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Santiago de Cuba «en línea contigo»

Es la novedad del momento. Se llama “En línea contigo”, y se presenta como un “espacio para la opinión y el debate”.

Lázaro Expósito Canto, Primer Secretario del PCC en Santiago de Cuba

Lázaro Expósito Canto, Primer Secretario del PCC en Santiago de Cuba

En resumen, es un programa televisivo donde las principales autoridades de la provincia, léase Lázaro Expósito, Primer Secretario del PCC en Santiago de Cuba; y Reinaldo Zapata, Presidente de la Asamblea Provincial del Popular; reciben quejas y opiniones de la población, y “emplazan” a los directivos de diferentes organismos, empresas y entidades, a dar respuesta a estas inquietudes.

La edición más reciente estuvo dedicada a “las indisciplinas sociales, las ilegalidades, la corrupción y los delitos”. El pueblo —con nombres, apellidos y dirección particular— llamó y planteó sus problemas, desde los más particulares, hasta los que afectan a toda la comunidad, incluso la provincia. Desde el taxista que “se robó el vuelto”, hasta el robo del salario de los trabajadores de una escuela en el distrito José Martí; desde los que sacrifican machos (cerdos) en medio de las aceras, hasta el ineficiente papel de los inspectores…

Y así, todo cuanto aqueja a la ciudad y que día a día forma parte del vivir de sus habitantes, de sus conversaciones; pero que, hasta el momento, se perdía entre tantos planes cumplidos y celebraciones y homenajes que inundan los medios de comunicación.

La idea no es novedosa en sí. En el reciente congreso de la UPEC se pudo escuchar la experiencia de la dirección política de la provincia de Holguín, en el uso de los medios de comunicación masiva para poner al pueblo en contacto directo con sus dirigentes y los responsables de hacer cumplir lo establecido.

En Santiago de Cuba, en cambio, esta modalidad hace recordar esas visitas sorpresivas, cámara en mano, que hacía el Primer Secretario del PCC a diferentes instalaciones de la provincia, en las cuales se ponía en evidencia la ineficiencia e ilegalidades que lastran cada día el ánimo de los santiagueros.

Cada cosa se llama por su nombre. Cada respuesta se exige a las autoridades que deben darla y que, entre titubeos, mea culpas, y frases hechas, intentan, como pueden, responder el por qué hacen mal su trabajo.

Muchos de los habitantes de esta ciudad, ponen ahora sus esperanzas en este diálogo directo con los máximos dirigentes de la provincia. Se prometen nuevos y variados temas, siempre polémicos, que se abordarán de forma separada para, según explicó Expósito, poder hacer un análisis profundo de los diferentes planteamientos.

Sin embargo, muy fino habrá que hilar para evitar que el esfuerzo caiga en saco roto. Ya basta de respuestas como “se está evaluando”, “se está profundizando”, “se tomarán las medidas pertinentes”; a temas que, en muchos casos, llevan meses y hasta años lacerando a la sociedad santiaguera.

Lo que se pide es el resultado. Saber que el responsable de un perjuicio no quede impune. Que se cumple con lo establecido. Que las leyes no están ahí por gusto.

“En línea contigo” es una opción válida a la que, sin dudas antes que tarde, se le exigirán soluciones concretas. En ella está en juego la credibilidad de los directivos de esta provincia.

Por lo pronto, ya se anunció el tema para la edición de septiembre: la recuperación tras el paso del huracán Sandy. Sin dudas, mucha tela habrá para cortar cuando, a casi un año del fatídico acontecimiento, hay más insatisfacciones que soluciones.

Pregones

Cada mañana mi barrio despierta con los simpáticos versos de uno de los tantos revendedores de los panes de corteza dura bautizados por el verbo popular como “pan especial”:

El buen pan/ tostadito, calentito, fresco/ sabroso, rico, exquisito/

Con sabor a mantequilla/ con sabor a mostaza/

De buena harina y en la puerta de su casa.

