Santiago en mí

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Sismo perceptible en Santiago de Cuba

En la tarde de ayer, casi cuando el reloj marcaba la1pm, sentí una fuerte sacudida, aunque muy breve. Apenas lo necesaria para cambiarle el ritmo a mis latidos. «Tembló», fue lo único que atiné a decirle a una colega que en ese momento entraba al local. Ella no lo había sentido pues venía caminando. Por un momento quedé con esa sensación de saber algo único…hasta que a mi llegaron los comentarios de otros protagonistas del suceso.»Ya era hora..con estos calores», solo me dijo ella. «Eso no tiene que ver», le respondí, «los científicos (sismólogos) están cansados de desmentir esa creencia». Ella me miró raro, como si acabara de darse cuenta que no pertenezco a este mundo. La vida siguió igual. En la tarde ya la prensa oficial brindaba los detalles del nuevo sismo en la historia de Santiago de Cuba:

Un temblor de tierra fue perceptible en Santiago de Cuba, con epicentro en Baconao, exactamente, a las 12 y 59 minutos de la tarde de este lunes, según confirmó a la CMKC Olga Expósito, especialista en Análisis de Terremotos.

Desde el Observatorio Geodinámico ubicado en la carretera de Siboney, también se constató la exactitud del epicentro, ubicado en los 19,67 grados de latitud norte y a los 75,73 de longitud Oeste, a unos 10 kilómetros en profundidad, con magnitud de 3,6 en la escala de Richter.

Se reporta perceptibilidad de este sismo en todos los municipios de la provincia Santiago de Cuba, fundamentalmente, en Songo-La Maya y Santiago de Cuba, además, en la vecina Guantánamo.

Este es el movimiento telúrico número cinco, entre los perceptibles ocurridos en este año.

LLama la atención que el sismo ocurre al mediodía después del Ejercicio Meteoro 2012, con carácter de prevención ante desastres naturales, entre ellos, los provocados por fuertes temblores de tierra.

Hasta el momento no se reportan daños humanos, ni materiales por esta sacudida terrestre.

Tomado de Cubadebate con información de Juventud Rebelde

Un curioso evento relacionado con el terremoto de 1932

El terremoto del 3 de febrero de 1932 generó miles de historias que tal vez aún estén por escribir. Algunas de un dramatismo hiriente, otras quizás un poco jocosas; y no pocas cargadas de curiosidad.

Hoy comparto con Uds una de esas curiosidades que rodearon los días posteriores al evento sísmico del año 1932, y a la cual tuve acceso gracias al libro compilatorio del Magazine “Las Noticias” de los editores Arroyo bajo el título de “Recuerdo Histórico del Terremoto de 3 de Febrero de 1932”.

En esa época, el destacado geólogo holandés F. A. Meinez [Felix Andries Vening Meinesz] manejaba una teoría sobre los terremotos, basada en la existencia de un “cinturón de baja gravedad que envuelve por completo la superficie terrestre” la cual se había encargado de demostrar en viajes a través de varias zonas sísmicas del mundo. Con vistas a profundizar en sus estudios, Meinesz y otro grupo de geólogos pertenecientes a la Universidad de Princenton, con experiencia en otros estudios de terremotos ocurridos en Japón y Nicaragua, dispusieron una expedición, presidida por Mr. Richard M. Field, a bordo de un submarino S-48 de la Armada Norteamericana, el cual partió de la Base Naval de Guantánamo, para recopilar datos sobre el terremoto de Santiago de Cuba.

