Santiago en mí

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Lecciones del San Valentín en Santiago de Cuba

Son impresiones que me llevé luego de caminar algunas calles de la ciudad ayer 14 de febrero, día del amor:

1. Muchas mujeres reciben rosas sólo el 14 de febrero: había que ver el tumulto de personas impacientes por comprar una rosa (o un ramo) en sitios donde el resto de la semana (del mes, del año) apenas se adivina un comprador esporádico.

2. Muchas parejas solo comen en restaurante el 14 de febrero (y en paladares y en cafeterías y en la calle en general…). Me pregunto si después de soportar una inmensa cola, parado frente aun restaurante que no se vacía, tendrían humor para seguir el festejo.

3. Los teatros se llenan el 14 de febrero; aunque la obra (de una calidad aceptable) no versara sobre el amor; y aunque el resto de la semana (el mes, el año) no nos hubiera sido difícil sentarnos en las lunetas y no en una de las escaleras laterales.

4. La vida cultural de la ciudad se hace evidente para muchos, solo el 14 de febrero: Enramadas parecía mediodía aún a las doce de la noche, aunque las tiendas no estuvieran abiertas. Otros días, los pasos llevan a mucho lejos de los teatros, las peñas y otras ofertas donde “la moda”•brinde un respiro…

5. Las personas guardan en sí unas ganas enormes de decir
“Felicidades”. Si no andamos a la viva, no sabemos si nos felicitan por el cumpleaños, el San Valentín, o el año nuevo (en pleno febrero)

Pero, eso sí, mucha risa, mucha felicidad, una ciudad viva, como siempre me gustaría verla.

Matamoroson ¿en sordina?

Gala inaugural del Matamoroson

Ya comenzó en Santiago de Cuba el ¿festival? Matamoroson. La apertura oficial tuvo lugar en gala celebrada el pasado miércoles en la Sala Principal del Complejo Cultural Heredia, con la presencia de parte del talento artístico que durante casi una semana amenizarán algunos espacios de la ciudad.

Como era de esperar, el evento ha tenido gran repercusión en los medios de prensa y sitios digitales. La presencia en esta urbe de algunas de las principales orquestas del país, la celebración de eventos teóricos y otras actividades colaterales se convierte en caldo de cultivo ideal para el reportaje y la crónica cultural; mientras frases como “Fiesta del son”, “Santiago de Cuba al ritmo del son” acapararán titulares

Sin embargo, algo no anda bien con este ¿encuentro? de soneros.

Con un programa que promete música en vivo desde horas tempranas de la mañana hasta bien pasada la media noche, era de esperar que el ambiente citadino quedara marcado por el sonido de cuerdas y trombones, de piano y tumbadoras; que cada rincón de la urbe se estrenara como escenario para el disfrute de sextetos, orquesta y bailadores. Mas no ha sido así.

Contrario a como sucede con otros eventos de similares aspiraciones, dígase Festival del Caribe y Encuentro de Trovadores; el Matamoroson ha optado por circunscribirse a dos escenarios principales que tienen como epicentro las áreas del Teatro Heredia; mientras ha obviado (al menos en lo que se ha promocionado) espacios en la ciudad como los parques y plazas.

De ahí que cuando ya los primeros acordes sonaban en el Heredia, o en el parqueo de la Ciudad Deportiva “Guillermón Moncada”, el resto de la urbe estaba sumida en un total silencio y quizás no pocos olvidaron que apenas a unos kilómetros se “soneaba” y se bailaba.

Llega a tal grado el ostracismo de lo que debió ser un evento popular, que el tan rimbombante Salón del Son, en la calle Enramadas, no mostraba en cartelera a ninguno de los artistas implicados en el ¿festival?, mientras desde su interior hacia ecos un estruendoso mutismo. Aunque es de esperar que esto cambie con el pasar de los días y se una, junto a la Casa de la Trova y la Casa de la Música de EGREM, a la vorágine sonera.

