Santiago en mí

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Y el Gran Premio es…

Tuve un colega que solía bromear: «como premio a tu buen trabajo te vamos a mandar un mes a cortar caña». Una variante, pensaba yo, menos morbosa de aquel mito en el que quien recibe un homenaje, tiene los días contados.

No sé de dónde este colega habrá sacado la idea del chiste; pero sin dudas se le hubiera ocurrido, —palabras más, palabras menos— de saber el motivo de estas líneas.

Fotograma de la presentación del Programa.

Y es que la anécdota fue lo primero que me vino a la mente al enterarme de que Tele Turquino “se da el lujo” de prescindir de un programa como Santiago Santiaguerías.

El hecho, per se, no tuviera gran trascendencia de no ser porque se trata de uno de los programas de mejor factura que se ha realizado en este telecentro. Uno de los pocos.

No es que lo diga yo, que, a fin de cuentas, siempre hablo desde la perspectiva (subjetiva) del espectador. Lo acaba de afirmar un jurado conformado por directores de televisión, periodistas y especialistas de Granma, Ciego de Ávila y la Universidad de Oriente, al otorgarle a Santiago Santiaguerías, el Gran Premio, durante el recién concluido Festival Provincial de Televisión.

Por si fuera poco, el programa también se alzó con los máximos lauros en Dirección, Guión (ambos a cargo de Julio César Niño) y Conducción Masculina (Leonel Leblanch) y Femenina (Leticia Rodríguez). Como suele decirse, «arrasó».

En verdad, no es para menos. De los méritos que yo veía al programa ya comenté en algún momento en este blog. Pero no solo eso, sino que se perfila(ba) como una de las propuestas que pudiera (podía) marcar época en la televisión local (y, ¿por qué no?, nacional), toda vez que, por su concepción, tiene en Santiago de Cuba, una fuente casi inextinguible de historias por contar.

Pero, al parecer, la decisión está tomada. Solo diez capítulos se preparan para el verano. Los últimos diez capítulos de Santiago Santiaguerías. ¿Después?… pues “disfrutaremos”, en su lugar, de algún programa destinado a el público infantil, que a priori, me deja más dudas que certidumbres.

Mientras tanto, otros programas (que apenas fueron mencionados en el Festival Provincial de TV) seguirán ocupando espacio en la (aquí debería ir un adjetivo pero no encontré el ideal) parrilla de programación de Tele Turquino; y el Gran Premio del mentado festival, pues bien, «a cortar caña».

Cambios profundos necesita Tele Turquino. Sobre todo de mentalidad. Creerse que sí se puede. Dejar a un lado el escudo que significa la falta de recursos que, aun cuando cierta, no impide que se logren programas de la factura de Santiago Santiaguerías, 12.m, Hola Caribe, La historia y sus protagonistas yEn buena compañía.

Ojalá esos cambios vengan con la programación de verano.

Quizás así no tenga que volver sobre el tema en este blog (que ahorita piensan que «la tengo cogida» con el telecentro), y no vea otra vez interrumpida mi intención de tomarme un año sabático digital.

PrevengHo, ¿qué?

La situación epidemiológica en Santiago de Cuba es compleja. Todos lo saben. Todos lo viven. Todos hablan de ello; incluso en los medios de prensa (al menos los locales), con eufemismos más o eufemismos menos. Pero se habla. No es para menos. En cualquier esquina la cal se encarga de recordarlo; como lo hacen los tres pomos a la entrada de todas las instituciones. Quien no lo ha sufrido en carne propia sabe de alguien cercano que sí lo ha hecho: un familiar, un vecino, un colega de trabajo.

Entonces resulta válida la presencia (ya habitual) de médicos y especialistas en higiene y epidemiología en la Revista Santiago, informativo por excelencia en la televisión local. Válido, si el mensaje a transmitir es contundente; no deja lugar a dudas. No lo fue el ofrecido ayer (29 de octubre) por el médico de turno, lo que, en las condiciones actuales, resulta cuando menos irresponsable.

El tema de su intervención era anunciar la presencia en las farmacias santiagueras de los medicamentos homeopáticos PrevengHo Dengue y PrevengHo Cólera, ambos, y según palabras del doctor (tal vez influenciado por el propio nombre comercial de los productos), previenen ambas enfermedades. Se extasió el médico en explicar la posología de los medicamentos, mientras, en varias oportunidades, volvía sobre la idea de la prevención. Solo al final de su comentario, tuvo a bien explicar el facultativo que estos medicamentos NO sustituyen el resto de las medidas higiénico-sanitarias recomendadas para la PREVENCIÓN (ahora sí con mayúscula la pongo, como debe ser) de enfermedades como el dengue o el cólera.

