Santiago en mí

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Un Menú para disfrutar entre todos

No creo que existan dudas sobre la calidad artística del cantautor santiaguero José Aquiles, uno de los máximos exponentes de la Nueva Trova en una ciudad que, como Santiago de Cuba, se vanagloria de sus juglares. Allí está su obra, canciones que componen el imaginario sonoro de una generación (y de seguro, de no ser este un archipiélago donde lo comercial roba espacio a la cultura, lo sería de otras tantas) y que le ha ganado merecidísimos reconocimientos en los escenarios más exigentes.

No hablaré, por tanto, de sus dotes trovadorescas (¿no hablaré?), sobre todo porque aún estoy en su (re) descubrimiento, intentando recuperar los versos que se me habían escurridos por esas otras bifurcaciones del camino y que hoy, afortunadamente, coinciden en mis pasos. Destacaré en cambio, las habilidades culinarias que ha demostrado tener José Aquiles.

En efecto; más allá del buen verso, de la musicalidad, del amor que sus canciones desprenden en cada acorde, Aquiles se ha empeñado en convencer a todos (y lo logra), de su capacidad para mezclar ingredientes (de la mejor factura) y regalarnos un delicioso Menú para degustar en la complicidad de una descarga.

Solo que este Menú no ofrece al cliente los típicos platos de cualquier restaurante de la ciudad (ni siquiera de los paladares que pululan hoy en Santiago de Cuba); no hallará en la carta carnes, ensaladas, vinos, cocteles o dulces; aunque si le invita a degustar de múltiples aperitivos, platos fuertes, guarniciones y postres; conformados, en todos los casos, por canciones.

Por ahí anda la idea de la “Peñade Menú”, quizás, uno de los espacios culturales de su tipo más concurridos de la ciudad. Cadaprimer sábado de mes, en el extraordinario y acogedor patio interior (¿terraza?) del Centro Cultural Francisco Prat Puig (Antiguo Seminario San Basilio El Magno), José Aquiles ofrece un variado Menú de sus canciones, en Cartas bellamente decoradas por pintores santiagueros; y siempre guarda, como sugerencias especiales del chef, la presencia de múltiples invitados.

Otras secciones conforman un muy bien ideado programa. Destaca “La Entrevista”, momento oportuno para conocer sobre la vida y la obra de santiagueros destacados en diversos ámbitos (cultura, ciencia, deporte, artes, etc); y para indagar en cuestiones como “la chabacanería” y “las reacciones ante los temblores” en esta ciudad; todo, antes de que el invitado sugiera a los presentes el menú (este sí comestible) para el próximo día. Sobresale también la sección del escritor y promotor cultural Reinaldo García Blanco; siempre con un tema para reír y reflexionar (o viceversa).

La más reciente edición de la “Peña del Menú”, celebrada este sábado 5 de mayo, a pesar de las traiciones de una lluvia que mermó al público y de una desafiante Claqueta[1] que arremete con su agobiante reguetón; estuvo dedicada a la XVI Feria Internacional Cubadisco 2012, que este se año, bajo el lema “La isla de las mil cuerdas”, se dedica de manera especial a la guitarra y otros instrumentos de cuerda.

En este sentido, la Peña tuvo entre sus invitados al guitarrista concertista Aquiles Jorge y la orquesta de guitarras “Arkos”. En la sección La Entrevista, conocimos más sobre la artista plástica y diseñadora Marta Mosquera Rosell, a quien además se le agradeció por su contribución al espacio del Menú, al ser la gestora de las Cartas que contienen la propuesta musical de cada mes.

Igualmente se reconoció a alguno de los nominados santiagueros al Cubadisco 2012, entre ellos Rubén Lester y Luis Felipe Pérez Veranes (Felipón), ambos en la categoría de Trova-Fusión.

Recién llegado de La Habana, aún visiblemente extenuado por el viaje (lo cual dice mucho del compromiso del trovador para con los suyos), José Aquiles volvió a regalarnos un exquisito manjar, como viene haciendo cada primer sábado de mes, desde hace casi dos años.

