Santiago en mí

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Mirar la feria desde la distancia

Por primera vez en mucho tiempo no participaré de la edición santiaguera de la Feria del Libro. Otras tierras reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos; estaré en la Feria del Libro de Sancti Spiritus, invitado por el Centro Provincial del Libro y la Literatura de esta provincia.

Casi medio millar de kilómetros separan una Feria de la otra. Y una idiosincrasia.

La Feria santiaguera la conozco. Sus virtudes y defectos. Desde afuera y desde dentro. La extrañaré. La espirituana se abre como un abanico de posibilidades, como un misterio, al que camino expectante.

Poco entonces tendré que decir de cuanto ocurra en el Complejo Cultural Heredia, del 20 al 24 de abril. Otros serán los encargados de valorar la calidad de esta Feria, ya con el handicap de su versión habanera, que tanto dio de qué hablar en los medios digitales y de comunicación cubanos.

Solo destacar las actividades que se planean dedicar a José Soler Puig en su Centenario, como preámbulo del coloquio que a finales de año celebrará la vida y obra del autor El pan dormido; y la presentación de reediciones extraordinarias como el propio El pan dormido, El derrumbe, y La isla de Cuba, esta última de Hypolitte Pyron.

Poco más que decir. Habrá que esperar al cierre de este recorrido del libro por toda Cuba, para sacar las conclusiones pertinentes. Mientras tanto, un consejo: obvie las colas, las insatisfacciones por el libro que no encuentra; piense que siempre habrá, en algún estante, al alcance de la mano, otro libro, un libro que tal vez sea el que, en realidad, marque para siempre su vida.

Post Feria

Nunca pensé decirlo con tantas ganas: ¡al fin se terminó la Feria del Libro! Habla, por supuesto, al agotamiento físico de casi una semana de trabajo, en uno de los stands de las editoriales presentes en la edición santiaguera; en este caso, Ediciones Caserón, del Comité Provincial de la UNEAC, en Santiago de Cuba.

Mañanas y tardes, rodeado de calor, de cientos de personas, de música y algarabía por todos lados. A nuestra derecha, el Tesoro de Papel, área destinada a los niños, con sus canciones, presentaciones, gritos y aplausos. Atrás, el Fondo de Bienes Culturales y alguien que debe haber perdido los pulmones, de tanto soplar un pitico, que luego se repetía en el aliento de los más pequeños. Por todos lados gente, mucha gente, en busca del título esperado o, simplemente, “mirando”.

Realmente agotador.

Pero la experiencia no deja de ser positiva. Por primera vez me vi involucrado en la Feria desde el “otro lado”, el de los organizadores. Como todo, eso trajo sus beneficios y sus dificultades.

El mayor beneficio, sin dudas, el poseer una credencial que me permitió acceder a La Gran Librería (alguna vez definí este nombre como un eufemismo; mantengo la opinión) sin los desesperos de una cola, y cuantas veces quise. Así pude llevar el pulso de las novedades en los anaqueles; ora porque los descubría yo, ora porque alguien se me mostraba con un título entre las manos, que un día antes no estaba en exhibición. Debo decirlo, en esta ocasión compré los libros que quería comprar, y algo más.

No obstante, no escapé a esos “fantasmas del pasado”, disfrazados ahora en las insatisfacciones de otros, que ayer, fueron también las mías.

Reto a la Soledad, de los más buscados pero…Desde el primer día, apenas comenzada la venta, alguien inquiría por Reto a la soledad, ese best seller autobiográfico del Héroe de la República, coronel Orlando Cardoso Villavicencio. Había, misteriosamente, desaparecido de los estantes para, según le entendí al hombre, una supuesta presentación del mismo, aun cuando días antes se había afirmado que el autor no podría acompañarnos en la Feria.

La tercera reedición de Reto a la Soledad estuvo entre los más buscados, pero…No supe qué responder a este señor de rostro serio. Ni a muchos otros que días después se acercaron tras la huella del mismo título. De cierta forma me sentí culpable de haber podido comprar, a unas pocas horas de la apertura oficial de La Gran Librería, uno de los ejemplares que permanecían en los anaqueles. ¿Qué sucedió?, ¿a dónde fueron a parar los otros ejemplares?, ¿cuántos eran?, ¿cuántas otras personas habrán podido comprarlo en la sede del Teatro Heredia? No tengo ninguna de estas respuestas.

