Santiago en mí

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Unas amistades muy peligrosas

EL CENTRO PROVINCIAL DEL LIBRO Y LA LITERATURA
les invitan a la peña literaria

Amistades Peligrosas

Invitado: Reynaldo García Blanco

Sábado 24 de enero, 5:00 pm
Librería Ateneo Amado Ramón Sánchez
(Calle Enramadas)

Libros, literatura, competencias, lectura de textos y exhibición de audiovisuales.

Anfitriones: RodolfoTamayo Castellanos y Noel Pérez García

315 Enramadas St.

Por Reynaldo García Blanco

Muchas veces me gusta detenerme en la parada de la ruta 101 que está en el parque de Ferreiro. Desde allí se puede divisar un cartel que dice: Las verdades elementales caben en el ala de un colibrí. José Martí. Pero luego de esta sabia reflexión se me ocurre bajar por calle Enramadas y la gramática de la ciudad comienza a cambiar. Ahora les cuento:

Pensé que era una alucinación. De repente creí estar frente a una de esas minitiendas que abarrotan los aeropuertos internacionales de Panamá, Medellín, San José de Costa Rica, cualquier sitio del mundo… Pero no. La realidad pura y tajante me daba de lleno en el rostro. Estaba en la populosa calle santiaguera Enramadas, justamente en el número 315 entre Carnicería y Calvario. Unos anuncios en el más puro inglés comercial me ponían en consonancia con la conocida marca Adidas, esa compañía multinacional fabricante de calzado y ropa deportiva, cuya sede central se encuentra en Herzogenaurach, Alemania:

LOVE ME/OR LOSE ME/ALL IN NOTHING/ORIGINALS DENIN/BOOST YOUR RUM

Miré a ambos lados . Solamente me faltaba que apareciera de la nada su fundador Adolf “Adi” Dassler y me extendiera alemanamente su mano derecha.

A mi memoria vino el paradigmático poema “Tengo” de nuestro Poeta nacional Nicolás Guillén, sobre todo aquel fragmento donde dice: Tengo, vamos a ver, /tengo el gusto de ir/yo, campesino, obrero, gente simple,/tengo el gusto de ir/(por ejemplo)/a un banco y hablar con el administrador,/no en inglés,/no en señor,/sino decirle compañero como se dice en español.

Vinieron a mi mente los recientes congresos de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y de la Unión Nacional de Artistas y Escritores de Cuba donde con suma valentía se discutieron aspectos como la seudocultura deshumanizante y globalizadora que intenta borrar de un plumazo la identidad de millones de individuos. La discusión en torno a los peligros que trae consigo la sociedad de consumo aupada por la frivolidad de los medios masivos. Volví a recordar al novelista Abel Prieto y ex Ministro de Cultura —ahora asesor del Presidente Raúl Castro―, cuando abordaba en una intervención reciente el relativismo que propone la globalización consumista para que ninguna idea tenga valor bajo la premisa de que Si todo vale, todo se anula. Maneras subterráneas para fraccionar y atomizar el mundo en que vivimos.

Me acordé del término “Industria de la mierdita”, acuñado por el teatrólogo Omar Valiño.

Vinieron a mi mente fragmentos de José Martí, canciones de Silvio Rodríguez, retazos de diálogos de Alfredo Guevara con jóvenes creadores y la idea fundante de la Cultura como escudo de la Nación.

Pensé en una ciudad que ya comienza a vestir sus mejores galas para celebrar su medio milenio de nacimiento. Pienso que es un atentado a nuestra identidad como cubano e hispanohablantes. Desde una radio cercana se escuchaba aquello de: “Calle Enramada Mayor, novia de nuestra ciudad”

Pero no. No era alucinación alguna. Allí estaba yo, en plena calle Enramadas No 315 entre Carnicería y Calvario. Me puse a pensar en cuántos santiagueros simples entrarán a esta tienda con anuncios en inglés, con tan rico que es el español.

Creo que a partir de ahora comienzo a cuidarme de las Multinacionales no vaya a ser que me extiendan una tarjeta de presentación con la leyenda: 315 Enramadas St.

Vuelven al combate los Aquiles de Santiago

Santiago de Cuba tiene sus Aquiles. No portan armadura, pero sí guitarras, y cada uno, a su estilo, gana sus propias batallas épicas.

Uno es bajo y de abundante pelo; el otro abunda de brillo en su testa. El uno retoma un nombre de barrio francés (curiosamente cerca de donde vive el otro), y rescata la tradición mambisa hasta hacerla palpable. El otro, fundador (oficial o no) de la nueva trova, pudo haber sido de aquellos de guitarra en ristre y serenata, y dispone una mesa en el que el menú invita a la gula, no execrable, por la música.

Uno escogió el último viernes del mes. El otro el primero de los sábados. Quiso entonces la casualidad de los días, que en esta ocasión, como pocas veces, estuvieran tan cerca un viernes de un sábado; y aquellos paralelismos entre ambos guerreros del arte, se hicieran más evidentes.

Ambos se vieron precisados de posponer su arte ante los desastres de Sandy: uno porque la ciudad aún no se sacudía los ramalazos del ciclón; el otro porque en los días subsiguientes otros eran los imperativos.