Todo el tiempo escuché al especialista con una mezcla de estupor y malestar. Ni siquiera su rectificación final me tranquilizó; y esta entrada es la prueba de ello. Me explico.

Mis reservas con la medicina homeopática (o la homeopatía, sencillamente) parten, en primer lugar, de mi formación profesional (bioquímico), y luego, de mis tiempos como integrante de una institución científica, desde la cual tenía permanente acceso a muchos de los debates que hoy día se generan en el mundo de las ciencias. La homeopatía constituye, de hecho, el centro de uno de esos debates a nivel mundial. De un lado y del otro, entiéndase apologistas y detractores, exponen argumentos para sustentar su posición; en una batalla que, de antemano, parece perdida por los segundos, como consecuencia de una fuerte base de marketing y mercado que sustenta la promoción de la homeopatía como solución a muchos males.

En Cuba este debate no ha sido menos intenso en el mundo académico. Ahí está el extraordinario dossier que publicara el sitio digital Juventud Técnica y que, bajo el nombre de Medicina sin apellidos, fuera publicado como libro tiempo después, pasando quizás sin muchas penas y glorias por las librerías cubanas. O tal vez, un pequeño libro que aún es posible encontrar en las estanterías y que resultara Premio Pinos Nuevos de divulgación científico técnica, en el que se aborda también esta polémica desde el análisis de uno de esos debates científicos.

Sin embargo, como suele ocurrir en el mundo, aquí también la batalla parece decidida. En casi todas las farmacias de la provincia (y no dudo que del país) grandes carteles anuncian los beneficios de la homeopatía. Con el mismo objetivo se hacen spot televisivos, se entrevistan a homeópatas y médicos practicantes de la llamada MNT, se publican artículos en la prensa escrita. Pero nunca (al menos yo) he visto en estos sitios, la otra parte de la moneda, la opinión discordante, los argumentos contrarios. Se le niega (de manera irresponsable e injusta, diría yo) al público la posibilidad de conocer, de analizar, de elegir con conocimiento de causa, el usar o no la homeopatía.

Esto, tal vez, no planteara mayores problemas si no fuera porque, como sucedió con el médico invitado a la Revista Santiago, se suela acompañar estos escritos, comentarios, entrevistas, con una falta total de rigor a la hora de manejar términos médicos o científicos. Así, resulta que la homeopatía suele ser fácilmente entendida como el remedio NATURAL (y por tanto, no dañino) para todos los males, contrapuesto con la química (siempre dañina) de los medicamentos convencionales.

Otras veces, reconozco, sí he escuchado mencionar por algunos especialistas el hecho de que estos medicamentos no sustituyen las terapias tradicionales, sino que actúan como complemento. Pero igualmente, nada se comenta de los argumentos en contra y una vez más, el paciente ve la gloria.

Una última reflexión. Me gustaría creer que quienes escucharon este jueves la Revista Santiago hayan llevado el verdadero mensaje implícito (y explícito) en las palabras del doctor: (creo que por el momento) no serán unas gotas las que nos prevengan de contagiarnos en esta situación; solo la higiene, las medidas sanitarias, la precaución en nuestros actos diarios, nos salvará de engrosar esas estadísticas que, sin aparecer, se magnifican de boca en boca.

Aires frescos de verano en Teleturquino

Hace ya unas semanas no escribía en el blog. Hace un poco más no hablaba de la TV en Santiago de Cuba. Hoy rompo con ambas rachas.

Ya no es novedad el hábito de renovar la programación televisiva en los meses de verano. Cada año esperamos las buenas nuevas de una programación que, en no pocas oportunidades, es más ruido que nueces. A eso ya estamos acostumbrados con la TV nacional. Sin embargo, este verano, la primicia no viene desde La Habana, sino de bien adentro, desde los estudios centrales de Teleturquino.

Ya se había anunciado: nuevos programas televisivos pasarían a ocupar los horarios (aún escasos) de la cartelera. Algunos de estos programas, incluso, se comenzaron a transmitir poco antes del inicio oficial del verano. La expectativa estaba creada.

Bien, pues tengo que decir que no decepcionaron; en todo caso, lo confieso, me sorprendieron. No puedo hablar de todos los programas (a ciencia cierta no sé si he visto todos los estrenados); como tampoco he podido verlos con la asiduidad que QUISIERA (y lo recalco porque, como pocas veces, me siento animado a verlos); pero la sensación dejada por las emisiones que he podido disfrutar (aquí si va con minúscula, porque no quiero ser yo quien cree falsas expectativas) es muy positiva.

