Santiago en mí

Del Zika y otros demonios

Si mal no recuerdo, la última nota de prensa del Ministerio de Salud Pública se había quedado en unos 29 casos de zika en nuestro país, la mayoría de ellos importados (si otra vez no recuerdo mal, solo 3 autóctonos). Y ahora descubro que por mi casa hay varios niños ingresados con sospecha de zika. Lo descubro días después que alguien me comenta que por no sé que parte de la ciudad (disculpen, pero no presté en su momento mucha atención a los detalles), varias personas están ingresadas con (sospecha de ) zika; o que suspendieron su sesión de fisioterapia porque los trabajadores de salud andan de pesquisa.
Pudiera pasar inadvertido, incluso tratar de ocultarlo, pero es que cuando van más de diez personas por día a la casa de esos niños, incluidos altos directivos de los policlínicos, a confirmar que se fumige una y otra vez, que se le tome la temperatura a los familiares, no hay manera que todo se comente.
Imagino que algo similar ocurre en todo el país. Entonces, cuándo se comentará en la televisión nacional al respecto. ¿Es correcta la estadística del Ministerio de Salud Pública, cuando tantas personas son sospechosas de haber contraído la enfermedad? ¿Habrá que esperar que se cree, una vez más, un estado de opinión basada sobre lo que “informan” medios foráneos? ¿Cuándo aprenderemos?

Para aliviar el malestar de un amigo

Temprano en la mañana leo el correo de un amigo. Las primeras líneas me alertan de algún problema grave, algo que requiera mis mejores dotes de consejero: «Tengo un encabronamiento arriba que solo puedo compartirlo contigo».

Me apresto a leer sobre peleas entre novios, sobre algún altercado familiar, o algo por el estilo. Pero la segunda línea me pone de lleno al tanto de su malestar: «Acabo de escuchar en el noticiero del Mediodía, que el Santiago de Cuba ha mejorado».

Y entonces me pone al tanto de las maravillosas estadísticas oficiales que dicta el noticiero: de los 27 ruteros nuevos, de las 10 Dianas y las guaguas biplanta, etc. Luego, me habla de su verdad, la del día a día viviendo en uno de los centros urbanos de la ciudad.

Me habla de las colas en las paradas, de las carreras detrás de los pisa-y-corre, de la amiga que desistió de ir al trabajo porque «que esto es por gusto». Me habla, y vuelvo a sentir por sobre el frío mensaje electrónico, el malestar que lo embarga cuando me dice: «y entonces viene a insultarme en la cara con ese reportaje».

Leo temprano este correo de mi amigo, y no tengo más palabras que decirle que escribiré esta crónica para mi blog, para que su malestar no quede en un mensaje electrónico.

Carnavales 2016 en Santiago: desde los comentarios

Lo digo sin más: no fui a los carnavales. No recuerdo cuándo fue la última vez que lo hice. Para mí, los carnavales de este 2016, fueron tan solo los esporádicos fuegos artificiales que me sobresaltaban, de vez en cuando. Ni siquiera vi la transmisión televisiva de los paseos. Pero me he enterado de los trozos que otros han vivido. Eso sí, los comentarios se repiten. Claro, entre el grupo de conocidos que hoy han inundado la oficina, no serán los mismos comentarios de los que disfrutaron del carnaval hasta el último segundo. Pero me conformo con estos, porque son el reflejo de algo más grande, algo que no es solo de los carnavales. Algo que, por conocido, no deja de preocupar: la música a todo dar (sobra decir que reguetton); las nuevas modas en el vestir (que casi que ni vestir necesita); la comida que permanece horas y horas bajo el sol, la lluvia, el sereno; las formas y maneras de los más jóvenes y no tan jóvenes; el mal olor
Basta la imagen de un amigo, fanático del cine: los carnavales cada vez más se parecen a una escena de Mad Max Furia.

La mochila: una cuestión de eficiencia

Hablo de ese invento con el que los jovenclubes de computación tratan de hacer frente al fenómeno del paquete semanal. Y digo tratan, porque en eso quedan, en el intento.