Durante su recorrido de más de cinco millas, el submarino se sumergió 55 veces para “realizar los experimentos necesarios y hacer el acopio de datos requeridos”. Durante días 25, 26, 27 y 29 de febrero; 22 de marzo y 4 de abril; la prensa nacional e internacional fue resaltando algunos de los principales descubrimientos de esta expedición, los cuales pueden ser recogidos en los siguientes puntos que cito, tal y como aparecen publicado en el “Recuerdo histórico…” de los hermanos Arroyo :

• “(…) han descubierto en el Caribe una depresión de casi 5 millas de profundidad, que resulta haber sido el centro del terremoto (…) los lados o paredes de este enorme agujero, al desplomarse, causaron el temblor de las masas de tierra cercanas”
• “(…) las pruebas hechas con ondas sonoras muy sensibles de que están provistos el submarino S-48 y el remolcador Chewing, han revelado un nuevo perfil de la Sima de [la Hoya de] Bartlett al este de la existente y con fondo de mayor extensión que en sus orillas, cifra que sobrepasa en un cuarto de milla todas las medidas que se habían hecho anteriormente (…)”
• “(…) han podido comprobar que las aguas que circundan las costas de Santiago de Cuba se encuentran casi siempre en una temperatura elevada, anormal, casi en estado de ebullición (…)”
• “(…) ha comprobado realmente que las Islas que forman una línea curva desde Haití, hasta la América del Sur comprendiendo por lo tanto la Isla de Cuba, van gradualmente elevándose sobre el nivel del mar”
• “(…) parecen hallarse éstos [terremotos] estrechamente relacionados con la formación de la gran depresión de la Hoya de Bartlett, que afecta a toda la formación de la corteza terrestre en aquella zona”

En abril de 1932 fue presentado el informe oficial de estas investigaciones, el cual, supongo, permanezca en los archivos de la Universidad de Princenton, o en manos de algún estudioso de las teorías sísmicas.

El terremoto del 32

A la 1 y 12 minutos de la madrugada del miércoles 3 de febrero de 1932, la ciudad de Santiago de Cuba experimentó una de las mayores catástrofes de su historia, cuando fue víctima de un sismo de gran intensidad que dejó en ruinas, según las fuentes oficiales de la época, alrededor del 80% de sus edificaciones. Sin embargo, la crónica de lo que significó el día 3 de febrero, y los días posteriores (hasta aproximadamente dos meses después del terremoto), parece remontarse a algunas semanas atrás de la fatídica jornada, y adquiere matices místicos, según recordarían fechas después algunos de los testigos del hecho.

El domingo 24 de enero, durante luego de la lectura del Evangelio dominical en una iglesia de Palma Soriano, el Padre Cresencio Pajares de la Herrán, Reverendo Padre de la Orden de los Misioneros del Inmaculado Corazón de María, habló a sus feligreses de esta forma:

“Con todo el dolor de mi alma, pero es mi deber de Párroco, os digo por tercera y última vez que os fortalezcáis con los sacramentos y no olvidéis la oración. La prueba que tenemos que pasar es aquí, en Palma [Soriano] y en Santiago, y es muy grande. Yo no se lo que es pero mi padre no se equivoca, y esta es la última vez que os puedo avisar. Ya casi estamos en la prueba

Durante las misas de los días 10 y 17 de enero, el Padre Callejas, guiado por una “inspiración extraña”, también había hecho una predicción similar sobre una supuesta prueba a la que sería sometida la ciudad de Santiago de Cuba y sus alrededores. El día 24 de enero de 1932, luego de la última de las predicciones, el Padre Pajares enfermó. El 3 de febrero la urbe santiaguera y sus alrededores amanecieron bajo las sacudidas de un terremoto.

Portada del Libro

Momentos de angustia

Lo acaecido durante el intervalo que duraron las sacudidas del terremoto de 1932, pudo haberse reflejado en cada una de las miles de historias personales que los habitantes de Santiago vivieron aquella madrugada, y que poco después fueran recogidas con mayor o menor exactitud en la prensa de la época. En las páginas de un libro recopilatorio del Magazine Las Noticias, editado por la Casa Editora Arroyo Hermanos, de la calle Pío Rosado (hoy Carnicería), bajo el título de “Recuerdo Histórico del Terremoto de 3 de Febrero de 1932”, se leen algunas de estas crónicas en la palabra de sus propios protagonistas. Uno de ellos rememora lo sentido el 3 de febrero de 1932:

