Santiago en mí

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Otorgan PREMIOS premios del Tercer Concurso CARIDAD PINEDA In Memoriam (2014)

Por Reinaldo Cedeño Pineda

Rodolfo Tamayo, Gran Premio del III Concusro Caridad PIneda In Memoriam

Es reconfortante ver a tantas personas reunidas en pos de un libro, de una idea. El acompañamiento de trece instituciones culturales fue un factor decisivo. Este 9 de septiembre en la sede de la UNEAC en Santiago de Cuba, fue un día feliz.

El santiaguero Rodolfo Tamayo Castellanos con “Neruda o el por qué de una acción desesperada” se alzó con el gran premio del III Concurso Caridad Pineda In Memoriam de Promoción de la Lectura, otorgado recientemente en la sede de la UNEAC en la Ciudad Héroe.

Luis Gabriel Suárez Muñoz (Granma) ganó el apartado de autor novel con “De El señor de los anillos y Tolkien”, mientras José Villar Delgado (La Habana) con “Onelio In Memoriam”, recibió el galardón de la tercera edad.

Se concedió mención especial a Yandrey Lay Fabregat (Villa Clara) por “El día que fui García Márquez” y menciones a los habaneros: Jesús Andrés Rojas Zaldívar con “A solas con el libro que marcó mi vida” y Yenisel Sánchez Gálvez con “Lectura de tabaquería”.

El jurado, integrado por el crítico Fernando Rodríguez Sosa, la narradora Aida Bahr y el poeta José Orpí, destacó que el concurso defiende de manera original la pasión por la lectura y ha convertido a los lectores en protagonistas. Bajo su lema “Una lectura marcó mi vida”, el certamen invita cada año a comentar el impacto de su libro favorito.

Auspiciado por la UNEAC en Santiago de Cuba, con la colaboración de Radio Siboney y la Asociación Cubana de Bibliotecarios (ASCUBI), el concurso que lleva el nombre de una insigne maestra santiaguera, recibió 74 obras de 13 provincias cubanas.

El Concurso tendrá una sesión de premiación diferida, el martes 22 de septiembre en la librería Fayad Jamís de la calle Obispo en La Habana, durante el espacio LIBRO A LA CARTA, que conduce el propio Fernando Rodríguez Sosa.
El Comité Organizador valora la posibilidad de ampliar la próxima convocatoria a nivel internacional.

Leer más: LA ISLA Y LA ESPINA

La noche más larga, finalmente llegó…

El poeta, periodista y escritor Reinaldo Cedeño durante la presentación del libro “La Noche más Larga. Memorias del Huracán Sandy”. Foto Jorge Luis Guibert (Sierra Maestra)

En mi aún corta vida, pocas veces he presenciado que un libro cause tanta curiosidad y ansias por ser leído y poseído. La Edad de Oro y Cien Horas con Fidel, son, quizás, las excepciones, y repito, en mi breve existencia…

Así sucedió también en Santiago de Cuba con “La noche más larga. Memorias del huracán Sandy”, un texto que muchos quisieran tener en sus manos, y desconozco si lo lograrán…

¿Por qué revivir la experiencia más lamentable de las últimas décadas en Santiago de Cuba? ¿Acaso una suerte de sentimiento colectivo de autoflagelación invade mi ciudad?

Confieso que la primera noticia que recibí del libro, y mira que ha sido bastante publicitado, causó en mí un inicial sentimiento de rechazo, ¿qué necesidad había de rememorar ese momento?

Reinaldo Cedeño, compilador de la obra, tuvo a su cargo la titánica labor de recoger la mayor cantidad de experiencias y aristas posibles sobre el devastador efecto de Sandy en Santiago de Cuba. Entre persuasiones, persecuciones y hasta aplicación de fuerza coercitiva, jajaja, se valió este multipremiado y talentoso periodista y poeta para entrar en la vida de las personas y que estas accedieran a desnudarse y contar sus vivencias personales sobre esa noche-madrugada.

