada barrio.

Pero allí estaban, lozanos, moviéndose al ritmo de una conga que los recibía a la llegada a uno de las cuadras de Veguita de Galo; cantando frente a un numeroso público de todas las edades y razas, que los recibía con aplausos; algunos, con los ojos asombrados llenos de este género que no les resulta (paradójicamente) conocido.

Hasta allí, al el barrio de Mirtha Arencibia, llegaron consagrados como Nancy Maura, Zulema Iglesias, Eva Griñán, Gabino Jardinez y el Trío Melodías de Oro; y otros jóvenes talentos como Giselle Lage. Pero la gran sensación resultaba la actuación de Farah María, una de las glorias de la cancionística cubana. De vecino a vecino flotaba la pregunta ¿dónde está Farah?, y la presencia de la reconocida artista seguro fue un gran regalo para los que hasta altas horas de la noche, compartieron del bolero.

Yo fui menos osado, no esperé el final de la jornada; pero me fui convencido de la calidad humana y profesional de los artistas santiagueros, de los amantes del bolero. Estoy seguro que, con defensores como estos, el Festival Boleros en Santiago todavía tendrá muchas ediciones más.

De izquierda a derecha: Nancy Maura, Farah María, Esperancita Ibis y Rodulfo Vaillán, durante la inauguración del Festival de Boleros

De izquierda a derecha: Nancy Maura, Farah María, Esperancita Ibis y Rodulfo Vaillán, durante la inauguración del Festival de Boleros

Hoy será la Gala de Inauguración, en la hermosa Sala Dolores, y se anuncia un elenco de lujo que encabeza el Orfeón Santiago, Farah María, Coco Freeman y Ángel Bonne, entre otros consagrados del patio. Más tarde, en el patio “La jutía conga”, de la UNEAC, todo quedará en la complicidad de la música y los tragos (demasiados tragos diría yo), con las habituales descargas de bolero.

Santiago es bolero. Y eso siempre se agradece.

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