“Momentos de angustia terrible vivimos los habitantes de Santiago de Cuba desde la una y doce minutos de la madrugada del día 3 de febrero hasta el presente (…). A esa hora aproximadamente, sintiéndose un trueno que venía de las profundidades de la tierra (…) Inmediatamente del primer sacudimiento, algo leve, pero como si se tratara de una gracia que se conocía, fue el aviso (…). Conmociones intensas en todas direcciones nos hicieron pensar que era la terminación del mundo. Chasquidos por doquier; un ruido ensordecedor de paredes que se desplomaban a nuestro alrededor, cristales que se trituraban; todo giraba a nuestra vista; las estrellas en el límpido cielo se confundían, se unían, tenían una luminosidad desacostumbrada; no podíamos coordinar ideas; sólo nos guiaba el instinto de salvación; nos guarecíamos con los pequeños bajo las paredes de madera de los edificios (…)”

Muchos coinciden en afirmar que el horario en que ocurrió el terremoto, y el hecho de haber sido precedido por lo que pareció ser un sismo de menor intensidad, contribuyó a que el número de víctimas fuera el mínimo, amén de la cultura sísmica adquirida por los habitantes de esta urbe a lo largo de su historia, debido a su largo historial de movimientos telúricos que se remonta a los años primeros de la villa de Santiago. Todo esto permitió que a una gran parte de la población le diera tiempo de abandonar sus casas, incluso verlas derrumbarse ante sus asombrados ojos.

Pasado el sacudimiento inicial, llegó la hora del recuento de daños, los cuales, a primera vista, eran considerables; “tal vez no menos de cincuenta millones” de pesos:

Estado en que quedó una de las Salas de Maternidad del Hospital Civil

“Lo destruido son edificios como el Hospital “Saturnino Lora”, la Cárcel Provincial; el Asilo “San José”, la Casa de Beneficiencia, el “Palacio de Justicia”, suman ya casi un millón. Lo destruido son propiedades como el edificio “Serrano”, el Club “San Carlos”, el Corredor de Cristina, el “Ten Cents”, el Hotel “Luz”, representan un millón o más de dólares perdidos. Lo destruido son palacetes como los de Vista Alegre, que también significan muchos cientos de miles de dólares. Lo destruido son templos soberbios, como la Catedral en casi totalidad, “Dolores”, “San Francisco” parcialmente cuyo costo de construcción fue crecidísimo. Lo destruido son casas comerciales como la de Alonso Martínez, “Las Novedades” etc, en donde además de los muros caídos, se echó a perder mucha mercancía –en la Droguería de Mestre y Espinosa solamente hubo una pérdida de cerca de cuarenta mil pesos. Lo destruido, dicho en una palabra, fue casi toda la propiedad pública y privada de la ciudad.”

Casi de inmediato comenzaron a llegar las primeras ayudas para paliar la situación en que había quedado la ciudad y sus habitantes, destacándose la labor de varias compañías particulares como la Crusellas y la Bacardí (la cual a su vez sufrió también numerosas pérdidas durante el fenómeno natural); así como de algunas personalidades políticas de la época. Sin embargo, se afirmaba que esta ayuda no sería suficiente, dado el monto de las pérdidas:

“Con el millón que propone Alberni [José Alberni Yancé, congresista de la república], suponiendo que el Senado le importa su aprobación; más los 300 mil que pretende recabar el representante Bravo Acosta ya aprobados por la Cámara, incluidos los cien mil que se podrían obtener del sorteo de Lotería; haciendo alto aprecio de la labor del señor Hornedo [millonario Alfredo Hornedo] al encargarse de reconstruir de su peculio particular el Hospital Infantil Oriente; sumando a todo esto las múltiples dádivas en mercancías, en medicinas y en dinero que la prensa ha hecho mención…bien se ve que en conjunto no alcanzarán un valor de dos millones de pesos, sin contar con que la mayor parte de esa cooperación se limita a enjugar las necesidades más perentorias, sin dejar para el futuro más que el recuerdo imperecedero.”

