Santiago en mí

Archivo para la etiqueta “monumentos”

Santiago de Cuba y su monumentalidad (IV)

Palacio Municipal de Santiago de Cuba 1955Quizás los santiagueros no lo hayamos descubierto aún, pero este lugar es, realmente, el recinto más espectacular de nuestra añeja ciudad: una revelación de grandes y significativas obras, por valor propio, integradas, a la vez, a los sentimientos y quehaceres de un mundo de gente, que se muestra a cuantos vienen y van por las cuatro vías por las que se pueden acceder a ella. (I, II y III)

Vieja, querida y coqueta –cuya faz ha renovado muchas veces-, y a la que todavía cortejan esbeltos, vetustos y eternos pretendientes, la Plaza de Arma de Santiago de Cuba, o el parque Céspedes, como todos acá le llamamos, constituye, sin lugar a duda, uno de los conjuntos monumentales más atractivos y, absolutamente, en el que más interactúan propios y foráneos; sede de incontables citas de múltiples amores, de peñas fervorosas sobre los temas más polémicos, en la que, las más de las ocasiones, el amor propio lleva ventaja a la razón; bancadas de relatos hiperbólicos y de glorias ficticias, que ganan verosimilitud con la fuerza con que son contadas; áreas de recreos infantiles, añorado escenario, en fin, de varias generaciones, en cuya parte central, un original monumento, erigido en 1953, rinde tributo de recordación perenne a la gesta del 10 de octubre de 1868, al máximo héroe de aquella gesta y Padre de la Patria cubana, a Carlos Manuel de Céspedes.

Mirando al sur, sobre el escaque que marcan las calles Heredia, al frente; Lacret (San Pedro) y Félix Pena (Santo Tomás), por los laterales, y Bartolomé Masó (San Basilio), al fondo, se alza predominante, sobre un promontorio aplanado,la Santa Basílica Metropolitana, cercana ya a los 350 años en este propio sitio (anteriormente, desde 1522, en otros puntos de la ciudad), en la que resaltan no sólo sus altas torre-campanarios y su gran cúpula central, sus puertas enormes, el amplio y acogedor atrio, en forma de U, con su balaustrada de madera torneada, y sus bajos –también en U, en toda la extensión de la lonja, con sus activas entidades culturales y comerciales.

Su aspecto actual, de sobria expresión neoclásica, es obra del eminente arquitecto y urbanista santiaguero Carlos Segrera Fernández, a quien también debe el populoso centro de solaz, los dos edificios que copan todo el lado oriental del recinto citadino: el hotel Casa Granda -activo y con elevada demanda, por supuesto, a solo meses de su centenaria existencia- y la versión moderna del otrora Club San Carlos, hoy sala de conciertos Esteban Salas (altos) y galería de artes Oriente (bajos); obras de las que, por sus estilos y funciones, la ciudad siente especial orgullo; cual lo sintió por otra creación de Segrera: el anterior hotel Venus, abatido por el terremoto de 1932, en cuya área hoy se levanta el moderno edificio del BANDEC, antiguo Banco Nacional de Cuba.

Si de orgullo hablamos, contiguo a esa entidad financiera, abarcando entre ambos todo el segmento dela calle Félix Pena, desde Heredia a Aguilera, se muestra la edificación más antigua de América, con casi 500 años de existencia, lo que fuera la Casa delAdelantado Diego Velázquez, ahora Museo de Ambiente Colonial, rescate glorioso del profesor catalán –santiaguero por amor y condición- Francisco Prat Puig; autor principal –es oportuno decir- del proyecto que hace unos 60 años se materializó en el nuevo Ayuntamiento de Santiago de Cuba, único en su expresión, como síntesis evocadora de la modesta pero valiosa arquitectura colonial santiaguera, rival fraterno, en majestuosidad, de la catedral, a la que mira de frente.

Tomado de Sierra Maestra

Santiago de Cuba: una plaza, un lugar, un día… (II)

Esta céntrica plaza adquiere su imagen actual de corte neoclásico hacia 1940. Allí se levantan pérgolas semicirculares en los extremos, con maderos cruzados en su techo,  y un hemiciclo que sirve de  escenario o tribuna para diversas actividades.

Un detalle: en la Plaza de Marte existen esculturas y monumentos de gran belleza y de especial importancia. En primer lugar, una estatua del general de brigada Joaquín Castillo Duany, eminente médico santiaguero y hombre de una vasta cultura-, cuya altura es de 5,10 metros y que fue erigida en 1912, hace cien años, por el Consejo Provincial de Oriente. Al otro lado fue colocada otra dedicada al general Francisco Sánchez Hechavarría, para entonces gobernador de Oriente.

Leer más: Santiago de Cuba: una plaza, un lugar, un día… (II).

