Santiago en mí

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Nuestras crónicas para las madres

Sencillo, pero sentido. Con las canciones de siempre y otras nuevas. Con el recuerdo de la madre de madres, la de todos los cubanos, la de los Maceo. En compañía de los fieles, de los nuevos, y de quien desde la distancia se hace tan presente como esas tardes en que compartió crónicas y besos en las dos mejillas: Jacquelin Ferraton.

De todo eso y más tuvo la más reciente edición de la peña Crónicas de mi ciudad, dedicada, este viernes 8 de mayo, al Día de las Madres.

Esta vez fue una peña familiar, porque familia, hermanos, son los amigos de siempre: Giselle, Erick, Carlos y Julio (Dúo Estocada); porque en esto de celebrar la intimidad, los de siempre saben a mucho.

Pero también los nuevos. Como Lisbet Lima Hechavarría, joven que da sus primeros pasos, ya en trote, en el ámbito literario santiaguero, y de cuya obra regaló más que una muestra a los presentes. Zona inexplorada se llama el plaquette publicado por la Colección Tábanos Fieros, de la Universidad de Oriente. Dos cuentos que le valieron el Premio Quijote, convocado por la Facultad de Letras de la Casa de Altos Estudios.

El trovador Erick Ramírez regaló unas de las dinámicas que caracterizan su peña Atrovamiento

Por primera vez, también, Erick compartió una muestra de los que se puede disfrutar en Atrovamiento, su propio espacio que cada segundo domingo de mes, lo reúne con sus propios fieles, y los amigos todos, en el Salón Parroquial de la Iglesia Sagrada Familia, en Vista Alegre. Una dinámica donde música y conocimiento se vuelven uno.

Por último, el acostumbrado espacio ¿Qué sabe Ud. de Santiago?, esta vez dedicado íntegramente, a las madres, en especial a Mariana Grajales, justo en medio de las celebraciones por su bicentenario. Otra de las tantas fechas que enorgullecen esta ciudad.

El dúo Estocada, amigos que no pueden faltar en las crónicas

Al final la trova se impuso

Finalmente parece que todos los astros se alinearon, astros con nombre de mujer y categoría de esposa, para que yo pudiera ir a algunos de los principales conciertos que deparó la 53 edición del Festival Internacional de la Trova Pepe Sánchez, en su segunda mitad.

Más allá de un agotamiento que no me dejaba siquiera abrir la boca para (mal)cantar las canciones de mi preferencia, fueron dos días, viernes y sábado, donde mis pies memorizaron cuántos metros separan mi casa de la Sala Dolores y esta del Iris Jazz Club.

Primero fue el (muy perseguido por muchos) concierto del trovador Luis Barbería y dos de las integrantes de las extraordinarias chicas de Sexto Sentido. Concierto que, entre mis conocidos, provocó reacciones disímiles, me impresionó sobre todo por el exquisito trabajo con las voces entre Barbería y las muchachas. Es un complemento perfecto entre el amplísimo espectro vocal de un hombre que se mueve por las zonas más graves con una facilidad de espanto (y parece guardar en su garganta —diafragma, estómago o donde sea— su propio arsenal de percusión) y las ya acostumbradas, aunque no por eso menos impresionantes, dotes vocales de las de Sexto Sentido, que hacen ver el arte de interpretar una canción como algo muy sencillo.

Resaltar del concierto el aparte con Eduardo Sosa y con Raúl Torres. ¡Sencillamente sublime!

La noche de ese viernes marcó mi reencuentro con el autor de temas ya emblemáticos en la cancionística cubana como Se fue y Candil de nieve. Raúl Torres se presentó con un formato acústico (guitarra, cajón y algunas misceláneas) en el escenario del Iris Jazz Club. Se hizo acompañar también de Adrián Berazaín quien no dudó en regalar dos de sus temas.

Una vez más Raúl no me decepcionó; si bien los arreglos de voces para este formato, realizados a algunas de las canciones de su repertorio, no fueron de mi total agrado. ¡Pero qué se yo de música!

