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El Colegio “San Basilio el Magno”

Tiempo atrás publicamos en este blog un breve artículo publicado por Argelio Santiesteban en el sitio digital CubaAhora, dedicado a la que se considera, por parte del autor y algunos historiadores, “la primera Universidad cubana”: el Seminario de San Basilio el Magno.

Hace poco, hojeando las polvorientas páginas del número 42 del Boletín Acción Ciudadana, tropiezo, en sus páginas centrales, con un extraordinario artículo firmado por el historiador santiaguero Dr Ernesto Buch López en su acostumbrada sección Del Santiago Colonial, bajo el título “El Seminario de San Basilio”, el cual sirve de complemento extraordinario a la anterior entrada a la cual hice alusión.

Por la exquisitez del relato del Dr Buch, prefiero mantener el estilo y fluidez de su pluma original, y transcribir íntegramente el contenido tal y como aparece en las páginas del Boletín de 1944.

“El Seminario de San Basilio”

Por Dr Ernesto Buch López

Como un reto al avance arquitectónico yergue su vetusta armazón de madera recia, piedra y ladrillos y su anacrónico techo de tejas criollas, el amplio edificio colonial que desde 1772 hasta 1908 representó en nuestra ciudad el más avanzado sentido educacional de la provincia. Situado en las céntrica calles de San Juan Nepomuceno (hoy Mariano Corona), por donde tiene su entrada, y Bartolomé Masó, (antes San Basilio), de la que tomó el nombre, con una espléndida vista al mar, esta reliquia de construcción del pasado se mantiene en gran parte con su misma fisonomía secular dando la sensación al que lo visita, de encontrarse petrificado en un sueño de centurias por la forma en que se conservan sus fachadas, el arcaico techo superpuesto en tres defensas similares, estilo que pareció imperar en el siglo XVIII; el barandaje con columnas de ácana u otro material consistente que resiste las dentelladas del tiempo; los pisos de mármol en su espaciosa sala y de ladrillos en los patios, y lo más cimero –como un flecha al azar—el detalle evocador de una veleta que ha perdido la rosa de los vientos, amén de la valiosísima capilla arzobispal donde hincaron la rodilla personajes engreídos, y en la que hechiza, como gema inmortal, un crucifijo que bien pudiera ser el esfuerzo que dio fama de escultor al gran poeta santiaguero Manuel de J. [Justo] Ruvalcaba.

Todo ello nos ha llevado a hilvanar recuerdos imborrables de viejos ciclos de cultura que hospeda aún ese caserón de antaño, en cuyas bóvedas sombrías aún resonaron los voces bulliciosas de aquellos niños preclaros que fueron Juan Bautista Sagarra, José Antonio Saco, los Ruvalcaba, Manuel María Pérez, José Fornaris, Tristán de Jesús Medina, Pedro Santacilia, Rafael María Merchán y otros dignos varones que cubrieron una etapa brillante en los destinos de la nacionalidad.

Una de las fachadas del antiguo Seminario. Foto: Ecured

El Seminario Conciliar de San Basilio el Magno y San Juan Nepomuceno, generalmente conocido como “Colegio de San Basilio” fue, más que una escuela de preparación religiosa, un instituto con relieve universitario en la mayor parte de su existencia, donde turnaron eminencias del Clero y del Foro, entre aquellos, el Pbro Ciriaco María Sánchez Hervas, más tarde Cardenal; Tristán de Jesús Medina, célebre intelectual; Juan Bautista Sagarra, de quien dijo Luz y Caballero que era una antorcha; Marcelino Quiroga; Francisco Barnada Aguilar, que murió con mitra de Arzobispo, y muchos más que la posteridad han consagrado como adalides de la virtud y el saber.

Se debe al progresista Obispo Fray Jerónimo Valdés, la hermosa iniciativa de su fundación, pero su eficacia, su trascendencia, su repercusión en el ámbito del país, fue producto casi exclusivo del eximio santiaguero Dr Santiago José de Hechavarría y de Elquezúa, primer Obispo Cubano, a quien tanto debe su nativa ciudad. Basta leer la introducción que hizo a los Estatutos del Seminario, para conocer el instinto de patriotismo regional que guió siempre al ilustre Prelado, “Entre los objetos –dice—de la visita Patronal que estamos haciendo, Cátedra de nuestra Diócesis y lugar de nuestro nacimiento, nos ha merecido la mayor consideración el Seminario Conciliar de San Basilio, establecido en ella desde 1772”.