Aún pocos días después, el clima de la ciudad era de inquietud: “en medio de sus derrumbes, cuando se pasa por sus cales donde los escombros se aglomeran, cuando se miran aquí y allá los muros caídos o agrietados; en medio de la polvareda que se alza por dorquier por la demolición de los edificios, olvidados por el momento las posible stragedias que oportunamente no ocurrieron (…) todo es bullicio y animación en la urbe.”

La tragedia según informes oficiales

Uno de los primeros representantes del gobierno nacional de la época en hacer presencia en la ciudad destruida, fue el Secretario de Obras Públicas Sr. Narciso Onetti, quien realizo diversas incursiones entre los escombros de la urbe santiaguera para observar, de primera mano, los efectos del terremoto, y tomar las medidas pertinentes para la recuperación. A su regreso a la capital, rindió informe de lo acontecido en forma de un Memorandum, que aparece transcrito íntegramente en el “Recuerdo Histórico …” de los hermanos Arroyo, y del cual les transcribo algunos fragmentos que evidencian, con bastante detalle, la situación encontrada por el Sr Onetti en su recorrido por Santiago.

Sobre las víctimas del terremoto informa el Memorandum del Secretario de Obras Públicas:

“Nº 1- Resumen de las desgracias personales: 13 muertos y 200 heridos. Muchos heridos más que no han ido a curarse a los hospitales. Los muertos se nombran:

“Antonio Pagés, María Casas Suárez, Ofelia Rondón, su hijo y el hijo de la señora Josefa Duharte, cuyos nombres no se conocen. Ernesto Marrero, Manuel Araujo, Hortensia Ramírez, Diógenes Caballero, Antonia Ramírez, Miguel Eduardo Quiala, Cristian Vaillant, José Catases, de 13 años (este falleció después)”

“Los heridos graves son: Simona Albacea, Lucila Cordero, Ramón Ojeda, Angel Adson, Loreto Caballero, René Manuel, Urbano Barrera, José Ramírez, María Luisa Ferrer, Valeriano Saínz, Luisa Sara, Adelmo Pérez, José Prior, José Cordero, Loreto Palacios, Víctor Nereiro, José Sola, José Rizo y José Navarro.”

El caso de Ofelia Rondón y su pequeño hijo, contradice lo escrito en la crónica del periodista Yuris Noridó que me sirvió de base para un escrito similar, donde se aseguraba que a pesar de los graves daños sufridos por el Hospital de Maternidad (área de Maternidad del Hospital Civil “Saturnino Lora”, una de las edificaciones más dañada durante el sismo), no se sufrieron víctimas fatales. En la recopilación de los hermanos Arroyo queda registrada evidencia gráfica de esta muerte. En total luego se mencionan 14 muertos.

Respecto a los daños sufridos por la infraestructura constructiva de la ciudad se dedican varios puntos en el mencionado Memorandum, donde se destaca (entre otros):

“Nº 5- Los desperfectos principales son:

“Edificio de la Aduana: Este edificio a juzgar por su apariencia actual, parece estar en completo estado de ruina, especialmente en su interior (…) En el patio interior aparecen los escombros de los muros laterales del piso alto, que fueron destruidos por el temblor (…)”

“Palacio de Gobierno Provincial: En este edificio se observan los desperfectos de mayor importancia en el piso alto, que es de construcción ordinaria de mampostería de ladrillos, no es así la planta baja que es de construcción de hormigón armado (…)”

“Torres de la Catedral: Por el aspecto que presenta parece probable que sea necesaria la demolición de las mismas.”

Yacen sobre la calle Aguilera, los restos de lo que fue el tercer piso del Club San Carlos

“Club San Carlos: Presenta averiadas sus fachadas, especialmente los pisos superiores de los que el tercero ha quedado totalmente destruido, habiendo caídos sus escombros a la calle lateral, y dado el estado de la parte que ha quedado en pies de este piso, parece procedente su total e inmediata demolición.”

