Santiago en mí

Ni tan feo, ni tan equivocado

Ya es cosa común en nuestro país, que los correos electrónicos se conviertan en escenario de encendidas polémicas de todo tipo. De una máquina a otra, a la velocidad de un clic, viajan opiniones, réplicas y contrarréplicas de temas de los que, en muchas ocasiones, apenas si nos hemos enterados, o cuyos orígenes, en el peor de los casos, se pierden en el maremágnum de mensajes hasta ubicarse en límite traicionero del mito.

El caso que provoca estas líneas, afortunadamente, no es de estos últimos.

A mi correo llegó un mensaje con un documento adjunto bajo el nombre de “El santiaguero feo y su respuesta”. Se trata de la transcripción del artículo “El Santiaguero feo”, publicado en el número 51 de la revista Viña Joven, del Centro Cultural y de Animación Misionera San Antonio María Claret, y firmada por el MSc. Rafael Duharte Jiménez; y la réplica que al mismo hace la Casa del Caribe, a modo de Editorial (sic).

El primer artículo tuve la oportunidad de leerlo a pocas semanas de presentado el referido número de Viña Joven, luego de una segunda presentación en la peña “Crónicas de mi ciudad”.La respuesta de la Casa del Caribe, no pude leerla hasta hoy, aun cuando ya me habían comentado de su existencia.

Al MSc. Rafael Duharte lo conozco personalmente, aunque aprendí a admirar su trabajo como historiador y ensayista desde mucho antes, cuando tuve acceso a algunos de sus libros. Sin embargo, al leer “El santiaguero feo” quedé algo decepcionado; no tanto por el contenido, con el cual tengo muchos puntos de coincidencia, sino por la forma y el tono en el que fue escrito, muy lejos (a mi humilde entender) de la sobriedad de sus otros ensayos. En otras palabras, percibí “El santiaguero feo”, como una catarsis del autor, ante la imagen de una ciudad que le duele (como también me duele a mí y a muchos otros que conozco).

Ahora bien, una cosa es la catarsis diaria, el golpe en el pecho que da ver la ciudad convertida, por algunos, en urinario público; la dejadez, la apatía que se nota en algunas instituciones culturales; ante “el pesimismo” y la “baja autoestima”; una cosa es (repito) esa catarsis personal y otra la responsabilidad adquirida al llamar la atención sobre esos males en un medio público. En estos casos queda por sentado el derecho a la réplica.

En esta ocasión (hasta donde sé) viene de la Casa del Caribe, aunque no sé dónde salió publicado, o si se publicó.

Como me sucede con el artículo de Duharte, con la réplica comparto criterios y otros no. Quiero detenerme en un fragmento del texto de la institución santiaguera, donde expresa:

Cuando nos acercamos al concepto de crisis que alude a rupturas radicales de la vida normal de un individuo, grupo o institución, no es aplicable respecto a la cultura santiaguera y mucho menos considerarlo como un panorama en el que predominan las sombras. [la negrita es mía].

Con esta afirmación asume la posición totalmente opuesta a la planteada por Duharte cuando expresó:

¿Existe alguna crisis en la cultura santiaguera? Un somero análisis de la creación local en los últimos años en materias como cine, literatura, música, artes plásticas o danza —salvo las excepciones de rigor— muestra un panorama en el que predominan las sombras.

Luego, en esta confrontación de criterios, ¿quién tiene la razón?, ¿a qué conclusión pueden llegar quienes lean, en sus bandejas de entradas, ambos razonamientos? La respuesta a esta pregunta estará ineludiblemente ligada a la experiencia personal de cada quien; de ahí que, cada bando tendrá sus seguidores acérrimos.

En estas líneas quiero dejar asentada mi perspectiva, al menos, en cuanto al aspecto citado se refiere:

El Editorial de la Casa del Caribe se extiende en ejemplos con los que intenta demostrar que, en efecto, la cultura santiaguera no está en crisis. Hago notar, empero, que si bien es imposible negar la existencia de tales eventos, instituciones, resultados, su mera mención no implica, per se, que sean muestra de la buena salud de la cultura en la provincia.

El espejo de nuestra ciudad nos devuelve también la más fuerte tradición musical no solo en eventos de rigor como los festivales de la trova y el son, además del festival de jazz recientemente instaurado y protagonizado por jóvenes talentos locales que han hecho del [también nuevo] Iris Jazz Club un lugar significativo para la vida nocturna como para dejar de bostezar entre festivales, Ferias del libro y carnavales. Argumenta la institución santiaguera. Pero me permito disentir, si hago notar que, en este mismo blog, he hecho notar que eventos como el Festival del Son y de la Trova, han desaprovechado espacios públicos que, por momentos, parecen desconocer que en la ciudad se desarrollan eventos de esa magnitud.