Pocas horas antes Adalberto Álvarez, presidente del Matamoroson, había expresado que “El son se defiende creando espacios para que la gente baile”; entonces resulta paradójico que tantos de esos “espacios” se hayan desaprovechado en una ciudad tan musical como Santiago de Cuba.

Un músico amigo daba sus justificaciones: “es que ya ninguna de las orquestas quiere tocar en lugares abiertos, pues el público se pone muy ‘malcriado’”, decía; mientras también especulábamos sobre la pertinencia o no de estas fechas para un evento de ese tipo: justo al finalizar el período vacacional y en los primeros días del inicio de las actividades laborales.

Ese amigo, integrante de un sexteto participante en el Festival, compartía con nosotros luego de esperar infructuosamente que llegara algún público a la Casa de los dos Abuelos, espacio de Artex en las cercanías de la Plaza de Marte.

Es posible que cuando el próximo domingo quede clausurada esta nueva edición del Matamoroson, la prensa nacional se haga eco del “éxito” del evento, de la presentación de un sinnúmero de orquestas y agrupaciones, del público bailador que colmó espacios.

Y ojalá sea así, por el bien del encuentro y del género. Pero hasta el momento el Festival suena en sordina.

Santiago y su monumentalidad: La iglesia de Nuestra Señora del Carmen

Interior de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen
Interior de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen. Foto: Cuba y su historia

Como en casi todas las ciudades coloniales fundadas por España en América, las marcas del crecimiento, o expansión, de Santiago de Cuba parecen registradas por el surgimiento de los templos católicos y las plazas que –salvo muy raras excepciones- les acompañaron.

Hablar de esas iglesias, en sus variadas muestras arquitectónicas, y de los parques o plazas –grandes, medianos o pequeños- que les fueron propios, puede ser un modo de seguir no sólo la puntual evolución monumental de esas preciadas reliquias de nuestra añeja urbe y de las cuotas que, como entidades activas, pudieron haber aportado a la moralidad y el desarrollo espiritual de sus respectivas comarcas, sino, también, una manera concreta de referir los cambios fisonómicos de este ámbito citadino caribeño, que ya frisa el medio milenio de existencia…

Resulta, pues, conjugación casi simétrica la expansión de la ciudad hacia los cuatro puntos cardinales, y la construcción de esas iglesias con sus parquecitos aledaños, como sellos constitutivos de las nuevas barriadas.

Así, en efecto, surgieron las iglesias de Santo Tomás Apóstol, de Nuestra Señora de los Dolores ¿?, de Santa Lucía (todas en el primer cuarto del siglo XVIII), de la Santísima Trinidad, de San Francisco y De los Desamparados, en la centuria siguiente.

Marcando, quizás, la primera expansión hacia el norte de la población, surgió una de las primeras edificaciones religiosas santiaguera: la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, sita sobre la acera oriental de lo que más tarde fue la calle de Santo Tomás, justo en la esquina del callejón al cual da nombre, a menos de 100 metros de la populosa arteria de las Enramadas (hoy José Antonio Saco).

Edificio sobrio, de estilo neoclásico, es una nave rectangular de unas 20 varas de ancho por 50 o 60 de largo, y cuya fachada –oculta como está su pequeña torre-campanario- solo muestra relevantes su imponente portón de madera preciosa, con sencillo pero bello trabajo ebanista de calado y botonería, y la orgullosa tarja que da fe de que, en su interior, yacen los restos mortales de quien fuera el primer gran intérprete y compositor de música culta de Cuba:  el presbítero habanero Esteban Salas Montes de Oca (1725-1803), maestro de música de la catedral de Santiago de Cuba durante los últimos 39 años de su vida.