Con toda la informalidad que brindaba la noche y el espacio, interpretó varios de sus temas más recientes, mientras reservaba algunos otros para el concierto que daría el domingo. No pudo, sin embargo, negarse a la petición del público de cantar sus imprescindibles.

El sábado guardaba uno de los más esperados regalos de este festival (aún no estoy claro si formaba o no parte del mismo, o fue simple coincidencia): la presentación de la soprano norteamericana Bárbara Hendricks.

Una Sala Dolores abarrotada acogió a la Hendricks quien ofreció un variado programa en compañía de la Orquesta Sinfónica de Oriente, integrantes de algunos de los coros de la ciudad (Orfeón Santiago, Madrigalista y tal vez otro) y dos músicos suecos (ruego me disculpen no recordar los nombres): un saxofonista y un guitarrista.

De lo lírico al jazz, hasta el cierre con Pata Pata de Miriam Makeba, Hendricks dio muestras sobradas de su talento y profesionalidad.

Si algo habría que señalar al concierto es la actuación del coro que, a ratos, lució tímido, desconcertado, tenso; y solo muy tarde ya en el cierre del concierto, pareció soltar amarras.

El complemento de la noche del sábado fue, una vez más, el Iris Jazz Club, esta vez con la actuación de Adriana Aseff y su grupo Boomerang, a quienes hacía mucho ya que no escuchaba. En esta ocasión, de regreso a un escenario que habían hecho habitual hace unos años, mostraron parte del trabajo que estará recogido en un disco. Finalmente invitaron a Luis Barbería y las chicas de Sexto Sentido, el promocionado “plato fuerte” de la noche.

Mucho más tuvo todavía el Festival de la Trova, clausurado este domingo en el populoso parque Céspedes. Sobre su realización, éxito o no, poco puedo decir desde la periferia. Algo sí me queda claro (y lo repito), ojalá siga cada año, adueñándose de los espacios que por derecho propio le pertenecen.

Cavilaciones en tiempo de trova

Llega a la mitad el Festival de la Trova Pepe Sánchez y aún no he podido escuchar unos acordes de guitarra, más que los de la inauguración del evento teórico celebrada el pasado 22 de abril, en la sede de los artesanos de Santiago de Cuba.

Se me escurren los días entre los dedos, las obligaciones, el cansancio y la falta del Programa Oficial; y pienso en aquellos otros festivales en los que disfruté la bohemia.

Anoche hice un amago de esos tiempos. Fui hasta el patio de la Biblioteca Elvira Cape, sede de las descargas auspiciadas por la Asociación Hermanos Saíz; pero solo alcancé las pruebas de audio: a las once de la noche aún no había comenzado.

Entonces envidié a los trovadores, demás participantes del evento, y público que carga los estigmas del trasnochador, por la fidelidad para los que allí se presentarían, supongo, hasta bien entrada la madrugada.

(Entonces sentí pena por la anciana que, asomada al destartalado balcón que da hacia el patio de la biblioteca, se preguntaba, quizás, hasta qué hora los bafles marcarían el ritmo de su insomnio)

Ahora ando a la caza de los conciertos de la Sala Dolores para este fin de semana: los de Sexto Sentido, la mesosoprano Bárbara Hendricks y Raúl Torres (anunciados para viernes, sábado y domingo respectivamente); pero el incremento (al doble) del precio de entrada me impulsa a la selección. Aún no decido.

Dos días más andarán los trovadores por las calles, plazas e instituciones de Santiago de Cuba. Todavía no sé cuánto de esta edición podré disfrutar. Pero otros ya lo han hecho, lo hacen, lo seguirán haciendo. Es válido. El Pepe Sánchez es de Santiago de Cuba. Que así sea por muchos años.

