Santiago en mí

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José Aquiles y su pasión por Santiago de Cuba | Tomado de CMKC

José Aquiles Vierelles y la Peña del Menú

José Aquiles Virelles y la Peña del Menú

José Aquiles Vireyes ha colocado en el mercado internacional su nuevo disco al calor de las celebraciones por el medio milenio de su ciudad Santiago de Cuba, por eso y más, hoy la CMKC se complace en proponerle esta entrevista con el muy laureado compositor y trovador, devenido en un magnífico promotor cultural y comunicador a través de su tradicional y muy concurrida La Peña del Menú, con sede en el Centro Cultural Francisco Prat Puig de esta urbe oriental. ¿Por qué un hombre decide aferrase a la guitarra y a los versos? ¿Por qué se queda en Santiago de Cuba, lejos de esa Habana abarcadora y que seduce? ¿ Por qué si eso puede dejarlo fuera del círculo en el que se inscriben los que ganan la «gloria»?

Habrá que preguntarle a José Aquiles, ese trovador intenso y profundo y otra vez trovador, que ha llenado las noches y las mañanas y todas las horas de Santiago con sus canciones. Un hombre fiel a su música y a su tiempo, que aun cuando está lejos de su ciudad no deja de regalarle sus mejores melodías.

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Jonrones en el Prat Puig

Como muchos santiagueros (cubanos) crecí con sus jonrones. Grité con mil gargantas en el Guillermón, coros que clamaban por una ventaja, o por seguir la fiesta de batazos. Aprendí a admirarlo desde la distancia, desde el sinfín de alegrías que me regalaba con tanta humildad; por esa imagen de hombre serio, de pocas palabras y hasta retraído. Orestes Kindelán Olivares es parte de mi imaginario de niño, de joven, de amante del beisbol como suceso cultural en Cuba.

Pero detrás del pelotero hay otro mundo. Un hombre que sorprende por su sencillez, por la profundidad de sus principios, expuestos con la misma contundencia de esos batazos que lo encumbraron hasta la historia del béisbol de todos los tiempos.

Este sábado 7 de junio, Kindelán fue protagonista una vez más. Ya no en el diamante del Guillermón Moncada (aunque por momentos el ambiente fue el mismo) sino en el patio del Centro Cultural Francisco Prat Puig, como invitado especial a la Peña del Menú, del trovador José Aquiles; quien se convirtió así en el pitcher de turno, con la difícil labor de lanzarle (preguntas) al mayor jonronero de la pelota nacional.

Nunca vi a un pitcher tan orgulloso de recibir jonrones.

Eso fueron las respuestas de Kindelán que, estoy seguro, sorprendió a mucho por su locuacidad, por la jocosidad de sus comentarios, por la soltura con que sorteó los temas tratados. No se habló de pelota (tal fue el compromiso de los organizadores de la peña para con el cuarto bate de los equipos Cuba), aunque todas las preguntas cayeron en esa zona de duda, donde solo un grande como Kindelán puede hacer un swing de jonrón.

Se le escucharon anécdotas, análisis, sentencias. Emocionado se le vio hablar de Fidel, de Chávez, de aquel juego tremendo entre los dos comandantes y donde él, y otras glorias del beisbol cubano fueron cómplices de las ocurrencias del líder cubano.

Y cantó; porque es amante de la buena música y cuando canta Oscar de León, Kindelán se vuelve otro, y toma las maracas de uno de los integrantes de Ecos del Tivolí, y parece uno más del sexteto. El público reaccionó y, como nunca antes había visto en el Menú, se pararon y aplaudieron y corearon y bailaron y Kinde, camina eso, como en el Guillermón.

Kindelán es Santiago, porque es como su gente, sencillo, humilde. El público del Menú agradeció con aplausos, con el ir y venir por una foto, con el reconocimiento otorgado por instituciones y los organizadores del Menú (incluido un tema original de Aquiles, dedicado a Kindelán) a ese grande del deporte cubano

De mi parte, fue el encuentro con un ídolo, con ese hombre al que en el patio de mi casa yo traía en mis juegos de niño, y yo era Kindelán y bateaba por sobre un tejado que entonces me parecía tan lejos.