El alargado y alto muro del costado izquierdo del templo es lo único, junto con el frente de la iglesia, que da vista pública del inmueble. Justo es, tal vez, el punto más interesante de la construcción, donde  se aprecian los ventanales antiguos, y aún conservados, con sus barrotes torneados de madera, así como también –muchas veces expuestos por pérdidas del revestido- los componentes del paredón; es decir: puntos en que se revelan los grandes cantos, algunos como sillarejos, y lo que pudiera ser sistema de verdugada, en algún que otro punto de dicha pared.

No son indicios de poca monta; al contrario, son evidencias de muy antiguos procederes constructivos, los cuales tienden a desmentir a quienes fechan la erección de esta iglesia hacia los años 1760-1762, y dan razón a Carlos Bottino y otros estudiosos de los orígenes de la ciudad, que datan la construcción del templo hacia el último tercio del siglo XVII; a los que asistiría, además, la fundada sospecha del profesor catalán Francisco Prat Puig, el más grande amante de nuestra ciudad y el más importante estudioso de su arquitectura colonial de Santiago de Cuba –por no decir de Cuba-, quien confesó a este autor su creencia de que era muy posible que esta iglesia, reliquia de mi ciudad, se hubiera levantado mucho antes de lo que muchos autores suponían…

LA DEL CARMEN, TAMBIÉN TUVO SU PARQUECITO

A un costado de la iglesia, callejón del Carmen por medio, aledaño a la casa que fuera de la familia Cisneros-Correa (hoy tienda “El Dragón), se alzó, cual la costumbre española mandaba, el parquecito homónimo: una pieza de casi 20 metros de ancho por casi 40 de largo, en el que creció una inmensa Ceiba, cuyas ramas han dado fronda a muchas generaciones de concurrentes.

Hace décadas, el parquecito –que físicamente aún está- no existe como tal, pues su mayor espacio forma actualmente el patio de juegos de los niños del círculo infantil Danilo Lozada, de la ciudad; de modo que de aquella placita son indicativos en el presente, la escalera de acceso, por Santo Tomás, y un muy bien esculpido busto del general de división de Ejército Libertador Rafael Portuondo Tamayo.

Tomado de Cuba y su historia

Los defectos de “la joya”

Iris Jazz Club. Foto: Miguel Noa Menéndez

Iris Jazz Club. Foto: Miguel Noa Menéndez

Como una “joya en Plaza de Marte” definió el periodista santiaguero Miguel Angel Gainza Chacón al todavía novedoso Iris Jazz Club.

A lo largo de un extenso artículo publicado también el pasado sábado en la edición impresa del semanario Sierra Maestra, Gainza nos adentra en los espacios aun desconocidos de una edificación que desde su propia gestación ha sido y es noticia en Santiago de Cuba.

Enclavado en el céntrico escenario de la Plaza de Marte, escoltado por dos de las arterias más emblemáticas de la ciudad (Enramadas y Aguilera), el ya popular Iris Jazz Club devino una solución extraordinaria a un local que durante años ha sido remodelado una y otra vez, sin escapar de las garras de la desidia y el mal gusto.

Perfectamente acoplado al entorno, el Iris Jazz Club es algo de lo que ciertamente podremos llegar a enorgullecernos los santiagueros; no solo porque la calidad del diseño, de la ornamentación, el buen gusto mostrado en los acabados han revitalizado una de las fachadas más céntricas de la ciudad; sino por lo que para Santiago pudiera significar en materia cultural un espacio como este, donde la “vida bohemia” debe hallar su refugio.

Sin embargo, ni el mejor de los esfuerzos puede escapar a la chapucería que a veces nos aturde en el diario.

El pasado sábado, mientras velaba por un soplo de brisa en la calurosa noche santiaguera, sentado en uno de los bancos de la Plaza de Marte (justo de los que quedan frente al Club), pensaba en cómo el esfuerzo de muchos puede verse empañado por (quizás) un simple descuido.

