Santiago en mí

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Mujeres, prensa, temblores…motivos para una peña

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¿Cuántos motivos pueden haber para una peña? De tanto andar por estos espacios culturales la respuesta cae por su peso.

Para la más reciente edición de “Crónicas de mi ciudad”, escogimos uno: la cronografía de temblores en Santiago de Cuba. ¿La razón? El pasado 3 de febrero se cumplieron 82 años de unos de los terremotos más dañinos para la ciudad de Santiago de Cuba; mientras que el próximo 20 de marzo, los santiagueros recordarán el sismo que en 2010, avivó los temores seculares de esta urbe. Al coincidir la peña de febrero, con el día de los enamorados; decidimos que este marzo, entre el recuerdo de dos eventos similares, rescataríamos esas crónicas que nos han legado una visión de tales fenómenos en la séptima de las villas cubanas.

Al respecto conversamos con el Dr.C. Tomás Chuy Rodríguez, Investigador titular del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas (CENAIS) y un gran conocedor y estudioso de la historiografía sísmica cubana. Entre crónicas de los terremotos de 1852 y 1932, Chuy nos acercó a otros desastres de la urbe, detalles de sus características y la importancia de las crónicas para la estimación de los valores de intensidad y magnitud de sismos perceptibles en siglos pasados.

Fue una conversación muy interesante, con alguien que conoce a la perfección estos fenómenos, que dice no asustarse ante tales sacudidas, pero reconoce que sus colegas del CENAIS si “corren” al primer movimiento más por el estado constructivo en que se encuentra sus instalaciones que por el temor al sismo en sí.

Hasta ahí, el primer motivo.

Los otros se asumieron como obvios. Este 14 de marzo, se celebró el Día de la Prensa cubana, y entre la felicitación a los periodistas santiagueros, Adonis Vargas leyó acerca del tratamiento de la prensa en el Cine.

La mujer, fue el tercer y más importante motivo. Porque nuestra anfitriona es mujer; porque buena parte del público que nos sigue lo es; porque el pasado 8 de marzo fue su día, aunque bien recordó Carlos Javier (integrante del Dúo Estocada), para cantar a la mujer cualquier día es bueno.

Desde el inicio de la Peña Giselle Lage Gil (anfitriona), acompañada a la guitarra por el trovador Fernando Guerrero, regaló sus temas a las mujeres presentes, homenaje al que se unieron Carlos Javier y Erick Ramírez, ya habituales, ante la ausencia, por cuestiones de trabajo impostergables, de la invitada Zulema Iglesias y el guitarrista Pau Sarocho, quien desde ya prometió saldar su deuda en próximas ediciones de la peña.

Esta fue la séptima de las “Crónicas de mi ciudad”. La próxima comienza a escribirse desde este instante…

Espacio Abierto y una Estocada directo a la sensibilidad

Este texto me lo debía hace mucho, tanto como aquellos días en que en una destartalada guagua Girón (sé que lo de “destartalada” es redundar) fuimos hasta El Cobre y lo mejor del día no fue el ganarme una mención y un plato cerámico por mis (casi) poemas, sino el descubrir a este dúo y sus canciones que, alerta su nombre, llegan como estocada directa a la sensibilidad.

Entonces no pude evitar acercármeles, extenderle mi mano, confesarme subyugado por sus letras, por ese empalme de voces y guitarras; por ese buen gusto en medio de tanto y tanto. Solo les pregunté dónde forzar un reencuentro y nos hablaron de Espacio Abierto, su peña que, desde aquellos lejanos días ya, se celebraban en la Casa Natal “José María Heredia”. Prometí asistir. Pero hay promesas que para cumplirse han de pasar la prueba del tiempo, aunque no queramos.

Después vino mucho. Y Sandy. Y parecía que aquel día en El Cobre era de otro mundo, cuando no había preocupaciones y todo valía una canción. Ahí estaba la huella de mi plato roto, como para no dejarme olvidar. Y no olvidé. (No olvido).

Pero lo mejor que tiene la vida es que sigue (con y sin nosotros, como diría Santiago Feliú). Y en ese tren andamos todos. Así, un día, me embargué en un proyecto que nunca me había pasado por la mente: una peña cultural.