No sé si hoy alguno de los que asistieron al encuentro en la noche de este sábado, degustará en su casa de la sugerencia de Marta Mosquera, un arroz imperial; de lo que si estoy seguro es que el próximo mes de junio muchos apostarán nuevamente por las ofertas gastronómicas dela “Peña del Menú”.


[1] La Claqueta, es un espacio con características de cabaret al aire libre que colinda con el Centro Cultural Francisco Prat Puig, y que se especializa en poner música “popular” a elevados volúmenes.

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Rescatan antigua capilla de colegio, con fines culturales

Una vez más el antiguo seminario San Basilio el Magno es noticia…un buena nueva que nos promete otro espacio para la cultura en nuestra ciudad…

www.sierramaestra.cu – Rescatan antigua capilla de colegio, con fines culturales.

Hallan pintura del siglo XVIII en antiguo Seminario San Basilio el Magno

Hallan pintura del siglo XVIII en antiguo colegio cubano

Una pintura original del siglo XVIII fue hallada en la antigua capilla religiosa del Seminario San Basilio El Magno, que ahora se rescata para convertirla en espacio de promoción cultural en esta ciudad.

Mediante símbolos religiosos la obra muestra atributos propios de la alta jerarquía eclesiástica de la Diócesis de Santiago de Cuba, y quedó al descubierto en el arco superior de madera que da acceso a la bóveda.

Actualmente es tema de investigación, informó en exclusiva a la AIN el arquitecto Omar López Rodríguez, Conservador de la Ciudad.

Freddy Chaveco, especialista en restauración de esa institución, explicó que la imagen presenta cierto deterioro por el paso de varios siglos y los efectos de la humedad, debido a que estaba cubierta por una lonilla con otra pintura.

Ahora recibe con sumo cuidado una limpieza química y mecánica, hasta llegar a los rasgos originales para su restauración y conservación.

Patricia Hernández y Enio Montero, con vasta experiencia en esa materia, también trabajan en su rescate.

La Doctora Yaumara López, del equipo de arqueología, abundó sobre las investigaciones previas a la restauración en la antigua capilla del Seminario.

Precisó que las excavaciones en el subsuelo permitieron visualizar el piso original de losas cerámicas y las parietales, y también descubrir, limpiar y conservar la pila bautismal de mármol utilizada en las ceremonias religiosas.

Esas acciones facilitarán mostrar evidencias de gran relevancia de la autenticidad del inmueble y serán de gran interés para el público que acceda al lugar, acotó.

Una vez con sus nuevas funciones a favor de la cultura, la capilla formará parte del Centro Cultural Francisco Prat Puig en lo que fuera el Seminario San Basilio El Magno, que abrió sus puertas en 1722.

Omar López aseguró que ese fue el primer centro de alto nivel de la educación en Cuba y tiene el privilegio de ser la edificación más antigua de enseñanza que se conserva en el país.

A su larga historia están vinculadas personalidades, bien como alumnos o profesores, entre ellos Esteban Salas, Juan Bautista Sagarra, José Antonio Saco y Pedro Santacilia, quien llegó a ser ayudante del prócer mexicano Benito Juárez.

Cuando se integró a un edificio aledaño para formar el Colegio Hermanos La Salle, estudiaron en sus aulas los hermanos Fidel, Raúl y Ramón Castro.

Por sus valores, el inmueble fue declarado Monumento Nacional el primero de agosto del año 2003. (Por Marlene Montoya / AIN)

Tomado de TV Camagüey

El Colegio “San Basilio el Magno”

Tiempo atrás publicamos en este blog un breve artículo publicado por Argelio Santiesteban en el sitio digital CubaAhora, dedicado a la que se considera, por parte del autor y algunos historiadores, “la primera Universidad cubana”: el Seminario de San Basilio el Magno.