Los Estatutos –muy notables por cierto—fueron redactados en 1774, aprobados por S.M según Real Cédula de 2 de octubre de 1871, impresos por orden del Dr Miguel Herrera Cangas, Dignidad de Chiantre y Vicario particular. Por esos Estatutos se determinaron primeramente las cualidades del origen, moralidad, trajes, ejercicios piadosos, literarios y de vacaciones, conducta, premios y castigos de aspirantes a Becas, organización de superiores, catedráticos y oficiales con los títulos el superior de Director, el inmediato de los colegiales con el de Pedagogo, dos Maestros de Gramática con títulos de Preceptores. Un Catedrático de Filosofía, dos de Cánones con los nombres de Primo y Vísperas y un maestro de Canto llano. Los cargos de Director y Pedagogo se cubrían por indicaciones del Prelado y los demás por rigurosa oposición. Como innovación se establecieron los estudios de Facultad de Derecho Civil y Matemáticas, estatuyéndose que “dichas facultades bien que no sean las más propias y positivamente conducentes al estado eclesiástico que es el fin para que se constituyen los seminarios, no desdicen ni tienen oposición con él y por otra parte son útiles a la nación en común y muy proficuas a esta porción de la isla distante de las otras partes en donde se enseña. Este motivo debe ser de un poderoso aliciente a todos los que se animen de un espíritu verdaderamente celoso por el patriotismo para no perderlo de jamás de vista”.

Antes, por Real Cédula de 16 de febrero de 1761, el soberano reinante, había recomendado al Obispo Morell que cuidas el fomento y conservación del Colegio Seminario de esta ciudad y este, de acuerdo con el Rector de la Universidad de la Habana, RESOLVIERON “que los cursos ganados en el Seminario podían incorporarse en dicha Universidad y con ellos optar las candidaturas a los Grados Académicos en las facultades de Leyes y Cánones”. Con tal motivo, se abrieron dichas cátedras en 14 de marzo de 1778, es decir, cuatro años después de haber sido confirmado el acuerdo por Real Cédula de 12 de junio de 1774.

El Seminario, en tan ventajosas condiciones, adquirió nombre dentro y fuera de la Isla, nutriéndose sus aulas con los más distinguidos jóvenes de la provincia.

Ya en 1803, se hicieron gestiones para convertir el Seminario en Universidad, redactándose unos Estatutos que, aunque muy discutidos, no tuvieron final aprobación. Se pretendía cursar todos los estudios de la Universidad Central, desde expedir títulos de Bachilleres en Artes, Teología, Cánones, Leyes, Medicina, Magisterio en Artes, hasta la Licenciatura y Doctorado de dichas facultades.

Ante el rechazo de estas pretensiones, que alarmaron los privilegios ya concedidos a la capital, todo no fue más que un animoso proyecto, manteniéndose el Seminario en la forma en que venía actuando desde 1778.

Con motivo del nuevo plan de estudios dictado para Cuba y Puerto Rico en 1842, se declararon inválidos los cursos académicos de Leyes y Sagrados Cánones del Seminario, prohibiéndose por tanto la incorporación de los cursos en la Universidad.