Ya en otros momentos he dicho cuánto de locura tiene esto de andar en peñas, más organizarlas, pues una cosa es lo que se quiere y otra lo que se puede. Y entre el quiero y puedo nos dijeron, “hablen con Estocada”. Y hablamos. Y no hizo falta más. Después de casi un año, nos reencontramos, no en su peña, sino en la nuestra. Trova, balda, bossa, son, todo con un sello muy personal, hicieron las delicias de un público que los descubría a la par de nuestro redescubrimiento.

Pero fue más que redescubrimiento, fue el inicio de una amistad. Desde entonces hay cierta complicidad entre el quehacer de Estocada y la Peña “Crónicas de mis ciudad”; pero también entre nosotros y el Espacio Abierto de cada tercer sábado de mes. Espacio sui géneris, donde hay lugar para todos y más que peña es descarga de amigos, complicidad, voz común por el arte y la cultura.

Ya lo dije, me debía estas líneas que ahora parecen favor a un amigo. Y pudiera ser, si no fuera porque no lo necesitan, porque su obra habla por sí sola, se impone desde el primer acorde, desde el primer verso cantado.

Muchos aún no los conocen, por esas incomprensibles necedades del “mercado” de lo fácil, lo banal. Pero me atrevo a decir que son ellos quienes se pierden de algo de lo mejor que hoy se hace en Santiago de Cuba (¿en Cuba?) en materia musical.

Para ellos, para ustedes, los dejo con un fragmento de “Vivir”, canción que nos conmovió desde el primer día por su sencillez y que hoy, donde estemos, el Dúo Estocada tiene la deferencia de regalárnosla.

Que de mis labios brote el beso que anhelaste/ pa’ que se funda con los tuyos/ y que tu cuerpo sea el templo de mi cuerpo/ donde el amor sea su Dios/ Pero es uno quien cambia el rumbo a ese destino/ solo nos queda compartir el mismo vino y en el camino/ Vivir, vivir, vivir…

Brindis por la Peña del Menú

A propósito de las palabras de José Aquiles, compartimos está crónica escrita por L.E. Verdecia Calunga, sobre la más reciente edición de la Peña del Menú, del trovador santiaguero.

BRINDIS POR LA PEÑA DEL MENÚ

L E Verdecia Calunga

HAY muchos modos de comenzar un año y quiero referirme a uno de los más felices. Algunos de mis allegados están conscientes de cómo para mí ir a Santiago de Cuba es como revitalizar esa hermosa alegoría del mitológico Anteo quien, al contacto con su madre Gea, volvía a recuperar fuerzas para el combate. No siempre tengo conciencia exacta de ello, pero solamente caminar por la ciudad, escuchar la cadencia comunicativa de sus gentes, volver a contemplar el collar de montañas que la rodean o el aparente hueco donde se anida su bahía, (re)encontrarme con sus buenos atributos –y hasta con los malos-, admirar edificaciones o atravesar alguna plaza, me hacen realimentar viejas y queridas sensaciones que, no lo escondo, me fortalecen.

PERO fue exactamente el sábado 11 de enero un día especial para esa revitalización. Temprano en la mañana supe que en el Sábado del libro iba a ser presentado Santiago literario, obra donde la voluntad, la perseverancia y el amor a la ciudad de su autor León Estrada se manifiestan como resultado de un esfuerzo compilador y esclarecedor que le acompaña desde hace años. Fue la Librería Ateneo un primer espacio para volver a saludar, abrazar y dialogar con gente amiga en un ambiente que no siempre es fácil de encontrar.

EN los instantes inmediatos a la presentación del libro, fue Nereyda quien me alertó e instó para que asistiera al atardecer a la Peña del Menú. Juro que de momento no me percaté del todo a qué se estaba refiriendo, mas cuando someramente me refirió los nombres de José Aquiles y Gabi Soler, y la atmósfera que allí se creaba, además de que esa noche el invitado especial era Roberto Papo Sánchez, bastó para que incluyera en mi agenda sabatina recordar de qué se trataba.