Del viernes acá (martes) en tres ocasiones he asistido al jovenclub de Enramadas para copiar la mochila. Las tres veces me ha sido imposible. Una vez por no percatarme (pobre de mí) que la institución cuenta con cuatro horarios diferentes según sea lunes, sábado, domingo o el resto de la semana. Y por supuesto, de poco valió que el sábado estuviera desde las ocho de la mañana en la puerta del establecimiento, pues ese día comenzaban a prestar servicios desde las diez. En las otras dos ocasiones, la falta de conexión con vaya usted a saber qué servidor central, me impidió copiar lo que sea que venga en ese otro paquete.

En el mismo período de tiempo, del viernes al martes, estoy seguro que más de un millón de cubanos han llevado a sus casas, en el momento que así lo entendieron, hasta ocho gigas en series, películas, documentales, música, en fin, todo lo que el nunca bien ponderado paquete les ofrece. Algunos de esos cubanos, lo han hecho en más de una oportunidad.

Entonces, ¿de qué hablamos? No se puede competir a la eficiencia, con la ineficiencia, ni con el rostro apático de las trabajadoras de una institución estatal.

Y el Gran Premio es…

Tuve un colega que solía bromear: «como premio a tu buen trabajo te vamos a mandar un mes a cortar caña». Una variante, pensaba yo, menos morbosa de aquel mito en el que quien recibe un homenaje, tiene los días contados.

No sé de dónde este colega habrá sacado la idea del chiste; pero sin dudas se le hubiera ocurrido, —palabras más, palabras menos— de saber el motivo de estas líneas.

Fotograma de la presentación del Programa.

Y es que la anécdota fue lo primero que me vino a la mente al enterarme de que Tele Turquino “se da el lujo” de prescindir de un programa como Santiago Santiaguerías.

El hecho, per se, no tuviera gran trascendencia de no ser porque se trata de uno de los programas de mejor factura que se ha realizado en este telecentro. Uno de los pocos.

No es que lo diga yo, que, a fin de cuentas, siempre hablo desde la perspectiva (subjetiva) del espectador. Lo acaba de afirmar un jurado conformado por directores de televisión, periodistas y especialistas de Granma, Ciego de Ávila y la Universidad de Oriente, al otorgarle a Santiago Santiaguerías, el Gran Premio, durante el recién concluido Festival Provincial de Televisión.

Por si fuera poco, el programa también se alzó con los máximos lauros en Dirección, Guión (ambos a cargo de Julio César Niño) y Conducción Masculina (Leonel Leblanch) y Femenina (Leticia Rodríguez). Como suele decirse, «arrasó».

En verdad, no es para menos. De los méritos que yo veía al programa ya comenté en algún momento en este blog. Pero no solo eso, sino que se perfila(ba) como una de las propuestas que pudiera (podía) marcar época en la televisión local (y, ¿por qué no?, nacional), toda vez que, por su concepción, tiene en Santiago de Cuba, una fuente casi inextinguible de historias por contar.

Pero, al parecer, la decisión está tomada. Solo diez capítulos se preparan para el verano. Los últimos diez capítulos de Santiago Santiaguerías. ¿Después?… pues “disfrutaremos”, en su lugar, de algún programa destinado a el público infantil, que a priori, me deja más dudas que certidumbres.

Mientras tanto, otros programas (que apenas fueron mencionados en el Festival Provincial de TV) seguirán ocupando espacio en la (aquí debería ir un adjetivo pero no encontré el ideal) parrilla de programación de Tele Turquino; y el Gran Premio del mentado festival, pues bien, «a cortar caña».

Cambios profundos necesita Tele Turquino. Sobre todo de mentalidad. Creerse que sí se puede. Dejar a un lado el escudo que significa la falta de recursos que, aun cuando cierta, no impide que se logren programas de la factura de Santiago Santiaguerías, 12.m, Hola Caribe, La historia y sus protagonistas yEn buena compañía.

Ojalá esos cambios vengan con la programación de verano.

Quizás así no tenga que volver sobre el tema en este blog (que ahorita piensan que «la tengo cogida» con el telecentro), y no vea otra vez interrumpida mi intención de tomarme un año sabático digital.

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