Esa noche muchos transeúntes detuvieron sus pasos a la entrada del Iris Jazz Club, sorprendidos de verlo en funcionamiento; toda vez que (según entiendo y parece demostrar el texto de Gainza aparecido esa misma tarde en la prensa) aún no ha sido inaugurado “oficialmente”, con todo el “bombo y platillo” que se venía anunciando a vox populi en un rumor que incluía la presencia en su escenario del multipremiado Chucho Valdés.

A pesar de esto, varias parejas, luego de una pausa que a la distancia se me antojó curiosa, decidieron convertirse en los primeros clientes de la instalación, mientras en el bar Emiliano (uno de los espacios de anexos a la sala principal del Club) no pocos ya disfrutaban de sus ofertas.

Pero lo que llamó mi atención y me decepcionó fue la forma tan ridícula y chapucera de dar a conocer a los potenciales clientes del local, la programación dispuesta para la noche.

Todo el esplendor, la sobriedad de los diseños, las luces, las obras escultóricas, todo lo que dota de originalidad y belleza al Iris Jazz Club, se vio opacado por tres burdos trozos de papeles en los cuales se había impreso el nombre del grupo invitado de la noche y el precio de las entradas, y había sido pegados con precinta a uno de los cristales desde el interior del local.

¡No una cartelera diseñada por alguno de los propios artistas plásticos que dejaron su huella en la construcción!; sino tres simples trozos de papel impreso fue la solución encontrada para dar promoción al programa nocturno. ¡Vergonzoso!

Desde la distancia no salía de mi asombro. ¿Cómo pudo escapar ese detalle?, ¿será que sólo se trataba de un “ensayo” pre-inaugural? Y si así fuera, ¿adónde quedó la sensibilidad artística de los creadores de la instalación?

Ojalá esta primera impresión sea rápidamente borrada. Aún no sé cuándo podré percibir por mis propias experiencias, la verdadera connotación de este sitio para el público santiaguero; por ahora, los 60 pesos por pareja que cuesta el acceso al salón principal es un desembolso que no puedo permitirme sin pensarlo dos (y hasta tres) veces; quizás por aquello que representa destinar a pagar solo una entrada (sin consumo mínimo garantizado) alrededor del 12% de mi salario mensual.

Quizás pronto algunos amigos me cuenten de sus visitas al Club, de la profesionalidad de su servicio, de la calidad de su oferta artística…Tal vez entonces otras dudas se aclaren en mi mente, como: si el consumo en el Bar Emiliano y la Cafetería Jazznamá será en moneda nacional (pesos cubanos, pues la otra también es nacional…al menos eso dicen), y hasta cuánto podría ascender el precio de entrada según el talento artístico de turno….

Sí, una joya le ha nacido al panorama cultural santiaguero…pero una joya que todavía tiene sus imperfecciones.

Las calles de Santiago de Cuba (I)

Calle Las Enramadas, la más famosa de Santiago de Cuba

La Antigua villa de Cuba, hoy Santiago de Cuba, según carta de Diego Velázquez dirigida al Rey de las Españas, fue fundada hacia el verano de 1515, en un sitio localizado al oeste de su hermosa bahía, exacto en las márgenes de uno de los ríos donde habitaban los aborígenes de esta región de leyendas. Pero, las malas condiciones geográficas del lugar hicieron que buscaran otro emplazamiento que es el actual, donde se levantaron la casa de gobierno, la fundición de oro y la primera iglesia.

En ese espacio se marcaron dos ejes que señalaban las direcciones norte-sur y este-oeste. Sus límites estaban, en el primer caso, en la iglesia de Santo Tomás, y en el segundo, en la de Santa Lucía. El otro eje estaría marcado por la iglesia de Santa Ana, que posteriormente tomaría el de Nuestra Señora de los Dolores, hasta el puerto situado en su hermosa bahía. A partir de esos lugares comenzaría la urbanización de aquella antigua villa de Cuba.  Por cierto, esas calles, más viejas callejas, se tornaban horribles según las estaciones del año: fangosas durante las lluvias copiosas que solían caer en la época estival;  polvorientas a más no poder durante la seca.