Así, ambos retomaron sus peñas (campos de sus heroicidades en la eterna batalla por la cultura) con apenas horas de diferencias y, cómo si no, tuvieron todavía que vencer la impertinencia de una lluvia que a muchos aún humedece el rostro.

Pero son estos Aquiles tan persistentes como el homérico: el Café Concert regresó a los salones interiores del antiguo Ayuntamiento; y el Menú se tuvo que redistribuir entre los pasillos del Centro Cultural “Francisco Prat Puig”.

Y como primeras peñas luego de la más terrible experiencia de esta ciudad, la huella imperecedera de ese nombre estuvo presente. Primero en el “Terriblemente Sandy” de Aquiles Jorge, interpretado en medio del más absoluto silencio entre el público, un silencio de memorias; un día después, en el “Rabo de nube” de Silvio Rodríguez, esta vez en la voz de José Aquiles acompañado por la joven Giselle Lage; y en las siempre bien recibidas estampas del laureado poeta Reynaldo García Blanco.

Y como si cumplieran con un pacto, cada peña siguió por derroteros similares, al ritmo de acordes y poesía, que es lo mismo que decir a ritmo de trova.

Aquiles Jorge invitó a los jóvenes trovadores Michel y Roly, y a un dúo de aficionados de la Escuela de Instructores de Arte de la ciudad, quienes merecieron efusivas muestras de aceptación. Además, contó con un cierre de lujo por parte del Orfeón Santiago que, con su estilo inconfundible, también homenajeó a la canción trovadoresca con temas tales como “Te amaré” y “Santiaguera”.

A su vez, José Aquiles, más allá de interpretar sus siempre estimables piezas “La otra santiaguera”, “Desnuda” y “Estampa Nº 1 a Santiago”, dedicó la Peña al Aniversario 40 de la Fundación del Movimiento de la Nueva Trova (2 de diciembre de 1972) y regaló piezas claves dentro de la cancionística cubana con piezas de Nicola, Silvio y Pablo. Igualmente, invitó al trovador Alexander Milián, quien mostró parte de su repertorio.

Fuera de estas similitudes, cada Peña mantuvo sus secciones habituales. El Café Concert volvió a las inestimables crónicas de Juan Antonio Tejera, quien ofreció interesantes datos que relacionan a Santiago de Cuba con los sucesos del 27 de noviembre de 1871.

Mientras, el Menú tuvo en sus ofertas la entrevista a la historiadora María Elena Orozco, la sección La Gaveta, y las ya mencionadas estampas de Reynaldo García Blanco.

Santiago tiene sus Aquiles, y por ahí andan, con pies ligeros, brindando lo mejor del arte santiaguero. Ni siquiera Sandy puede borrar eso.

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Un menú trovadoresco por excelencia (+fotos)

El que la popular Peña del Menú tenga como anfitrión al trovador santiaguero José Aquiles, no ha limitado la oferta a los aderezos de la canción trovadoresca; sin embargo, cuando ocurre que el menú ofrece un especial de esta canción de guitarra y verso, siempre es bienvenido.

Como hace mucho no ocurría en el primer sábado del mes en el patio del Centro Cultural Francisco Prat Puig –no me atrevo a asegurar haya ocurrido antes-, la noche de este 6 de octubre fue totalmente trovadoresca.

A la poesía cantada del anfitrión, con algunos temas no tan habituales, incluido el “Vivir tranquilo” (de 1992) rescatado de La Gaveta del autor; se unió en esta ocasión la voz de Gladys del Monte, trovadora santiaguera que por estos días sacia sus nostalgias en la tierra donde primero se escucharon sus notas, luego de más de tres años de trabajo por tierras mexicanas.

Para mí, lo reconozco, un agradable descubrimiento el texto simple (no sencillo) de Gladys del Monte, quien interpretó los temas “Poesía” (texto musicalizado del poema “Ecuación” de Pedro López Cerviño); “Mérida”, dedicada a la ciudad mexicana que la acogido como propia y “Cada vereda de abril”, un tema ya antológico en su repertorio.

Asimismo, unió su voz y su guitarra al también trovador santiaguero “Cocó”, para la interpretación de “La gota de rocío”, del incombustible Silvio Rodríguez. Finalmente, y como cierre maravilloso, Aquiles y Gladys compartieron el escenario con las “Décimas de noche clara” de Raúl Urquijo.

Momento especial, la conversación sostenida entre el anfitrión y el destacadísimo grabador santiaguero Miguel A. Lobaina Borges, quien compartió con Aquiles y el público presente algunas de sus anécdotas sumadas a lo largo de una extensa y fructífera carrera dedicada a las artes plásticas.

Así, con la jovialidad de Lobaina, con guitarra y canción inteligente, con metáforas y símiles, en lucha constante contra las agresiones sonoras de La Claqueta; transcurrió la noche del Menú; que contó además con la sección habitual del poeta Reynaldo García Blanco y la presencia del periodista y poeta Reinaldo Cedeño, este último con el llamado a una convocatoria dedicada a recordar la trascendencia de la poeta Caridad Pineda.

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