Igualmente propone Onetti algunas soluciones temporales a la situación creada, como es el caso del traslado de la Cárcel Provincial (otro de los edificios seriamente dañados) a los espacios del Castillo del Morro, solución esta que no fue bien acogida por los editores del “Recuerdo histórico…” al no considerar que el sitio sea el más óptimo para tales fines.

Otro de los aspectos que marcó el misticismo del terremoto del 32, fue su verdadera intensidad. En un trabajo anterior sobre el tema había comentado lo siguiente:

“(…) aún resulta polémica la posible intensidad del sismo: “debido a la falta de mediciones fidedignas de la época: algunos aseguran que superó los 8 grados en la escala de Richter, otros creen que estuvo más cercano a los 7 grados, y no pocos especialistas consideran que apenas rebasó los 6”. Al respecto, en el artículo publicado en el número 11 del 2010 de la revista Bohemia (21 de mayo de 2010) se asegura que el sismo tuvo una intensidad de 6,75 grados en la escala de Richter (…)”

Ahora pude acceder a una referencia más directa sobre este aspecto, la cual quedó recogida en el libro de los hermanos Arroyo, gracias a la trascripción que hacen del informe presentado por el ingeniero de la Secretaría de Obras Públicas Sr Eduardo Mantollieu quien corrobora el hecho de que la carencia de mediciones fidedignas contribuye a la duda sobre su intensidad, pero plantea:

“(…) la intensidad del sismo cabe pensar que pueda fijarse entre los grados VI y VII de la Escala Sísmica de Sieberg [categoría que lo define como un sismo entre fuerte y muy fuerte], pues aún cuando la aceleración calculada en algunos objetos, es de tal naturaleza que parece indicar una mayor intensidad, no nos sentimos inclinados a considerarla como probable, en vista de la falta de datos técnicos para su adecuado cálculo y aplicación.”

Hasta el 3 de abril de 1932, fecha de cierre de la edición del libro al cual he hecho mención en esta entrada, se habían registrado un total de 49 sismos de diferentes intensidades, que mantuvieron a la población santiaguera en vilo, hasta llegar la centena de eventos registrados durante ese año. Todavía, el 27 de marzo de ese año, un nuevo sismo de mediana intensidad hizo creer que se trataba de un otro terremoto y que nuevas desgracias acontecerían para los habitantes de esta ciudad. Pero apenas fue el susto. El terremoto del 3 de febrero de 1932, ya quedaba para siempre, registrado en la memoria viva de Santiago de Cuba

Casa de la calle 6 entre 15 y 17 Vista Alegre

El Hotel Venus del Parque de Céspedes. Como consecuencia de los daños recibidos tuvo que ser derribado.

 

Santiago: una tierra que se mueve (IV y Final)

El terremoto de 1932

Como crónica de los sucesos acaecidos el 3 de febrero de 1932 en la ciudad de Santiago de Cuba, les propongo leer fragmentos del artículo escrito por Yuris Nórido en el sitio web cubasí:

(http://www.cubasi.cu/desktopdefault.aspx?spk=160&clk=265340&lk=1&ck=135383&spka=35)

Comienza el periodista su narración del terremoto de 1932:

“Miércoles 3 de febrero de 1932. La tierra tembló de madrugada, durante medio minuto. Un ruido ensordecedor venía desde las profundidades. Fue tan fuerte la sacudida que sacó a mucha gente de la cama. La ciudad de Santiago de Cuba despertó en medio del caos, en medio de la oscuridad. Las comunicaciones interrumpidas, la energía eléctrica y el abastecimiento de agua, cortados. Derrumbes parciales y totales. Algunos incendios. Y muchos santiagueros en medio de la calle, aterrorizados.