De forma general me referiré a unos pocos (si los nombres no coinciden tal y como son, me disculpan, pero no siempre los puedo ver desde el inicio): las revistas 12 pm y En buena compañía; el de corte musical Dando la nota; Con estilo, La magia de mi jardín y Pisando fuerte.

Lo primero que llama la atención es una acercamiento a los llamados programa de corte utilitario. Más pensados para ofrecer al público televidente ofertas, soluciones, sugerencias prácticas (más allá del mero discurso educativo) para su estilo de vida. Aquí destacar Con estilo y la Magia de mi jardín, donde las manualidades y el arte de la jardinería se vuelven protagonistas y, de forma agradable, sobria, se logra transmitir los mensajes.

Dando la nota y Pisando fuerte no se quedan atrás, aunque con presupuestos diferentes. Aquí la propuesta viene desde el quehacer de hombres y mujeres de Santiago de Cuba. De un parte (Dando la nota), los músicos y los sitios donde es posible acceder a la música que hoy se hace en la ciudad. Por la otra, la posibilidad de poner rostro a los jóvenes que día a día se desempeñan en diferentes áreas de la vida socio-económico-cultural y, por su talento, vienen, como dice el título, pisando fuerte

Mención aparte a las revistas 12 pm y En buena compañía. A ninguna les ha quedado grande la definición de revista. Variadas, amenas, con buen equilibrio entre las secciones y, una vez más, pensadas para el público, dan brillantez a los mediodías santiagueros y, no lo dudo, en algunos hogares ya compite con Al mediodía.

De forma general se nota una mejora en la producción de las presentaciones, más frescas, contemporáneas. Si bien no puede decirse lo mismo de las escenografías, sobre todo en las revistas antes citadas, entre las cuales 12 pm, lleva la peor parte (incluida una mancha en la pared que se roba toda la atención, justo detrás del invitado).

Se agradece igualmente la presencia de otros rostros no habituales en la pantalla. A los ya conocidos de Leonel Leblanch y Brita García, se suman ahora otros como los de Bertila (proveniente de Radio Mambí), Eduardo Cedeño (Radio Universitaria) y Yadiana Torres (más acostumbrados a verla en su papel de periodista). En la mayoría de los casos salen muy bien parados; con mucha organicidad y empatía. No corren igual suerte, en cambio, los de Pisando fuerte (una vez más cuatro conductores); que no pueden escapar muchas veces del acartonamiento de los diálogos, del gesto forzado, del excesivo histrionismo.

Amén de estos detalles, la programación de verano de Teleturquino nos llega con aires muy frescos a pesar del calor. Nos hace decir una vez más, «ven que sí se puede». No queda más que desearles entonces, desde aquí que tanto he criticado (y elogiado algunas veces, no lo olviden) cuanto en materia de televisión se hace en Santiago; desearles, repito, muchos éxitos y nuevos proyectos tan buenos o mejores que estos. El público lo merece.

Mi paletada de arena para la Teleturquino

Una de cal y dos de arena, reza el refrán. Y me parece que ya bastante cal he tirado a la programación de Teleturquino. Hoy, entonces, me toca palear arena y lo hago con mucha satisfacción.

Para ser justos de ambos lados, hay que recordar que si bien en las ocasiones que he vertido mis opiniones sobre la programación de la TV provincial, he hablado desde la posición del televidente insatisfecho con la factura del producto televisivo; pero no he dejado de reconocer el otro lado de la moneda, esto es, esos programas que, por su elaboración, han merecido (merecen) un sitio en la cartelera nacional.

Es lo que más sucede: protestamos cuando algo nos disgusta, pero sobre lo que merece elogios, a veces, callamos. Hoy no quiero que sea así.

Si bien en otras ocasiones me he medido en los elogios hacia producciones como La historia y sus protagonistas, Hola Caribe o De Santiago la Trova (y otros); ahora escribo solo para celebrar una propuesta relativamente reciente en la programación.

De Santiago, santiaguerías es su nombre; que de cierta forma me lleva a una columna que años atrás (cuando le abundaban las cuartillas) existió en el Sierra Maestra. Su director es Julio César Niño.

He logrado ver unas pocas ediciones de este programa. Siempre quedé complacido. En unos pocos minutos, se abordan personajes y costumbres de esta ciudad; complementando perfectamente entrevistas, comentarios, imágenes de archivo y preguntas en la calle.

Una vez más son tres los locutores (Leticia Rodríguez, Laritza González y Leonel Leblanch), pero en esta oportunidad no adquieren protagonismo, sino que se suman al coro de voces que arman el discurso audiovisual y sirven de enlace en la narración.

