Santiago en mí

Archivo para la etiqueta “Feria del Libro”

Post Feria

Nunca pensé decirlo con tantas ganas: ¡al fin se terminó la Feria del Libro! Habla, por supuesto, al agotamiento físico de casi una semana de trabajo, en uno de los stands de las editoriales presentes en la edición santiaguera; en este caso, Ediciones Caserón, del Comité Provincial de la UNEAC, en Santiago de Cuba.

Mañanas y tardes, rodeado de calor, de cientos de personas, de música y algarabía por todos lados. A nuestra derecha, el Tesoro de Papel, área destinada a los niños, con sus canciones, presentaciones, gritos y aplausos. Atrás, el Fondo de Bienes Culturales y alguien que debe haber perdido los pulmones, de tanto soplar un pitico, que luego se repetía en el aliento de los más pequeños. Por todos lados gente, mucha gente, en busca del título esperado o, simplemente, “mirando”.

Realmente agotador.

Pero la experiencia no deja de ser positiva. Por primera vez me vi involucrado en la Feria desde el “otro lado”, el de los organizadores. Como todo, eso trajo sus beneficios y sus dificultades.

El mayor beneficio, sin dudas, el poseer una credencial que me permitió acceder a La Gran Librería (alguna vez definí este nombre como un eufemismo; mantengo la opinión) sin los desesperos de una cola, y cuantas veces quise. Así pude llevar el pulso de las novedades en los anaqueles; ora porque los descubría yo, ora porque alguien se me mostraba con un título entre las manos, que un día antes no estaba en exhibición. Debo decirlo, en esta ocasión compré los libros que quería comprar, y algo más.

No obstante, no escapé a esos “fantasmas del pasado”, disfrazados ahora en las insatisfacciones de otros, que ayer, fueron también las mías.

Reto a la Soledad, de los más buscados pero…Desde el primer día, apenas comenzada la venta, alguien inquiría por Reto a la soledad, ese best seller autobiográfico del Héroe de la República, coronel Orlando Cardoso Villavicencio. Había, misteriosamente, desaparecido de los estantes para, según le entendí al hombre, una supuesta presentación del mismo, aun cuando días antes se había afirmado que el autor no podría acompañarnos en la Feria.

La tercera reedición de Reto a la Soledad estuvo entre los más buscados, pero…No supe qué responder a este señor de rostro serio. Ni a muchos otros que días después se acercaron tras la huella del mismo título. De cierta forma me sentí culpable de haber podido comprar, a unas pocas horas de la apertura oficial de La Gran Librería, uno de los ejemplares que permanecían en los anaqueles. ¿Qué sucedió?, ¿a dónde fueron a parar los otros ejemplares?, ¿cuántos eran?, ¿cuántas otras personas habrán podido comprarlo en la sede del Teatro Heredia? No tengo ninguna de estas respuestas.

Junto a la historia del suplicio en cárceles somalíes del joven Villavicencio, resultaron los diccionarios (sobre todo el Básico Escolar) y los libros de cocina, los más solicitados por el público. Hablo, claro, sin más estadísticas que las decenas de personas que, día tras día, se acercaban a nuestro bien ubicado stand para preguntarnos si lo vendíamos. El gesto se volvió automático, la indicación un slogan: «Vaya a La Gran Librería, o suba a donde está la Editorial Oriente, que allí puede encontrarlos». Al menos durante los primeros días.

Precisamente ese contacto con el público fue la mejor experiencia. Ya fueran lectores formados, potenciales lectores en busca del libro que los cautivara, o, simplemente, esos que andan por la Feria con ojos de pescado y un signo de escepticismo dibujado en el rostro; el poder sugerir un título, brindar una solución o sostener una breve charla sobre cualquier tema, satisfizo con creces esa vena extrovertida que mi madre puso a latir muy dentro mí.

Nada como ver agotarse un título tras otro, movido por la sugerencia oportuna; incluso, podría decir, por el riego y hasta la irreverencia; como a esa pareja a la cual le propuse un libro de cuentos eróticos «para cuando el niño esté concentrado leyendo los libros que le compraron, ustedes puedan leer esto juntos». El hombre, ni corto ni perezoso y con una sonrisa cómplice en los labios, llevó la mano al bolsillo y adquirió el último ejemplar. Con las gracias y la más franca de mi sonrisa, entonces le recomendé «comprarle más libros al niño para garantizar que no “terminara de leer” tan rápido».