Esta drástica medida trajo un revuelo y ocasionó protestas que dieron lugar a una memorable reunión el 6 de julio de ese año, a la que asistieron el Gobernante Militar, el Vicario General del Arzobispado, prebendado Mariano de Usera y Alarcón; los comisionados del Ilustre Ayuntamiento, regidores, Manuel Colás y Lino Urbano Sánchez Limonta; los canónigos lectoral y racionero Don Miguel Hidalgo y Don Manuel Fernández Sánchez, y por la Real Sociedad Económica Don José López Brogiano, Lic. Pedro C. Salcedo y el secretario Emerenciano Jiménez, redactándose una exposición a los altos Poderes por la que “tales corporaciones que representaban el sentimiento de la provincia, imploraban el remedio de un mal grave que tenía en sumo abatimiento a todos lo habitantes y que amenazaba, por lo sucesivo, empobrecer la región y sumirla en la oscuridad y la desgracia. Dicho mal consiste en la falta absoluta de estudios en las facultades mayores, lo que se hacía más sensible después que los habitantes de esta provincia habían estado en posesión del privilegio que los monarcas habían concedido fundándose la clemencia soberana para otorgarla, en la razón de que Santiago estaba situada a larga distancia de La Habana en que el viaje era impropio y costoso, en que el sostenimiento de los estudiantes en tierras lejanas, gravosísimo para los padres y muy dañosos a los alumnos que con tal motivo se emancipaban antes de tiempo y cuando más necesitaban de la tutela celosa de sus mayores, y sobre todos, porque siendo esta ciudad la más antigua de la isla, capital de provincia, residencia de los primeros gobernadores y de la Silia entonces Diocesana, no podía menos que reintegrársele tal privilegio” del que se privaba sin razón por cuanto esta ciudad y la provincia estaban más poblados que en 1774, la juventud más brillante y numerosa, los medios pecuniarios para mantener a los jóvenes fuera del pueblo, escasos y reducidos por la subdivisión de la riqueza territorial, y agregaban, la juventud de Cuba (léase Santiago) no se aplica a las ciencias por el desconsuelo de no tener esperanza de hacer carrera y es muy raro que le hijo de este pueblo siga altos estudios de Universidad Central porque cuesta mucho trasladarse a La Habana y más sostenerse en ella, siendo cosa averiguada que de los treinta y seis mil habitantes que cuenta esta población, apenas 25 o 30 pueden hacer tan crecidas erogaciones.”

Tales clamores no dieron resultado práctico alguno, y sólo en 1871 cuando el General Balmaceda clausuró, como medida de guerra el Instituto de la ciudad, restableció el Seminario como el único facultado para expedir títulos de Bachiller. En 1876 volvieron a funcionar los Institutos que “manus militaris” habían concedido al Seminario.

“San Basilio” contó con un período muy floreciente en su historia considerándosele con razón, un centro cultural de primer orden, tan importante como el Seminario de San Carlos, de la Capital (también fundación gloriosa del santiaguero Obispo Santiago José de Hechavarría).

Cerca de dos siglos, el Seminario, de factura religiosa, moldeó altas conciencias, pues si su principal apostolado consistía en impulsar conocimientos eclesiásticos, universalizó experiencia y estimuló la aptitud del criollo, ya que en sus aulas, como alumnos primero y mentores después, brillaron grandes santiagueros. Hoy el edificio es un plantel de enseñanza con el nombre de Colegio “La Salle”. Sus actuales rectores procuran ajustar sus normas a modernos pronunciamientos de enseñanza, pero no olvidan que le legaron sus antecesores y que constituyen un visible orgullo de la Religión Católica.

El Seminario de ayer vive con el alma inmarcesible de una gloria que no se extingue jamás. Vinculado a ejecutorias que tienen entraña perdurable en la historia de Santiago de Cuba, lo recordamos hoy como una de las grandes cosas que florecieron en los oscuros días del integrismo colonial y que han contribuido a destacar nuestra ciudad como un centro de continuo adelanto y cultura.
Acción Ciudadana Nro 42, 1944, pp10-11 y 17 (30 de abril)

El 1 de agosto de 2003, luego de completa remodelación, el edificio que ocupaba el Seminario de San Basilio el Magno y luego el colegio La Salle, reabrió sus puertas al público como Museo Francisco Prat Puig, con la condición de Monumento Nacional.

Así luce hoy el antiguo Seminario, actual Museo "Fransisco Prat Puig", Monumento Nacional. Foto: Ecured

Cable submarino, redes sociales y expectativas

En las últimas semanas, un tema ha vuelto a la palestra noticiosa de los medios de comunicación cubanos y extranjeros, y se cuela entre los temas de conversación de no pocos santiagueros: el tendido del cable submarino de fibra óptica entre Venezuela y Cuba.