Motivos de elogio

A Roberto Tremble

La primera vez que intercambiamos palabras arreglamos el mundo en unos 45 minutos. Nos habíamos visto otras veces, pero nunca nos detuvimos a hablar. Sin embargo aquella vez, en el rectorado orquestamos planes demoledores para avivar la vida cultural universitaria. Yo andaba por el largo camino del papeleo, pues tenía la intención de comenzar a trabajar en la Dirección de Extensión Universitaria, específicamente en el área de Literatura. Recuerdo que conversamos como si nos hubiéramos conocido de toda la vida. Él tuvo algunas palabras de elogio hacia mi trabajo -de alguna manera lo conocía-; habló de trabajar en conjunto, crear peñas, espacios de promoción y debate, hacer un frente común, pues las artes no debían estar desligadas. Mientras lo escuchaba me decía: Este tipo tiene el entusiasmo de un loco, de esos que andan por ahí iluminados, como yo tenía mi cable suelto le tomé varias veces la palabra y me monté en el carrito de la cultura.

Hicimos muchas actividades en conjunto durante el tiempo que trabajamos en la Universidad de Oriente. Nos metimos en unas cuantas camisas de fuerza. No importaba que dijeran: No se puede; ahí íbamos y hacíamos las cosas con verdaderos actos de magia, varios infartos, recursos propios, una cantidad enorme de amigos y gente de buena fe. Demostramos en un buen número de los casos- que las barreras eran más subjetivas que objetivas. Aunque no siempre nos dio la luz y, en ocasiones nos ganó el desaliento, pero al poco tiempo volvíamos con algo bajo la manga. La verdad es que unos cuantos proyectos no pasaron de simple sueños.

Otro recuerdo es su constante sentido del humor. Teníamos una especie de venganzas mutuas a maneras de retos. Primero me retó a que presentara un libro de Historia, frente al gremio de historiadores, de ahí surgió la idea de crear un espacio (La universidad y sus autores) en el que se presentaran textos publicados por profesores. Como venganza lo reté a que presentara mi libro de poemas Bajo asedio, frente al gremio de estudiantes y profesores de Letras de lo cual salió bastante bien airoso-. Así nos mantuvimos hasta llegar a la peña Guitarra Luz, en la cual me enredó en una sección (nuevamente de Historia) que dejaban, casi siempre para el final, en una peña nocturna de más de dos horas. Varias veces le manifesté, en broma, la intención de renunciar, pues pedía cada tema que había que ir a Fondos raros y valiosos a investigar. Debo aclarar que realizar ese espacio fue un placer y un reto cada vez, también me ayudó a crecer.

Disculpen si he hablado mucho de mí. Resulta que quiero dar una visión de alguien a quien tuve muy cerca. Fue compañero, amigo y uno de los mejores bateadores emergentes, de los de confianza, que cuando el juego estaba apretado lo llamabas y daba el batazo. Sabía que podía contar con él; era un cómplice habitual para lo que fuera labor creativa, promover el arte y complicarse la vida con los sueños de una universidad mejor. Estoy seguro que ese sentimiento de saber que estaba ahí, que de necesitarlo estaba al alcance de la mano como se dice en buen cubano: sin miedo-, puede ser atestiguado por muchas personas. Y no cometo el delito de colocarlo en un pedestal; estaba lejos de ser una persona perfecta, sin embargo las virtudes que presencié bien valen estas palabras de elogio.

Nunca dejaré de agradecerle la ayuda que me prestó durante mis primeros meses de trabajo, se empeño en varios de mis proyectos sin tener por qué hacerlo, sin protestar, como si fueran los suyos propios. Con él vi tomar nuevas fuerzas a nuestra Coral Universitaria, trabajamos en ideas macondianas como la de hacer un parque ecológico a partir de los destrozos que había dejado Sandy, sufrimos la burocracia y celebramos las victorias del colectivo de trabajadores de Extensión Universitaria.