Así, más o menos, con aciertos y desaciertos, transcurrió la edición santiaguera de la Feria del Libro. Mucho, mucho más podría contarse de la misma. Pero fue mi primera ocasión desde “el otro lado” y eso me dejó extenuado. Acéptenme entonces este breve vistazo.

Ni tan feo, ni tan equivocado

Ya es cosa común en nuestro país, que los correos electrónicos se conviertan en escenario de encendidas polémicas de todo tipo. De una máquina a otra, a la velocidad de un clic, viajan opiniones, réplicas y contrarréplicas de temas de los que, en muchas ocasiones, apenas si nos hemos enterados, o cuyos orígenes, en el peor de los casos, se pierden en el maremágnum de mensajes hasta ubicarse en límite traicionero del mito.

El caso que provoca estas líneas, afortunadamente, no es de estos últimos.

A mi correo llegó un mensaje con un documento adjunto bajo el nombre de “El santiaguero feo y su respuesta”. Se trata de la transcripción del artículo “El Santiaguero feo”, publicado en el número 51 de la revista Viña Joven, del Centro Cultural y de Animación Misionera San Antonio María Claret, y firmada por el MSc. Rafael Duharte Jiménez; y la réplica que al mismo hace la Casa del Caribe, a modo de Editorial (sic).

El primer artículo tuve la oportunidad de leerlo a pocas semanas de presentado el referido número de Viña Joven, luego de una segunda presentación en la peña “Crónicas de mi ciudad”.La respuesta de la Casa del Caribe, no pude leerla hasta hoy, aun cuando ya me habían comentado de su existencia.

Al MSc. Rafael Duharte lo conozco personalmente, aunque aprendí a admirar su trabajo como historiador y ensayista desde mucho antes, cuando tuve acceso a algunos de sus libros. Sin embargo, al leer “El santiaguero feo” quedé algo decepcionado; no tanto por el contenido, con el cual tengo muchos puntos de coincidencia, sino por la forma y el tono en el que fue escrito, muy lejos (a mi humilde entender) de la sobriedad de sus otros ensayos. En otras palabras, percibí “El santiaguero feo”, como una catarsis del autor, ante la imagen de una ciudad que le duele (como también me duele a mí y a muchos otros que conozco).

Ahora bien, una cosa es la catarsis diaria, el golpe en el pecho que da ver la ciudad convertida, por algunos, en urinario público; la dejadez, la apatía que se nota en algunas instituciones culturales; ante “el pesimismo” y la “baja autoestima”; una cosa es (repito) esa catarsis personal y otra la responsabilidad adquirida al llamar la atención sobre esos males en un medio público. En estos casos queda por sentado el derecho a la réplica.

En esta ocasión (hasta donde sé) viene de la Casa del Caribe, aunque no sé dónde salió publicado, o si se publicó.

Como me sucede con el artículo de Duharte, con la réplica comparto criterios y otros no. Quiero detenerme en un fragmento del texto de la institución santiaguera, donde expresa:

Cuando nos acercamos al concepto de crisis que alude a rupturas radicales de la vida normal de un individuo, grupo o institución, no es aplicable respecto a la cultura santiaguera y mucho menos considerarlo como un panorama en el que predominan las sombras. [la negrita es mía].

Con esta afirmación asume la posición totalmente opuesta a la planteada por Duharte cuando expresó:

¿Existe alguna crisis en la cultura santiaguera? Un somero análisis de la creación local en los últimos años en materias como cine, literatura, música, artes plásticas o danza —salvo las excepciones de rigor— muestra un panorama en el que predominan las sombras.

Luego, en esta confrontación de criterios, ¿quién tiene la razón?, ¿a qué conclusión pueden llegar quienes lean, en sus bandejas de entradas, ambos razonamientos? La respuesta a esta pregunta estará ineludiblemente ligada a la experiencia personal de cada quien; de ahí que, cada bando tendrá sus seguidores acérrimos.

En estas líneas quiero dejar asentada mi perspectiva, al menos, en cuanto al aspecto citado se refiere:

El Editorial de la Casa del Caribe se extiende en ejemplos con los que intenta demostrar que, en efecto, la cultura santiaguera no está en crisis. Hago notar, empero, que si bien es imposible negar la existencia de tales eventos, instituciones, resultados, su mera mención no implica, per se, que sean muestra de la buena salud de la cultura en la provincia.

