Santiago en mí

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¿Por qué no doblan las campanas?

A muchos puede haberles sucedido como a mí. Inmersos en una conversación, en la WiFi, en la IMO-dependencia, pueden no haber notado nada. No importa cuán asiduos sean al parque: si vienen desde siempre o forman parte de la oleada wifinauta. También me es difícil saber desde cuándo ocurre, o mejor, desde cuándo no ocurre. Tendrían que tener entonces al lado a un amigo que pregunte por la hora, y la curiosidad todavía le alcance para recordar que, no hace mucho, eran las campanas de la catedral las encargadas de marcar el curso, de recordar el paso inexorable del tiempo. ¿Hace mucho? Lo cierto es que solo anoche me percaté de cuánto hace que no escucho las campanadas de la catedral; el hábito de contarlas anda dormido. ¿Será algo temporal?, ¿una suerte de resabio de la restauración?, ¿regresará?

¿Por qué no doblan las campanas?

Maniseros y maní…otra vez

Por Juan Antonio Tejero

Se dice que no hay nada nuevo bajo el sol. Pero afirmo que hay muchas cosas nuevas bajo el caliente sol santiaguero. Y hoy quiero ponerle un ejemplo a partir de un tema sobre el que ya hemos comentado: los maniseros.

Sí, los vendedores ambulantes de uno de los productos más populares que han cruzado nuestras calles a lo largo de varias generaciones. Entonces, a partir de un momento, se creó un vacío de maniseros. Pero no duró demasiado tiempo. Reaparecieron por todas las esquinas pero habían perdido el sabor, los maniseros, no el maní, que los caracterizaba. Simplemente, vendían maní. Y eso no era suficiente en una ciudad llena de tradiciones y lo que era mejor, de pregones. Entonces se extrañaban por lo que les conocieron o los que escucharon a los que les conocieron, la campanita con un toque característico, la lata de gas con un agujero cerca del fondo por el que se introducía un pequeño fogón con brasas de carbón para mantener el maní calentito, calentico, o el comienzo de la venta en las últimas horas de la tarde, o la presencia segura en los lugares públicos como el Parque de Céspedes, o la Placita o la Plaza de Marte, que no era mañanero el maní. Pero luego de la pausa mencionada, todos esos elementos desaparecieron y simplemente, repetimos, se vendía maní.

Pero vino de nuevo el cambio, tal vez la competencia, el interés y, mire usted, todas las noches escucho la campana de un manisero que no pronuncia una palabra, no lo necesita, pero todos saben de su presencia. Nuevamente se vende el maní, con el mismo sistema de la lata y las brasas, calentito, calentico y otra vez se ve presente en los mismos lugares público y en el atardecer.

Pues, me retraigo y acepto que es una realidad que no hay nada nuevo bajo el sol, en esta ciudad de maravillas.

Ver también: Maní con dictado rítmico

Desempolvando: 3 años

De cumpleaños estuvo “Desempolvando”, ese espacio histórico-cultural (peña cultural, al fin y al cabo), que durante tres años ha tenido lugar en el patio del Archivo Histórico Provincial de Santiago de Cuba (antiguo VIVAC), cada tercer viernes de mes.

Muchos han sido los temas abordados en ese tiempo, mas este viernes 21 de marzo, fue la excepción pues, como fiesta al fin, fue el momento oportuno para compartir con quienes durante estos últimos meses han sido cómplices del espacio.

Invitados, trabajadores de la institución, público fiel, fueron homenajeados por los organizadores del “Desempolvando”.

Pero también el Archivo Histórico (AHPSC) recibió un especial regalo, al serle entregado cuatro envases metálicos de tinta para mimeógrafos (marca Pelican), utilizados para la impresión clandestina del periódico “Sierra Maestra”, en la casa marcada con el número 18 de la calle Santa Úrsula. La donación de este material la realizó Georgina Domínguez Nápoles, hija de Félix Domínguez Vistel, uno de los involucrados en esta actividad revolucionaria.

Especial también resultó la actuación de Esperancita Ibis, que a sus 74 años, mantiene una extraordinaria voz y un carácter jovial y jaranero. La “reina de la noches santiagueras”, como la denominó Pini (conductor y director artístico del “Desempolvando”), interpretó “Vereda Tropical” y “Luces de Santiago”, esta última, en compañía de bailarinas del espectáculo del Hotel Casagranda.

En este aniversario se expresó el compromiso, por parte de los organizadores, de continuar en este esfuerzo por rescatar costumbres, tradiciones, la historia de Santiago de Cuba a partir de la documentación atesorada en el AHPSC; con la mirada puesta en el 500 aniversario de la ciudad.