Junto a la historia del suplicio en cárceles somalíes del joven Villavicencio, resultaron los diccionarios (sobre todo el Básico Escolar) y los libros de cocina, los más solicitados por el público. Hablo, claro, sin más estadísticas que las decenas de personas que, día tras día, se acercaban a nuestro bien ubicado stand para preguntarnos si lo vendíamos. El gesto se volvió automático, la indicación un slogan: «Vaya a La Gran Librería, o suba a donde está la Editorial Oriente, que allí puede encontrarlos». Al menos durante los primeros días.

Precisamente ese contacto con el público fue la mejor experiencia. Ya fueran lectores formados, potenciales lectores en busca del libro que los cautivara, o, simplemente, esos que andan por la Feria con ojos de pescado y un signo de escepticismo dibujado en el rostro; el poder sugerir un título, brindar una solución o sostener una breve charla sobre cualquier tema, satisfizo con creces esa vena extrovertida que mi madre puso a latir muy dentro mí.

Nada como ver agotarse un título tras otro, movido por la sugerencia oportuna; incluso, podría decir, por el riego y hasta la irreverencia; como a esa pareja a la cual le propuse un libro de cuentos eróticos «para cuando el niño esté concentrado leyendo los libros que le compraron, ustedes puedan leer esto juntos». El hombre, ni corto ni perezoso y con una sonrisa cómplice en los labios, llevó la mano al bolsillo y adquirió el último ejemplar. Con las gracias y la más franca de mi sonrisa, entonces le recomendé «comprarle más libros al niño para garantizar que no “terminara de leer” tan rápido».

Así, más o menos, con aciertos y desaciertos, transcurrió la edición santiaguera de la Feria del Libro. Mucho, mucho más podría contarse de la misma. Pero fue mi primera ocasión desde “el otro lado” y eso me dejó extenuado. Acéptenme entonces este breve vistazo.

A horas de la Feria

Otra Feria del Libro en la historia de Santiago de Cuba. La de este año especial por muchos motivos, desde los “oficiales” que la imbrican en los eventos del 500 aniversario, hasta los más objetivos que tienen que ver con la nueva fecha.

En mi caso también especial porque por primera vez me tocará vivirla desde dentro, desde su proceso organizativo, como parte del stand de Ediciones Caserón, de la UNEAC santiaguera. En este período he podido apreciar cuánto de culpas puede tocarle o no a los organizadores por la insatisfacción del público. Al menos, este año, se prometen más títulos, y sé que ya están en la sede del Teatro Heredia por lo que, espero, no se verán estantes vacíos el día inicial, como las imágenes mostraron en Cienfuegos.

Muchos todavía se preguntan qué libros comprarán, cómo estarán los precios, si llegarán títulos de su autor favoritos. Los amigos y conocidos me asaltan a preguntas y peticiones dada mi posición de “infiltrado” en los predios del evento. En verdad poco puedo hacer.

Desde el inicio ya arranca con polémica: ¿por qué no se venderá Herejes, la más reciente y publicitada novela de Leonardo Padura? Esa respuesta tampoco la tengo. Como no la han tenido muchos a lo largo del  país. Cosas que todavía andan en busca de una lógica.

De una fomra u otra la Feria dara inicio este 22 de abril, a las 9 am. Y serán otra vez los niños, las colas, los libros, las satisfacciones e insatisfacciones. La fiesta.

El Diccionario Básico Escolar será otra vez, sin dudas, uno de los títulos más buscados

Wichy en el Sábado del Libro

Fue uno de los textos que me debí en la pasada Feria del Libro en Santiago de Cuba. Ahora lo presentarán en el habitual Sábado del Libro.
“Entre el cuerpo y la luz: poemas y canciones para Wichy”, es un homenaje a Luis Rogelio Nogueras. Compilación de León Estrada y Reynaldo García Blanco, recoge textos de otros escritores cubanos, en los cuales se recuerda la figura de uno de los más destacados poetas de su generación.
Yo también le adeudo mucho a Wichy. Tal vez lo conocí tarde, pero fue siempre. En más de una ocasión ha salvado mis sequías. Alguna vez también le dediqué un texto que ahora comparto con ustedes:

Verso blanco

Inspirado en un poema de Luis Rogelio Nogueras

Una vez Ella me dijo que el silencio también es parte de la música. (Hay cosas que se nos hacen evidentes cuando las dicen con palabras como esas). Vino entonces a mi mente aquel extraño poema. Se llamaba “Poema de amor en versos blancos” y, bajo el título, solo la impecable pulcritud del papel vacío. Genial el poeta que temprano comprendió que también en la nada hay poesía.