El espejo de nuestra ciudad nos devuelve también la más fuerte tradición musical no solo en eventos de rigor como los festivales de la trova y el son, además del festival de jazz recientemente instaurado y protagonizado por jóvenes talentos locales que han hecho del [también nuevo] Iris Jazz Club un lugar significativo para la vida nocturna como para dejar de bostezar entre festivales, Ferias del libro y carnavales. Argumenta la institución santiaguera. Pero me permito disentir, si hago notar que, en este mismo blog, he hecho notar que eventos como el Festival del Son y de la Trova, han desaprovechado espacios públicos que, por momentos, parecen desconocer que en la ciudad se desarrollan eventos de esa magnitud.

La mención del Iris Jazz Club como “lugar significativo para la vida nocturna” tampoco me parece la más feliz, cuando el mismo aún no ha demostrado ser capaz de atraer a un público habitual; todo lo contrario, en no pocas ocasiones, los artistas han tenido que cancelar sus actuaciones por falta de público.

Iris Jazz Club (6)

El Iris Jazz Club, todavía dista mucho de ser realmente “significativo para la vida nocturna santiaguera”. Foto: www.albertolescay.com

Más adelante el Editorial-respuesta hace referencia a los encuentros con destacados intelectuales cubanos coordinados por la escritora Aida Bahr con masiva participación de estudiantes universitarios. Otra vez me permito disentir pues, por un motivo u otro, esa masividad, no ha sido una regla en cada encuentro, como lo demostró la reciente visita de Zaida Capote y Jorge Fornet.

Por el contrario, si es cierto que en varios eventos de este tipo, se ha notado la ausencia de estudiantes y profesores universitarios, incluso, de carreras afines como Sociología, Historia del Arte, Comunicación Social y Periodismo. La cuenta es rápida, entre todas ellas, con cinco años docentes cada una y una media de 20 estudiantes por grupo, es para que los eventos culturales de esta ciudad, contaran con un público (supuestamente afín) que superara habitualmente el medio centenar.

En cambio, he visto sábados del libro (también mencionado como ejemplo por Casa del Caribe), en lo que a duras penas se sobrepasa la decena en el público y pocos, muy pocos, son estudiantes de la Casa de Altos Estudios.

Razones para explicar estos comportamientos pueden existir muchas, entre ellas la promoción, la ausencia de espacios habituales para la crítica cultural (el espacio del Sierra Maestra, ni alcanza ni siempre se usa para esto), la vocación e interés personal de esos jóvenes estudiantes que debieran convertirse en promotores y críticos de estos y otros sucesos en la ciudad.

De la televisión no hablaré aquí pues los asiduos al blog deben saber de sobra mi opinión al respecto, pues es un tema (de cierta forma) recurrente en el mismo. Tampoco de la Feria del Libro, por las mismas razones.

En tanto, algo llama mi atención tanto en el artículo de Duharte y la réplica de Casa del Caribe, ninguno hace mención de las peñas culturales que de un tiempo acá pululan en la ciudad y que, a mi modo de ver, son una muestra de que hay personas interesadas en “hacer” por la cultura de esta provincia.

El público que asiste (una y otra vez) a espacios como La peña del Menú, Página Abierta, Café Concert, Crónicas de mi ciudad, Atrovamiento, por solo citar unos pocos ejemplos que me son cercanos, dista mucho de ser de los santiagueros que describe Duharte en su texto, distan de ser “feos”, y sienten y se duelen de la ciudad tanto como él, como yo, como muchos.

peña del menu 1

La Peña del Menú, del trovador José Aquiles, es una de las de mayor convocatoria en la ciudad

Nunca me han gustado las generalizaciones, esas que nos tildan de palestinos (sin que aún logre definir cuándo este término perdió la cualidad de calificar a los dignos habitantes de un país, para convertirse en algo peyorativo), o que en La Habana pusieron en duda mi origen por el simple hecho de ser blanco y no decir negüe. Nunca me ha gustado ninguna de las perspectivas excluyentes de blanco o negro; y de esas están llenas ambos artículos.

