Santiago en mí

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Al final la trova se impuso

Finalmente parece que todos los astros se alinearon, astros con nombre de mujer y categoría de esposa, para que yo pudiera ir a algunos de los principales conciertos que deparó la 53 edición del Festival Internacional de la Trova Pepe Sánchez, en su segunda mitad.

Más allá de un agotamiento que no me dejaba siquiera abrir la boca para (mal)cantar las canciones de mi preferencia, fueron dos días, viernes y sábado, donde mis pies memorizaron cuántos metros separan mi casa de la Sala Dolores y esta del Iris Jazz Club.

Primero fue el (muy perseguido por muchos) concierto del trovador Luis Barbería y dos de las integrantes de las extraordinarias chicas de Sexto Sentido. Concierto que, entre mis conocidos, provocó reacciones disímiles, me impresionó sobre todo por el exquisito trabajo con las voces entre Barbería y las muchachas. Es un complemento perfecto entre el amplísimo espectro vocal de un hombre que se mueve por las zonas más graves con una facilidad de espanto (y parece guardar en su garganta —diafragma, estómago o donde sea— su propio arsenal de percusión) y las ya acostumbradas, aunque no por eso menos impresionantes, dotes vocales de las de Sexto Sentido, que hacen ver el arte de interpretar una canción como algo muy sencillo.

Resaltar del concierto el aparte con Eduardo Sosa y con Raúl Torres. ¡Sencillamente sublime!

La noche de ese viernes marcó mi reencuentro con el autor de temas ya emblemáticos en la cancionística cubana como Se fue y Candil de nieve. Raúl Torres se presentó con un formato acústico (guitarra, cajón y algunas misceláneas) en el escenario del Iris Jazz Club. Se hizo acompañar también de Adrián Berazaín quien no dudó en regalar dos de sus temas.

Una vez más Raúl no me decepcionó; si bien los arreglos de voces para este formato, realizados a algunas de las canciones de su repertorio, no fueron de mi total agrado. ¡Pero qué se yo de música!

Con toda la informalidad que brindaba la noche y el espacio, interpretó varios de sus temas más recientes, mientras reservaba algunos otros para el concierto que daría el domingo. No pudo, sin embargo, negarse a la petición del público de cantar sus imprescindibles.

El sábado guardaba uno de los más esperados regalos de este festival (aún no estoy claro si formaba o no parte del mismo, o fue simple coincidencia): la presentación de la soprano norteamericana Bárbara Hendricks.

Una Sala Dolores abarrotada acogió a la Hendricks quien ofreció un variado programa en compañía de la Orquesta Sinfónica de Oriente, integrantes de algunos de los coros de la ciudad (Orfeón Santiago, Madrigalista y tal vez otro) y dos músicos suecos (ruego me disculpen no recordar los nombres): un saxofonista y un guitarrista.

De lo lírico al jazz, hasta el cierre con Pata Pata de Miriam Makeba, Hendricks dio muestras sobradas de su talento y profesionalidad.

Si algo habría que señalar al concierto es la actuación del coro que, a ratos, lució tímido, desconcertado, tenso; y solo muy tarde ya en el cierre del concierto, pareció soltar amarras.

El complemento de la noche del sábado fue, una vez más, el Iris Jazz Club, esta vez con la actuación de Adriana Aseff y su grupo Boomerang, a quienes hacía mucho ya que no escuchaba. En esta ocasión, de regreso a un escenario que habían hecho habitual hace unos años, mostraron parte del trabajo que estará recogido en un disco. Finalmente invitaron a Luis Barbería y las chicas de Sexto Sentido, el promocionado “plato fuerte” de la noche.

Mucho más tuvo todavía el Festival de la Trova, clausurado este domingo en el populoso parque Céspedes. Sobre su realización, éxito o no, poco puedo decir desde la periferia. Algo sí me queda claro (y lo repito), ojalá siga cada año, adueñándose de los espacios que por derecho propio le pertenecen.

A sala llena y público de pie concluyó la XXV edición del Festival Boleros en Santiago.

Otra gala extraordinaria tuvo lugar en la Sala Dolores de esta ciudad, que desde muy temprano en la tarde vio cubierta sus capacidades, y terminó con los pasillos casi copados, de un público que siguió cada presentación de los artistas del patio e invitados; con una fidelidad que augura todavía larga vida al bolero.

Si cayéramos en la trampa de comparar, tendría que decir que la gala de clausura quedó algo por debajo de la inaugural, pero no por ello dejó de reservar momentos muy especiales que, afortunadamente, fueron capaces de borrar algunos deslices que pudieron acabar con el esfuerzo de muchos en tan poco tiempo.