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PARA ser la primera vez que atravesaba el umbral del Centro Cultural Francisco Prat Puig, merecido homenaje al querido y admirado profesor del que gratas enseñanzas y anécdotas me acompañan, no pudo ser mejor ni la sorpresa ni el agradecido placer de encontrarme en un sitio donde la calidez, el buen gusto y el inefable sabor y ambiente a lo cultural concebido con amor a lo que se hace, así como el reposado concatenar de sus partes son ingredientes que no hay que enviar por ellos, están allí. Se dan cita y conviven en la Peña del Menú.

TODO anfitrión que se precie de serlo está obligado a (de)mostrar la valía de su ámbito. José Aquiles, ese viejo cantautor de profundas raíces santiagueras, bajo las adecuadas luces de un discreto y eficaz escenario, con breves palabras introductorias, jocosas, fáciles, comenzó a llegar a las varias decenas de asistentes entre los que quizás ninguno era como yo -con la excepción del grupo de turistas norteamericanos-, un fisgón debutante.

NO imaginé realmente cuánta gente conocida encontraría en aquel espacio, ni cuán rápido iba a sentir que transcurrieron las más o menos dos horas que permanecí en aquel agradable entorno de canciones, anécdotas, recuerdos, sones y el resultado de un singular concurso de participación inmediata. Allí, desde antes del abrazo del productor más sudoroso que haya conocido, aprecié el ánimo abarcador y eficiente de Gabriel Gabi Soler y su accionar para que todo quedara bien; pero también agradecí con la admiración de siempre el cálido saludo del anfitrión José Aquiles, sencillo señor de aquella Peña que para degustar sin reservas, brindó una oferta de calidad en su menú.

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ERA la primera edición de la Peña del Menú en el 2014 y para suerte mía se efectuó el segundo sábado de enero ya que, como es su generalizada costumbre, acontece el inicial de cada mes. La voz muy bien conservada de José Aquiles dejó escuchar canciones que, recordadas o no conocidas para mí, fueron un saludable primer momento para dar paso al primer clímax: la excelente interpretación que Grisel Gómez hizo (hace) del tema Santa Trinidad, el mismo que ella defendió y con que el Aquiles como autor había ganado días antes el Gran Premio del concurso convocado por los 500 años de Trinidad, la tercera villa fundada en el siglo XVI y declarada en 1988 Patrimonio Cultural de la Humanidad.

UNA vez más el talento del trovador y otra dosis de orgullo para los que queremos la cultura santiaguera, del mismo modo que la extensa nómina de la cancionística cubana posee una nueva adquisición. Pero las mayores sonrisas estaban por llegar: el invitado de la jornada –algo que según he conocido caracteriza cada PdelM– ya dije era el actor y director Papo Sánchez, un hombre al que lo escénico se le plantó en las venas hace muchísimo tiempo.

OÍRLO responder preguntas y referir anécdotas jocosas –salpicadas por la rememoración del conductor anfitrión- fue de las cosas buenas de aquella peña.

POR momentos tuve que recordar los días lejanos en que –siendo él estudiante del cuarto y entonces último año- se empeñó en que la Escuela de Letras tuviera un grupo de teatro guiñol, donde un primerañero de nombre Lino Ernesto trató de aprenderse lo que correspondía a uno de los personajes del Retablillo de don Cristóbal, pieza emblemática del gran García Lorca. El mismo Papo que luego fue director general del conjunto de danzas Cutumba, otro de los blasones con que cuenta la historia cultural de Santiago de Cuba.

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Y disfrutamos otra vez la voz de Aquiles y una pieza sonera donde aprecié esa presencia intersonera (más allá de lo meramente intertextual) que viene desde Matamoros y Ñico Saquito, roza a Pucho el pollero y llega hasta José Nicolás y Felipón.