Hace poco, hojeando las polvorientas páginas del número 42 del Boletín Acción Ciudadana, tropiezo, en sus páginas centrales, con un extraordinario artículo firmado por el historiador santiaguero Dr Ernesto Buch López en su acostumbrada sección Del Santiago Colonial, bajo el título “El Seminario de San Basilio”, el cual sirve de complemento extraordinario a la anterior entrada a la cual hice alusión.

Por la exquisitez del relato del Dr Buch, prefiero mantener el estilo y fluidez de su pluma original, y transcribir íntegramente el contenido tal y como aparece en las páginas del Boletín de 1944.

“El Seminario de San Basilio”

Por Dr Ernesto Buch López

Como un reto al avance arquitectónico yergue su vetusta armazón de madera recia, piedra y ladrillos y su anacrónico techo de tejas criollas, el amplio edificio colonial que desde 1772 hasta 1908 representó en nuestra ciudad el más avanzado sentido educacional de la provincia. Situado en las céntrica calles de San Juan Nepomuceno (hoy Mariano Corona), por donde tiene su entrada, y Bartolomé Masó, (antes San Basilio), de la que tomó el nombre, con una espléndida vista al mar, esta reliquia de construcción del pasado se mantiene en gran parte con su misma fisonomía secular dando la sensación al que lo visita, de encontrarse petrificado en un sueño de centurias por la forma en que se conservan sus fachadas, el arcaico techo superpuesto en tres defensas similares, estilo que pareció imperar en el siglo XVIII; el barandaje con columnas de ácana u otro material consistente que resiste las dentelladas del tiempo; los pisos de mármol en su espaciosa sala y de ladrillos en los patios, y lo más cimero –como un flecha al azar—el detalle evocador de una veleta que ha perdido la rosa de los vientos, amén de la valiosísima capilla arzobispal donde hincaron la rodilla personajes engreídos, y en la que hechiza, como gema inmortal, un crucifijo que bien pudiera ser el esfuerzo que dio fama de escultor al gran poeta santiaguero Manuel de J. [Justo] Ruvalcaba.

Todo ello nos ha llevado a hilvanar recuerdos imborrables de viejos ciclos de cultura que hospeda aún ese caserón de antaño, en cuyas bóvedas sombrías aún resonaron los voces bulliciosas de aquellos niños preclaros que fueron Juan Bautista Sagarra, José Antonio Saco, los Ruvalcaba, Manuel María Pérez, José Fornaris, Tristán de Jesús Medina, Pedro Santacilia, Rafael María Merchán y otros dignos varones que cubrieron una etapa brillante en los destinos de la nacionalidad.

Una de las fachadas del antiguo Seminario. Foto: Ecured

El Seminario Conciliar de San Basilio el Magno y San Juan Nepomuceno, generalmente conocido como “Colegio de San Basilio” fue, más que una escuela de preparación religiosa, un instituto con relieve universitario en la mayor parte de su existencia, donde turnaron eminencias del Clero y del Foro, entre aquellos, el Pbro Ciriaco María Sánchez Hervas, más tarde Cardenal; Tristán de Jesús Medina, célebre intelectual; Juan Bautista Sagarra, de quien dijo Luz y Caballero que era una antorcha; Marcelino Quiroga; Francisco Barnada Aguilar, que murió con mitra de Arzobispo, y muchos más que la posteridad han consagrado como adalides de la virtud y el saber.

Se debe al progresista Obispo Fray Jerónimo Valdés, la hermosa iniciativa de su fundación, pero su eficacia, su trascendencia, su repercusión en el ámbito del país, fue producto casi exclusivo del eximio santiaguero Dr Santiago José de Hechavarría y de Elquezúa, primer Obispo Cubano, a quien tanto debe su nativa ciudad. Basta leer la introducción que hizo a los Estatutos del Seminario, para conocer el instinto de patriotismo regional que guió siempre al ilustre Prelado, “Entre los objetos –dice—de la visita Patronal que estamos haciendo, Cátedra de nuestra Diócesis y lugar de nuestro nacimiento, nos ha merecido la mayor consideración el Seminario Conciliar de San Basilio, establecido en ella desde 1772”.

