Santiago en mí

La Fiesta de la Bandera

Crónicas de mi ciudad

Por Armando A. Céspedes Calderín

Santiago de Cuba, la antigua villa de Cuba, tiene muchas tradiciones que se han desarrollado a lo largo de su heroica historia y una de ellas, la Fiesta de la Bandera, es la más hermosa y patriótica de todas.

Contrariamente a lo que  muchos creen no fue una idea de Don Emilio Bacardí y Moreau, excelso patriota santiaguero. Las aclaraciones pertinentes están en las Crónicas de Santiago de Cuba, tanto en las escritas por el primer alcalde de esta ciudad electo en votación popular, como en las que continuara Carlos E. Forment. Tal hecho sucedió en la noche vieja de ese año, y en la primera madrugada de 1902.

Recordemos que el gobierno de los Estados Unidos interviene, descaradamente, en la guerra, en 1898, que libraban los cubanos contra el dominio colonial español, con el baladí pretexto de que querían la independencia de nuestro país. Pero, lo que hicieron fue derrotar a los españoles y quedarse con los restos de su imperio colonial, o sea,  Cuba, Puerto Rico, las Filipinas y las islas Guam.

Así las cosas, el 1 de enero de 1899 ocuparon completamente y arriaron para siempre la bandera española e izaron la de ellos, la de las barras y las estrellas. Por si fuera poco, prohibieron el izamiento de cualquier otra enseña, en ese caso, la nuestra, la cubana.

Recuerde aquellos encendidos versos del poeta Bonifacio Byrne, cuando al regresar a Cuba, vio la bandera estadounidense en el morro habanero:

“Dónde está mi bandera cubana/ la bandera más bella que existe/ desde el Morro la vi esta mañana/  y no he visto una cosa más triste.” Al final de otros versos, expresó con vehemencia: …” ¡ Que no deben flotar dos banderas/ donde basta con una, la mía…!”

Pero, el espíritu de independencia de los cubanos no creería en tales prohibiciones extranjeras, y cierto día, -un santiaguero muy inquieto, de esos que tienen a su ciudad en el alma-, pensó que podría hacerle un homenaje a la enseña nacional, y por ende a la patria, regalándole e  izando una bandera en el edificio de la Casa Consistorial, la alcaldía citadina, en las primeras horas del Primero de Enero de 1902, exacto en el año en que se accedería a una independencia, por cierto, lastrada por la enmienda Platt  impuesta por los amos yanquis y por sus servidores nacionales.

Con la idea Ángel de Moya, o Chichí de Moya, que era como lo conocían, se acercó a un amigo comerciante, Luís Gómez, cuyo negocio estaba en las esquinas de las calles de Santo Tomás y San Germán. El hombre, muy impresionado con lo que le estaba diciendo el amigo, tomó el asunto entre sus manos, y acordaron, de inmediato hacer una colecta popular para comprar una telas para confeccionar una enorme bandera cubana en los Estados Unidos ya que en Cuba no había condiciones adecuadas para tales propósitos.

Con fecha 20 de junio de 1901, el periodista y escritor Joaquín Navarro Riera, el muy conocido Ducazcal, escribió una minuta o nota dirigida  a Don Emilio para interesarle acerca de la idea de Chichí de Moya. Y fue bien acogida por el insigne patriota quien tomó la propuesta con mucho amor, y se aprestó a realizarla en la fecha del 31 de diciembre de ese año 1901 y en la primera madrugada de enero de 1902.

Pero, había un serio escollo: la ordenanza del gobernador interventor de la ciudad, quien al enterarse de lo que se pretendía realizar, se opuso terminantemente a tales propósitos: ¡No podía izarse una bandera no autorizada al lado de la estadounidense pues con ella bastaba! Aquello fue una afrenta más al patriotismo de los santiagueros después que se impidiera, por esas mismas fuerzas extranjeras, que los mambises victoriosos, encabezados por el mayor general Calixto García Íñiguez, entraran en la ciudad mártir.

Don Emilio, con una valentía a toda prueba, en una muestra de profunda cubanía, firmó el decreto que permitía la celebración de la Fiesta de la Bandera en la antigua villa de Cuba, hoy Santiago de Cuba, en aquellos primeros minutos del año 1902.

Por fin, en la noche del 31 de diciembre de 1901 Don Emilio Bacardí institucionalizó la festividad,  y ante la presencia de un público entusiasta y muy patriota, que sabía de la ordenanza emitida por los interventores, se procedió a izar aquella bandera de ocho metros, exacto cuando los relojes marcaron el inicio del Primero de Enero de 1902, en la antigua plaza de armas santiaguera, hoy parque Carlos Manuel de Céspedes.

Ayuntamiento de Santiago en 1940 Antiguo edificio

Ayuntamiento de Santiago en 1940 Antiguo edificio

Al compás del Himno de Bayamo, interpretado por bandas de música de los Bomberos de la municipalidad, teniendo como fondo las campanadas al vuelo de las iglesias, ascendió hasta lo más alto del mástil la Bandera Cubana. El pueblo cantó, gritó, lloró de puro entusiasmo, y finalizada la ceremonia, con su futuro alcalde al frente y la banda de música se dirigieron hacia la casa donde vivía María Cabrales, viuda de Antonio Maceo, para felicitarla por el advenimiento del Año Nuevo, el de la independencia, y hacerlo como si fuera su amantísimo esposo, el mayor general Antonio Maceo y Grajales, quien lo había dado todo por que Cuba fuera libre y soberana. Sus palabras de respuesta fueron precisas: Santiago de Cuba nunca se olvidaría de sus mejores hijos.

Por cosas de la Historia, ese mismo lugar fue el escenario donde 60 años después, se proclamaría el triunfo de la Revolución Cubana, ante un pueblo entusiasta y muy patriótico, que había luchado con todas sus fuerzas para derrotar a la dictadura y a sus amos norteños.

Tomado de Facebook

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