En ese coro se agradece el papel de los entrevistados, quienes brindan el toque personal, y hasta conmovedor, a la historia que se cuenta. Especialistas, familiares, amigos, regalan una mirada polifacética del tema o la persona de quien se habla.

La más reciente edición, dedicada a Adolfo Llauradó, motivó estas líneas, pero igual pudo haberlas motivado la dedicada a La Lupe, o cualquier otro de los programas que (entre ires y venires y azares de los horarios) he podido disfrutar.

La presencia de producciones como esta en la programación local de la TV, sostienen mis preocupaciones y reclamos en otros escritos: ¿por qué es posible que productos como estos, realizados con similares recursos, logren una propuesta tan diferente a otras, incluso bajo la misma dirección?

Sea cual sea la respuesta, por ahora prefiero disfrutar, siempre que me sea posible, de De Santiago, santiaguerías. Ojalá este sea el punto de nuevas propuesta en la televisión local, camino (no me queda otra que decirlo) a los quinientos años de la ciudad.

Santiago de Cuba “en línea contigo”

Es la novedad del momento. Se llama “En línea contigo”, y se presenta como un “espacio para la opinión y el debate”.

Lázaro Expósito Canto, Primer Secretario del PCC en Santiago de Cuba

Lázaro Expósito Canto, Primer Secretario del PCC en Santiago de Cuba

En resumen, es un programa televisivo donde las principales autoridades de la provincia, léase Lázaro Expósito, Primer Secretario del PCC en Santiago de Cuba; y Reinaldo Zapata, Presidente de la Asamblea Provincial del Popular; reciben quejas y opiniones de la población, y “emplazan” a los directivos de diferentes organismos, empresas y entidades, a dar respuesta a estas inquietudes.

La edición más reciente estuvo dedicada a “las indisciplinas sociales, las ilegalidades, la corrupción y los delitos”. El pueblo —con nombres, apellidos y dirección particular— llamó y planteó sus problemas, desde los más particulares, hasta los que afectan a toda la comunidad, incluso la provincia. Desde el taxista que “se robó el vuelto”, hasta el robo del salario de los trabajadores de una escuela en el distrito José Martí; desde los que sacrifican machos (cerdos) en medio de las aceras, hasta el ineficiente papel de los inspectores…

Y así, todo cuanto aqueja a la ciudad y que día a día forma parte del vivir de sus habitantes, de sus conversaciones; pero que, hasta el momento, se perdía entre tantos planes cumplidos y celebraciones y homenajes que inundan los medios de comunicación.

La idea no es novedosa en sí. En el reciente congreso de la UPEC se pudo escuchar la experiencia de la dirección política de la provincia de Holguín, en el uso de los medios de comunicación masiva para poner al pueblo en contacto directo con sus dirigentes y los responsables de hacer cumplir lo establecido.

En Santiago de Cuba, en cambio, esta modalidad hace recordar esas visitas sorpresivas, cámara en mano, que hacía el Primer Secretario del PCC a diferentes instalaciones de la provincia, en las cuales se ponía en evidencia la ineficiencia e ilegalidades que lastran cada día el ánimo de los santiagueros.

Cada cosa se llama por su nombre. Cada respuesta se exige a las autoridades que deben darla y que, entre titubeos, mea culpas, y frases hechas, intentan, como pueden, responder el por qué hacen mal su trabajo.

Muchos de los habitantes de esta ciudad, ponen ahora sus esperanzas en este diálogo directo con los máximos dirigentes de la provincia. Se prometen nuevos y variados temas, siempre polémicos, que se abordarán de forma separada para, según explicó Expósito, poder hacer un análisis profundo de los diferentes planteamientos.

Sin embargo, muy fino habrá que hilar para evitar que el esfuerzo caiga en saco roto. Ya basta de respuestas como “se está evaluando”, “se está profundizando”, “se tomarán las medidas pertinentes”; a temas que, en muchos casos, llevan meses y hasta años lacerando a la sociedad santiaguera.

Lo que se pide es el resultado. Saber que el responsable de un perjuicio no quede impune. Que se cumple con lo establecido. Que las leyes no están ahí por gusto.

“En línea contigo” es una opción válida a la que, sin dudas antes que tarde, se le exigirán soluciones concretas. En ella está en juego la credibilidad de los directivos de esta provincia.

Por lo pronto, ya se anunció el tema para la edición de septiembre: la recuperación tras el paso del huracán Sandy. Sin dudas, mucha tela habrá para cortar cuando, a casi un año del fatídico acontecimiento, hay más insatisfacciones que soluciones.

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