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(en foto) Zoom In la escalinata más famosa de Cuba, la de Padre Pico

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Padre Pico: símbolo de una ciudad-escalinata

Padre Pico, el hombre

Ya hemos hablado en este blog de la popular (por qué no famosa) Escalinata de Padre Pico, enclavada en la calle del mismo nombre, otrora calle Hospital. Sus cualidades, su historia, sus leyendas, han elevado a esta arteria a una especie de mito popular, robándole de esta forma, a su nombre, toda huella de la humanidad que alguna vez lo poseyó. Es por esto que hoy me nutro de un artículo aparecido en el número 24 del Boletín Acción Ciudadana (Octubre 31 de 1942) en el cual se nos presentan algunos datos biográficos del Padre Pico, el hombre.

Bernardo Antonio del Pico y Redín, nació en Santiago de Cuba el 20 de agosto de 1726 y fue bautizado en la Santa Iglesia Catedral nueve días después. La posición holgada de su familia le permitió darle al pequeño una educación muy cuidadosa que lo inclinó, desde muy temprana edad, a abrazar la carrera eclesiástica, la cual estudió en el Colegio Seminario San Basilio el Magno.

Joven aún, dados sus merecimientos e inteligencia, ocupó cargos de responsabilidad en la Iglesia Católica, como son los de Consultor de Santo Oficio, Cura Rector de la Iglesia de Santo Tomás Apóstol, Prebendado Racionero, Promotor Fiscal, Vicario Episcopal, Provisor y Vicario y Dean del Cabildo, este último, cargo con que fue distinguido por recomendación del Obispo y nombramiento del Rey.

Del Pico y Redín fue reconocido por su labor altruista y sus obras de “caridad y progreso”, siendo la más recordada la fundación de la Casa de Beneficencia. Se cuenta que días antes de su muerte, ante el temor de que “sus pobres” fueran abandonados, ratificó en la última voluntad de su testamento de fecha 10 de noviembre de 1813, que todos sus bienes fueran heredados por dicho establecimiento, como en efecto se hizo.

El Padre Pico falleció en esta ciudad y fue sepultado en la Iglesia Catedral, el 14 de noviembre de 1813.

Vista de la Escalinata de Padre Pico en 1939

El 12 de octubre de 1903, el Ayuntamiento de Santiago de Cuba, en mérito a la obra del estimado santiaguero, acordó designar una de las calles de la ciudad con el nombre de Padre Pico, y fue seleccionada al efecto, la antigua calle del Hospital, que ostentaba ese nombre por encontrarse por encontrarse en dicha calle el “Hospital de San Juan de Dios”. Apenas diez días antes, se había estrenado la popular escalinata que marcaría, para siempre, la trascendencia de esta arteria santiaguera.

Del Padre Pico, el Boletín Acción Ciudadana escribió:

“El Dr Bernanrdo Antonio del Pico y Redín, fue un sacerdote ejemplar, que predicó a la manera de Cristo, la religión que profesaba, encendiendo el amor en las almas y compartiendo su pan con los necesitados”.

Padre Pico: símbolo de una ciudad-escalinata

Es imperdonable hablar de Santiago de Cuba sin mencionar una peculiaridad de esta ciudad cubana: sus calles-escalinatas. Aunque reconozco difícil el decir nuevos detalles de algo que, por único, ha sido objeto de más de un artículo e imagen de aquellas tarjetas postales que nacen desde las poblaciones-museos de las que habló Carpentier. Por eso, hoy me baso en un artículo que aparece en la página de la televisión santiaguera, y en otras publicaciones a las que he tenido acceso, para hacer un homenaje a esta singularidad de mi Santiago; homenaje que a su vez, complemento con bellas imágenes históricas del principal símbolo de nuestras calles-escalinatas: Padre Pico.

Como introducción (extensa por demás) les transcribo algunos fragmentos del artículo titulado “Las escalinatas santiagueras: íconos de nuestra ciudad”, de la autoría del periodista Israel Hernández Planas, que aparece en el sitio www.tvsantiago.co.cu:

“(…) En el casco histórico, que ocupa una extensión de 3,2 kilómetros, tenemos cinco de las más relevantes, (…) [en el] barrio el Tivolí (…) se hallan las escalinatas del Callejón Santiago, la escalinata de la Virgen y la más famosa, la escalinata de Padre Pico, símbolo imperecedero del Santiago de todos los cubanos.

“Las otras dos escalinatas del centro histórico son la de Los Maceos y aquella que lleva por nombre Lauro Fuentes y que logra un confort y ambiente único en el lugar donde está enclavada. ¿Pero porqué Santiago cuenta con tantas escalinatas? Hallar la respuesta a esto no es difícil para quien halla caminado por Santiago de Cuba y sepa de sus lomas. Pero la historia de la ciudad y de su arquitectura es muy importante en este sentido.

“(…) La imagen urbana resultante de ese periodo de 1515 a 1898 puede resumirse en una ciudad caribeña marinera, forjada con los avatares sísmicos y que por su geografía accidentada creció generando una red de calles, callejuelas, callejones y escalinatas que en su adaptación al terreno que ocupan ondulaban como ejes serpenteantes llegando en las zonas altas a constituirse como verdaderos miradores naturales hacia el puerto y el paisaje natural y urbano circundante.