Santiago de Cuba: una plaza, un lugar, un día... (II)

 

Santiago de Cuba: una plaza, un lugar, un día… (I)

La antigua villa de Cuba, hoy Santiago de Cuba es una tierra de maravillas. Sus paisajes reflejan en perfecta armonía el verde-azul de sus empinadas montañas con el turquí profundo de las aguas de sus mares y de su bahía. Allá y acá, los techos y las casas reflejan las diferentes épocas que les tocó vivir; tiempos de azares, de corsarios y piratas atacándola para llevarse sus riquezas, ante todo, el cobre de la mina cercana, o los campanarios y los adornos dorados de sus iglesias; tiempos en que sus propios hijos se lanzaron a la mar, también como corsarios y piratas, para devolver los golpes traicioneros dados por los sin ley que vivían en las cercanas islas de Jamaica, Santo Domingo o en las Antillas menores.

Así de heroica fue y sigue siendo la historia santiaguera, marcada para siempre por la impronta de sus mejores hijos y por una geografía que la hacen diferente al resto de las poblaciones de Cuba. En otros sitios no existen lugares espectaculares como el Castillo de San Pedro de la Roca, nuestro Morro que permanece vigilante a la entrada de su bahía, escoltado por las montañas de la Sierra Maestra y por la imponente fosa de Bartlett, cuyos paisajes, increíbles en cualquiera de los puntos cardinales, hacen nacer los mejores sentimientos de agradecimiento de la más indiferente alma humana.

Leer más:  Santiago de Cuba: una plaza, un lugar, un día… (I).

Santiago de Cuba: una plaza, un lugar, un día... (I)

José María Heredia

Detalle Monumento a Jose María Heredia en Santiago de Cuba

Detalle Monumento a Jose María Heredia en Santiago de Cuba

Por José Antonio Tejera[1]

Los santiagueros, con su peculiar sentido del humor, le llamaron la estatua del danzón, por la forma extendida de su brazo cuál si fuera pareja de baile cubano, pero en su fuero interno se sintieron más que orgullosos de que se le erigiera una estatua a ese poeta romántico, patriota definido, cantor de la posteridad que ya casi es eternidad y que nacido en Santiago de Cuba, es uno más en la relación de los grandes de esta ciudad. Me refiero a José María Heredia. Su estatua se ha convertido en un símbolo de un reparto y fue centro de muchas actividades durante largo tiempo. Aun lo es. Más ahora que ha sido remozada y ha retenido el encanto que la ha caracterizado. Y es que Santiago desde tiempos remoto ha sentido el orgullo de ser cuna del poeta que al partir, dejó una lágrima de tristeza y que al regresar y no sentirse hombre libre volvió a llorar. Es Heredia quien tuvo el honor de que su nombre fuera impuesto a la calle donde nació y fue el primero de los cubanos en recibir tal honor. Y allí su casa natal convertida en museo, donde sus enseres impresionan por su frescura y en la que, en más de una ocasión, se reúnen los poetas para hacer versos en su nombre. Sí, Heredia es otro más que ha sido acogido por derecho propio, por abrir los ojos a la luz de esta ciudad de maravillas.

 


[1] Lic. Juan Antonio Tejera Calzado (31 mayo 1941-)

Gradudado Licenciatura  en Física/ Universidad de Oriente. Graduado Comunicaribe Course. West Indian University. Escritor y Director Programas de Radio. CMKC y CMKW, Santiago de Cuba, Radio Guantánamo y Radio Tunas. Escritor Programas de TV. Tele Turquino. Redactor Revista Excelencias Turísticas del Caribe. Sección Historia y Etnologías. Publirreportajes. Redactor Director Revista Correo Bautista. Coordinador del Taller de Comunicadores Sociales “Caribe2000”. Festival del Caribe (18 ediciones). Secretario de Relaciones Públicas e Internacionales Comité Gestor Asociación Cubana de Estudios del Caribe. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Miembro Fundador del Ateneo Cultural Lic. Antonio Bravo Correoso. Premio Nacional de la Radio 1984. Premios Caracol UNEAC 1992, 1994. Miembro del Comité Organizador Premios Caracol Santiago, 2005, 2006, 2007, 2008 Decenas de Premios Provinciales dela Radio. Colaboradordel Boletín Cultural “Atenea”. 2001. Conferencista y Moderador de la Exposición y Taller de Religiones Afrocubanas. Santiago de Compostela. 1999. Investigador de Religiones Afrocubanas. Colaborador del Programa Imágenes Afroamericanas. Radio Nacional de Venezuela. Colaborador de la Casa del Caribe. Escritor y Director del Programa Históricos santiagueros. Estampas y La Ciudad te Cuenta. Creador de más de veinte programas dela radio. Presidentede la Comisión de Calidad y Consejo Artístico dela Radio. CMKW.Reconocimientosde organismos: Poder Popular, UJC, Dirección de Artes Escénicas, Casa del Estudiante Casa de las Tradiciones, ANAP, Dirección de Deportes, etc. Profesor curso formación escritores. Coordinador del Concurso Fotográfico “Mujeres de Hoy”. Realizador de Videos y CD-Rom. Grupo Cuba-Italia. Conferencista en la Asociación de Mujeres Latinoamericanas. Berlín. 1999. Conferencistas Curso Verano Universidad Davis-Casa de las Américas. Coordinador de Taller UC Davis-UNEAC Santiago. Cultura Afrocubana. Conferencista. Miembro de la Comisión de Calidad dela Radio. Vicepresidente Asociación Cine, Radio, TV UNEAC.