Ahora queda una foto que deberé buscar en cámara ajena (nunca lamenté tanto olvidar llevar una cámara) y una pequeña tarjeta donde el Tambor Mayor tuvo la deferencia de un regalo:

Para Noel:

De su amigo,

O. Kindelán

Cuatro años de Menú

Es cierto, Kindelán se robó el show de la más recién te edición del Menú, pero todos lo agradecen. Fue ese el mejor regalo que pudieron hacerse los organizadores de la Peña, en la edición que celebró los cuatro años de este espacio, (me atrevo a asegurar) el más gustado del acontecer cultural santiaguero.

Sin embargo en el Menú hubo otros exquisitos platos. Aquiles dedicó la peña a los santiagueros nominados y galardonados en el Festival del disco cubano, Cubadisco 2014. Entre los invitados estuvieron el sexteto Ecos del Tivolí (música tradicional), el escritor Reinaldo Cedeño (premio de notas discográficas por el disco del Sexteto Ecos del Tivolí), el tresero René Avich (quien no pudo estar presente, pero envío una muestra del material premiado), entre otros homenajeados.

También se escuchó la voz de la trovadora Gladys del Monte; las ocurrencias de Reynaldo García Blanco, y la música de Aquiles, con su obra y parte del repertorio antológico de la trova cubana. (Ah!, claro, también tuve la suerte de haber sido invitado a leer la carta que ganara una de las Menciones del Concurso Internacional de Cartas de Amor, celebrado este año 2014, en Santi Spíritus)

Fue histórica esta edición del Menú. Así lo dijo Aquiles, pero así también lo sentimos los que cada primer sábado del mes nos reunimos en el Prat Puig. De tanto y bueno que ha pasado por este espacio, lo sucedido este 7 de junio, marca un hito.

Desempolvando los amigos santiagueros de Martí

¿Amigos santiagueros de Martí? Sí, amigos santiagueros de Martí. Aun cuando el Apóstol nunca visitó esta tierra, muchos de los nacidos aquí estuvieron vinculados a la labor martiana, al hombre que fue; y ganaron el calificativo de amigos, o legaron una visión del Maestro que ayuda a definirlo en su dimensión humana.

De estos hombres y mujeres conocimos, gracias a la más reciente edición del espacio histórico cultural Desempolvando; que cada tercer viernes de mes invita a rescatar historias, costumbres, tradiciones de esta casi quincentenaria ciudad, en el Archivo Histórico Provincial de Santiago de Cuba.

En esta ocasión el invitado fue el Dr. Ibrahím González quien disertó sobre el tema, gracias a la investigación realizada junto a su hijo Ibrahím González Jr. Leyó fragmentos de cartas de Martí, o viñetas donde estos santiagueros brindaban su opinión y visión sobre el Martí hombre.

Como perfecto complemento a la tarde, los anfitriones del espacio Desempolvando, invitaron al trovador José Aquiles, y a una representación de la Orquesta de Guitarras Santiago.

No menos extraordinario fue el cierre de Pini, con su peculiar y conmovedora declamación de Los zapaticos de rosa; el emblemático poema de La edad de oro.

Sencillo, interesante, conmovedor. A veces se necesita tan poco para hacer grandes cosas.

Atrovamiento

Así se llama una peña cultural que, durante poco más de tres años ameniza las noches de los terceros miércoles de cada mes, en la Iglesia Católica de Palma Soriano. Su anfitrión, Erick Ramírez, trovador.

Desde ese sábado 10 de mayo, Atrovamiento también tiene su edición santiaguera, ahora en el Salón Parroquial de la Iglesia Católica “La Sagrada Familia”, en el reparto Vista Alegre.

Su primera edición no pudo ser mejor. Mucho público e invitados de lujo, como el trovador José Aquiles; y la convocatoria a los amigos, Dúo Estocada, Giselle Lage y Noel Pérez García.

Atrovamiento se distingue por su frescura, la buena música y el intercambio con el público a través de dinámicas de participación. Se suma así a la amplia variedad de estos espacios que se van creando por la ciudad.

Bienvenido sea.