“Los periódicos de medio mundo dieron la noticia: “Un violento terremoto destruye parte de la ciudad de Santiago de Cuba”, titulaba ABC desde Madrid. Y los de La Habana no acababan de ponerse de acuerdo en cuanto al número de víctimas: algunos, los más sensacionalistas, hablaban incluso de más de mil muertos, una cifra que las ediciones especiales del mediodía desmintieron, por fortuna.

«Ya en la tarde, el gobernador de la provincia de Oriente informaba a las agencias de prensa que los muertos eran 12 y los heridos, tres centenares. El terremoto, después de todo, no había sido tan mortífero, en parte gracias a la celeridad con que la gente salió de sus casas (se cuenta que muchos, incluso, vieron sus viviendas caer desde la calle).”

Acerca de la imagen mostrada por la ciudad al amanecer, cuenta el periodista en su crónica:

“Más de la mitad de las edificaciones (algunos apuntan que incluso el 80 por ciento) sufrió algún daño de consideración. Grietas y rajaduras, la mayoría.

“La mismísima catedral metropolitana (…) tuvo serias afectaciones en paredes y secciones del techo, grandes bloques de la fachada cayeron a la calle, la escultura del ángel que la coronaba perdió una de sus alas.

“Mucha peor suerte corrió el cercano hotel Venus, que se derrumbó completamente.

“En el Hospital de Maternidad se cayeron bloques de paredes y trozos del techo, que hirieron a algunas madres y a sus bebés, pero por fortuna nadie sufrió lesiones mortales.

“(…)Uno de los barrios más afectados fue el de Santo Tomás, en el que vivían gran cantidad de familias humildes. En algunas de sus cuadras quedaron muy pocas edificaciones en pie.

“En varios lugares de la ciudad se produjeron incendios, que tuvieron que ser sofocados rápidamente, no sin dificultad, pues el suministro de agua de dañó considerablemente.”

 

 

Imágenes de la ciudad de Santiago de Cuba luego del terremoto del 3 de febrero de 1932

 

Como era de esperar en una situación como esta, la población se vio presa del pánico. Nos recuerda la crónica de Yuris:

“Después de las sacudidas, mucha gente huyó despavorida hacia el campo, algunos incluso en ropa interior. El corresponsal de la agencia norteamericana AP relataba que “el terror de los habitantes fue mucho mayor por haberse quedado casi toda la ciudad a oscuras. Los gritos de los heridos se oían por todos lados, causando verdadero pánico hasta a los equipos de salvamento, que no sabían adónde acudir con más urgencia. Los trabajos para buscar a los heridos se hacen con grandes dificultades, porque las calles están cubiertas de escombros”.

“El temor de los santiagueros se acrecentaba ante cada nueva réplica, al menos cinco hasta las 6 de la mañana. Pero la ciudad no se dejó arrastrar por el pánico, la gente se reponía del susto y ponía manos a la obra.”

Más de 100 sismos, considerados réplicas del mayor, se dejaron sentir en Santiago durante ese año. Según testimonia el periodista en la actualidad aún resulta polémica la posible intensidad del sismo: “debido a la falta de mediciones fidedignas de la época: algunos aseguran que superó los 8 grados en la escala de Richter, otros creen que estuvo más cercano a los 7 grados, y no pocos especialistas consideran que apenas rebasó los 6”. Al respecto, en el artículo publicado en el número 11 del 2010 de la revista Bohemia (21 de mayo de 2010) se asegura que el sismo tuvo una intensidad de 6,75 grados en la escala de Richter, y como datos finales de la catástrofe se mencionan 14 muertos y 200 heridos, así como afectaciones en el 80% de las edificaciones de la ciudad.

Lo cierto es que, tal vez porque aún entre nosotros deambulan por la ciudad testigos de aquel desastre (mi propio abuelo tendría unos 9 años en el momento en que sucedió), el terremoto del ’32, como ha pasado a ser conocido, es uno de los más recordados en la historiografía santiaguera. Según Yuris Nórido, este sismo “marcó un antes y un después en la historia de la ciudad”.