Los Estatutos –muy notables por cierto—fueron redactados en 1774, aprobados por S.M según Real Cédula de 2 de octubre de 1871, impresos por orden del Dr Miguel Herrera Cangas, Dignidad de Chiantre y Vicario particular. Por esos Estatutos se determinaron primeramente las cualidades del origen, moralidad, trajes, ejercicios piadosos, literarios y de vacaciones, conducta, premios y castigos de aspirantes a Becas, organización de superiores, catedráticos y oficiales con los títulos el superior de Director, el inmediato de los colegiales con el de Pedagogo, dos Maestros de Gramática con títulos de Preceptores. Un Catedrático de Filosofía, dos de Cánones con los nombres de Primo y Vísperas y un maestro de Canto llano. Los cargos de Director y Pedagogo se cubrían por indicaciones del Prelado y los demás por rigurosa oposición. Como innovación se establecieron los estudios de Facultad de Derecho Civil y Matemáticas, estatuyéndose que “dichas facultades bien que no sean las más propias y positivamente conducentes al estado eclesiástico que es el fin para que se constituyen los seminarios, no desdicen ni tienen oposición con él y por otra parte son útiles a la nación en común y muy proficuas a esta porción de la isla distante de las otras partes en donde se enseña. Este motivo debe ser de un poderoso aliciente a todos los que se animen de un espíritu verdaderamente celoso por el patriotismo para no perderlo de jamás de vista”.

Antes, por Real Cédula de 16 de febrero de 1761, el soberano reinante, había recomendado al Obispo Morell que cuidas el fomento y conservación del Colegio Seminario de esta ciudad y este, de acuerdo con el Rector de la Universidad de la Habana, RESOLVIERON “que los cursos ganados en el Seminario podían incorporarse en dicha Universidad y con ellos optar las candidaturas a los Grados Académicos en las facultades de Leyes y Cánones”. Con tal motivo, se abrieron dichas cátedras en 14 de marzo de 1778, es decir, cuatro años después de haber sido confirmado el acuerdo por Real Cédula de 12 de junio de 1774.

El Seminario, en tan ventajosas condiciones, adquirió nombre dentro y fuera de la Isla, nutriéndose sus aulas con los más distinguidos jóvenes de la provincia.

Ya en 1803, se hicieron gestiones para convertir el Seminario en Universidad, redactándose unos Estatutos que, aunque muy discutidos, no tuvieron final aprobación. Se pretendía cursar todos los estudios de la Universidad Central, desde expedir títulos de Bachilleres en Artes, Teología, Cánones, Leyes, Medicina, Magisterio en Artes, hasta la Licenciatura y Doctorado de dichas facultades.

Ante el rechazo de estas pretensiones, que alarmaron los privilegios ya concedidos a la capital, todo no fue más que un animoso proyecto, manteniéndose el Seminario en la forma en que venía actuando desde 1778.

Con motivo del nuevo plan de estudios dictado para Cuba y Puerto Rico en 1842, se declararon inválidos los cursos académicos de Leyes y Sagrados Cánones del Seminario, prohibiéndose por tanto la incorporación de los cursos en la Universidad.