La mención del Iris Jazz Club como “lugar significativo para la vida nocturna” tampoco me parece la más feliz, cuando el mismo aún no ha demostrado ser capaz de atraer a un público habitual; todo lo contrario, en no pocas ocasiones, los artistas han tenido que cancelar sus actuaciones por falta de público.

Iris Jazz Club (6)

El Iris Jazz Club, todavía dista mucho de ser realmente “significativo para la vida nocturna santiaguera”. Foto: www.albertolescay.com

Más adelante el Editorial-respuesta hace referencia a los encuentros con destacados intelectuales cubanos coordinados por la escritora Aida Bahr con masiva participación de estudiantes universitarios. Otra vez me permito disentir pues, por un motivo u otro, esa masividad, no ha sido una regla en cada encuentro, como lo demostró la reciente visita de Zaida Capote y Jorge Fornet.

Por el contrario, si es cierto que en varios eventos de este tipo, se ha notado la ausencia de estudiantes y profesores universitarios, incluso, de carreras afines como Sociología, Historia del Arte, Comunicación Social y Periodismo. La cuenta es rápida, entre todas ellas, con cinco años docentes cada una y una media de 20 estudiantes por grupo, es para que los eventos culturales de esta ciudad, contaran con un público (supuestamente afín) que superara habitualmente el medio centenar.

En cambio, he visto sábados del libro (también mencionado como ejemplo por Casa del Caribe), en lo que a duras penas se sobrepasa la decena en el público y pocos, muy pocos, son estudiantes de la Casa de Altos Estudios.

Razones para explicar estos comportamientos pueden existir muchas, entre ellas la promoción, la ausencia de espacios habituales para la crítica cultural (el espacio del Sierra Maestra, ni alcanza ni siempre se usa para esto), la vocación e interés personal de esos jóvenes estudiantes que debieran convertirse en promotores y críticos de estos y otros sucesos en la ciudad.

De la televisión no hablaré aquí pues los asiduos al blog deben saber de sobra mi opinión al respecto, pues es un tema (de cierta forma) recurrente en el mismo. Tampoco de la Feria del Libro, por las mismas razones.

En tanto, algo llama mi atención tanto en el artículo de Duharte y la réplica de Casa del Caribe, ninguno hace mención de las peñas culturales que de un tiempo acá pululan en la ciudad y que, a mi modo de ver, son una muestra de que hay personas interesadas en “hacer” por la cultura de esta provincia.

El público que asiste (una y otra vez) a espacios como La peña del Menú, Página Abierta, Café Concert, Crónicas de mi ciudad, Atrovamiento, por solo citar unos pocos ejemplos que me son cercanos, dista mucho de ser de los santiagueros que describe Duharte en su texto, distan de ser “feos”, y sienten y se duelen de la ciudad tanto como él, como yo, como muchos.

peña del menu 1

La Peña del Menú, del trovador José Aquiles, es una de las de mayor convocatoria en la ciudad

Nunca me han gustado las generalizaciones, esas que nos tildan de palestinos (sin que aún logre definir cuándo este término perdió la cualidad de calificar a los dignos habitantes de un país, para convertirse en algo peyorativo), o que en La Habana pusieron en duda mi origen por el simple hecho de ser blanco y no decir negüe. Nunca me ha gustado ninguna de las perspectivas excluyentes de blanco o negro; y de esas están llenas ambos artículos.

Me parece válido que se den estos debates, no solo en Viña Joven, u otra publicación periódica, o por los correos; sino también en esos espacios disponibles para el intercambio de ideas, para analizar por qué no asiste público a un teatro, a un cine, a una presentación de un libro; dónde fallan los mecanismos de divulgación, de promoción; de organización.

Algo es cierto, una ciudad (un país) es las personas que la viven. El salvarla depende de muchos. Siempre habrá quien prefiera delinquir, pero también habrá muchos que prefieran seguir apostando por la vida, por el arte, por el bien común. Esos son los imprescindibles y ahí están, basta mirar al lado, incluso, en esos que por una razón u otra, por el trajín diario, no asisten a cuanto de bueno se hace en la ciudad, pero la sienten igual y cuando sea el momento de dar una mano, de seguro se podrá contar con la de ellos.

Sencillamente no somos tan feos, ni el profesor Duharte está tan equivocado.

Noel Pérez García

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