Presentarán en Santiago de Cuba libro a la memoria de Luis Rogelio Nogueras, “Wichy”/ Tomado de Sierra Maestra

Santiago de Cuba, abril 2.- La presentación en esta ciudad, el venidero sábado, del libro “Entre el cuerpo y la luz. Poemas y canciones para Wichy”, estará dedicada a la memoria de Luis Rogelio Nogueras, una de las figuras más representativas de la literatura cubana post a enero de 1959, triunfo de la Revolución.

El texto de Ediciones La Memoria es una compilación hecha en esta urbe sur oriental de Cuba, por los poetas León Estrada y Reynaldo García Blanco.

El tradicional Sábado del Libro, que habitualmente tiene lugar en la librería ateneo Amado Ramón Sánchez, en la céntrica calle Enramadas, servirá como escenario a la presentación que estará a cargo del periodista y narrador Eric Caraballoso.

Luis Rogelio Nogueras, Wichy o El Rojo (1945-1985), fue un poeta, narrador y guionista de cine cubano, considerado entre los exponentes más destacados de los escritores de su generación, y a él se debe la publicación de “Cabeza de zanahoria”, que fue Premio David de poesía, en 1967; “Y su muero mañana”, premio de novela en el concurso de la UNEAC, en 1977; “Imitación a la vida”, premio de poesía de Casa de las Américas, en 1981, y “La forma de las cosas que vendrán”, en 1987; “Nada de otro mundo”, antología personal, en 1988, y “De nube en nube”, en 2003.

En la contraportada de “Entre el cuerpo y la luz”, al referirse a Wichy se puede leer: “… ha dejado después de su prematura muerte, un halo mítico que llega hasta nuestros días. Poetas de diversas generaciones lo han tenido siempre como referente y a través de sus versos lo han homenajeado, citando parte de su producción o simplemente dedicándole determinada obra”.

León Estrada y Reynaldo afirman que si bien el olvido no ha podido completar su significación con la obra de Wichy, por la calidad de esta y el genio del autor, “… sus compañeros de generación tampoco dejaron que su escritura todavía hoy de actualidad, quedara solo en fichas bibliográficas.

En la compilación aparecen textos dedicados a Luis Rogelio Nogueras, salidos de las plumas de, entre otros, Pablo Armando Fernández, Roberto Fernández Retamar, Fayad Jamís, Miguel Barnet, Eloy Machado, Guillermo Rodríguez Rivera, Waldo Leyva, Víctor Casaus, Jesús Cos Causse, Lina de Feria, Silvio Rodríguez, Nelson Herrera Ysla, Marilyn Bobes, Pedro López Cerviño, Helio Orovio, Demián Rabilero…

“Entre el cuerpo y la luz…” lleva implícito el mismo fundamento que los otros homenajes: “… celebrar el esplendor de la vida y obra de Wichy”.

Feria del libro en Santiago de Cuba: novedades, el misterio Padura y otras curiosidades

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Hoy quedó inaugurada la edición santiaguera de la Feria Internacional del Libro, Cuba 2013. Feria a media asta.

Como ya es costumbre hasta allí llegué, y no puedo contenerme las ganas de escribir una nueva crónica sobre la Fiesta del Libro en esta ciudad.

De novedades está lleno, en esta ocasión, uno de los eventos culturales de mayor convocatoria en el país. Sobre ellas ya comenté en una entrada anterior. Pero faltaba verlas en aplicación y me parece que, a la hora de las evaluaciones, le doy un aprobado.