Desconozco el nombre del vendedor. Incluso, para referirse a él, muchos lo llaman “con sabor a mantequilla”. Por otra parte, es innegable la gracia de su pregón, tanto que a veces resulta una alevosía comprar un pan antes que culmine el último de los versos. Hay incluso quien espera tenerlo cerca y con una sonrisa amplia, sincera, feliz, completa el canto (…y en la puerta de su casa) cómo invención propia a medida que extiende los 5 pesos a los que asciende el mercado de segunda mano del pan especial, quedando en este caso, en ocasiones, la satisfacción de pagar por la ingeniosidad del vendedor.

No abundan en Santiago, sin embargo, muchos cultivadores del verso inteligente y rítmico de los pregones, aun cuando la ciudad se enorgullezca del desandar pausado de Bertha “la pregonera”, una de las defensoras a ultranza del arte del pregón. Ella misma ha dicho “No, la gente no pregona, la gente dice cosas, sin ninguna originalidad. Todos repiten lo mismo”.

Razón no le falta a Bertha. De un tiempo a esta parte, y como con muchas otras cosas que han sucedido, para bien de la ciudad, con la llegada del nuevo secretario del PCC en la provincia, Lázaro Expósito, se trató de recuperar la tradición del pregón al habilitar una serie de carretas tiradas por caballos que ahora deambulan por Santiago trayendo a los habitantes de la urbe las sabrosas frutas del Caney. Ese proyecto recibió el nombre de Rescate del Pregón, pero, lamentablemente, no bastó el nombre para lograr el objetivo. Más allá de las quejas por los precios de los productos que ofertan, o de que todas cargan con la misma mercancía, deseando muchos que culmine la época de mango para ver si las carretas cambian sus colores de un amarillo ya extenuante, lo cierto es que prácticamente ninguno de los que guían sus bestias por las estrechas calles santiagueras  se esfuerza por pregonar sus productos y se conforman con la seca mención de la mercancía. Apenas unos días atrás descubrí, quizás, al único de estos nuevos “carretoneros oficiales” que desgarraba la tarde en una de las calles cercanas a mi centro laboral, con los sonoros y simpáticos (como deberían ser todos los pregones) versos de un pregón.

Alguna que otra vez he escuchado que la Necesidad ha acabado con los pregones. Para mi una cosa no tiene por qué estar reñida con la otra, todo lo contrario. De pequeño siempre recuerdo varias ocasiones en que la gracia de un vendedor al promocionar su mercancía, pudo más que cualquier otra razón para impulsar a mi madre a comprar determinado producto. Crecí convencido de esto y en más de una oportunidad ha sido lo que me ha llevado a inclinar la balanza en mi indecisión por comprar algo.

Claro, tener gracia para vender no necesariamente incluya el pregonar. Hay quienes con sólo un monosílabo o una simple exclamación, se hacen imprescindibles en las tardes santiagueras. Así venden por nuestros barrios aquel del pan especial en bicicleta cuyo “Eh-eh!” lo delata con varias cuadras de antelación; o ese vendedor de maní tostado que sin tener que entonar “El manisero” de Moisés Simons, le basta con un sencillo “Di tú!” para hacerse de un sello personal; o aquel simpático, aunque a veces irritante, vendedor de escobas y “brilladores” artesanales que sorprende en medio del silencio bullicioso de una tarde en Enramadas, y sin previo aviso grita a todo pulmón “¡Eeeeee’cobaaaaaaaaa, briiiiiiilladoreeeeeeeeeeee!” sobresaltando a más de uno que luego se alegra de no padecer del corazón.

No obstante, queda el sabor agridulce de la nostalgia. La envidia sana de vivir lo que nuestros abuelos vivieron en una época donde el pregón adornaba cada esquina de la ciudad. Bertha “la pregonera” ha dicho que “el pregón es ahora una tradición porque la gente dejó de ser quien tenía que ser”. Es hora de que el pregón deje de ser una tradición para convertirse, definitivamente, en una realidad de la vida en Santiago.

Rita Montaner, la voz que dio fama a "El manisero" de Simons

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