Santiago en mí

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Como si fuera un estadio

El concierto ofrecido en el Complejo Cultural Heredia este jueves por Gerardo Alfonso, pudo haber sido el mejor concierto del 54 Festival de la Trova. Debió haber sido el mejor. Mereció serlo. Sin dudas, de parte de Gerardo y su grupo, lo fue.

Entrega total de los músicos, disfrute sobre el escenario durante las dos horas de concierto, en cada una de la veintena de canciones. Un recorrido por la discografía de Gerardo Alfonso, la de siempre, la por venir. Nuevas sonoridades, nuevos arreglos para temas imprescindibles. El trovador sigue en pie.

Lo repito, sin dudas un gran concierto; pero solo disfrutado por poco más de veinte personas. Lamentable pero cierto, Santiago falló un vez más.

Buscar culpables es inútil. Muchos fueron los cabos que no se ataron. Desde una programación que lo hizo coincidir (de manera increíble) con el concierto homenaje a René Urquijo, en la Sala Dolores, hasta una ineficiente promoción y gestión de venta de las entradas por parte del Heredia y los organizadores.

No es primera vez que siento sobre mí la vergüenza ajena de una ciudad que no se comporta a la altura de un acontecimiento determinado. Por suerte, no más comenzar la música se es capaz de poner rubores a un lado y disfrutar de uno de los grandes de la trova (música) cubana de todos los tiempos.

¿Alguna especie de exorcismo? No hay misterio en ello. La respuesta es simple y llegó como un baño de humildad de labios del propio Gerardo: me preparo para cantarle a uno como si fuera un estadio.

Solo eso. Esa noche Gerardo Alfonso cantó para mí. Y para cada uno de esos pocos santiagueros que fuimos todo un estadio.

Fue el mejor concierto del 54 Festival de la Trova Pepe Sánchez. Y muchos se lo perdieron.

Mea culpa

Bueno, cuando me equivoco debo reconocerlo. Hoy conversaba con un amigo trovador y me quejaba por lo sucedido anoche; es decir, lo que supuestamente no sucedió: la inauguración del Festival de la Trova.

Le comento a mi amigo:

—…a las 8 pm quitaron todos los micrófonos montados desde el día anterior…

—Pero eso [la inauguración] fue a las 6 pm…pensé que lo sabías

—Ups…y yo que eché tremenda descarga en el blogs

—jajajaja —reímos juntos.

—Pero buenp —dije— eso es pa’ que aprendan: a las 6 pm no se hace nada.

—jajaja —otra vez juntos.

En fin, al parecer si hubo inauguración. Sencillamente no me enteré a tiempo. Igual, me parece que la hora ideal para la inauguración era las 8 u 8:30 pm, más allá del concierto de Buena Fe.

¿Cuántos de los que hubieran podido disfrutar de buena música en el Parque Céspedes, no fuimos hasta el Mariana Grajales?

Mea culpa.

¿Y dónde fue la trova?

Finalmente no fue en el Parque Céspedes. Tal vez en el anunciado concierto de Buena Fe, en el Anfiteatro “Mariana Grajales”. Lo cierto es que a las ocho de la noche, los micrófonos y bocinas que desde ayer anunciaban “algo” en el céntrico parque, fueron recogidos y la ciudad se sumió en un extraño silencio.

No conozco las razones. No entiendo por qué no celebrar la inauguración en el Parque Céspedes, como años anteriores; más allá de que (supuestamente) Buena Fe robara público hacia su concierto.

Un hombre pasó cerca de mí y, al ver el movimiento de micrófonos, audio y bocinas; le comentó a su esposa: “parece que van a hacer algo”. Pero al final no se hizo. La ciudad parecía muerta. Santiago de Cuba despidió el día inaugural del Festival de la Trova, sin un acorde de guitarra que nos lo recordara.

Una Clausura de Buena Fe

Sin lugar a dudas, el dúo Buena Fe se muestra en el panorama musical cubano como una de las propuestas de mayor convocatoria. Su presencia en cualquier escenario o proyecto es una garantía de éxito para el mismo.

Provenientes de Guantánamo tuvieron que abrirse paso en un universo dominado primero por la timba y más tarde por el reguetón; portando como única arma el contenido de canciones de pedigrí trovadoresco y de una fina pero firme carga social. De pronto, la juventud cubana se vio identificada con una voz que decía lo que sentían todos, con arreglos musicales muy contemporáneos y las mejores metáforas.

Quizás el fenómeno Buena Fe sea digno de una investigación sociológica, pues si bien otros representantes de la canción inteligente, íconos del movimiento de la trova más nueva o novísima, llenan teatros, lo logrado por el dúo guantanamero alcanza en ocasiones ribetes anecdóticos.

