Santiago en mí

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«Personeros»

Después de un tiempo de «silencio» regresa, crónicas al hombro, Juan Antonio Tejera. De su arte para contar la ciudad hacen gala estas viñetas que generosamente comparte con nosotros. Hoy (y en los próximos días, semanas, meses), compartimos una de ellas.

Personeros
Por. Juan Antonio Tejera
Nos gusta hacer mención de los personajes de la ciudad. Ya hemos relacionado muchos de ellos. Sin embargo existen otros que nos gustaría describir, aunque en realidad, algunos amigos sugieren que para diferenciarlos de los folclóricos, le titulemos personeros. Por lo general están ligados, o no: están relacionados a, tampoco. Mejor señalar que flotan alrededor del sistema turístico local y que contribuyen de forma casi exclusiva a deformar un tanto el mismo. Sí, nos estamos refiriendo a los guías turísticos improvisados, que aunque tratan de dejar de serlo, quiero decir, lo de improvisados, y asisten por ello a clases de idioma, muy meritorio por cierto, no se han molestado en aprender realmente la historia de la ciudad precisamente de la historia y que es uno de los atractivo más importantes que tiene la misma para el turismo que viene a nuestro Santiago. En ocasiones dan ganar de reír en función de las informaciones que dan. Mire. Por lo general son personas que muestran una educación adecuada y desde siempre se han aprendido una serie de frase en los diferentes idiomas porque su sistema de trabajo comienza con un guten morguen, aunque el turista sea de Canadá, o un bonna será y no acierta porque el señor o la señora es de Islandia, e incluso cuando trata de inventar un bon journo, la persona le responde en español. Pero todo ello manifestado con la sonrisa más grande del mundo. Y si le aceptan la propuesta, pasa a ser el mejor amigo de ellos, como si se conocieran o, mejor, él los conociera de toda la vida. Sucede entonces que en el recorrido que les propone, frente a la Escuela de Comercio diga que se trata de una policlínica o que el día que esté tocando la Banda Municipal en el Parque de Céspedes, afirme con certeza absoluta que se trata de la Semana de la Cultura Santiaguera, aunque estemos en enero. Ah, pero en lo que sí son expertos, están completamente bien informado, es sobre la existencia de los paladares o de los autos particulares de alquiler, porque si logra conectarlos, algo se les pega. En realidad lo que más moleta de ellos es que trastoquen nuestra realidad y nuestra historia y den una imagen del santigüero que no es la real porque hemos sido testigo de cuan amable, serviciales y nada interesados son la gente corriente y común, de esta ciudad de maravillas.

Nota: La caricatura que acompaña esta entrada pertenece al humorista gráfico santiaguero Román Emilio Pérez López, «Chicho»

Pipo, el Sabroso

Ahora no está, y me preocupa que no encuentre ninguna foto de él. Tendré que conformarme con esos recuerdos que me llegan desde tan lejos y de tantos lugares: allá en su Guillermón Moncada, en su reparto sueño, por las calles de su Santiago.

Ha muerto Radamés Heredia. Ha muerto Pipo, el Sabroso. El eterno recogepelotas del estadio Guillermón Moncada.

Siempre pensé que se parecía mucho a una caricatura: pequeño, con su prominente barriga, y sus cachetes que llenaban de simpatía el rostro. De pequeño lo veía llegar en bicicleta al Guillermón, conversar animadamente con mi padre. Alguna vez lo vi alzar con su breve anatomía, la figura quijotesca de mi abuelo, compañero de trabajo de él por tanto tiempo.

Era un punto de referencia en el estadio. Unos bromeaban con él, otros le consultaban sobre los juegos. No pocas veces arrancó ovaciones al público, con una de esas “atrapadas” que parecían imposibles a su figura. Pero siempre estaba, con su uniforme de Sabroso. Incluso cuando ya no le era fácil andar detrás de las pelotas, y parecía un general con su ejército de ayudantes.

Se le extrañaba cuando no iba a los partidos.

Ahora no está. Murió este domingo, día de los padres. Un día de “cabrón” (si me disculpan), porque no sé si en su entierro le acompañaron todos los que debieron.

Ahora pienso en la estatua que le dedicaran a Armandito el Tintorero en el estadio Lationamericano. Me pregunto si Pipo no merece un homenaje similar, en el terreno del Guillermón Moncada. Me pregunto, pero me preocupa que no he encontrado ni siquiera una foto de él para acompañar este post.

