Santiago en mí

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¿El mejor carnaval de Cuba?

Menos de una semana resta para el inicio del carnaval santiaguero, “el Rumbón Mayor”, como gusta catalogarlo la prensa y sus parciales.

Sin embargo, ya las calles de Santiago respiran carnaval. No solo por el trajín constructivo que alza los rústicos quioscos, o las tarimas donde evolucionarán las orquestas en vivo, o los tótem que señalizarán las arterias protagonistas de la mayor fiesta del año en esta ciudad; sino porque el tema se filtra en todas las conversaciones, las calles bullen de personas que se reúnen de pronto en algún que otro “termo” de cerveza que se adelanta a las festividades y, sobre todo, por los constantes desvíos del transporte público que convierten en odisea el moverse por la ciudad, ante la duda de si se llegará al destino o el itinerario culminará unas cuadras antes de la parada acostumbrada.

Para los que, en cambio, no somos asiduos consumidores de este tipo de eventos, estas fechas que se avecinan pueden significar un verdadero dolor de cabeza, dadas las múltiples molestias que puede significar la total alteración del curso normal de una ciudad.

Me pregunto si será majadería nuestra, desdén por “la tradición” de este pueblo. No lo creo, al menos no en la mayoría de los casos. La pregunta correcta podría ser: ¿será realmente el carnaval que se iniciará en las próximas horas, una muestra de la mejor tradición santiaguera? Sólo si la respuesta fuera positiva, valdría entonces el rechazo a quienes no nos dejamos arrastrar por la corriente festiva que predomina por estos días.

Foto: Miguel Noa Menéndez

Preparativos del Carnaval santiaguero. Foto: Miguel Noa Menéndez

Recientemente, durante las sesiones de trabajo del XIX Encuentro de Comunicadores Sociales “Caribe 2000” del Festival del Caribe, se expusieron preocupaciones similares, que debían ser (¿ya fueron?) expuesta a su vez en un denominado Foro del Carnaval, según explicó Martha Mosquera, Vicepresidenta de la Uneac en el territorio.

La también destacada diseñadora santiaguera, mostró su preocupación por la falta de divulgación de un evento de este tipo, que va, refirió, desde la ausencia de spot televisivos de calidad (con alcance nacional) hasta la pírrica celebración del concurso para la elección del cartel del carnaval santiaguero, al cual este año apenas se presentaron tres propuestas. Al final se preguntaba igualmente, si el cartel ganador llegaría a ser impreso y engalanaría las principales zonas de festejos enla ciudad. Porlo que he visto hasta ahora, la respuesta es negativa.

Inobjetable fue también la intervención de Juan Antonio Tejera cuando apuntaba que no se podía hablar de defensa de la tradición del carnaval santiaguero y ver cómo en los diferentes espacios destinados a la música, se priorizaba aquella que nada tiene que ver con lo que tradicionalmente amenizaban estas fiestas, y sí la misma que día a día se escucha en los medios masivos y qué tantas cuartillas y espacios de debate han tenido como centro de las críticas (dígase reguetton).

Hubo quien fue lapidario al hablar de que “ya no existía el Carnaval santiaguero”, que lo que “tenemos hoy es apenas una fiesta popular, una parranda” (ups!!!). No sé si compartir tan arriesgado criterio, aunque no es menos cierto que no pocas áreas del carnaval santiaguero no difieren mucho dispuestas cada fin de semana para las llamadas “Noches santiagueras”; y nada más alejado que las intencionalidades de una y otra celebración.

No quedó igualmente fuera del análisis el aspecto económico y en este aspecto fue clara la voz dela Dra. C. Martha Cordiés, cuando expresó que el mayor golpe que sufrió el carnaval fue su “institucionalización”.

Comoquiera que no era el escenario para profundizar en la temática, el análisis no llegó a mayores. No sé entonces si en otros espacios estas voces se habrán dejado escuchar (no sería primera vez que en el lugar de las decisiones no estén los que más experiencias e ideas puedan aportar), por tanto, aún desconozco cuáles serán los derroteros de la fiesta que se avecina.

Foto: Miguel Noa Menéndez

Adornos del Carnaval santiaguero. Foto: Miguel Noa Menéndez

Mientras tanto las comparsas siguen ensañando sus coreografías para competir en el ya clásico escenario alzado en la Avenida Garzón; las congas afilan sus tambores y cornetas, y en quién sabe cuántos barrios, hábiles manos de costureras dan los toques finales a unas típicas capas que afortunadamente aún no han caído en el olvido.

Pronto las calles cederán sus espacios al afán gregario de sus habitantes. La estridencia se apoderará de las bocinas insomnes de los quioscos de venta (ojalá descansemos del regetton, aunque eso sería mucho pedir) y los amanecer ya no serán tan apacibles para aquellos que tengan la “extraña” fortuna de vivir en las zonas clímax del carnaval.

No dudo que el evento pueda tener puntos distintivos; y que los organizadores hagan su máximo esfuerzo para irle devolviendo al carnaval santiaguero los esplendores de antaño. Mas no puedo ser optimista desde esta distancia. Prefiero esperar el transcurso de los días y confiar en que por toda una semana Santiago viva algo más que una simple “fiesta popular”; viva en cambio, una verdadera tradición: el mejor carnaval de Cuba.

Santiago en metamorfosis

El verano enrumba su proa hacia mar abierto dejando una estela de agobiante calor. La ciudad retoca sus colores bajo los fulgores indiscretos del sol santiaguero, que roba sombras a las casas y savia a los transeúntes.

Como un lubricado mecanismo de relojería, el verano anuncia la metamorfosis de una ciudad que comienza a vivir a otro ritmo. Como brotes que renacen de entre las adormecidas esquinas santiagueras, varios puntos de la urbe oriental retoman oficios estacionales y sólo entonces adquieren para los habitantes de estas sinuosidades, un verdadero sentido y trascendencia, como si sólo fueran reales durante estos breves (muy breves acaso) meses de estío.

Las calles trastocan sus funciones y sentidos ante el apurado alzar de quioscos, tarimas, tenderetes, presagios de un carnaval que cada año despierta planes, rabietas, desesperos y no pocas lágrimas; mientras rezongan algunos por el constante desvío del tráfico que alegra a otros por acercarle el camino a casa.

Santiago está en verano. Si alguna duda quedara sólo basta fijarse en el andar apresurado de su gente; prestar atención a las conversaciones; a los planes que nacen con una celeridad espantosa; el ir y venir de los niños; el rostro circunspecto de los jóvenes previo a los últimos exámenes, reflejo, quizás, de las enrevesadas elucubraciones en las que define, más que su futuro, el tiempo que le resta para disfrutar de un buen chapuzón en la playa; el retorno de las multitudes al “Palo del Aura” a la caza de los camiones que inundan por estos días el litoral más cercano a la ciudad.

Hacen eco en las gastadas fachadas de la urbe, las notas de una corneta china que ni bien acaba de quemar al diablo en la Alameda, y ya rige los pasos de congas y comparsas que ensayan entre el secreto a voces de sus barrios para competir por el galardón en los coloridos desfiles de las noches carnavalescas de Garzón.

En Santiago es verano, y para quien guarda en sus piernas el sabor de una caminata por sus ruas onduladas, es como decir que Santiago está de fiestas.

Preparativos del carnaval en Garzón. Foto: Miguel Noa Menéndez.

Preparativos del Carnaval en el Reparto Sueño. Foto: MIguel Noa Menéndez

Prparativos de los carnavales santiagueros. Foto: Miguel Noa Menéndez

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