Erick Ramírez, anfitrión de Atrovamiento

Erick Ramírez, anfitrión de Atrovamiento

Brindis por la Peña del Menú

A propósito de las palabras de José Aquiles, compartimos está crónica escrita por L.E. Verdecia Calunga, sobre la más reciente edición de la Peña del Menú, del trovador santiaguero.

BRINDIS POR LA PEÑA DEL MENÚ

L E Verdecia Calunga

HAY muchos modos de comenzar un año y quiero referirme a uno de los más felices. Algunos de mis allegados están conscientes de cómo para mí ir a Santiago de Cuba es como revitalizar esa hermosa alegoría del mitológico Anteo quien, al contacto con su madre Gea, volvía a recuperar fuerzas para el combate. No siempre tengo conciencia exacta de ello, pero solamente caminar por la ciudad, escuchar la cadencia comunicativa de sus gentes, volver a contemplar el collar de montañas que la rodean o el aparente hueco donde se anida su bahía, (re)encontrarme con sus buenos atributos –y hasta con los malos-, admirar edificaciones o atravesar alguna plaza, me hacen realimentar viejas y queridas sensaciones que, no lo escondo, me fortalecen.

PERO fue exactamente el sábado 11 de enero un día especial para esa revitalización. Temprano en la mañana supe que en el Sábado del libro iba a ser presentado Santiago literario, obra donde la voluntad, la perseverancia y el amor a la ciudad de su autor León Estrada se manifiestan como resultado de un esfuerzo compilador y esclarecedor que le acompaña desde hace años. Fue la Librería Ateneo un primer espacio para volver a saludar, abrazar y dialogar con gente amiga en un ambiente que no siempre es fácil de encontrar.

EN los instantes inmediatos a la presentación del libro, fue Nereyda quien me alertó e instó para que asistiera al atardecer a la Peña del Menú. Juro que de momento no me percaté del todo a qué se estaba refiriendo, mas cuando someramente me refirió los nombres de José Aquiles y Gabi Soler, y la atmósfera que allí se creaba, además de que esa noche el invitado especial era Roberto Papo Sánchez, bastó para que incluyera en mi agenda sabatina recordar de qué se trataba.

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PARA ser la primera vez que atravesaba el umbral del Centro Cultural Francisco Prat Puig, merecido homenaje al querido y admirado profesor del que gratas enseñanzas y anécdotas me acompañan, no pudo ser mejor ni la sorpresa ni el agradecido placer de encontrarme en un sitio donde la calidez, el buen gusto y el inefable sabor y ambiente a lo cultural concebido con amor a lo que se hace, así como el reposado concatenar de sus partes son ingredientes que no hay que enviar por ellos, están allí. Se dan cita y conviven en la Peña del Menú.

TODO anfitrión que se precie de serlo está obligado a (de)mostrar la valía de su ámbito. José Aquiles, ese viejo cantautor de profundas raíces santiagueras, bajo las adecuadas luces de un discreto y eficaz escenario, con breves palabras introductorias, jocosas, fáciles, comenzó a llegar a las varias decenas de asistentes entre los que quizás ninguno era como yo -con la excepción del grupo de turistas norteamericanos-, un fisgón debutante.

NO imaginé realmente cuánta gente conocida encontraría en aquel espacio, ni cuán rápido iba a sentir que transcurrieron las más o menos dos horas que permanecí en aquel agradable entorno de canciones, anécdotas, recuerdos, sones y el resultado de un singular concurso de participación inmediata. Allí, desde antes del abrazo del productor más sudoroso que haya conocido, aprecié el ánimo abarcador y eficiente de Gabriel Gabi Soler y su accionar para que todo quedara bien; pero también agradecí con la admiración de siempre el cálido saludo del anfitrión José Aquiles, sencillo señor de aquella Peña que para degustar sin reservas, brindó una oferta de calidad en su menú.