De no ser, al menos le dedico este homenaje.

Lo que mal comienza…

decepcionadoA veces pecamos de excesivo optimismo o la simple lógica de que las cosas se hagan como se debe hacer. Pero la cruda realidad se impone y una vez más afloran las verdaderas carencias de esta “raza” que somos los cubanos.

Ayer quedó inaugurada la etapa oriental de la XXI edición de la Feria del Libro, que se extenderá hasta el próximo 4 de marzo, día en que será oficialmente clausurada, en esta ciudad.

La esperanza de disfrutar de una edición en la cual algunas de las dificultades organizativas de años anteriores fueran corregidas a fuerza de experiencia, quedó muy pronto desvanecida y lo que pudo ser el prólogo de una excelente fiesta de los libros, parece transformarse en el epílogo de esta feria marcada por las deficiencias.

El escenario del Complejo Cultural Heredia, sede central de la versión santiaguera de la feria, lucía, a las 6 de la tarde, como si en vez de haberse vivido el primer día de ventas, se tratara de los resabios de todas las jornadas anteriores.

La “Gran Librería” apenas era una sombra de su nombre. Unos pocos anaqueles colocados contra una pared, mostraban los escasos libros dispuestos para la venta, la mayoría, ejemplares que han acumulado horas y polvo durante todo el año en las librerías de la ciudad; otros, unas pocas novedades editoriales que no significaban siquiera una muestra representativa de las que se deben comercializar. Una vez más los niños siguen siendo beneficiados en cuanto al número y la variedad de textos.

En el patio del Complejo Cultural Heredia, poco menos de una decena de quioscos, aburridos, exhibían los mismos títulos, ante la mirada hastiada de los dependientes.

Este desabastecimiento parece deberse, según rumores que de inmediato comenzaron a rodar, a que la “rastra que traía los libros no llegó en tiempo” (sic).

Por su parte, el pabellón infantil “Tesoro de Papel”, dedicado a la presentación de diversas actividades culturales por y para los niños, mostraba señales que hacían pensar que aún los pequeños no habían podido disfrutar de él. Ojalá me equivoque y haya sido una impresión guiada por el resto de las decepciones.

Se nota también la ausencia de tablillas o murales indicativos que contengan los programas diarios de la feria; cómo entonces, esperan que el público asistente pueda disfrutar de las diversas opciones que acompañan un evento de este tipo, o la presentación de títulos de interés en las diversas áreas del “Heredia”.

¿Cómo es posible que, siendo la Feria del Libro un evento anual con fechas predefinidas con todo un año de antelación, puedan ocurrir tantas fallas organizativas?¿Hay que esperar al inicio de cada etapa provincial para enviar, un día antes, los textos que serán puestos a la venta?¿No existe un mecanismo para garantizar que al menos un mínimo de ejemplares por título esté en los almacenes de cada provincia antes del comienzo del evento?¿Es tan difícil colocar en varios lugares del centro expositivo, la programación diaria de las actividades de la feria?

Sin embargo, esta visita fugaz (más por las circunstancias que por los deseos) a la sede “Heredia” no fue del todo en vano y me deparó dos agradables (llamémosle así) sorpresas.

En primer lugar, noté la intención de utilizar la segunda planta de la edificación para la exposición y venta de los títulos de las Editoriales Invitadas (sic). Esta fue una de las sugerencias que desde este blog, yo había realizado a los organizadores del evento el año anterior. Claro, no creo que mis palabras hayan sido la causante de esta solución a todas luces viable.

Por último, a pesar de la pobreza de opciones de m interés entre los textos presentados durante este primer día de feria, logré comprar un libro excepcional (desde mi modesta opinión).

Se trata de “Personajes populares y cuenteros en Santiago de Cuba”, Ediciones Santiago 2011, de la autoría de Francisco Ramón Martínez Hinojosa. En el texto, al cual quizás deba dedicar algunas líneas más que las que ahora escribo, se recogen anécdotas y datos de los más curiosos personajes del siglo XX santiaguero; algunos de los cuales, afortunadamente, han tenido su espacio en este blog.

Así dio inicio la versión santiaguera de la Feria del Libro. Espero al menos que, en esta ocasión, y para bien de los seguidores del libro en Santiago de Cuba, falte razón a la sentencia que reza: lo que mal comienza mal acaba

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