La nueva sede, en el Palacio de Pioneros del reparto Vista Alegre, — a partir de las reparaciones que se realizan en la habitual del Complejo Cultural Heredia—, cumple con sus funciones: un ambiente agradable, modernas carpas que sustituyen a los vetustos quioscos, una Gran Librería que cumple con su nombre (si bien algo pobre en iluminación); son algunos elementos que aportan a esta edición valores antes perdidos.

Hasta ese sitio me dirigí, bien temprano en la mañana. En la mente, una lista de los textos que me interesaba comprar. No pasaba mucho de las ocho y ya en las afueras de la casona aguardaba un buen público. Afortunadamente, no demoraron en abrir. Primer acierto.

Luego de una breve cola, logré acceder a la Gran Librería. Localicé muy rápido dos de los textos que me interesaban, mientras que vislumbré futuras compras. Pero, algo faltaba. Me dirigía a pagar mis libros cuando un señor preguntó a la vendedora: ¿No venden “El hombre que amaba a los perros?”.

¡Claro! Uno de los textos ya míticos de Leonardo Padura, Premio Nacional de Literatura 2012; y de quien, sin embargo, resulta difícil hallar sus libros. Para esta feria se había anunciado la reedición de dos de sus novelas más aclamadas, la ya mencionada y “Fiebre de caballos”. Dos títulos que conformaban mi lista y que, inocente de mí, al no verlos, pensé que estarían en otro sitio.

Sin embargo, dicen que a veces no se trata de preguntar, si no de estar cerca de quien pregunte (bueno, esto es una adaptación muy personal de otro refrán, pero me vale igual). Así, me convertí en súbdito del cuestionador y mostré también mi interés por adquirirlo. “Está por allá”, dijo la vendedora; pero por allá no estaba, pues de ahí veníamos mi buen interrogador y yo. No obstante, como buenos clientes, nos dimos una segunda vuelta, solo para comprobar que, en efecto, “por allá no estaba”.

Pero este señor no es de los que se da por vencido, y cuando lo busco con la vista lo veo en conversaciones con una mujer de credencial. Me acerco y alcanzo a escuchar que ella le pregunta, como para confirmar lo dicho, si es el texto de Padura él que busca. Él afirma, y yo con él. Ella me mira y dice: ¿Usted también? Sí. Luego, con gestos misteriosos, se adentra en una oficina, y vuelve con dos ejemplares de ¡¡“El hombre que amaba a los perros”!! “Es de los pocos que quedan”, dice. Y yo, alegre de poder conseguir el tan ansiado libro, sólo le pregunto: ¿Y “Fiebre de Caballos”?; No lo sacaron, responde.

Tras esta escena de suspense, vivida en medio de una decena de personas que tal vez no se percataron, ansiosos como estaban por los textos de Daniel Chavarría y el Diccionario Básico Escolar; me queda preguntarme: ¿cómo es posible que, si fui de los primeros en comprar, prácticamente no logro hacerme de esta novela?, ¿por qué no estaban a la venta junto con el resto de los libros?, ¿dónde quedó la otra novela que se dijo reeditarían para esta feria? Luego me comentó alguien que solo habían llegado cien ejemplares de texto de Padura; si es así, ¿qué se hicieron los otros 98 ejemplares? Como diría una colega: Cosas del Orinoco.

Otras anécdotas pueden narrarse sobre un evento tan multitudinario. Otros señalamientos y sugerencias pudieran hacerse, algunas, recurrentes. Pero me conformo con contarles dos, curiosas y
simpáticas: una, esa señora que luego de comprar un libro sobre cocina, se quejaba a toda voz: “¡Ya, se acabó…si saben que gustan tanto los libros de cocina, que fabriquen más” (sic); la otra, si bien simpática, alarmante, sobre todo para los padres de ese pequeño de 10 u 11 años que el único libro que compró se titula “¿Cómo evitar el suicidio?”.

Desde hoy y hasta el próximo día 10 el libro cobra protagonismo en Santiago de Cuba. Un amplio programa promete mucho. Yo, que en otros años tanto he criticado la organización y desarrollo de este evento, me siento más tranquilo. Sin alcanzar lo que se puede logra, esta edición del 2013 puede ser superior que las de años anteriores. Ojalá no me equivoque.

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