Me parece válido que se den estos debates, no solo en Viña Joven, u otra publicación periódica, o por los correos; sino también en esos espacios disponibles para el intercambio de ideas, para analizar por qué no asiste público a un teatro, a un cine, a una presentación de un libro; dónde fallan los mecanismos de divulgación, de promoción; de organización.

Algo es cierto, una ciudad (un país) es las personas que la viven. El salvarla depende de muchos. Siempre habrá quien prefiera delinquir, pero también habrá muchos que prefieran seguir apostando por la vida, por el arte, por el bien común. Esos son los imprescindibles y ahí están, basta mirar al lado, incluso, en esos que por una razón u otra, por el trajín diario, no asisten a cuanto de bueno se hace en la ciudad, pero la sienten igual y cuando sea el momento de dar una mano, de seguro se podrá contar con la de ellos.

Sencillamente no somos tan feos, ni el profesor Duharte está tan equivocado.

Noel Pérez García

Dedicarán Feria Internacional del Libro 2015 a historiadora santiaguera Olga Portuondo

Ola PortuondoSantiago de Cuba, 5 nov.- La próxima edición de la Feria Internacional del Libro de Cuba celebrará el centenario del poeta Raúl Ferrer, y estará dedicada a la investigadora cubana Olga Portuondo y al ensayista Leonardo Acosta, Premio Nacional de Literatura.

Olga Portuondo es la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba y ha dedicado su vida a la indagación histórica, en particular a la de la antigua jurisdicción de la tierra más caribeña, durante el período colonial de 1700-1868.

Parte importante de su quehacer como historiadora, la tiene también el estudio del proceso de formación de la nacionalidad cubana; temas acerca de los cuales tiene numerosas publicaciones en Cuba y en el extranjero.

La Editorial Oriente ha publicado sus libros El Colegio Seminario San Basilio Magno (2000, en co-autoría con Juan Rovira S.J.) y La Virgen de la Caridad del Cobre: símbolo de cubanía (2001).

Es profesora titular de la Universidad de Oriente e investigadora de la Academia de Ciencias de Cuba. Posee la Distinción por la Cultura Nacional y ha obtenido en varias ocasiones el Premio Anual al Mérito Científico.

El multitudinario evento de la lectura reserva la reposición de diez de los mejores títulos de la Premio Nacional de CIencias Sociales.

La venidera cita tendrá a la India como país invitado de honor, durará hasta abril y no hasta febrero, como es tradicional, para unirla a sendas ferias en comunidades rurales y universidades, según dio a conocer el poeta Jesús David Curbelo, vicepresidente de Relaciones Internacionales del Instituto Cubano del Libro.

Tomado de Sierra Maestra. Por: Clara Gayoso Giró
Read more about Dedicarán Feria Internacional del Libro 2015 a historiadora santiaguera Olga Portuondo | Periodico Sierra Maestra by José Roberto

Feria del Libro en Santiago de Cuba, ¿llover sobre mojado?

Pensé que no escribiría sobre la Feria del Libro en Santiago de Cuba. La razón era sencilla, el tiempo no parecía alcanzarme para ¿disfrutar?, de la llamada Fiesta de los Libros. Aun cuando me interesé en participar en otras actividades colaterales de la Feria, esto no incluía la visita a los stand, ni la búsqueda (des)esperada de algún título que en estos momentos no podía darme el lujo (sí, el lujo) de comprar.

Para mí, este año la Feria se resumiría al Feria’s Plus, un espacio organizado por el Centro de Promoción del Libro “José Soler Puig” en el que se vincula el audiovisual, la música y la lectura de textos. Una buena idea, en ocasiones hija bastarda de la improvisación, que podría estar llamada a convertirse en una oportunidad interesante para la promoción del libro, pero que no escapa a ese endogenismo que parece adherido a los espacios literarios: de escritores para escritores.

Hasta ayer, la versión santiaguera de la Feria del Libro, había significado perseguir la lectura de Legna Rodríguez, y asistir a un panel sobre la promoción del libro, donde teoría y práctica se corporizaban nada más salir de la sala José Soler Puig y enfrentarse a los espacios de venta.

Eso fue hasta ayer. Pero en mis andanzas por las actividades colaterales hallé un espacio de tiempo, una oportunidad para visitar los stands de ventas que, a las 4:00 pm morían de aburrimiento; incluida la Gran Librería (siempre me parece una exageración sin sentido esa denominación).

