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Debatirán legado de los emigrantes creoles en la cultura santiaguera

tumba francesa la caridad de oriente

La Cátedra de estudios franco-cubanos y caribeños “Montaigne-Montesquieu”, perteneciente a la Universidad de Oriente y al Centro Cultural Francisco Prat Puig, proponen un encuentro para debatir el legado de los creoles en la emigración francesa y su trascendencia en el Oriente de Cuba

Con el título “Los creoles de Saint-Domingue en la Jurisdicción Cuba (1791-1850)”, el taller contará con la presencia de las investigadoras Martha Cordiés Jackson y Zoe Cremé Ramos, ambas descendientes de emigrantes haitianos.

La cita se realizará el próximo jueves 31 de enero, a las cinco de la tarde, en la sede del centro cultural, situada en la calle Corona, entre Heredia y Bartolomé Masó.

La cátedra honorífica Montaigne–Montesquieu, fundada en septiembre del año pasado, tiene como fin fomentar y divulgar los estudios sobre diversas manifestaciones de la cultura franco-cubana y caribeña.

Su constitución promueve el intercambio académico y científico y es una herramienta para unir los trabajos de investigadores de Cuba, el Caribe, Canadá francófono y Europa.

La cátedra tiene casi 80 miembros, entre especialistas y descendientes haitianos y franceses, y permite reunir a diversos investigadores, rescatar información, testimonios,  documentos, ideas sobre la migración y su impacto cultural, tema muy impregnado en la nacionalidad cubana.

En Santiago de Cuba existe un fuerte acervo de la cultura gala, como son las huellas de los cafetales francohaitianos, como La Isabelica, el barrio de El Tivolí, y la tumba francesa La Caridad de Oriente, Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

Resaltan legado del primer romántico de América

estatua de jose maria heredia_santiago de cuba

La obra del escritor José María Heredia, considerada precursora de la nacionalidad cubana, fue debatida hoy en la clausura del XIII Simposio Internacional de Comunicación Social, en esta ciudad.

Elementos alegóricos a la naturaleza, como son las palmas reales y el verdor de la campiña, el azul del mar y las playas, están presentes en los textos del primer poeta romántico de América, una exaltación a la cubanía y gestante del sentimiento identitario.

La máster en Ciencias Matilde Moltó dijo a la AIN que resulta llamativo que el artista solo vivió 16 años en la Isla, no obstante, en la Oda al Niágara -su obra más universal- reflejó la exuberancia de los paisajes de su tierra querida.

Esa pasión por el país amado, acotó la investigadora, hizo que la urbe donde nació le rindiera perenne homenaje al escritor, desde los años iniciales de la etapa republicana hasta el presente.

Aquí se restauró la casa natal del poeta, por primera vez en el país una calle adoptó el nombre de un patriota y fue en su honor, una estatua perpetúa su imagen, su obra es estudiada y promovida, escuelas de arte llevan su nombre y más reciente se construyó el Teatro Heredia, la mayor instalación cultural del territorio, entre otras acciones, refirió Moltó.

José Martí, quien lo reconoció como el primer poeta romántico de América, lo evocó “bañado aún de lágrimas el rostro…”, y de él dijo a  modo de reafirmación: “Donde son más altas las palmas en Cuba nació  Heredia: en la infatigable Santiago.”

Esta jornada  fue el momento propicio para entregar el premio del Simposio a la investigadora Maite Oronoz, de la Universidad del País Vasco, España.

Leonel Ruiz Millares, presidente del comité organizador de la cita, dijo que la participación de científicos de varias naciones confirma la amplia convocatoria internacional del encuentro interdisciplinario.

Destacó que la próxima edición del evento, en 2015, tendrá como incentivo especial las celebraciones de la ciudad de Santiago de Cuba por los 500 años de fundada.

Fiesta de la Bandera: una tradición de más de 100 años (+video)

Foto de Miguel Noa

Foto de Miguel Noa

Cuando llega el 31 de diciembre, cientos de santiagueros acuden a una cita ineludible en el Parque Céspedes, principal plaza de la ciudad, para presenciar unas de las tradiciones con más arraigo popular en la urbe: la conocida Fiesta de la Bandera.
Algunos lo hacen para disfrutar un espectáculo cultural de lujo, protagonizado por artistas locales; otros deciden esperar el año nuevo de una manera diferente, en medio de los fuegos artificiales, el son, la trova y la degustación de platos típicos de la región.
Pero todos, sin excepción, desean ser testigos del momento en que se iza la bandera cubana, a las 12 de la noche, acompañada del Himno Nacional, como una forma de presagiar lo que les depara el futuro en los próximos 365 días.