Es increíble lo que se logró, pues poetas, investigadores, intelectuales, fotógrafos, periodistas cogieron en sus manos plumas, bolígrafos, teclados, y lograron despojarse de sus profesiones para relatar, desde lo personal, sus visiones sobre Sandy, antes, durante y después.

¿Valió la pena? “La noche más larga. Memorias del huracán Sandy” no es un libro para llorar. Tampoco es un texto de autocomplacencia, despojado de conflictos. Es una construcción colectiva que, como bien me confesara Cedeño en una ocasión, no captura la realidad (eso es imposible) pero sí un mosaico bastante colorido y diverso, y muy completo, me arriesgaría a firmar yo, pues refleja una impresionante cantidad detalles relacionados con el paso del meteoro.

No faltan las alusiones a los mitos de la invulnerabilidad ciclónica de Santiago de Cuba, tampoco las desgarradoras descripciones, las historias anónimas de verdaderos héroes, nacidos de personas comunes (historias que a veces ignoramos sean capaces de existir en nuestro patio…), tampoco están ausentes los conmovedores poemas que nacieron inspirados en este ciclón, y como cubanos al fin, igualmente está presenten las aristas de comicidad que salen de cualquier situación, siempre como ventanas entreabiertas que dejan entrever realidades no siempre agradables….

Es este, sin lugar a dudas, un libro muy sincero, contado tal cual sucedió: la poca o mucha preparación previa, la confianza o desconfianza de las personas en la recuperación, las bolas (chismes) que circulaban a toda velocidad por la población, los puntos de venta de alimentos que de pronto aparecieron en las calles como flores de una estación, las vicisitudes para recargar móviles, lámparas, en aquellas interminables horas de oscuridad…nada, o casi nada de aquellas primeras horas o días, escaparon de las páginas de este libro.

También están las imágenes, nacidas de lentes profesionales o amateurs, pero cargados de una indiscutible intencionalidad documental. Ellas hablan por sí solas.

Es una obra incompleta, ¿cuál no lo es? Pero esta, aunque se amplíe, se reedite, se enriquezca, siempre será incompleta, porque todos los que sufrieron aquella noche-madrugada tendrán algo que decir.

“La noche más larga” no dejará que Sandy se pierda en la memoria de los santiagueros, aunque como Flora, muchos vaticinamos que se convertirá en un mito en este suroriental territorio, que parecía haber sido olvidado por el paso de los ciclones.

Tomado del blog Cosas del Chago

Jonrones en el Prat Puig

Como muchos santiagueros (cubanos) crecí con sus jonrones. Grité con mil gargantas en el Guillermón, coros que clamaban por una ventaja, o por seguir la fiesta de batazos. Aprendí a admirarlo desde la distancia, desde el sinfín de alegrías que me regalaba con tanta humildad; por esa imagen de hombre serio, de pocas palabras y hasta retraído. Orestes Kindelán Olivares es parte de mi imaginario de niño, de joven, de amante del beisbol como suceso cultural en Cuba.

Pero detrás del pelotero hay otro mundo. Un hombre que sorprende por su sencillez, por la profundidad de sus principios, expuestos con la misma contundencia de esos batazos que lo encumbraron hasta la historia del béisbol de todos los tiempos.

Este sábado 7 de junio, Kindelán fue protagonista una vez más. Ya no en el diamante del Guillermón Moncada (aunque por momentos el ambiente fue el mismo) sino en el patio del Centro Cultural Francisco Prat Puig, como invitado especial a la Peña del Menú, del trovador José Aquiles; quien se convirtió así en el pitcher de turno, con la difícil labor de lanzarle (preguntas) al mayor jonronero de la pelota nacional.

Nunca vi a un pitcher tan orgulloso de recibir jonrones.

Eso fueron las respuestas de Kindelán que, estoy seguro, sorprendió a mucho por su locuacidad, por la jocosidad de sus comentarios, por la soltura con que sorteó los temas tratados. No se habló de pelota (tal fue el compromiso de los organizadores de la peña para con el cuarto bate de los equipos Cuba), aunque todas las preguntas cayeron en esa zona de duda, donde solo un grande como Kindelán puede hacer un swing de jonrón.