Destacar una vez más la actuación de Coco Freeman, con una voz potente que eriza la piel, y deja con esas ganas de escucharla toda la noche y más, como pidió el público presente; la presencia explosiva de Esperancita Ibis, incombustible y jocosa; la familiaridad de Ernesto Roel, quien canta como en casa rodeados de amigos; y por supuesto, lo que fue durante cada jornada de Festival el plato fuerte, la actuación de Farah María.

Una Farah que fue creciendo cada día, como si calentara motores para regalar, en esta jornada de cierre, un alarde de virtuosismo, sensualidad y energía, agradecido por los presentes con ovaciones y baile, como si el “No te bañes en el Malecón” (no podía faltar), estuviera todavía en el número uno de las listas de éxitos nacionales. Una Farah que se llevó todos los halagos y el amor de un pueblo que parece tenerla en la piel.

Suele decirse de eventos y festivales, que el más reciente es el mejor de todos; y so pena de caer en lo retórico, debo decir que en este caso es así. Por dos años consecutivos he asistido a gran parte de las jornadas de los Festivales de Bolero en Santiago de Cuba, pero este se sintió diferente. No sabría decir qué marcó la diferencia; es algo que está más allá de estadísticas, de salas y patios llenos; lo cierto es que resulta muy agradable ver cómo el género sale airoso en el tiempo, contra ostracismos mediáticos y el empuje de lo banal.

Ojalá Santiago de Cuba, se mantenga como este baluarte para el bolero. Ojalá, y algún día, le devolvamos también esos lugares que, como el Teatro Oriente, marcaron época en las ediciones de este Festival.

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Gala de lujo para un bolero

A veces quisiera poder emitir un criterio profesional sobre el quehacer cultural en Santiago de Cuba; pero mi formación no lo permite, y debo conformarme con esa percepción muy personal de los sucesos que se viven en el ámbito artístico santiaguero. Pero a veces eso basta.

Festival Boleros en Santiago de CubaPor ejemplo, para decir cuánto disfruté de la Gala Inaugural de la XXV edición del Festival Boleros en Santiago, que abarrotó ayer una (en ocasiones demasiado pequeña) Sala Dolores de esta ciudad.

La disfruté, más que todo, por la sencillez, sobriedad y calidad de la misma. Al fin, una Gala rechaza cualquier estridencia y destaca, por sobre todo, la música y la interpretación; con los parlamentos justos y necesarios; sin grandes rimbombancias que alerten bostezos en los presentes.

Con la presencia de Mirtha Arencibia y Eddy Álvarez, dos de los boleristas a los que se dedica esta edición del Festival; y de Lázaro Expósito, Primer Secretario del Partido en Santiago de Cuba, la Gala tuvo un excelente equilibrio entre artistas del patio y nacionales (si contamos entre éstos a los que, aún de estas tierras, han desarrollado su trabajo en la capital del país: dígase Coco Freeman, Ernesto Roel y Ángel Bonne).

Interpretaciones de lujo, desde el mismo inicio espectacular de Eva Griñán (emocionando a todos, al desdeñar el micrófono para mostrar el poderío de su voz) hasta la esperada presentación de Farah María (que todavía mueve comentarios y halagos entre el público); pasando por la presencia del Orfeón Santiago y su mano a mano con varios de los invitados, Joel Leyva, Marilys González; la presencia constante de César Portillo de la Luz y un final con todos los aristas en escena y el público cantando a coro “Quiéreme mucho”.

Música, voz, alma, complicidad, una noche de bolero como no recordaba (ni tampoco mi novia, ella sí en el mundo musical) en Santiago de Cuba; que siguió hasta poco antes de la medianoche, en las descargas bolerísticas en el patio de la UNEAC santiaguera. Pero de ellas, tal vez haya tiempo para hablar en otra oportunidad.

Dedicarán festival de la trova a emblemática canción cubana

santiago de cuba_concierto de eduardo sosa
A los 130 años de creado el antológico tema “Tristeza”, de la autoría de José (Pepe) Sánchez, estará dedicado el Festival Internacional de la Trova, previsto del 19 al 24 de marzo próximo, en esta ciudad.

Los asistentes al encuentro rememorarán la emblemática canción, escrita en el año 1883 y registrada oficialmente con el título “Me entristeces, mujer”, que es considerada, además, como el primer bolero del mundo.

Eduardo Sosa, presidente de la cita de trovadores, aseguró hoy en conferencia de prensa que es una forma muy especial homenajear a Pepe Sánchez a través de uno de sus textos más importante.

Agregó que el festival más antiguo del país retoma en la edición del año 2013 su carácter internacional, y contará con la presencia de creadores de países como Japón, España y Ecuador.

Sosa adelantó que dentro de los invitados asistirá Tony Ávila y su grupo, cantante que goza en estos momentos de gran popularidad entre los santiagueros, y acotó que otros prestigiosos artistas nacionales faltan aún por confirmar.

El evento teórico, dedicado a debatir problemáticas relacionadas con los orígenes del género musical y su estado actual, nuevamente estará a cargo del prominente intelectual Lino Betancourt.