El pasado 22 de enero partió desde el puerto venezolano de la Guaira, en el estado de Vargas, el buque de bandera francesa “Ile de Batz”, encargado de llevar a cabo la operación de tendido del cable. El proyecto, con un costo estimado de 70 millones de dólares, conectará con 600 km de cable, a tierras venezolanas y cubanas, específicamente, santiagueras; además de agregar otros 200 km de recorrido para enlazar a Santiago con la isla caribeña de Jamaica, otra de las beneficiadas con este sistema. Se espera que una vez instalado, el cable permitirá a Cuba “multiplicar por tres mil la velocidad de transmisión de datos, imágenes y voz, con un ancho de banda de 640 gigabytes y capacidad para 10 millones de transmisiones telefónicas simultáneas”, muy superior a los 379MB/s de entrada y 209 MB/s de salida que nos permite la conexión vía satélite. Esta es precisamente la gran expectativa de todos los que seguimos la noticia, en especial, de los docentes y trabajadores en general, de la sexagenaria Universidad de Oriente (UO).

Y es que el pasado 11 de enero, se puso en vigor la Carta Circular No 1/11 sobre Modificaciones a los servicios fundamentales de la Red de la Universidad de Oriente, donde se especifica que, como consecuencia del crecimiento continuo de la matrícula en la Casa de Altos Estudios, que ha venido aparejado además con un crecimiento del número de computadoras conectadas a la Red, sin que en consecuencia haya variado el ancho de banda con el que trabaja la UO, “resulta insostenible mantener los servicios fundamentales de la Red –navegación en Internet y correo nacional e internacional—con el nivel de demanda existente. Por tal motivo se hizo necesario tomar una serie de medidas que limitan en cierto sentido el acceso a estos servicios, en aras de hacer más eficiente su uso.

Entre las medidas tomadas las que más han removido susceptibilidades son las relacionadas con el horario de descarga de ficheros, el sistema de cuotas de navegación en Internet, y el Acceso a Redes Sociales; sobre todo, esta última.

Precisamente, en meses pasados, la prensa nacional y extranjera se hizo eco de las declaraciones del Ministerio de las Telecomunicaciones y la Informática de Cuba en las cuales se aclaraba que nuestro país no pone limitaciones de ningún tipo para el uso de la llamada web social. De por sí, para aquellos que a diario hemos usado de sitios como el Facebook desde Cuba, no era nuevo, pero sí para quienes todavía se dejan engañar por falsos argumentos que la prensa internacional mal intencionada, fabrica y expande como ciertos acerca de las libertades del uso de estas tecnologías en la isla.

Sin embargo, la vida ha demostrado que las buenas intenciones en ocasiones no bastan. En los últimos meses la navegación por Internet desde las áreas de la Universidad de Oriente era realmente una odisea, caracterizada por la lentitud de la conexión que en ocasiones impedía siquiera abrir una página de pequeño tamaño, mucho menos descargar ficheros en el horario laboral; lo cual, por supuesto, acrecentaba el malestar de quienes usan la red para actividades docentes-investigativas, que incluye la descarga de artículos científicos u otros documentos relacionados con el objeto social de la Universidad. Se trata de que, tal y como me corroboró una amiga informática, que de estos temas conoce más que yo, el mismo sistema en el cual está creado Facebook, que usa tecnologías como “AJAX que refresca los componentes de la pagina varias veces para mantenerla actualizada”, puede llegar a ocupar la mitad del canal (sic); afectando la velocidad de conexión, de por sí, ya bastante lenta.

Por estos motivos, ahora el acceso a las redes sociales se limita a los horarios comprendidos entre 6 pm y 6 am del día siguiente, y sin limitaciones los fines de semana. La medida en sí, que sin embargo no prohíbe el uso de estas redes, no deja de despertar malestar en los usuarios pues no es menos cierto que los horarios ahora asequibles están fuera del horario laboral, lo que implica un esfuerzo extra a quienes deseen usarlos, si se tiene en cuenta que la gran mayoría de los cubanos que accedemos estos servicios, lo hacemos aprovechando las conexiones que nos brindan las instituciones docentes (y otras) del país. Pero no se trata de hacer pagar justos por pecadores. El uso de las redes sociales en Cuba, aun cuando no ha alcanzado los niveles de otros países, y más allá de lo que puedan pensar quienes sólo se empeñan en demonizar todo cuanto se haga a nivel institucional; es una necesidad y una herramienta con la que el país también cuenta para divulgar su verdad, y en eso, muchos de los mismos trabajadores de la UO, y otras universidades cubanas en las cuales se han llevado a cabo procesos similares, juegan un papel fundamental. El gobierno ha comprendido esto y es por eso que no demoró en aclarar que no ponía trabas para su uso. También lo han comprendido las universidades cubanas.