Y es precisamente ahí donde nacen estas líneas. Pensé que no escribiría sobre la Feria del Libro en Santiago de Cuba. Pero tengo que escribir, aunque a veces crea que es llover sobre mojado; aunque me lea cualquiera menos los que debieran decidir cambiar algo.

¿Cómo no caer en lo antes dicho, como si estas crónicas de la Feria se repitieran año tras año?

Stands llenos de los mismos libros que durante meses y meses, años incluso, duermen bajo capa de polvo en las librerías, ante la misma mirada impávida, aburrida, malacara de las vendedoras (ya lo sabemos, nunca libreras). Una carpa casi copia de la otra, los mismos textos, el mismo desorden, la misma desidia.

En la Gran Librería es poca la diferencia, solo que hay más textos de estreno, y faltan muchos más. En un orden que a veces no lo entiendo, se amontonan público y libros y decepciones. Una mujer pregunta por el libro de Manuel Calviño; la respuesta es que lo sacan al día siguiente y no puedo evitar preguntarme cuántos otros habrán preguntado por ese libro, o por los premios Calendario, o por un diccionario, o por…y cuántas veces podrán ir a la Feria, como si fuera en vacaciones, como si los padres no se “escaparan” de sus trabajos para conseguir los libros, como si se pudiera en verdad perseguir los libros por toda la ciudad.

A las 4:00 pm la Feria del Libro de Santiago de Cuba no parece una fiesta. Esa es tal vez su verdadera imagen, salvo bien logradas excepciones; pero ya sabemos que una golondrina no compone primavera.

Alguien, en los que organizan este evento, se ha quedado sin ideas. Desde hace años.

22 Feria del Libro en Santiago de Cuba: las expectativas ya están creadas

El pase de diapositivas requiere JavaScript.


De novedades estará llena la 22 edición de la Feria Internacional del Libro en Santiago de Cuba. Y no solo de novedades literarias, sino en sus aspectos organizativos.

Desde la propia fecha seleccionada en esta ocasión para la versión santiaguera de la mayor fiesta literaria en el país, ya se notan cambios que, espero borren, al menos en mí, la imagen negativa de ferias anteriores. El 6 de marzo dará inicio la Feria en esta provincia y la ventaja de este día la resumió una colega de trabajo cuando dijo: “primera vez que la Feria nos tocará después del cobro”.

Y es que en años anteriores las actividades de la fiesta de libro generalmente sorprendían a los santiagueros poco antes de percibir su salario, del cual, no pocos hacemos maravillas para poder llevar a casa los títulos deseados.

Así que este 6 de marzo las probabilidades parecen indicar que un mayor número de personas estarán en disposición (monetaria al menos) de hacerse aunque sea con un título.
La otra gran novedad será el cambio de sede. Luego de tantos años de centrarse en las áreas del Complejo Cultural Heredia, en esta oportunidad las actividades se trasladan hacia el “aristocrático” Vista Alegre, específicamente hacia el Palacio de Pioneros “Camilo Cienfuegos”, la hermosa construcción “segrerista” que mandara a construir el Dr. Juan Bosch en la primera década del siglo XX santiaguero; la cual acogerá la siempre esperada Biblioteca Central.

Pero también los alrededores de la Avenida Manduley tendrán
protagonismo. Así, el Centro Recreativo “Capitán Orestes Acosta”, más conocido como CIROA; la cercana Casa del Caribe, el Instituto de Amistad con los Pueblos, y la sede de la Asociación Hermanos Saíz en esta provincia; acogerán presentaciones de libros, lectura de narrativa, entrevistas, presentación de audiovisuales, y conciertos que conformarán un variado programa cultural del cual solo lamento, la insistencia en horarios vedados para los que trabajan.

Por mi parte ya hice mi listado de los imprescindibles, los que trataré de comprar a toda costa. También tengo en vista el encuentro que sostendrá Eduardo Heras León, director del Centro de Formación Literaria “Onelio Jorge Cardos” con sus discípulos del curso de técnicas narrativas que esta institución ofrece.

Como cada año la expectativa es mucho, solo espero que el cambio sea para bien y la 22 Feria del Libro en Santiago de Cuba no sea, como se dice, el mismo perro con diferente collar.

Navegador de artículos

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 2.389 seguidores