Además de las sedes habituales de la cita cultural: la Sala de Conciertos Dolores, la Casa de la Trova y el Teatro Heredia, en la nueva edición se suman espacios públicos como la Plaza de Marte, que acercarán aún más ese arte al pueblo.

El Festival Internacional “Pepe Sánchez” es auspiciado por el Instituto Cubano de la Música e instituciones de la provincia.

La Monumentalidad en Santiago de Cuba (III)

Por Joel Mourlot Mercaderes

Parque Aguilera Santiago de Cuba,

Parque Aguilera Santiago de Cuba, al fondo la iglesia de Dolores

Aunque ha perdido buena parte de sus encantos originales –y ganado otros, ¿por qué no?-, la Plaza de Dolores es, hoy por hoy, uno de los complejos monumentales más impresionantes y emblemáticos de la ciudad de Santiago de Cuba. (Partes I y II)

Hay, en su bello y «retocado» escenario esa combinación –tan común en esta urbe caribeña- de edificios significativos y de esculturas notables, que hacen de este lugar, ciertamente, un punto atractivo y apreciable, para propios y extraños…

Faltan –es preciso advertir- en su remodelado segmento norte, las casonas distintivas que fueron moradas de los marqueses de la Candelaria de Yarayabo y de los condes de Santa Inés, en cuyas estructuras interiores, o en su solar, se erigen actualmente varios de los restaurantes más apreciados de la ciudad, a los que antecede -sobre una de las dos vías en que se divide la calle Aguilera-un amplio bulevar destinado al servicio turístico.

Frente, en la acera sur, conservando aún el viejo timbre de sus pasadas glorias, se alzan las edificaciones antiguas de lo que es ahora La Taberna Dolores («El Bodegón», para todos los santiagueros) y de lo que fue la imponente vivienda del prócer bayamés Francisco Vicente Aguilera, que, con sus recios e invitadores balconajes, se muestran victoriosas sobre algunos edificios de épocas recientes, nunca tan bellos como esas huellas airosas de los siglos XVIII y XIX; émulas, en fin, de la vetusta iglesia de Nuestra Señora de los Dolores (hoy sala de conciertos «Dolores»), que pese a sus casi 300 años de existencia, conserva casi exacta su imagen externa, sobresaliente en extremo cuando los primeros rayos de sol irradian sobre la ciudad, y no obstante la gigante figura del ya centenario Colegio de Dolores (hoy preuniversitario Rafael María de Mendive), que, contiguo al templo, parece su efectivo guardián.

Cubren la línea del ocaso solar en la plaza, la antigua casa de Antonia Santa Cruz Pacheco, la rica abuela de los Portuondo Tamayo (actualmente restaurante Matamoros); un exponente biplanta de los primeras décadas republicanas y lo que fuera la distinguida tienda de ropas exclusivas «Clubman», que se desparrama hacia la calle Enramadas.

Sin embargo de todos estos atractivos, lo verdaderamente culminante en la plaza es el conjunto monumental en homenaje al insigne patriota bayamés Francisco Vicente Aguilera Tamayo, que centraliza el oblongo parque, harto de sombra de los árboles y de bancadas, destinadas al solaz de los transeúntes y visitantes.

Allí, en efecto, se levanta la gran base forrada de mármol e incrustada por leyendas en bronce, que resumen del pensamiento y de los datos de natalidad y muerte del Héroe, a todo lo cual se anticipa una imagen femenina con algunos atributos que invocan la patria. Y sobre aquel alegórico y estirado pilar de unos 7 o más metros de altura, a cuerpo entero, invocando más las ideas que la la acción, la figura egregia de aquel que fuera uno de los pioneros del separatismo cubano, a mediados del siglo XIX; líder principal de la conspiración que desembocó en la primera guerra cubana por la independencia de España en 1868; el virtuoso revolucionario que supo supeditar sus propios y legítimos intereses a los de la patria –incluido el de liderar la revolución-; el jefe militar de los primeros años dela Guerra Grande, el vicepresidente dela primera Repúblicade Cuba en Armas, y el misionero de esta que fue a la emigración como unificador de las corrientes que allá se opugnaban, y como mendicante patriótico, para allegar recursos a la revolución, cuyo fin no vio, al rendirse a la muerte, el 22 de febrero de 1877, víctima de un cáncer en la garganta.

Le lloraron todos los cubanos dignos, los gobernativos de los Estados Unidos que tuvieron tratos diversos con él, los negros norteamericanos y cubanos, que tuvieron siempre en Aguilera un defensor desinteresado, y cuantos le conocieron en Cuba, Norteamérica y Europa, que lo supieron aquilatar siempre como un hombre cabal, producto que Cuba brinda a la ejemplaridad universal.

Tomado de Sierra Maestra

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