Como muestra de este empeño, ya se anunció el tema para el mes de mayo (el de abril no lo se ha develado aún): Los amigos santiagueros de José Martí.

Desempolvando lo chino en Santiago de Cuba

¿Qué tenemos de chino en Santiago de Cuba? Tal vez no tanto como en la capital, donde el Barrio Chino se enseñorea y deslumbra; pero sin dudas, en esas mulatas y negras de ojos rasgados, en esa familia, vecinos míos, de nombres castellanos que no olvidan los de extraña pronunciación, en las frases que conforman también lo que somos; en todo ello también Santiago de Cuba tiene de chino.

De ahí que los organizadores del espacio cultural “Desempolvando”, del Archivo Histórico Provincial de Santiago de Cuba (AHPSC), intentarán un acercamiento a los chinos y lo chino en esta ciudad.

Digo intentaran pues, si bien se abordaron aspectos sumamente interesantes sobre las odiseas de los primeros orientales que desembarcaron en Cuba, allá por la primera mitad del siglo XIX; al menos en mí, quedó una necesidad de saber más sobre la genealogía asiática en esta ciudad de casi cinco siglos. Tal vez la ausencia de especialistas en el tema, resintió un poco, la posibilidad de singularizar esta historia a nuestros predios.

Válido la referencia a datos de los que se aprecian de guardad los documentos protegidos en el AHPSC, y que nos dicen de las condiciones infrahumanas en las que, la mayoría de las veces, los chinos hacían el viaje desde su lugar de origen (en un inicio Filipinas), hasta las costas cubanas.

Válido también, el apoyo que el acápite cultural del espacio logró dar al tema. Destacar sobre todo la actuación del mago Aira, toda una institución en el arte de la magia en Cuba, quien deleitó con el número de “Los aros chinos”, en una muestra de profesionalidad extraordinaria, en la que el mago disfruta tanto de su arte como el público que lo admira.

Admirable también la capacidad creadora del bailarín y coreógrafo santiaguero Yanosky Suárez, quien una vez más acudió a la convocatoria de los organizadores de la Peña, y regaló una improvisación que representó el trayecto de la emigración china hacia estos lares.

Invitados también un grupo de practicantes de Tai Chi y de forma muy especial, por lo refrescante de su presencia, la presentación de la decimista Magdalena Cabrera, colaboradora de la publicación humorística Palante, con una muy simpática décima sobre los chinos en Cuba.

Vence así “Desempolvando” una nueva edición en ese afán de rescatar costumbres, tradiciones, historias de Santiago de Cuba, ciudad de ya casi medio milenio.

Para la edición del mes de noviembre (siempre a las 4 de la tarde del tercer viernes de mes), se propone el tema de la culinaria santiaguera. Ya sé de quienes se están relamiendo del gusto.

Santiagueros enamorados

Por Juan Antonio Tejera

Son muy pocos los santiagueros que logran escaparse, al menos en primera instancia, de admirar una mujer por su belleza. Al mimo tiempo existe la realidad de una frase que aunque un poco en desuso, no pierde su validez: “El amor entra por la cocina”. Y no me vaya usted a decir que nuestras dificultades impiden que cuando el santiaguero, enamorado profundamente de la santiaguera, llegue a visitarla, sabiéndolo o presintiéndolo ella de antemano, no le haya preparado un flancito, un dulcecito, una limonada o un batido de zapote aunque no lleve leche.

Tampoco me puede negar que ese santiaguero, se sentirá realmente complacido y hasta es posible que en su próxima visita se aparezca con una o dos de esas frutas u otras similares. Y es que incluso cuando se trata de cuestiones del amor el santiaguero, la santiaguera, son hospitalarios. Por ello en tiempos de calor, que realmente son todos los tiempos en esta ciudad, cuando usted llega a una casa que puede ser la suya propia, lo sorprenden agradablemente con un vasito de agua bien fría acompañada de una frase relativa al conocimiento de lo necesario que el mismo resultaba.

El hombre, santiaguero, enamorado, también suele llegar a la casa de la amada con un cartuchito de caramelos o una flor silvestre arrancada no al azar, sino con toda intencionalidad aunque no se trate de un amante a la antigua. Y ello es recibido con una O enorme en la boca, seguida de una enorme sonrisa que puede ser de agradecimiento, tal vez, casi seguro, de amor. Y es que esas cosas forman parte de la forma de ser de los que habitan en esta ciudad de maravillas.

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