Realmente son insuficientes estas palabras para hablarles de la persona que fue: historiador, investigador, músico; un escritor que pudo dar más en el terreno de la crítica y un promotor nato, por citar algunas cosas. La última vez que lo vi le dije: Algo me decía que nos iríamos de la universidad al mismo tiempo, parece que nos pusimos de acuerdo. Él rió y asintió con la cabeza. Hablamos con rapidez en la entrada de la UNEAC. Quedamos en vernos durante algunos de los viajes que tuviera que hacer a La Habana, ya que él partía hacia esa ciudad. Nos encontraríamos en el escaso tiempo que me dejaran mis asuntos literarios y sus asuntos de la música. Lo comprometí a que la primera vez él pagaba las cervezas, casi lo obligué en broma- por todos las ácaros que había respirado en Fondos raros y valiosos. Ahora sé que ese encuentro no será posible, y se diluye como una fina niebla en ese enorme gavetero de los recuerdos inventados de lo que no fue y ya no será. Esa última vez que lo vi, yo andaba en la pretensión de comenzar un nuevo trabajo, y me extenuaba en el largo camino del papeleo oficial. Él tuvo, una vez más, algunas palabras de elogio para mi, enderezamos el mundo en unos 25 minutos, y hablamos de nuestros proyectos como si fuéramos a vivir toda la vida.

Rodolfo Tamayo Castellanos

(nota) En la foto que acompaña esta entrada, Roberto Tremble aparece en semicuclilla, al centro, con camisa azul; acompañado de Rodolfo Tamayo (extremo izquierdo) y otros trovadores y escritores vinculados a la Peña Guitarra y Luz.

“Crónicas de mi ciudad”: despidiendo el 2014

Esos azares que se presentan como llamadas telefónicas a última hora, piedras que no dejan de ponerse en el camino; nos hicieron llegar tarde a la Casa Heredia. Allí estaban, sentados en tertulia en los bancos que otras tantas han presenciado, varios de los habituales a la peña “Crónicas de mi ciudad”. Amigos.

Su fidelidad no deja de asombrar, es motivo suficiente para este empeño de cada mes, para olvidar otras tantas cosas que frenan, y dejarnos llevar por las que impulsan.

En apenas diez minutos todo estuvo listo. Y comenzó la última edición del 2014.

Los versos de José María Heredia marcaron el inicio. A 211 años de su natalicio, fue el sencillo homenaje de los organizadores de estas crónicas.

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Giselle Lage y Erick Ramírez en “Crónicas de mi ciudad”

Luego de la presentación de rigor y la interpretación de dos temas por parte de Giselle Lage, anfitriona del espacio; Adonis Vargas, uno de los asiduos, colaborador entusiasta, se unió a los homenajes, en esta ocasión, para festejar un nuevo año de vida de Nereyda Barceló, periodista eterna y cófrade de otras tantas peñas.

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Adonis Vargas hoomenajeó a la periodista santiaguera Nereyda Barceló, presente en la peña

En la sección literaria, se presentó el texto Personajes populares y cuenteros en Santiago de Cuba, de Ramón Martínez Hinojosa; un singular texto que, en medio de los festejos por los 500 años de fundación de esta ciudad, se vuelve imprescindible.

Una agradable sorpresa resultó la actuación de Ronaldo, joven trovador de la Universidad de Oriente, poseedor de una voz impresionante y canciones desgarradoras.

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El joven trovador Ronaldo, sorprendió agradablemente por la potencia de su voz

Otro de los regalos de esta última edición del 2014 de las “Crónicas de mi ciudad”, fue la actuación del trovador José Aquiles quien, cual si se encontrara en su Peña del Menú, accedió a interpretar los temas que el público presente, seguidor de su obra, le solicitó. Así, se dejaron escuchar los acordes de “Mira”, “Amores que se fueron” y “La otra santiaguera”.

El cierre estuvo a cargo una vez más de Giselle con la interpretación “Ten”, un conmovedor tema de la autoría del trovador (y amigo) Erick Ramírez.

Así fue la despedida de “Crónicas de mi ciudad” a este 2014. El venidero año ya serán otros y muchos los pretextos para un nuevo encuentro, cada segundo viernes de mes, a las 4 pm, en el patio de la Casa Natal José María Heredia.

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Nereyda Barceló en la peña “Crónicas de mi ciudad”

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José Aquiles complació a los presentes con los temas que le solicitaron

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