Cuando apenas eran rumores las nuevas modificaciones a los servicios de la red, ya me habían llegado detalles de cómo se había llevado el proceso en otras universidades del país, específicamente, la CUJAE, en la capital. En ésta, el acceso a las redes sociales sin distinción de horarios, se le mantuvo a determinados docentes y/o trabajadores que utilizaban estas redes en beneficio de la institución y la divulgación de la actividad docente investigativa, una de las razones de ser de las Universidades. De igual forma, una vez aplicadas las medidas en la UO, rápidamente se puso de manifiesto que éstas no eran tan esquemáticas como a primera vista pudieran parecer, y así, se le ha mantenido el acceso a estas redes, sin limitaciones, a determinados trabajadores que las usan en beneficio de la labor social de la institución.

Y no es para menos. Las redes sociales han demostrado ser un medio eficaz para la divulgación de información, ya sea personal o institucional; y nuestros Centros de estudio y de Investigación, poco a poco, se van adentrando en este mundo. La Universidad de Oriente ya cuenta con su página oficial en Facebook, al igual que el Centro Nacional de Electromagnetismo Aplicado, una Entidad de Ciencia e Innovación Tecnológica adjunta al Ministerio de Educación Superior (MES) y durante mucho tiempo, centro de estudio de la UO.

Las otras limitantes no serán tan fáciles de resolver de mantenerse el ancho de banda actual. Es por eso que el tendido de este cable submarino, cuyo arribo a costas santiagueras está señalado para el próximo 8 de febrero; y su promesa de un aumento en la velocidad de conexión, despierta las expectativas entre los usuarios de la Internet en la isla y genera comentarios tan jocosos como el de un colega que dijo: “ahora con la velocidad de conexión que tendremos, se nos revientan las maquinitas estás con las que contamos”.

“La primera Universidad: en Santiago”

La web a veces nos depara sorpresas. Navegamos por sus profundidades en busca de información sobre innumeras temáticas, con mayor o menor suerte, en dependencia de los “aditamentos de pesca” que usemos. Pero suele suceder que cuando nuestra carnada no es muy específica, o nos arriesgamos a lanzar una enorme atarraya, al recoger cordel nos encontramos con un universo exquisito de curiosidades.

Casi sin proponérmelo, encuentré el siguiente artículo bajo la firma de Argelio Santiesteban en el sitio CubaAhora, que bien pudo haber sido escrito para este blog. Por eso lo comparto con Uds hoy; y a la vez aprovecho para con él, rendir homenaje a la sexagenaria Universidad de Oriente que, el pasado 10 de octubre, arribó a los 63 años de existencia.

La primera Universidad, en Santiago

Argelio Santiesteban

Es un lugar común la afirmación, automática e impensadamente aceptada, de que los cubanos tuvimos el primer centro de altos estudios con la inauguración de la Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo, con sede en San Cristóbal de La Habana.

Pero ahora mismo estoy hojeando un ensayo —a todas luces apasionante y esclarecedor— donde se ponen los puntos sobre las íes, y las cosas en su apropiado lugar. Bajo la firma del investigador Ricardo Repilado, tal estudio nos deja convencidos de lo que siempre debió ser evidente: que nuestro primer plantel de altos estudios se fundó, seis años antes que la universidad habanera, en la muy caribeña Santiago de Cuba. Nos referimos al Seminario de San Basilio el Magno.

Una historia accidentada

Surge, en Santiago de Cuba, el Seminario de San Basilio el Magno cuando transcurría el remoto año de 1722. Como asegura el historiador Ricardo Repilado, el plantel tuvo que luchar “contra toda suerte de inconvenientes y manquedades”.
De entrada, según ha demostrado cumplidamente la investigadora Olga Portuondo Zúñiga, el poder colonial español fue rabiosamente enemigo en cuanto a la instauración de estudios superiores en Cuba. Cualquier pretexto era bueno para cerrar el Seminario, como cuando lo utilizaron en calidad de hospital durante la contienda contra los ingleses que se recuerda como la Guerra de la Oreja de Jenkins.

Su clero liberal sufrió persecución y hasta destierro por mantener una postura en defensa de la Constitución. Y tuvo en el feroz gobernador Miguel de Tacón a su más enconado enemigo.