Tal vez por eso fue la carta de triunfo escogida por los organizadores del Festival (definitivamente Festival) de la Trova “Pepe Sánchez”, para dar clausura a un evento que, más allá de las carencias propias del marco en el que le tocó desarrollarse, cuando en Santiago de Cuba no se habla de otra cosa que no sea la próxima visita del Papa; demostró la vigencia de un género que se renueva constantemente y promete sobrevivir épocas en las que lo comercial fija el rumbo de no pocos proyectos musicales.

Otra vez el Complejo Cultural Heredia acogió un concierto del popular dúo, que esta vez, y a tono con la invitación, retornó a sus inicios de guitarra en ristre y dos voces para regalar, a un público que no cedió un ápice de teatro, canciones de siempre, desde aquellas que sorprendieron a principios del nuevo milenio, ya verdaderos clásicos en el repertorio de Buena Fe, hasta las más imprescindibles de hoy.

Momentos especiales de la noche resultaron la presencia en el escenario de Eduardo Sosa, trovador y Presidente del Festival, voz inigualable en la trova cubana, “el Pablo [Milanés] de nuestra generación” (al decir de Israel Rojas, voz líder del dúo); y Tony Ávila, de rápido y merecido ascenso a la popularidad, cardenense jodedor, de textos sugerentes y simpáticos; quienes con apenas tres canciones per cápita arrancaron aluviones de aplausos y ovaciones de un público empático como hacía mucho no se disfrutaba en esta ciudad.

Entre todos, cofradía de amigos y trovadores (o viceversa), compartieron sus textos cantados y entre estos, dedicaron un homenaje a ese Movimiento de la Nueva Trova que cumple 40 años, savia indispensable para la canción inteligente y comprometida; con canciones icónicas como “De donde viene el amor” (Guajiro de monte adentro), de Pepe Ordaz (presente en el público asistente) y “Pequeña serenata diurna”, de Silvio Rodríguez.concierto de buena fe

Así se dio clausura a un evento singular, necesario, al cual aún le quedan muchos muros por derribar para recuperar un espacio que jamás debió serle negado; batalla que de seguro se ganará, gracias al empeño de músicos como los que se dieron cita en esta ciudad durante cuatro días.

Todavía en los diversos escenarios que acogieron Peñas, descargas, conciertos, homenajes y serenatas, se escucharán los ecos de las guitarras, mientras que a los amantes del género, los próximos doce meses que nos separan de la edición 51 del Festival, se nos hace desde ya interminables.

Concierto de Buena fe

La gorda

Esta nota la comencé antes de asistir al concierto ofrecido en la Sala Dolores de Santiago de Cuba, en saludo al Aniversario 40 del Movimiento de la Nueva Trova y en recordación de Sara González.

Pretendía hablar sobre esa relación que muchos cubanos tienen con Sara. Ese descubrirla como muchos la descubrimos (como también la descubrió Eduardo Sosa, presidente del Encuentro de Trovadores), cantando a todo pulmón, con la potencia de su voz envidiable y querida, a través de la televisión. Luego asistí al concierto y todo cambió. Porque es bien poco lo que puede decir quien no vivió el día a día de «la gorda» y sus amigos, quien no disfrutó de la jocosidad del cubano que en ella parecía estar exacerbada, quien no sufrió una de sus impulsivas críticas; quien no compartió con ella canciones y descargas.

Pero no renuncio a hablar de esa gorda de ojos clarísimos y sinceros, de dientes prominentes y abdomen empinado, de voz extraordinaria y eterna; que tuvo la pésima idea de morir , o mejor, de cambiar de paisaje, como dijera Alí Primera; porque quienes asistimos a la Peña (así lo llamó en todo momento Pepe Ordaz, amigo de Sara y anfitrión de este encuentro) Homenaje nos llevamos dentro un poquito de ese amor que le profesan (en presente como está en sus corazones Sara) los que la conocieron y fueron cómplices de sus ocurrencias.

Fue una noche extraordinaria, sincera, conmovedora. Pepe Ordaz al frente de la tropa de fieles; acompañado de Eduardo Sosa, Marta Campos, Pancho Amat, José Aquiles, el impresionante trío Palabras, de Villa Clara; el dúo Así Son y el Grupo Granma, compartieron canciones, tragos de ron y anécdotas que nos acercaron a un Sara fraternal, amorosa, decidida, fiel, y aglutinadora. En el público su eterna compañera, Diana Balboa, visiblemente emocionada, recibió también el agasajo y el agradecimiento por su apoyo para hacer posible una noche como la de este domingo 18 de marzo.

Al final, otra vez Sara, la gorda de todos, llenó con su voz y su imagen toda la Sala, acompañando a sus amigos de siempre, y a los que aprendimos a quererla y respetarla desde la distancia, en una de esas descargas de las cuales ella jamás se perdería.

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