El Gobernador español Carlos de Vargas Machuca (1854-1860) fue quien comenzó  los primeros arreglos de las intransitables calles del centro histórico de la añeja ciudad. Así, muy pronto construye sus primeras aceras, y lo interesante radicó en la toma de los ejes iniciales como punto de partida para su reorganización, sobre los que se fue expandiendo la trama urbana.

Foto antigua de la calle Las Enramadas de Santiago de Cuba

Por eso, la calle de Santo Tomás marcó el eje norte-sur y la de las Enramaderas o Enramadas señaló el este-oeste. A partir de entonces se dividieron, ellas y el resto de las vías paralelas, según fuera el caso, en altas y bajas; así, una vivienda situada en dirección a la bahía sería nombrada Enramadas baja cuando pasaba de Santo Tomás; si estaba situaba antes, tendría la dirección de Enramadas alta pues la ciudad ascendía en dirección a la actual Plaza de Marte.

Sin embargo, habría que esperar hasta 1881, que fue cuando se colocaron las primeras tarjas de bronce con los nombres de las calles en las esquinas, y se enumeraron las casas, reservándose los números pares para las aceras derechas y los impares para la zona izquierda.  Por cierto, los primeros nombres de esas vías fueron puestos por los santiagueros, y para ello tomaron en cuenta diversos acontecimientos locales, de personas con cierta connotación  a los que se unieron nombres sacados del santoral católico. Años después, en tiempos de la República mediatizada, se les pusieron nombres de patriotas o personalidades, así como de diversos hechos históricos.

Sería a finales del siglo XIX, en 1899, y a principios del XX, cuando Don Emilio Bacardí, primer alcalde electo por votación popular, comenzaría a empedrar nuestras calles, y fue la de Enramadas la primera en recibir tales beneficios, a la que siguieron la de Estrada Palma o Santo Tomás, Corona y parte de la Marina, actualmente Francisco Vicente Aguilera.

Actualmente no existe la división de las calles en altas y bajas, sistema que resultó inoperante para una localidad moderna como Santiago de Cuba, aunque es latente un serio dilema con sus nombres, ya que algunas tienen hasta cinco diferentes, muestra evidente de su desarrollo histórico, como es el caso de la avenida Jesús Menéndez1, que al menos tiene cinco, aunque popularmente para los santiagueros siga siendo La Alameda2, que es realmente un paseo situado en su extremo sur.

Notas

1Jesús Menéndez, ave. En la cuenca y ciudad de Santiago de Cuba. Origen en ave. 24 de Febrero, en los 20º00’57” lat. N y  75º50’15” long. O, mun. Santiago de Cuba, SC y destino en el paseo de Martí, en los 20º01’56” lat. N y 75º50’01” long. O, mun. Santiago de Cuba, SC. Longitud: 2,0 km. Ancho vial: 1,9 m. Con 2 sendas, pavimentada en buen estado. Tuvo varios nombres: calle Cristina, Lambton Lorraine, paseo de La Alameda y Alameda Germán Michaelsen. Se le nombra La Alameda. Es un urbanónimo  hispano proveniente del nombre de Jesús Menéndez, líder de los trabajadores azucarero asesinado en 1948.

2Germán Michaelsen, paseo de la alameda. Lugar de interés social en la cuenca y ciudad de Santiago de Cuba, en los 20°01’09” lat. N y los 75°50’08” long. O, a 5,0 m de altitud, mun. Santiago de Cuba, SC. Su nombre antiguo era Alameda de Téllez. Es un urbanónimo hispano procedente del nombre de Germán Michaelsen, presidente de la Cámara de Comercio, cónsul alemán y benefactor de la ciudad. IMPORTANCIA HISTÓRICA: fue construida en los mediados del siglo XIX y reconstruida en 1893.

Tomado de Radio Mambí

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