Esta drástica medida trajo un revuelo y ocasionó protestas que dieron lugar a una memorable reunión el 6 de julio de ese año, a la que asistieron el Gobernante Militar, el Vicario General del Arzobispado, prebendado Mariano de Usera y Alarcón; los comisionados del Ilustre Ayuntamiento, regidores, Manuel Colás y Lino Urbano Sánchez Limonta; los canónigos lectoral y racionero Don Miguel Hidalgo y Don Manuel Fernández Sánchez, y por la Real Sociedad Económica Don José López Brogiano, Lic. Pedro C. Salcedo y el secretario Emerenciano Jiménez, redactándose una exposición a los altos Poderes por la que “tales corporaciones que representaban el sentimiento de la provincia, imploraban el remedio de un mal grave que tenía en sumo abatimiento a todos lo habitantes y que amenazaba, por lo sucesivo, empobrecer la región y sumirla en la oscuridad y la desgracia. Dicho mal consiste en la falta absoluta de estudios en las facultades mayores, lo que se hacía más sensible después que los habitantes de esta provincia habían estado en posesión del privilegio que los monarcas habían concedido fundándose la clemencia soberana para otorgarla, en la razón de que Santiago estaba situada a larga distancia de La Habana en que el viaje era impropio y costoso, en que el sostenimiento de los estudiantes en tierras lejanas, gravosísimo para los padres y muy dañosos a los alumnos que con tal motivo se emancipaban antes de tiempo y cuando más necesitaban de la tutela celosa de sus mayores, y sobre todos, porque siendo esta ciudad la más antigua de la isla, capital de provincia, residencia de los primeros gobernadores y de la Silia entonces Diocesana, no podía menos que reintegrársele tal privilegio” del que se privaba sin razón por cuanto esta ciudad y la provincia estaban más poblados que en 1774, la juventud más brillante y numerosa, los medios pecuniarios para mantener a los jóvenes fuera del pueblo, escasos y reducidos por la subdivisión de la riqueza territorial, y agregaban, la juventud de Cuba (léase Santiago) no se aplica a las ciencias por el desconsuelo de no tener esperanza de hacer carrera y es muy raro que le hijo de este pueblo siga altos estudios de Universidad Central porque cuesta mucho trasladarse a La Habana y más sostenerse en ella, siendo cosa averiguada que de los treinta y seis mil habitantes que cuenta esta población, apenas 25 o 30 pueden hacer tan crecidas erogaciones.”

Tales clamores no dieron resultado práctico alguno, y sólo en 1871 cuando el General Balmaceda clausuró, como medida de guerra el Instituto de la ciudad, restableció el Seminario como el único facultado para expedir títulos de Bachiller. En 1876 volvieron a funcionar los Institutos que “manus militaris” habían concedido al Seminario.

“San Basilio” contó con un período muy floreciente en su historia considerándosele con razón, un centro cultural de primer orden, tan importante como el Seminario de San Carlos, de la Capital (también fundación gloriosa del santiaguero Obispo Santiago José de Hechavarría).

Cerca de dos siglos, el Seminario, de factura religiosa, moldeó altas conciencias, pues si su principal apostolado consistía en impulsar conocimientos eclesiásticos, universalizó experiencia y estimuló la aptitud del criollo, ya que en sus aulas, como alumnos primero y mentores después, brillaron grandes santiagueros. Hoy el edificio es un plantel de enseñanza con el nombre de Colegio “La Salle”. Sus actuales rectores procuran ajustar sus normas a modernos pronunciamientos de enseñanza, pero no olvidan que le legaron sus antecesores y que constituyen un visible orgullo de la Religión Católica.

El Seminario de ayer vive con el alma inmarcesible de una gloria que no se extingue jamás. Vinculado a ejecutorias que tienen entraña perdurable en la historia de Santiago de Cuba, lo recordamos hoy como una de las grandes cosas que florecieron en los oscuros días del integrismo colonial y que han contribuido a destacar nuestra ciudad como un centro de continuo adelanto y cultura.
Acción Ciudadana Nro 42, 1944, pp10-11 y 17 (30 de abril)

El 1 de agosto de 2003, luego de completa remodelación, el edificio que ocupaba el Seminario de San Basilio el Magno y luego el colegio La Salle, reabrió sus puertas al público como Museo Francisco Prat Puig, con la condición de Monumento Nacional.

Así luce hoy el antiguo Seminario, actual Museo "Fransisco Prat Puig", Monumento Nacional. Foto: Ecured

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