Se le escucharon anécdotas, análisis, sentencias. Emocionado se le vio hablar de Fidel, de Chávez, de aquel juego tremendo entre los dos comandantes y donde él, y otras glorias del beisbol cubano fueron cómplices de las ocurrencias del líder cubano.

Y cantó; porque es amante de la buena música y cuando canta Oscar de León, Kindelán se vuelve otro, y toma las maracas de uno de los integrantes de Ecos del Tivolí, y parece uno más del sexteto. El público reaccionó y, como nunca antes había visto en el Menú, se pararon y aplaudieron y corearon y bailaron y Kinde, camina eso, como en el Guillermón.

Kindelán es Santiago, porque es como su gente, sencillo, humilde. El público del Menú agradeció con aplausos, con el ir y venir por una foto, con el reconocimiento otorgado por instituciones y los organizadores del Menú (incluido un tema original de Aquiles, dedicado a Kindelán) a ese grande del deporte cubano

De mi parte, fue el encuentro con un ídolo, con ese hombre al que en el patio de mi casa yo traía en mis juegos de niño, y yo era Kindelán y bateaba por sobre un tejado que entonces me parecía tan lejos.

Ahora queda una foto que deberé buscar en cámara ajena (nunca lamenté tanto olvidar llevar una cámara) y una pequeña tarjeta donde el Tambor Mayor tuvo la deferencia de un regalo:

Para Noel:

De su amigo,

O. Kindelán

Cuatro años de Menú

Es cierto, Kindelán se robó el show de la más recién te edición del Menú, pero todos lo agradecen. Fue ese el mejor regalo que pudieron hacerse los organizadores de la Peña, en la edición que celebró los cuatro años de este espacio, (me atrevo a asegurar) el más gustado del acontecer cultural santiaguero.

Sin embargo en el Menú hubo otros exquisitos platos. Aquiles dedicó la peña a los santiagueros nominados y galardonados en el Festival del disco cubano, Cubadisco 2014. Entre los invitados estuvieron el sexteto Ecos del Tivolí (música tradicional), el escritor Reinaldo Cedeño (premio de notas discográficas por el disco del Sexteto Ecos del Tivolí), el tresero René Avich (quien no pudo estar presente, pero envío una muestra del material premiado), entre otros homenajeados.

También se escuchó la voz de la trovadora Gladys del Monte; las ocurrencias de Reynaldo García Blanco, y la música de Aquiles, con su obra y parte del repertorio antológico de la trova cubana. (Ah!, claro, también tuve la suerte de haber sido invitado a leer la carta que ganara una de las Menciones del Concurso Internacional de Cartas de Amor, celebrado este año 2014, en Santi Spíritus)

Fue histórica esta edición del Menú. Así lo dijo Aquiles, pero así también lo sentimos los que cada primer sábado del mes nos reunimos en el Prat Puig. De tanto y bueno que ha pasado por este espacio, lo sucedido este 7 de junio, marca un hito.

Primeras ‘crónicas’ del año

Como un puño al espinazo, con guante de seda. Así (palabras más, palabras menos) definió a la crónica Reinaldo Cedeño Pineda. Él hablaba del oficio, del Encuentro Nacional de crónicas “Miguel Ángel de la Torre, de las crónicas íntimas y “El hueso en el papel”, de su blog y lo que ha significado y significa ser el “jefe de uno mismo”. Él hablaba, y yo todo oídos, una mano interior que corría presurosa tras las palabras, anotándolas en ese papel (a veces) imperecedero de la memoria. Una cátedra es Cedeño. Un faro para los que intentamos contar una ciudad, un suceso, un día a día con esa paciencia de observador.

Y leyó. Leyó con esa forma insuperable del autor, con esa cómplice picardía con que confesó “hasta ensayé para hoy”. Ya prometió un nuevo libro de crónicas. Los que asistieron a las primeras “Crónicas de mi ciudad” del 2014, tuvieron la primicia.

Otra vez la cita fue en la Casa Natal “José María Heredia”. La alegría del reencuentro con amigos, artistas y público.