EN todo aquel suceder de amenidades, participó otro distintivo de la ciudad, José Álvarez Ayra, un amigo de muchos al que conocemos como el mago Ayra, quien dejó apreciar sus dotes de excelente ilusionista para sorprendernos con gracia, histrionismo y sugestión, algo que coadyuvó a la eficacia del guión. Elemento este que permitió transcurriera coherentemente –no sin sobresalto dinámico para el productor- una velada que tuvo su colofón en las interpretaciones del Septeto de la Trova, una agrupación que suena muy bien y que entre otras piezas permitió escuchar un tema que me causó singular impresión y que anunciaba yo no sé si podré regalarte otro abril y luego interpretó con tino un mosaico de temas que hizo estelares el eterno Beny Moré.

DE la PdelM –que ya cumplió tres años- tengo la referencia de que es algo así como la roca matriz de las que actualmente suceden en la ciudad. No exactamente porque de ella nacieran aquellas, si no por el peso específico innegable que esta reviste en el panorama cultural santiaguero. Actualmente, entre otras, tienen vida las peñas Virtud y conciencia, conducida por el guitarrista concertista Aquiles Jorge; Página Abierta, con la guía del periodista y escritor Reinaldo Cedeño; la del Dúo Estocada; también Crónicas de mi ciudad, cuyo eje es la joven cantante Giselle Lage; Vida, violín y verso cuyo anfitrión es Omar Estable; Libros en el patio bajo la tutela de Jorge Matos; Cuentos de café con la narradora oral Nadia Lozada como anfitriona y Cualquiercosario conducida por Demián Rabilero.

MAS, hasta donde he podido conocer, José Aquiles –que durante 18 años fue el eje de la bien llevada Peña de los Escorpiones– se ha ganado un reconocimiento que, entre entusiasmos, aciertos, topetazos, premios, desencantos, constancia, talento y trabajo de equipo puede mostrar con satisfacción resultados siempre agradecidos.

OJALÁ sigan existiendo esos menú santiagueros donde uno encuentre personas que amen la ciudad como lo hacen seres como León Estrada, Roberto Papo Sánchez, Gabi Soler, José Aquiles y tantos otros. Yo, como un Anteo del Caribe, poquito a poco y humildemente, estoy dispuesto a acompañarlos siempre.

Escrito el 3 de febrero del 2014.

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Crónicas para enamorados

Quiso el azar, ese que otras veces se pone en contra, que la sexta edición de la peña “Crónicas de mi ciudad” coincidiera con el 14 de febrero, San Valentín, Día de los enamorados, Día del amor y la amistad; como quiera llamarlo. Entonces no hacen falta más pretextos para reunirse.

Este viernes se anuncia una tarde especial, como siempre, cargada de amigos, pero también nuevos invitados y algunas sorpresas reservadas para los asistentes.

Giselle Lage, una vez más acompañada por el guitarrista y trovador Fernando Guerrero, ha invitado para la ocasión a la narradora oral Georgina Soler y la decimista María Magdalena Cabrera, ambas, dueñas de una picardía que, a no dudar, harán las delicias del público presente. También se convocó al actor José Pascual Varona (Pini), con una encomienda especial.

En el acápite musical, además de la anfitriona, tendrá un papel fundamental el guitarrista concertista Aquiles Jorge. Mientras que otros habituales y colaboradores (ya) de la peña, se llegarán con algunos estrenos que compartirán con Giselle.

Se promete una tarde emotiva, con buena música, poesía y amigos.

La cita, este viernes 14 de febrero, cuatro de la tarde, en la Casa Natal “José María Heredia”.

Nueva cita en “Crónicas de mi ciudad”

La invitación está hecha para el viernes 11 de octubre, en la Sala de Arte del Museo Provincial “Emilio Bacardí Moreau”, a las 4 de la tarde.

La joven cantante Giselle Lage, ha convocado en esta ocasión al quinteto de vientos “Santiago”, al guitarrista concertista Aquiles Jorge y a la poetisa Marisol Mendoza.

En el acápite dedicado a las entrevistas, se conversará sobre uno de los antecesores de la obra cronográfica de Don Emilio Bacardí. Para ello está invitado el destacado periodista e investigador Joel Mourlot Mecaderes.

“Crónicas de mi ciudad” propone un acercamiento al Santiago de Cuba que vivieron y describieron los cronistas. De esta forma, se rescata la memoria histórica de quienes han legado una visión del devenir de una ciudad que se acerca a su medio milenio de existencia.

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