“Desde los primeros indicios de desarrollo urbanístico, la ciudad tuvo que adaptarse a la topografía irregular del terreno. Estas mismas condiciones del relieve hace a cada paso Santiago muestre sus lomas, a veces de inclinaciones severas y a las que sólo se asciende por medio de las escalinatas o calles escalonadas. En la génesis arquitectónica y debido a la necesidad de facilitar el paso por la ciudad surgen los llamados pretorios, escalones que permiten acceder a una edificación desde el nivel de la calle a través de una escalera que en ocasiones llega a ser muy vertical. Pero desde el punto de vista urbanístico y con el fin de conectar las calles surgen las escalinatas.

“Cada una de estas escalinatas guarda sus secretos, describe su historia y se convierten en elementos propios de nuestra ciudad, como es el caso de la célebre Escalinata de Padre Pico. Emplazada en la antigua Loma de Corvacho, llamada así por el apellido de un bodeguero que tenía su negocio en la esquina próxima. La escalinata fue construida por mandato del alcalde de la ciudad Emilio Bacardí y Moreau quien declinando el honor de que esta obra recibiera su nombre determinó dedicarla a quien fuera Dean de la Catedral, el Doctor Bernardo Antonio del Pico y Redín, por su vida ejemplar y el amor que tenía a sus feligreses y pueblo en general. Hoy, la escalinata de Padre Pico, junto a las otras, brinda a quien las sube un cansancio placentero y una vista inigualable con el aquel de haber transitado por algo tan genuinamente santiaguero. Así son las escalinatas de Santiago.

“Se dice, con razón, que cada uno de los peldaños de Padre Pico puede contar una vivencia diferente. En la intersección de Padre Pico y Santa Rita, fue velado el cadáver del patriota Carlos Manuel de Céspedes, quien en 1868 inició la Guerra de Independencia (que en esa etapa duró diez años) y también, casi un siglo después, cayó combatiendo en la escalinata, el revolucionario Antonio Alomá durante el alzamiento del 30 de noviembre de 1956, cuando Santiago de Cuba se levantó en armas para apoyar el desembarco del yate Granma, en la oriental playa de Las Coloradas.”

En efecto, la escalinata de la calle Padre Pico sobresale sobre el resto de sus similares pues sus 52 escalones (agrupados en trece bloques de cuatro peldaños cada uno, y doce bases de descanso), han sido testigos de trascendentales hechos históricos, siendo el alzamiento de Santiago de Cuba el 30 de noviembre de 1956, el que la marcaría para siempre.

Este segmento de la urbe santiaguera, antes de adquirir sus peculiares escalones, existió bajo diversas denominaciones (Loma de Boca Hueca, Cuesta de Amoedo, Loma de Piedra y Calle de los Leganitos), aunque las que más tiempo sobrevivieron en la memoria popular fue la de Loma del Corvacho, nombre que tomara, tal y como menciona el artículo de Hernández Planas, del apellido del español Juan Corvacho, quien abriera una tienda de víveres en la esquina de Santa Lucía y la antigua Calle del Hospital; y el nombre actual de Escalinata de Padre Pico.

Según recoge el artículo “La Escalinata de Padre Pico”, publicado en 1969 en el periódico Sierra Maestra, esta escalinata se inauguró el 2 de octubre de 1903. De inmediato, su originalidad fue centro de la atracción de santiagueros y visitantes de la ciudad, y comenzó desde temprano a tejerse sus propias anécdotas, como la del chofer, dueño de un antiguo automóvil marca Ford, quien para demostrar sus habilidades con el timón, descendió por los escalones “dando saltos en su vehículo”. Otro que no pudo escapar al encanto de la calle-escalera fue El Diablo Rojo, quien demostró su pericia como patinador al bajar, en varias ocasiones, saltando de cuatro en cuatro los escalones, en medio de los aplausos delirantes de sus admiradores.

Sin embargo, tal y como enuncia el trabajo de Israel Hernández, no es Padre Pico la única de estas curiosas calles en nuestra ciudad. En total, las calles-escalinatas sobrepasan la quincena. En mi propio barrio, de apenas una veintena de cuadras, se pueden encontrar dos de estas escalinatas, no tan glamorosas como Padre Pico o algunas del centro histórico de la ciudad, pero igual de empinadas, que enlazan dos de las entrecalles de mi reparto, con la carretera Central.

Símbolos de una urbe de por sí simbólica. El santiaguero agradece, en el desandar por su Santiago, la existencia de estas calles escalonadas, que alivian el ascenso por las empinadas cuestas de la “anatomía” de esta urbe oriental y, orgulloso, desde su último escalón otea con beneplácito la ciudad que se extiende en el horizonte.

Calle Padre Pico en Santiago de Cuba en 1938
Vista de la escalinata de Padre Pico
Vista de Calle de Padre Pico en 1939
Vista de la Calle Padre Pico desde la escalinata

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