Pléyade de alumnos ilustres

El santiaguero Seminario de San Basilio constituyó un vivero propicio para que despuntase un sinnúmero de figuras llamadas a ser relevantes en muy diversos campos de la vida cubana ¿Hace falta insistir en que el bayamés José Antonio Saco se fue a estudiar al seminario santiaguero?

En esas aulas aprendieron identidad nacional muchos futuros mambises, como Donato Mármol, uno de los fundadores del movimiento independista, y el alma de la División Cuba de los insurrectos. Por aquellos claustros se vio a Diego Vicente Tejera, poeta revolucionario que fundó el Partido Socialista Cubano. Y a Manuel Justo Rubalcaba, pionero de la poesía cubana. Y a Francisco Javier Cisneros, artífice de las expediciones mambisas, quien además, en su condición de ingeniero, fue el fundador de los ferrocarriles colombianos.

Concluyendo: a cada quien lo que le toque. Y al San Basilio le corresponden los lauros universitarios fundacionales en Cuba.

Hablando entre la Habana y Santiago

En Cuba la palabra palestino es usada, mayormente, en la parte occidental de la isla para referirse a aquellos que vivimos en la región oriental, fundamentalmente en Santiago de Cuba, pues como mismo hay una popular frase que reza “Cuba es la Habana y lo demás es área verde”, también se suele creer que todo oriental es santiaguero. El término, usado con diferentes intenciones, desde la burla, hasta la pretendida ofensa; supuestamente implica una serie de características que deberían compartir todos los que nacimos en esta región. A él se ha venido a unir el término nagüe (terminología que en esta parte de la isla ha venido a sustituir, en una parte de la población, al clásico amigo, socio, o compay), y que en más de una ocasión es usado en igual forma peyorativa para referirse a los del este del país, aun cuando algunos jamás en su vida lo hayan utilizado en su trato con sus semejantes. Pero no soy sociólogo para analizar todas las aristas de ese tema, sólo quiero tomarlo como punto de apoyo para divagar un poco sobre mi experiencia alrededor de una de las diferencias que más tienden a marcar esta relación palestino-occidental: el lenguaje.

Muy pronto, durante mi primer año de los cinco que permanecí como estudiante becado en la capital, pude enfrentarme al reto que suele representar llegar a La Habana, por vez primera en la vida, con toda la carga de aplatanamiento de toda una vida viviendo en Santiago de Cuba. En una de las primeras conversaciones que intercambié con mis primeros compañeros de cuarto en Beca mencioné la palabra correcalles; y ante la duda de mis acompañantes, el Yero, de las provincias habaneras y el Charly, de Matanzas; tuve que acudir incluso a la pantomima antes de recordar el sinónimo con el que se conoce a ese medio de transporte usado por los niños en sus juegos: la carriola.

Es sólo uno de los muchos ejemplos que se convertían en ocasiones, en punto de comparación entre una región y otra, cada uno pretendiendo, dentro del orgullo por el terruño que nos parió, tener la verdad absoluta sobre la forma correcta de llamar a una fruta, u objeto cualquiera. Así, para los de Occidente resultan simpáticos términos como balde, cutara, balance, armario cuando nos referíamos al cubo, chancleta, sillón, o escaparate; o podías encontrar una cara extraña cuando pedías por un guineo o zapote en cualquier mercado agropecuario; aunque el vendedor estuviera comiéndose, él mismo, un sabroso plátano fruta o un mamey. Claro, esto también limitó a muchos de la región occidental del país el saber que el mamey para nosotros, es sólo una de las tantas variedades de mango que disfrutamos en Oriente, y lo que para ellos es sólo una fruta más, a nosotros se nos vuelve todo un menú de sabores de mangos filipinos, de Toledo, de biscochuelo, de hilacha, y un largo etcétera. Si para colmo de “palestinaje” te atreves a pedir que esas frutas te la echen en un cubalse, o te den una balita de refresco, irremediablemente caerá por su propio peso la pregunta: ¿tú eres de Oriente?, antes que te alcancen un jaba de naylon o un pomo de los que ya en todo el país se les conoce por pepino.