Santiago mientras tanto ha sabido reponerse de esas derrotas y sigue, frente al mar y entre montañas, apostando por la permanencia a pesar de que de vez en cuando, la tierra vuelva a temblar.

Santiago: una tierra que se mueve (III)

Crónicas de terremotos

El terremoto de 1852

En el tercer tomo de sus Crónicas de Santiago, don Emilio Bacardí Moreau recoge la siguiente crónica sobre el terremoto y réplicas del 20 de agosto de 1852:

“TERREMOTO          (20 de agosto) A las 8 y media de la mañana un fuerte terremoto atemoriza a la población; las gentes se echan a la calle; y solo se oye el grito ¡¡Misericordia!! Desde esa hora hasta las dos de la madrugada nueve sacudimientos se suceden después de los tres primeros fortísimos, en junto doce temblores. Hasta el día 25 se van sucediendo temblores de menor intensidad hasta el día 31 que se hizo sentir uno tan fuerte como el primero, siguiéndolo fuertes aguaceros y vientos huracanados. Los habitantes de la ciudad huyen a los campos o los buques anclados en la bahía.

“El Hospital Militar se establece en el Tinglado.”

En cuanto al número de víctimas, Bacardí escribe:

“VÍCTIMAS               Las únicas víctimas de los terremotos fueron un niño, sobre el cual cayó una pared, y una anciana, Doña María de los Ángeles Reyes, fallecida a consecuencia de una caída”

Quizás bastara la breve descripción del Hijo Predilecto de Santiago de Cuba para tener una idea de la tragedia sufrida por los habitantes de la ciudad en aquel agosto de 1852; sin embargo, la historia cuenta con la extensa crónica del suceso, escrita por el licenciado don Miguel Estorch, socio de Mérito de la Real Sociedad Patriótica de la Habana, bajo el título Apuntes para la historia sobre el terremoto que tuvo lugar en Santiago de Cuba y otros puntos el 20 de agosto de 1852 y temblores subsiguientes, e impresa por D. Loreto Espinal, en su imprenta de la calle S. Pedro No 54.

Nos narra don Miguel Estorch cómo percibió, personalmente, el terremoto del 20 de agosto de 1852:

“A la vez que mis oídos percibían el cercano bramido de los desencadenados elementos subterráneos, mis pies sintieron un fuerte movimiento de trepidación, que levantaba y dejaba caer la ciudad entera, como pudiera un niño hacerlo con un ligero juguete. La sensación que me causó es la más profunda de mi vida, sin embargo de haber presenciado grandes conmociones populares, y corrido grandes borrascas. No encuentro palabra a propósito para trasmitir lo que sentí, y solo los que se hallaban en Santiago de Cuba podrán comprenderme. Gemía la tierra hondamente debajo de mis pies que bamboleaban al par de edificios; e todos los rostros se veía el terror de un modo que pintor alguno nunca podrá imitar.

“Apenas nos habíamos convencido de que había usado (sic) el primer sacudimiento, y apenas repuestos un tanto los ánimos, se dejó sentir otro, pero no tan fuerte como el primero. De las 8 y 36 minutos a las 10 se contaron tres muy marcados. En este intervalo la inmensa mayoría del vecindario se había trasladado a las plazas, a los solares espaciosos y a las orillas, dejando las casas abiertas y abandonadas.”

Resalta también Estorch los gritos de ¡Misericordia! que se dejaron escuchar por toda la ciudad; algunos vecinos se arrodillaban, rezando ante la inmensidad de la catástrofe. Da fe de las réplicas sentidas luego de la sacudida inicial:

“…de la una a las tres se sintieron dos sacudimientos, que si bien de corta duración, bastaron para que continuase la ansiedad y la zozobra que se habían apoderado del vecindario y para que nadie quisiese dormir, o sea velar en su morada.