Giselle y Fernando Guerrero abrieron con ese clásico de la nueva trova que es “Es más, te perdono”, de Nicola. Y la tarde fue para mejor. Otros clásicos de la cancionística cubana y universal se dejaron escuchar de la voz de la anfitriona de este espacio; incluido ese momento tan hermoso en que los presentes la acompañaron en “Volver”. ¡Tanta magia guardan los tangos!

Otro reencuentro. Maggie, especialista del Museo Provincial “Emilio Bacardí”, ese primer hogar (ahora en reparación) de la peña, llegó para rememorar la figura de Doña Elvira Cape.

Para el cierre, Giselle convocó al Dúo Estocada, ligados para siempre a “Crónicas…” desde aquel primer sí que los llevó a convertirse en fundadores del espacio. Ahora el horario les permitió regalar una amplia muestra de su obra, merecedora de mayores horizontes.

Fue esta, la quinta edición desde aquel, tan lejano ya, septiembre, una peña sencilla, breve, conmovedora. La primera del año. La próxima se anuncia, por sí sola, como algo especial. 14 de febrero es la fecha. Ideas hay muchas. Ese día, estoy seguro, muchas otras crónicas se escribirán.

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Trovador santiaguero obtiene Gran Premio en Trinidad, Santi Spiritus.

GANA TROVADOR JOSÉ AQUILES CONCURSO POR 500 AÑOS DE TRINIDAD

Reinaldo Cedeño Pineda

El trovador santiaguero José Aquiles se adjudicó el Gran Premio del concurso de canciones por los 500 años de Trinidad, ciudad ubicada en la región central cubana y declarada junto al Valle de los Ingenios, Patrimonio de la Humanidad en 1988.

El tema “Santa Trinidad”, defendido de manera brillante por Grisel Gómez, evoca con el habitual lirismo de su autor, la arquitectura, la historia y la belleza de la villa.

La canción fue distinguida entre 15 obras finalistas, por un jurado encabezado por el maestro Rey Montesinos, e integrado además por la musicóloga Alicia Valdés, el trovador Gerardo Aldana, el compositor Manuel Borroto y la poeta Anisley Mirás.

El primer premio fue concedido a “Cerca del monte y el mar” (letra y música de José Ferrer e interpretación del Dúo Escambray), mientras “A Trinidad” (René Alberto Rodríguez) y “Remembranza” (Lourdes Soler) merecieron el segundo y tercer puesto, respectivamente.

José Aquiles Virelles Rodríguez (Santiago de Cuba, 1957) ha sido galardonado varias veces en el Concurso de Música Cubana Adolfo Guzmán, declarado compositor del año en el Cubadisco 2011, y doce meses después, fue uno de los ganadores del Premio Mundial de Poesía Nósside, con un tema dedicado a Adela Legrá, mítica intérprete de la cinta Lucía. Asimismo, protagoniza los primeros sábados de cada mes, la Peña del Menú en el Centro Cultural Francisco Prat Puig de su ciudad natal.

SANTA TRINIDAD

(Letra y música: José Aquiles)

Anda corazón, ponle a tu pecho

flores por tus tantas primaveras,

llegan por tus lomas la nostalgia

manantiales de versos del que ya nunca te alejas.

Hoy tu corazón, tu lozanía

ríen al clamor de tus quimeras

fuiste la razón de las primeras

en sembrar una huella al colibrí por donde quiera.

Santa Trinidad en tus colores

llevas la luz de tu sonrisa

un manojo tierno de canciones

y una historia que cuenta tus amores.

Santa Trinidad por tus dolores

hicimos un sitial en pleno monte

donde cada día el sinsonte

canta, juega y regala su melodía.

*Canta, Santa Trinidad de mis amores

píntame el recuerdo con tus soles

llena de ternuras y de encantos tus balcones.

Canta, Santa Trinidad de mis pasiones

ponle a esta guitarra un acorde con tu voz

y cuéntales por qué de tus razones. (Repite desde *).

Tomado de

LA ISLA… y LA ESPINA

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