Pero más allá de los nombres dados a objetos y frutas; es en la pronunciación donde más evidencia dicen hallar los que se empeñan en etiquetar por regiones, sin embargo, aquí tampoco se pondrán de acuerdo los de oriente y occidente, pues mientras los del oeste nos reprochan el “comernos las eses” (en realidad se pronuncian como jotas, diciendo, por ejemplo, cajco en vez de casco), los del este le achacan igual “apetito” por la erre a los de la capital (se hace un cambio de la erre por la de, pronunciando padque en vez de parque).

En un excelente y completo artículo publicado en la página oficial de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) se trata sobre esta temática (y otros aspectos relacionados con el idioma en Cuba) y se asegura que “según estudios, se manifiesta mayor diferencia entre las zonas occidental y oriental del país en cuanto al vocabulario y la pronunciación. El área más innovadora es Occidente, cuyo foco rector —Ciudad de La Habana— irradia la norma lingüística hacia el resto del país; mientras las provincias de Camagüey, Las Tunas y Holguín son las de mayor prestigio lingüístico entre los hablantes cubanos, y presentan rasgos más conservadores, desde los puntos de vista lexical y fonético”. Así mismo, se hacen eco de la lingüista Marlen Domínguez cuando explica que, “dentro de las distintas zonas geográficas del país, hay algunas en las que los sonidos del idioma aparecen más modificados que en otras. Con respecto a la norma que establece Madrid, el área más modificada sería el oriente del país, y el centro del país contaría con menor cantidad de transformaciones fónicas, de manera que La Habana estaría en una especie de término medio”.

Por suerte, más allá de la anécdota y el malestar mayor o menor que puedan ocasionar estas curiosidades del lenguaje, viví cinco magníficos años en la capital de la isla, si perder este amor por mi tierra, y sin dejar de comer guineo, o tomarme un sabroso batido de zapote. Así desbordan hoy las calles habaneras miles de orientales aplatanados que no reniegan de sus raíces y llenan toda la línea de primera base del estadio Latinoamericano para pintar de rojo la mitad del diamante en un juego entre Industriales y Santiago. Y es que todos somos cubanos. Todos cogemos (no montamos) la guagua (no el ómnibus), mientras hacemos el viaje mirando a una mujer (o a un hombre, según sea el caso) que es un mango (no bonito (a)); y sobre todo, somos los únicos que sabemos que el camello, no es precisamente un animal, aunque rumie y huela como el del Sahara.

Expectativas por cable de fibra óptica entre Venezuela y Cuba

En los últimos días recorre la red de redes la noticia sobre la culminación, en julio de 2011, de las obras relacionadas con la conexión de Venezuela, Cuba y Jamaica, por medio de un cable submarino de fibra óptica, el cual permitirá, una vez instalado, “multiplicar por tres mil veces la velocidad actual de transmisión de datos, imágenes, y voz; y abaratará en un 25% los costos de operación de los servicios de Internet” en la isla.

Desde que unos años atrás se hablara de la posibilidad de esta obra como parte de los acuerdos del ALBA, generó expectativas en la población cubana, que hoy se ve afectada por la lentitud de la conexión a la Web, la cual se realiza a través del satélite, por un ancho de banda que le permite apenas unos “393 MB por segundo de bajada y 209 de subida”. Quienes tenemos que conectarnos a la Internet desde Universidades, centros de investigación y otras instituciones en la Isla, sabemos bien lo que esto significa en cuestión de limitaciones de descarga de documentos de diversos tamaños, sobre todo en horarios picos donde se conectan a la vez casi toda la población de miles de estudiantes, profesores y/o investigadores.

La línea de fibra óptica, que cubrirá una distancia de cinco mil 340 kilómetros, ente Venezuela y Santiago de Cuba, está siendo colocada por la empresa mixta Gran Caribe S.A, a un costo de unos 70 millones de dólares, con una vida útil de 25 años.

El hecho de que el deseado cable toque tierras santiagueras, genera una expectación mayor entre quienes habitamos esta parte de la isla, ansiando que seamos de los primeros en ser testigos de las esperadas ventajas; sin embargo, aún queda un buen trecho hasta que ésta línea comience a prestar servicios; y habrá que esperar a ver qué estrategias seguirá el país respecto al uso de esta nueva capacidad. Por ahora, los profesores e investigadores de la Universidad de Oriente, esperan que al menos contribuya a eliminar la limitación de poder descargar ficheros de más 4MB  sólo en determinado horario.

 

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