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ERA la primera edición de la Peña del Menú en el 2014 y para suerte mía se efectuó el segundo sábado de enero ya que, como es su generalizada costumbre, acontece el inicial de cada mes. La voz muy bien conservada de José Aquiles dejó escuchar canciones que, recordadas o no conocidas para mí, fueron un saludable primer momento para dar paso al primer clímax: la excelente interpretación que Grisel Gómez hizo (hace) del tema Santa Trinidad, el mismo que ella defendió y con que el Aquiles como autor había ganado días antes el Gran Premio del concurso convocado por los 500 años de Trinidad, la tercera villa fundada en el siglo XVI y declarada en 1988 Patrimonio Cultural de la Humanidad.

UNA vez más el talento del trovador y otra dosis de orgullo para los que queremos la cultura santiaguera, del mismo modo que la extensa nómina de la cancionística cubana posee una nueva adquisición. Pero las mayores sonrisas estaban por llegar: el invitado de la jornada –algo que según he conocido caracteriza cada PdelM– ya dije era el actor y director Papo Sánchez, un hombre al que lo escénico se le plantó en las venas hace muchísimo tiempo.

OÍRLO responder preguntas y referir anécdotas jocosas –salpicadas por la rememoración del conductor anfitrión- fue de las cosas buenas de aquella peña.

POR momentos tuve que recordar los días lejanos en que –siendo él estudiante del cuarto y entonces último año- se empeñó en que la Escuela de Letras tuviera un grupo de teatro guiñol, donde un primerañero de nombre Lino Ernesto trató de aprenderse lo que correspondía a uno de los personajes del Retablillo de don Cristóbal, pieza emblemática del gran García Lorca. El mismo Papo que luego fue director general del conjunto de danzas Cutumba, otro de los blasones con que cuenta la historia cultural de Santiago de Cuba.

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Y disfrutamos otra vez la voz de Aquiles y una pieza sonera donde aprecié esa presencia intersonera (más allá de lo meramente intertextual) que viene desde Matamoros y Ñico Saquito, roza a Pucho el pollero y llega hasta José Nicolás y Felipón.

EN todo aquel suceder de amenidades, participó otro distintivo de la ciudad, José Álvarez Ayra, un amigo de muchos al que conocemos como el mago Ayra, quien dejó apreciar sus dotes de excelente ilusionista para sorprendernos con gracia, histrionismo y sugestión, algo que coadyuvó a la eficacia del guión. Elemento este que permitió transcurriera coherentemente –no sin sobresalto dinámico para el productor- una velada que tuvo su colofón en las interpretaciones del Septeto de la Trova, una agrupación que suena muy bien y que entre otras piezas permitió escuchar un tema que me causó singular impresión y que anunciaba yo no sé si podré regalarte otro abril y luego interpretó con tino un mosaico de temas que hizo estelares el eterno Beny Moré.

DE la PdelM –que ya cumplió tres años- tengo la referencia de que es algo así como la roca matriz de las que actualmente suceden en la ciudad. No exactamente porque de ella nacieran aquellas, si no por el peso específico innegable que esta reviste en el panorama cultural santiaguero. Actualmente, entre otras, tienen vida las peñas Virtud y conciencia, conducida por el guitarrista concertista Aquiles Jorge; Página Abierta, con la guía del periodista y escritor Reinaldo Cedeño; la del Dúo Estocada; también Crónicas de mi ciudad, cuyo eje es la joven cantante Giselle Lage; Vida, violín y verso cuyo anfitrión es Omar Estable; Libros en el patio bajo la tutela de Jorge Matos; Cuentos de café con la narradora oral Nadia Lozada como anfitriona y Cualquiercosario conducida por Demián Rabilero.

MAS, hasta donde he podido conocer, José Aquiles –que durante 18 años fue el eje de la bien llevada Peña de los Escorpiones– se ha ganado un reconocimiento que, entre entusiasmos, aciertos, topetazos, premios, desencantos, constancia, talento y trabajo de equipo puede mostrar con satisfacción resultados siempre agradecidos.

OJALÁ sigan existiendo esos menú santiagueros donde uno encuentre personas que amen la ciudad como lo hacen seres como León Estrada, Roberto Papo Sánchez, Gabi Soler, José Aquiles y tantos otros. Yo, como un Anteo del Caribe, poquito a poco y humildemente, estoy dispuesto a acompañarlos siempre.

Escrito el 3 de febrero del 2014.

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