“…poco después de la las tres y media de la madrugada se sintió un acudimiento tan fuerte o más que el primero, si bien de menos duración. Este movimiento fue de ondulación, y a esto se debe quizás el que no hayan sido destruidos mucho más edificios.”

Es lapidario don Miguel cuando dice:

“(…) creí no ver más la ciudad de Velásquez; creí que había llegado el último día de Santiago de Cuba”

El terremoto parece haber movido de su sitio también el quehacer diario de los habitantes de la ciudad de Santiago de Cuba. Narra Estorch:

“De día eran poquísimos los que transitaban, y no sin cuidado, por las calles: de noche solo se veían procesiones de penitentes, los más con los pies descalzos, y de todos edificantes (sic), que solo recorrían las calles que habían experimentado menos desastres, no atreviéndose a internarse hasta la Plaza de la Catedral, en otro tiempo el foco de las principales plegarias, y hoy desiertas hasta sus alrededores, a causa del mal estado de aquel hermoso y moderno edificio que recuenta el terremoto del año 1766.”

Insiste en su crónica, Estorch, sobre las consecuencias del terremoto en las construcciones de la ciudad; y la resume en el siguiente párrafo donde describe el Aspecto físico de la ciudad:

“…es rara la casa que ha dejado de sufrir algún desplome, y son varias las que tendrán que reedificarse; lo menos en gran parte (…) Los grandes edificios como templos, cuarteles, palacios, cárceles, (…) han sufrido más, como es natural, que los pequeños.”

A dos millones de pesos de la época ascienden los daños materiales calculados por Estorch, a partir de los cálculos realizados por autoridades locales a las cuales él tiene acceso. El desglose de los perjuicios materiales directos, según Miguel Estorch, es el siguiente:

“Hospitales, Templos, Cuarteles, Palacio de Gobierno, Cárcel y demás edificios públicos 300,000 $

“Cien casas arruinadas del todo o en gran parte, una con otras a cuatro mil pesos 400,000$

“Quinientas casas cuyo deterioro no baja de mil quinientos 750,000$

“Las reparaciones de las restantes 550,000$”

La intensidad del terremoto de 1852 ha sido apreciada alrededor de 7 grados en la escala de Richter, pero, más allá de la posible intensidad del sismo, la crónica de sus víctimas habla del verdadero terror sufrido por la población santiaguera de la época. Mucho más se puede saber de la vida del Santiago de esos días y de sus poblados colindantes (donde también se sufrió el terremoto y sus réplicas) en los Apuntes… de Estorch. Conocerá entonces de las muestras de solidaridad entre los vecinos, de cuál fue la respuesta inmediata del gobierno de la época, de cómo trascurrieron los días entre el 20 y el 31 de agosto.

Santiago siguió su vida. La tierra no dejó de temblar, ni ese año, ni otros; todos registrados en mayor o menor extensión, por la pluma certera de Bacardí en sus Crónicas…Para muchos, el terremoto de 1852 quedó en anécdota, en historia a contar tras el susto efímero que le sigue a un ligero sismo. Otros eventos de variada trascendencia colmaron los días de Santiago y sus habitantes. En 1868 dio inicio la Guerra de los Diez Años que abrió, para los cubanos todos, un largo período de lucha por la independencia. Seguramente en el Santiago de mediados y finales del siglo XIX, la guerra y sus secuelas colmaron los comentarios de barrios y tertulias, desplazando, como impone el correr de los días, la constante amenaza de los sismos. Así sería hasta ya avanzado el siglo XX cubano, con su nueva carga de saberse neocolonia yanqui; cuando, apenas pasado dos años de la tercera década, Santiago de Cuba volvía a sacudirse por un terremoto.

http://books.google.com/books?pg=PA5&dq=Estorch&id=BSfnYwo4fZ0C&hl=es#v=onepage&q&f=false (Apuntes para la historia sobre el terremoto que tuvo lugar en Santiago de Cuba y otros puntos el 20 de agosto de 1852 y temblores subsiguientes.)

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