Según una leyenda urbana, si ondea libremente, acariciada por la suave brisa tropical, es sinónimo de prosperidad y felicidad para la familia santiaguera.
Por el contrario, si no es agitada por el aire, malos tiempos se avecinan, y peor aún, en caso de enrollarse mientras es levantada del suelo, es augurio de desgracias.
El arte adivinatorio asociado a la ceremonia histórico-cultural, comenzó como una idea de Ángel Moya, hijo de la urbe, quien quiso regalarle la primera insignia de franjas blancas y azules, triángulo rojo y estrella solitaria.
Realizó una colecta que permitió confeccionar una enseña de ocho metros de largo, cuyo trámite de fabricación se hizo en un establecimiento, ubicado en el territorio de los Estados Unidos de América.
Esta iniciativa de obsequiar la primera bandera cubana para que ondeara libremente en el antiguo ayuntamiento, hoy sede la Asamblea Municipal del Poder Popular, tuvo el guiño de complicidad del entonces alcalde, Don Emilio Bacardí Moreau.
El último día de 1901, fecha en que nace la leyenda, Bacardí, acompañado de una comisión política y social integrada por personajes relevantes, pronunció un discurso en el que alabó a personalidades y figuras patrióticas de la historia, exaltando los valores de la familia Maceo Grajales.
Junto al cubo de agua que lanzan algunas abuelas a la media noche, o aquellos que rompen un coco frente a sus hogares, la Fiesta de la Bandera es una tradición centenaria en Santiago de Cuba, muy vinculada al jolgorio de fin de año, con gran arraigo y muestra de la identidad e imaginario popular.

Videos de la Fiesta de la Bandera

El pregón, melodiosa promoción de venta callejera

Berta la pregonera mayor del Caribe

Justo donde las calles Carnicería y Enramada se abrazan, y crean un espacio único en la agitada vida citadina de Santiago de Cuba, se  siente un sonido singular: ¡la pulpa, la pulpa, la rica pulpa!…

A lo lejos, otro vendedor anuncia su entrada con el rítmico  repiqueteo en una lata: ¡maní, maní, el rico y caliente maní aquí!

Un poco más cerca, abriéndose paso entre la muchedumbre que transita por el Callejón del Carmen, y atravesando el Parque Serrano, aparece la diva de arte del pregón en el Caribe.

Berta, con esa voz potente y las picarescas rimas que improvisa,  promociona sus remedios caseros que prometen sanar las dolencias: “¡muchacho ven, ven que yo traigo la medicina que va a curar al mundo entero!”.

Lo que podría ser el escenario de una obra costumbrista, resulta cotidiano en el corazón de esta urbe suroriental cubana, donde la cultura y las tradiciones populares se entrelazan y crean una atmósfera única.

Son actores de la vida diaria, pocos son conocidos por sus  nombres, pero han abandonado el anonimato para convertirse en personas que alegran, facilitan el ajetreo dentro de los hogares al traer hasta las puertas de las casas los productos que ofertan, e incluso algunos ya son legendarios por sus propios estilos de pregones.

Los pregoneros santiagueros generalmente se convierten en inspiración de trovadores, como el reconocido Félix B. Caignet con el  tema «Frutas de El Caney», que hace referencia al poblado que ha trascendido a la fama, por los comerciantes que día a día recorren las arterias de la ciudad para vender los famosos mangos que allí se cosechan.

“¡Eeeeeescobaaaaaaaaas, briiiiiiilladoreeeeeeeeeeees!”, dice un  hombre de mediana estatura, de tez negra, mientras se empeña en impresionar a cuanto transeúnte pasa a su lado.

Otros, apelan a la curiosidad: “¡De coco, de coco, con patica de  macho!”, grita un señor, mientras los vecinos de la barriada de Sueño asoman sus cabezas por ventanas y balcones, y todos se preguntan: ¿qué vende este?

Los más osados se atreven a preguntar, a los que responde el  vendedor con cara de satisfacción: “¡Turrón de coco, qué otra cosa  podría ser!”.

Definido como un género musical urbano breve y repetitivo, nacido en la Isla en el siglo XIX, el pregón es heredero de las tradiciones comerciales de las grandes urbes europeas, llegadas con la emigración franco-haitiana tras la Revolución en la colonia de Saint Domingue.

En una gestión bella y útil, sus cultores musicalizan la  cotidianidad con sus cantos y exclamaciones graciosas, y avisan con sus melodías la proximidad de quien propone algún producto, aún cuando por la distancia no se precisa bien qué es lo propuesto.

Algunos consideran que esta forma de hacer arte popular y callejero está en decadencia, ante la eclosión comercial que experimenta la urbe en los últimos años.

Este peligro ha motivado que se realice en la etapa estival un Festival del Pregón, como una forma de mantener la tradición de gran arraigo en la población, además de ser una atractiva propuesta para  los visitantes de la oriental ciudad.

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