 

La Monumentalidad en Santiago de Cuba (III)

Por Joel Mourlot Mercaderes

Parque Aguilera Santiago de Cuba,

Parque Aguilera Santiago de Cuba, al fondo la iglesia de Dolores

Aunque ha perdido buena parte de sus encantos originales –y ganado otros, ¿por qué no?-, la Plaza de Dolores es, hoy por hoy, uno de los complejos monumentales más impresionantes y emblemáticos de la ciudad de Santiago de Cuba. (Partes I y II)

Hay, en su bello y «retocado» escenario esa combinación –tan común en esta urbe caribeña- de edificios significativos y de esculturas notables, que hacen de este lugar, ciertamente, un punto atractivo y apreciable, para propios y extraños…

Faltan –es preciso advertir- en su remodelado segmento norte, las casonas distintivas que fueron moradas de los marqueses de la Candelaria de Yarayabo y de los condes de Santa Inés, en cuyas estructuras interiores, o en su solar, se erigen actualmente varios de los restaurantes más apreciados de la ciudad, a los que antecede -sobre una de las dos vías en que se divide la calle Aguilera-un amplio bulevar destinado al servicio turístico.

Frente, en la acera sur, conservando aún el viejo timbre de sus pasadas glorias, se alzan las edificaciones antiguas de lo que es ahora La Taberna Dolores («El Bodegón», para todos los santiagueros) y de lo que fue la imponente vivienda del prócer bayamés Francisco Vicente Aguilera, que, con sus recios e invitadores balconajes, se muestran victoriosas sobre algunos edificios de épocas recientes, nunca tan bellos como esas huellas airosas de los siglos XVIII y XIX; émulas, en fin, de la vetusta iglesia de Nuestra Señora de los Dolores (hoy sala de conciertos «Dolores»), que pese a sus casi 300 años de existencia, conserva casi exacta su imagen externa, sobresaliente en extremo cuando los primeros rayos de sol irradian sobre la ciudad, y no obstante la gigante figura del ya centenario Colegio de Dolores (hoy preuniversitario Rafael María de Mendive), que, contiguo al templo, parece su efectivo guardián.

Cubren la línea del ocaso solar en la plaza, la antigua casa de Antonia Santa Cruz Pacheco, la rica abuela de los Portuondo Tamayo (actualmente restaurante Matamoros); un exponente biplanta de los primeras décadas republicanas y lo que fuera la distinguida tienda de ropas exclusivas «Clubman», que se desparrama hacia la calle Enramadas.

Sin embargo de todos estos atractivos, lo verdaderamente culminante en la plaza es el conjunto monumental en homenaje al insigne patriota bayamés Francisco Vicente Aguilera Tamayo, que centraliza el oblongo parque, harto de sombra de los árboles y de bancadas, destinadas al solaz de los transeúntes y visitantes.

Allí, en efecto, se levanta la gran base forrada de mármol e incrustada por leyendas en bronce, que resumen del pensamiento y de los datos de natalidad y muerte del Héroe, a todo lo cual se anticipa una imagen femenina con algunos atributos que invocan la patria. Y sobre aquel alegórico y estirado pilar de unos 7 o más metros de altura, a cuerpo entero, invocando más las ideas que la la acción, la figura egregia de aquel que fuera uno de los pioneros del separatismo cubano, a mediados del siglo XIX; líder principal de la conspiración que desembocó en la primera guerra cubana por la independencia de España en 1868; el virtuoso revolucionario que supo supeditar sus propios y legítimos intereses a los de la patria –incluido el de liderar la revolución-; el jefe militar de los primeros años dela Guerra Grande, el vicepresidente dela primera Repúblicade Cuba en Armas, y el misionero de esta que fue a la emigración como unificador de las corrientes que allá se opugnaban, y como mendicante patriótico, para allegar recursos a la revolución, cuyo fin no vio, al rendirse a la muerte, el 22 de febrero de 1877, víctima de un cáncer en la garganta.

Le lloraron todos los cubanos dignos, los gobernativos de los Estados Unidos que tuvieron tratos diversos con él, los negros norteamericanos y cubanos, que tuvieron siempre en Aguilera un defensor desinteresado, y cuantos le conocieron en Cuba, Norteamérica y Europa, que lo supieron aquilatar siempre como un hombre cabal, producto que Cuba brinda a la ejemplaridad universal.

Tomado de Sierra Maestra

Navegador de artículos